domingo, 21 de junio de 2015

El REY DAVID


1 Samuel 13:14
¨Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó¨.

Continuando con nuestro estudio de personajes de la Biblia, ahora veamos una semblanza del rey David.

David es el más grande rey de Israel. Es nombrado en la Biblia como figura del Rey Universal, Jesús. Se dice que Jesucristo, como el rey de Israel o Mesías, recibirá de Dios el reino de David su Padre: ¨Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre¨ (Lucas 1:32).

El rey David está en el árbol genealógico de nuestro Señor Jesucristo, y al Señor Jesucristo se le llama en la Biblia el Hijo de David. Esto tiene una doble connotación. Por un lado David fue el primer rey de Israel elegido según los designios de Dios, y pasó así a ser una figura del verdadero Rey de Israel que es Jesús, así que cuando la gente llamaba a Jesús ¨Hijo de David¨ estaba proclamando su fe en él como el Mesías de Israel. Por el otro lado, Jesús es hijo de David por cuanto desciende de su familia por razón de su vinculación con su padre putativo José y su madre María, los cuales eran ambos descendientes del rey David, según las genealogías descritas en Mateo 1 y Lucas 3. Esta es la razón porqué ambos, José y maría, fueron a Belén para empadronarse (Lucas 2:1-7).

Quiero que veamos la vida de David sobre la base de la declaración de que él era un hombre conforme al corazón de Dios. Veremos cuáles son las implicaciones para una persona cuando es definida como alguien que es o está llamado a ser uno conforme al corazón de Dios.

1.-  El Rey David Fue Escogido Por Dios.

El pueblo de Israel, que vivía tiempos muy calamitosos producto de su desobediencia, estaba bajo el asedio de los filisteos, una nación enemiga dentro de su territorio, un pueblo al que ellos no echaron, como Dios les había dicho que hicieran. Los filisteos se habían atrevido a tanto, que se habían llevado el arca del pacto de Dios a su territorio, aunque luego tuvieron que regresarla, pues por causa de poseerla, se había desatado una serie de enfermedades y males en esa nación enemiga. Pero estas manifestaciones del poder de Dios sobre los filisteos no impidieron que ellos continuaran sus ataques contra la nación hebrea. No obstante, esta amenaza filistea estaba a punto de terminar con la llegada de David al trono de Israel.

Estando en esa situación, el pueblo pide a Samuel, quien hace las veces de juez en ese tiempo, que les constituya un rey, de la misma manera como tienen las demás naciones. Producto de esta decisión, Dios da instrucciones a Samuel para que les complazca, aclarándole que es a Él (a Dios) a quien están desechando como Rey de la nación. Cuando ellos pidieron un rey terrenal estaban despreciando a Dios, por esta causa Dios les castigó permitiéndoles probar el rigor de un rey humano conforme al modelo del mundo pecador.

Es de esta forma que aparece en el escenario la figura de Saúl, un hombre al que Dios pondrá como el monarca de Israel, pero no sin antes advertirles de las consecuencias que les vendrán por pedir un rey conforme a los reyes del mundo: ¨Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro; y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros. Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras. Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día¨ (I Samuel 8:10-18).

Como vemos, el pueblo de Israel pidió un rey similar a los reyes cananeos, y Dios les concedió ese deseo dándoles a Saúl. La Biblia nos dice que Saúl era un Ken: ¨Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo¨ (I Samuel 9:2) Pero no era el hombre que Dios quería, porque Dios  no ve la apariencia, sino que Dios ve lo que está en el corazón: ¨porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón¨ (I Samuel 16:7b). 

Ahora, Dios quería que la nación de Israel viera la diferencia entre un rey al estilo del mundo, y un rey al estilo celestial, y es por esto que decide escoger a David en sustitución de Saúl. David representa a un rey conforme al corazón de Dios, no que él era un hombre perfecto, sino que Dios lo está llamando para que él sea esa persona conforme a su corazón, algo que implica un gran peso sobre los hombros de este hombre. Cuando Dios llama a una persona para servirle, pone sobre esa persona una gran responsabilidad que no le será fácil llevar, ya que Dios estará siempre demandando fidelidad y compromiso por causa de ese llamado.

David estaba llamado a ser diferente de Saúl. Saúl representaba el modelo de un rey terrenal. Dios quería que David representara el modelo de un rey celestial, esta es la razón porqué David se vincula de una manera tan especial con el Mesías, una verdad tan importante que es confirmada en el Nuevo Testamento: ¨Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel¨ (Hechos 13:22,23).

Cuando Samuel fue a la casa de Isaí, el padre de David, para encontrar al elegido de Dios, vemos que, aun siendo un siervo de Dios, también estaba influenciado por la apariencia, pues lo impresionó la corpulencia de uno de los hermanos de David, y sin embargo Dios lo tiene que corregir diciéndole lo siguiente: ¨Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón¨ (I Samuel 16:7).

Siete hijos de Isaí pasaron ante Samuel, pero Dios no quería a ninguno de ellos, sino al que faltaba, al cual fueron a buscar al campo donde estaba cuidando las ovejas. La Biblia nos cuenta cómo era éste al que Dios quería: ¨Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramᨠ(I Samuel 16:12,13).

Luego el rey Saúl era atormentado con un espíritu malo, según nos cuenta la Biblia, y fue precisamente a David al que buscaron para que por medio de sus melodías, pues era un gran músico, aliviara los tormentos del rey: ¨ Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él¨ (I Samuel 16:23). De esta manera Dios estaba acercando a David al lugar que le correspondía.

Una de las hazañas más conocidas de David es su enfrentamiento con el gigante filisteo Goliat (I Samuel 17). Goliat se mofaba desafiando al ejército de Jehová, y los israelitas, incluyendo a su rey Saúl, temblaban de miedo ante la imponente figura de este gigante.

David era un guerrero natural a pesar de su corta edad, pero sobre todo, David era un hombre con un gran celo por el nombre de Dios. Fue por esto que David se atrevió a aceptar el desafío de Goliat, venciéndolo de una manera asombrosa: ¨ Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos. Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano. Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron (I Samuel 17:45-51).

David no hizo lo que hizo con Goliat para que la gente lo viera, sino que él hizo delante de la gente, lo que él estaba acostumbrado a hacer delante de Dios, cuando nadie lo veía, sino sólo Dios. Cuando sólo Dios lo veía en el campo, él defendía a sus ovejas de los leones y los vencía con el poder de Dios. De la misma manera él venció a Goliat con el poder de Dios.

El cristiano promedio se derrumba ante las burlas de los impíos contra la fe, por miedo a tener que salir al frente y dar la cara; no olvidemos que el que calla otorga. David, en su enfrentamiento contra Goliat, nos enseña la importancia de hacer valer nuestra fe y presentar defensa frente a aquellos que pretenden burlarse de las cosas santas sin ni siquiera ser reprendidos o confrontados. 

David tuvo que enfrentarse luego a la furia del rey Saúl quien estaba loco por los celos contra David, quien mostraba unas habilidades, una valentía y una fe que él de ninguna manera poseía. Esta persecución llegó a sus límites por lo que David tuvo que marcharse y convertirse en un fugitivo. Pero ocurrieron cosas extraordinarias en la vida de David, por causa de que Dios estaba con él, como el hecho de que Jonatán, el hijo del rey Saúl, su peor enemigo, se convirtiera en su mejor amigo. La furia de Saúl contra David se había convertido en una obsesión que lo llevó a la muerte, una muerte en la que David no tuvo nada que ver, pues a pesar de ese odio enfermizo, David siempre respetó su vida.

Después de grandes vicisitudes sufridas por la gran persecución de Saúl, finalmente David es ungido como Rey de todo Israel: ¨ Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. Era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judᨠ(2 Samuel 5:1-5).

David establece a Jerusalén como capital del reino (2 Samuel 5:17-19) y logra derrotar a los filisteos y lleva el arca del pacto de Dios a Jerusalén, denominada desde entonces, la ciudad de David. De esta manera David inaugura un gran período de conquistas y prosperidad para la nación de Israel, pues puso sus grandes dotes militares al servicio del Señor, logrando además mantener el reino de Israel totalmente unificado, dejando como herencia este legado a su hijo Salomón, quien habría de continuar la obra de su padre.

2.-  El Rey David Cometió Terribles Pecados.

Ser un rey le dio unos poderes extraordinarios a David, prácticamente su poder terrenal era ilimitado. En las manos de cualquier hombre esto es un gran peligro, pues el ser humano por naturaleza se corrompe cuando tiene en sus manos el poder político, el poder militar y el poder económico. En este sentido, lamentablemente David también fue víctima del envanecimiento humano que proporciona el poder.

Fue ese poder engañoso el que hizo que David cediera ante la tentación que le producía la belleza de una mujer. David cometió el pecado de adulterio con Betsabé, la mujer de Urías heteo, uno de sus más fieles militares. Este pecado de adulterio fue el inicio de una serie de pecados que lo llevó a cometer el pecado de homicidio.  En 2 Samuel capítulos 11 y 12 se narra este terrible episodio de la vida de este hombre de Dios, quien urdió un maléfico plan para procurar que mataran a Urías en una batalla, para que de esta manera no se enterara el finado del pecado que había cometido con la esposa de éste. La Biblia nos dice al respecto lo siguiente: ¨Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehovᨠ(2 Samuel 11:27).

Dios no perdonó a David ese crimen, aunque él fuera su niño mimado. Es por esto que sin demora viene la reprensión del profeta Natán (2 Samuel 12). La sentencia de Dios no se hizo esperar, el niño que nació como resultado de su adulterio, murió como castigo por su gran pecado. Aunque David rogó amargamente por la vida del niño, Dios no le concedió la vida. Aunque Dios nos perdone nuestros pecados, no podremos evitar las consecuencias que sobrevendrán.

Hubo ciertas costumbres en la vida de David que de ninguna manera Dios aprobó, como el hecho de tener más de una esposa. Este tipo de vida le trajo graves consecuencias en el seno familiar. Uno de sus hijos, el tristemente famoso Absalón, pretendió usurpar su trono, darle un golpe de estado, que fue impedido por los oficiales del rey, resultando en la muerte del mismo. Esta es una escena muy triste en la vida de David, pues este era un hijo al que él amaba entrañablemente. 

3.- El Rey David Se Arrepintió de Corazón.

Sabemos que David no era un dechado de virtudes, y por esto mismo algunos no logran asimilar que se diga en la Biblia que David era un hombre conforme al corazón de Dios. De entrada, el hecho de que se diga en la Biblia tal cosa, tiene que tener una explicación, y la tiene sin duda. A pesar de los pecados cometidos por el rey David, vemos que él se arrepintió de corazón de haberlos cometido, y que Dios le cobró con creces sus múltiples errores. A pesar de ser un rey, él admitió sus pecados públicamente, y declaró abiertamente su maldad delante de Dios y delante de los hombres, una actitud que difícilmente veríamos en los que gobiernan y han gobernado en el mundo. El salmo 51 debe ser razón suficiente para estar de acuerdo con lo que la Biblia dice acerca de que él era un hombre conforme al corazón de Dios. David asumió su castigo frente a sus pecados, y no se disculpó por ellos como hacen muchos hoy. Dios quiere que nunca pequemos, pero si pecamos, Dios quiere mucho más que estemos dispuestos a reconocer nuestras faltas y aceptemos nuestra reprensión y asumamos las consecuencias de nuestras transgresiones.

Lo mejor sería que nunca pecáramos, pero si pecamos, no hay nada que evidencie más nuestro alejamiento de Dios, nuestra falsedad y nuestra impiedad, que el tratar de justificar y ocultar nuestras maldades.  La Biblia dice en Proverbios 28:13,  ¨El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia¨. Creo que esta actitud de David frente a sus errores demuestra que él era un hombre conforme al corazón de Dios.

David demostró con su arrepentimiento que aunque él era el rey de Israel, él estaba bajo el poder del Rey de reyes y Señor de señores, el verdadero Rey de Israel y del Mundo, tal y como él mismo lo atestigua en el salmo 24:1 ¨De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan¨.

Es muy raro o casi imposible ver  que un gobernante admita que falló o pecó y que muestre arrepentimiento. En el peor de los casos, como ocurre en muchos de nuestros países latinoamericanos, los que gobiernan o tienen algún puesto de eminencia, se han blindado de tal manera que hasta se atreven a enrostrarnos a los ciudadanos su impunidad. Nuestras naciones necesitan gobernantes como el rey David, que admitan sus errores, y que no encubran sus faltas. Pero lo que vemos hoy es lo que el Señor Jesús dice, que los gobernantes se enseñorean vilmente de las naciones: ¨Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad¨ (Mateo 20:25).

Lo que más nos debe llamar la atención con respecto a la vida de David es que cuando Dios nos llama, él ve no lo que somos, sino lo que él quiere que seamos, lo que nosotros podemos llegar a ser. Cuando Dios nos llama, él necesita moldear nuestro carácter para hacernos las personas que él quiere que seamos. Dios pone su temor en nosotros y nos capacita con la suficiente sensibilidad espiritual para que respondamos a sus propósitos en obediencia.

Si nos ajustamos a los propósitos de Dios y somos obedientes a él, a la larga terminaremos haciendo su voluntad de la manera que él desea, y entonces nos irá bien y seremos de gran bendición para nuestra familia, para nuestra iglesia y para el mundo.  
Aunque David no pudo construir el  Primer Templo, Dios le permitió hacer todos los preparativos para que su hijo Salomón, quien habría de sucederle en el trono, llevara a cabo esta monumental obra. La gran influencia de este hombre se destaca cuando abrimos la Biblia en los Salmos, y vemos de qué manera Dios le usó para que nos legara los más hermosos cánticos para ser usados en la alabanza que el pueblo santo debe tributar cada día a Dios.

Leandro González

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 21 de junio de 2015.

viernes, 27 de marzo de 2015

EL SISTEMA DE CONSECUENCIAS EN EL MINISTERIO


1 Timoteo 3:1-7

¨Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo¨.

Estos son los requisitos que se requieren para ser un pastor, según nos lo consigna la Biblia, la Palabra de Dios. Note como dice el apóstol siendo inspirado por el Espíritu Santo: ¨Si alguno anhela obispado, buena obra desea¨ (1Timoteo 3:1). Es un privilegio conferido por Dios el llegar a ser favorecido con la encomienda de ser un pastor. Como todos sabemos, todo privilegio entraña una gran responsabilidad. A quien se le confía mucho, mucho le será demandado: ¨Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirᨠ(Lucas 12:48). Desde el principio la demanda del Señor para uno que desea entrar al ministerio es una demanda fuerte. Si estos requisitos son requeridos antes de entrar en el ministerio, mucho más lo serán para los que ya han recorrido un largo trecho del camino en el ejercicio de su llamado.

Esta debe ser la razón por la que Pablo dice a su hijo espiritual Timoteo: ¨ Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren¨ (1 Timoteo 4:16). ¨Ten cuidado de ti mismo¨, esta es una advertencia que no puede ser tomada a la ligera, pues el ministerio pastoral es una cosa muy seria. Si se estropea por algún motivo la confianza que la congregación ha depositado en el pastor, este debe entender que ha llegado el momento de retirarse, pues quedándose, o pretendiendo quedarse, se hará más mal que bien.

La congregación tiene el deber, según la Palabra de Dios, de perdonar al pastor que se arrepiente de haber caído, pero es imposible que el pastor continúe ejerciendo el ministerio. Esta es una consecuencia que debe pagar por su falta, y que lo perseguirá hasta el día de su muerte. Esta consecuencia es compatible con la demanda que se hace en el principio del ministerio pastoral, tal y como la leemos en 1 Timoteo 3:2 donde dice que el pastor debe ser irreprensible. Este es el requisito número uno en la lista de exigencias para el puesto. El que no califica en este aspecto, no está apto de plano para ejercer el ministerio cristiano. No debe ni siquiera pedir concesiones ni consideraciones, sino que él mismo, si es un hombre consciente de su vida espiritual y del peso de la Palabra de Dios, debe tener la suficiente honradez para retirarse.

Si la demanda para cualquiera otra profesión en el mundo secular requiere de la observancia de ciertos principios éticos innegociables, con mucha más razón se deberá demandar del pastor una conducta intachable, pues su profesión tiene una trascendencia superlativa y un impacto mucho más abarcador. Si existen fuera de la Biblia escritos éticos que demandan a los seres humanos que ocupan o pretenden ocupar puestos de eminencia en la sociedad, una conducta intachable, como es el famoso código de ética de Confucio, para el pastor existe el más elevado código demandante que es la Biblia, donde leemos: ¨Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos¨ (Mateo 5:20).   

Leandro González
Pastor Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana.

Marzo 27 de 2015.

martes, 29 de enero de 2013

CRECIENDO AL TRAVÉS DEL LIBRO DE LOS HECHOS


Hechos 1:1-12

Estudiar el libro de los Hechos de los Apóstoles durante todo un año, y revalorizar nuestra razón de ser como iglesia, es nuestro propósito en este nuevo año 2013; consciente de que ¨hoy está más cerca nuestra salvación que cuando creímos¨, como dice el apóstol Pablo: ¨Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos¨ (Romanos 13:11).

A medida que vayamos estudiando y predicando acerca del libro de los Hechos, iremos poniendo en práctica los principios que nos sean útiles como iglesia, para continuar realizando la tarea que el Señor nos ha encomendado.

Se ha dicho que son varias las funciones de la iglesia, empezando por la tarea de adorar, de rendir culto al Señor en todos los actos de nuestra vida, tanto en nuestros actos cotidianos, como en las diferentes manifestaciones del culto cristiano: bautismo, cena conmemorativa, diezmos y ofrendas, alabanzas, oración y ayuno, etc., y siguiendo por la tarea suprema de evangelizar, de discipular, medios por los cuales los perdidos son alcanzados y son integrados en la iglesia del Señor. Todas estas funciones y muchas más, como es la de que la iglesia se identifique con la parte social de la comunidad donde se encuentra, ya sea a través de trabajos de beneficencia, o involucrándose en un programa de educación secular que procure inculcar los valores cristianos, a los que de esta manera sean alcanzados.

La cuestión es, que durante este año, nosotros como iglesia tenemos que dar un salto positivo de acción y de fe. Esto requerirá de cada uno, una mayor participación y apoyo en las diferentes actividades que se llevan a cabo cada semana en esta congregación, para cumplir con un programa que nos hemos propuesto.

Nos ocuparemos entonces en ir descubriendo en el libro de los Hechos aquellos aspectos relevantes que tienen que ser parte de nuestra iglesia, para cumplir con lo que hemos denominado ¨nuestra razón de ser como iglesia¨, porque una iglesia que no justifique su razón de existir, corre el riesgo de que el Señor quite ¨su candelero de su lugar¨(Apocalipsis 2:5).

Creo que no hay otro libro mejor que el libro de los Hechos para que nos podamos dar cuenta, qué fue lo que hizo que la primera iglesia tuviera éxito en el cumplimiento de su tarea.

Hay muchos libros que nos enseñan cómo tener éxito en la iglesia, pero nosotros creemos que yendo directamente a la fuente original, recibiremos del Señor las indicaciones y la inspiración que necesitamos para cumplir nuestra misión.

Lo primero es ver, qué es lo que nos dice el texto sagrado, y luego, darnos cuenta como iglesia, en qué punto estamos nosotros con relación a lo que encontramos en esos relatos. Al estudiar el libro de los Hechos, y al predicar cada domingo acerca de él, nos iremos percatando de cuáles son las cosas que nosotros necesitamos poner en práctica para permitirle al Señor operar en nuestras vidas, como individuos y como iglesia, de modo que lleguemos a cumplir la tarea de la iglesia de una forma correcta.

En esta introducción quiero que veamos los siguientes puntos:

1.- Aprendiendo del Carácter del Escritor del libro de Los Hechos.

El escritor de este evangelio es identificado como Lucas, un médico amigo y compañero de Pablo en sus viajes misioneros, que parece haber tenido el encargo de parte de algún dignatario cristiano o de alguna comunidad de creyentes no judíos, a los cuales les interesaba conocer en detalle los hechos concernientes a la vida de Jesús. Este libro constituye la segunda parte de dos tratados bien redactados por este insigne creyente, que además de ser médico, era sin duda un excelente historiador. Así lo consigna él mismo en sus propias palabras introductorias del libro: ¨En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios¨ (Hechos 1:1-3).

Lucas fue protagonista de muchos de los relatos que se encuentran en el libro de los Hechos, y él mismo participó del trabajo cristiano y sufrió en alguna ocasión, juntamente con muchos de los apóstoles del Señor el desprecio, la persecución, la cárcel y muy posiblemente también el martirio.

Tanto en este libro como en el anterior (el Evangelio Según San Lucas), se puede ver que la convicción de fe de este hombre era firme respecto de su creencia acerca de Jesús: ¨Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido¨ (Lucas 1:1-4). Ya vimos que en sus palabras introductorias en el libro de los Hechos reafirma su fe en la resurrección del Señor, cuando dice: ¨se presentó vivo con muchas pruebas indubitables¨(Hechos 1:3).

La firmeza de la fe es fundamental en el afianzamiento y consolidación de la iglesia. La iglesia está compuesta de personas que han confesado su fe en Cristo. Esa fe en Cristo tiene que ser genuina, tiene que ser personal y tiene que ser firme.

La fe en Cristo es genuina, cuando es el producto de una bien ponderada reflexión y de la investigación auténtica en la búsqueda de la verdad, no el producto de una emoción fanática o de una simple experiencia religiosa, que puede ser manipulada. Lucas era un hombre convencido de lo que creía. La iglesia tiene que estar compuesta de personas plenamente convencidas de que están en el camino correcto. No sirve de nada para la gloria de Dios que una congregación esté repleta de personas que responden sólo a lo que puedan sentir o experimentar, poniendo de lado las convicciones fundamentales de la fe, y obviando los principios éticos que hacen a la iglesia ser la luz del mundo y la sal de la tierra. Los individuos que Dios quiere ver comprometidos en la iglesia son aquellos que estén plenamente convencidos de su fe en él.

La fe en Cristo es personal, cuando cada individuo se confronta a sí mismo con su pecado y se da cuenta que necesita con urgencia ser salvado, cuando cada uno tiene un encuentro personal con Jesucristo. Si tu fe es el producto de una tradición familiar o cultural, esa no es la clase de fe que puede lograr un compromiso verdadero con la causa de Cristo. Si una persona no tiene esa clase de fe, necesita buscarla, porque la iglesia precisa de gente verdaderamente identificada con la causa de Cristo.

La fe en Cristo es firme, cuando uno ha decidido seguir a Cristo, cueste lo que cueste; cuando uno está dispuesto a pagar el precio por ser un discípulo del Señor. Si uno no está en la disposición de dar su tiempo, sus recursos y su vida para el servicio del Señor, entonces, en vez de ser una bendición para la iglesia, uno se convierte en un obstáculo para que la obra del Señor avance en la tierra.

Gente como Lucas es la que nos vamos a ir encontrando a lo largo de todo el libro de Hechos. Gente como Lucas es la gente que el Señor Jesucristo necesita para que la iglesia se levante y marche, gente que está dispuesta a dejar cualquiera cosa que esté haciendo, para hacer lo que tiene que hacerse.

2.- Aprendiendo de la Experiencia de los Apóstoles.

La tarea de los apóstoles fue una tarea titánica. No digo que la tarea de echar a andar una iglesia local no sea también una tarea titánica, pero nunca se podrá comparar el trabajo que podamos hacer en esta iglesia, con el trabajo realizado por esos hombres en el libro de los Hechos. Pero una cosa sí podemos hacer, y es hacer lo que nos toca hacer a nosotros aquí y ahora, en este tiempo.

Los apóstoles no sabían lo que les esperaba. Pero Dios sí lo sabía, y eso es lo más importante. Lo mejor de todo en lo que hacemos para el Señor es que él no nos deja solos en esta tarea. Note cómo el propio Señor Jesucristo encarga a los apóstoles y a la iglesia naciente que estuvieran atentos a la llegada del Espíritu Santo, que vendría a ellos prontamente: ¨ Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días¨ (Hechos 1:4,5).

La iglesia, igual que los apóstoles y los primeros discípulos, ha sido encargada de realizar la tarea de dar a conocer a Cristo al mundo, y no debe entretenerse en otra cosa que no sea esa. El Señor quiere que nos enfoquemos, que no perdamos de vista nuestra razón de existir. Y para facilitarnos el trabajo nos ha dado todo el poder que se necesita: ¨Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra¨ (Hechos 1:7,8).

Mientras el Señor regresa, debemos enfocarnos en la tarea de dar a conocer a Cristo al mundo. Esa es nuestra misión hasta que él decida regresar de nuevo a este mundo: ¨ Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo¨ (Hechos 1:9-11).

A medida que avancemos en nuestra presentación del libro de Los Hechos, nos iremos dando cuenta de qué manera podemos beneficiarnos como iglesia de la experiencia de vida de los primeros cristianos. Le animo a acompañarnos en este recorrido al través del libro de los Hechos durante todo este año.

Leandro González

Sermón predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el domingo 13 de enero de 2013.

lunes, 3 de septiembre de 2012

EL CLAMOR DE LOS SANTOS

Apocalipsis 6: 9-11

        Después de ver escenas tan terribles como las de los cuatro jinetes del Apocalipsis, durante la apertura de los cuatro primeros sellos del libro que estaba en la mano derecha de Dios, nos encontramos con otra escena de la que podemos extraer grandes verdades bíblicas acerca del mundo espiritual, relacionada con la vida después de la muerte. ¿Qué sucede con las almas de las personas que mueren, y en sentido particular con las almas de los creyentes en Jesucristo? En este pasaje de Apocalipsis 6: 9-11 claramente se nos revelan varias verdades que en nuestra introducción quisiéramos enumerar:

     En primer lugar, vemos que el alma del que muere, es consciente en el mundo espiritual; o sea, que las personas cuando mueren, no dejan de ser personas. Lo que sucede cuando alguien muere es que se produce una separación,  el alma se separa del cuerpo. El cuerpo va a la tumba y el alma va al cielo o al infierno. Esto quiere decir que el mundo no se acaba para el que se muere (como muchas personas piensan), sino que las personas después de la muerte saben que han muerto y pueden darse cuenta del lugar donde están.
 
        Esta realidad de la existencia del alma más allá de la muerte es una garantía y una esperanza para los que han de dar su vida por el Señor, porque los hombres pueden matar el cuerpo, pero el alma no la pueden matar, así lo dice el Señor: ¨Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno¨ (Mateo  10:28).

    Por otro lado, si pensabas que después de tu muerte tus problemas se habrán terminado, estás muy equivocado, porque la Biblia dice en el mismo libro de Apocalipsis, lo siguiente: ¨Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.  Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen¨ (Apocalipsis 14:12,13). Entonces, definitivamente la vida no termina con la muerte, sino que la persona pasa a una dimensión superior de existencia y de conocimiento.

        En segundo lugar, los que mueren tienen expectativas respecto del espacio y del tiempo; de los hechos del pasado, del presente y del futuro, pues las almas que vemos aquí debajo del altar, en el trono celestial, están esperando el día de la venganza del Señor. Estos santos están pidiendo a Dios el castigo de sus verdugos, ruegan por la vindicación de sus asesinatos, ocurridos mientras estaban vivos en la tierra. El Señor Jesús, en la historia del rico y Lázaro, nos enseña acerca de esta realidad consciente del ser en el más allá. En este relato vemos que el rico tenía conciencia de lo que había dejado en la tierra y quería desde el infierno motivar, para que sus familiares no corrieran su misma suerte: ¨Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento¨ (Lucas 16:27,28).

     Y en tercer lugar, los que mueren parece que conservan las sensaciones de sus sentidos, pues el Señor les consuela otorgándoles indumentarias (¨vestiduras blancas¨), mediante las cuales les consuela y les anima a esperar con paciencia a que se complete el número de los que han de ser muertos de la misma forma que ellos (Apocalipsis 6:11).
     Ahora quiero que veamos el significado de este clamor de las almas de los santos debajo del altar, en el trono de Dios:

1.- El Clamor de los Santos Es Un Asunto Muy Antiguo.

     Aquí vemos una escena muy especial, ubicada bajo el altar : ¨las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían¨ (Apocalipsis 6:9). ¿Y qué es lo que hacen?: ¨Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?¨ (Apocalipsis 6:10). Estos santos tienen el privilegio de estar en el cielo en un  lugar cerca de Dios, y es allí precisamente donde él prefiere tenerlos, porque : ¨Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos¨ (Salmos 116:15). Entiéndase que es estimada por causa de que ya dejarán de sufrir las congojas de este mundo, para pasar a disfrutar del gozo celestial en la presencia de su amado Señor. Además, Dios ama la muerte de sus santos, en contraposición con el dolor que le produce la muerte del impío, quien al morir pierde toda esperanza de salvación y pasa a la perdición eterna del infierno, sin posibilidad alguna de librarse de allí.  El profeta Ezequiel recoge las palabras del Señor expresando su tristeza acerca de la condición del hombre pecador: ¨ Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva¨ (Ezequiel 33:11). Así que, los santos representados en esta escena, están en una posición privilegiada, aunque su estancia allí sea el producto de su martirio.

      A este grupo de santos reclamantes debajo del altar en el cielo, de seguro pertenece Abel, que desde el día en que su hermano Caín lo mató (entiéndase que por causa de su testimonio de fe en Dios y en su Palabra) su sangre clama a Dios desde la tierra: ¨Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra¨ (Génesis 4:10). Para los que piensan que existen crímenes que quedarán impunes, la Biblia nos dice que no, que cada uno recibirá su castigo por cometer injusticias contra sus semejantes.

    Aparte de las oraciones de los santos en la tierra pidiendo justicia, existe un clamor en el trono mismo de Dios por parte de los santos que han muerto por su fe, los cuales constantemente procuran justicia ante el trono celestial.

      Creemos que este clamor es un clamor muy antiguo, pues desde tiempos inmemoriales los creyentes han sufrido el escarnio, la persecución y la muerte por parte de este mundo impío. Recordemos los sufrimientos de Noé en la antigüedad, ya que la gente se burlaba de él cuando construía el arca, donde él y su familia se salvaron. También tenemos el testimonio de Enoc, el cual se hastió tanto de este mundo, que prefirió darse un paseo por el cielo, decidiendo Dios dejarle allá para librarle de la maldad de este mundo. Y qué diremos de los tormentos sufridos por Lot en Sodoma, un pueblo tan corrompido, que Dios decidió destruir a todos sus habitantes con fuego y azufre , (Génesis 19).

     Los mártires de la fe de todos los tiempos (los de Hebreos 11) están representados en ese grupo de santos que claman bajo el altar. En ese grupo podemos ver a Esteban, el primer mártir de la fe cristiana. Y a muchos otros, quizá muertos muy recientemente, los podemos visualizar en ese grupo de valientes que han sufrido la muerte por causa del evangelio. Muchos que aún estamos vivos, quizá un día estaremos en ese grupo, sólo Dios lo sabe. No todos sufriremos la muerte por causa del evangelio, y aunque morir por Cristo es considerado en la Biblia como un privilegio,  lo más importante es estar en el grupo de los salvados, aunque no suframos el martirio por nuestra fe.

2.- El Clamor de los Santos Es Un Asunto de Justicia Divina.

     El apóstol Pablo claramente revela, bajo la dirección del Espíritu Santo, cuales son los planes de Dios acerca del juicio que se realizará contra los que han hecho daño a los hijos de Dios y a su iglesia. En su segunda carta a los tesalonicenses su planteamiento es muy severo en este sentido: ¨Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo;  los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros¨ (2Tesalonicenses 1:6-10).

     Muchos de los santos que se ven debajo del altar en Apocalipsis, todavía viven en el día de hoy. A estos el apóstol Pablo les dice en el día de hoy: ¨ Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; tanto, que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis. Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis¨ (2Tesalonicenses 1:3-5). Los sufrimientos de los santos por causa del evangelio justificarán el rigor del juicio divino sobre los impíos, cuando sea manifestado.

3.- El Clamor de los Santos Es un Asunto Que Dios Atenderá Indefectiblemente.

      Dios tiene un interés particular por atender el clamor de los santos, pues él vela por la integridad de los suyos como un padre vela por sus hijos. Recordemos cómo la Biblia nos habla del celo de Dios por el pueblo de Israel, y sabemos que la iglesia es en última instancia, el verdadero Israel de Dios: ¨Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo¨ (Zacarías 2:8).

     Dios consuela y calma mientras tanto la sed de justicia de los santos: ¨Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos¨ (Apocalipsis 6:11).

     En la agenda de Dios está programado el día en que su mano poderosa caerá pesadamente sobre aquellos que han mortificado a su iglesia. Mientras el día del juicio llega, Dios proporciona a los mártires vestiduras blancas, símbolo de la pureza de sus almas, para que descansen tranquilos. Las almas de los santos están libres de culpa, pues ya han sido justificados por la obra redentora de Jesucristo. La dignidad de sus ropas blancas es por causa de haber manifestado fe en la Palabra de Dios, y haber sostenido hasta la muerte su fidelidad, como testigos de Cristo.

     Esta escena de Apocalipsis 6: 9-11 tiene un gran valor para los santos de la iglesia primitiva,  a los que estaba dirigido el libro de Apocalipsis, pues ellos estaban siendo víctimas del imperio romano, que los perseguía con saña malvada, sin darles tregua.

    Dios ha prometido que responderá al clamor de los santos: ¨Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces¨ (Jeremías 33:3).  El carácter de Dios garantiza que él actuará con justicia en el caso de los santos, así como en cualquier caso. El propio Jesucristo habló de la disposición de Dios para operar su justicia en el mundo, cuando narró la historia de la pobre viuda que reclamaba justicia al juez injusto: ¨También les refirió Jesús una parábola sobre la  necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? (Lucas 18:1-8).

     En Apocalipsis 8: 3-5 encontramos una escena que corrobora la disposición de Dios de cumplir el clamor de todos los santos y de atender a sus oraciones: ¨ Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto¨. Todo el mal que el mundo ha provocado contra los hijos de Dios en todos los tiempos, se volverá contra ellos mismos, en el día que sean vaciadas sobre el mundo las brasas encendidas mezcladas con el incienso que representa las súplicas que los santos vierten ante el altar de Dios, cumpliéndose así las palabras referidas por el apóstol Pablo en Romanos 12:19-21: ¨No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza¨.

     La justicia divina no se hará esperar; pero lo más importante es, que es segura, lo cual garantiza que tarde o temprano la justicia divina llegará. Así que los santos pueden descansar confiados y pacientes en la certidumbre que les brinda la promesa segura de que Dios les hará justicia. 

Leandro González.
Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 2 de Septiembre de 2012.

sábado, 1 de septiembre de 2012

MI ABUELO VOLVERÁ A VIVIR?




Este es un vídeo de una serie de 35 mensajes cortos, grabados en el Centro de Comunicaciones del Caribe, de la International Mission Board, en Hollywood, Florida, Estados Unidos. Esta grabación se realizó en el año 1998. 

viernes, 31 de agosto de 2012

JESÚS, ESE GRAN DESCONOCIDO

Juan 1: 10
¨En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció¨.
A pesar de que es la persona más famosa de la historia; a pesar de que prácticamente todo libro existente en el mundo de alguna manera hace referencia a él; a pesar de que su nombre es conocido en casi todos los pueblos de la tierra; a pesar de que el mundo celebre aun después de 2000 años los acontecimientos más sobresalientes de su vida; a pesar de que millones de personas dicen profesar fe en él; y a pesar de que cada semana muchos se reunen para rendirle culto, Jesús de Nazaret, sigue siendo ese gran desconocido.
Jesús no fue sólo un desconocido para su pueblo que lo había concebido según su mente carnal, sino que él sigue siendo un desconocido para muchos hoy. ¿Por qué razón Jesús sigue siendo ese gran desconocido?

1.- En Primer Lugar, Porque Para Muchos Jesús No Es Más Que Un Gran Maestro.

Es verdad que maravilla ver la gran sabiduría de Jesús. Su saber en todas las cosas, su habilidad en el uso de las palabras, como lo corroboran sus discursos y sus famosísimas parábolas; su perspicacia para salir airoso de los acertijos tramposos a los que fue sometido.
Muchos intelectuales comparan a Jesús con otros hombres, que de alguna manera fueron destacados maestros, filósofos y pensadores. ¡Qué bueno que reconozcamos a Jesús como un gran maestro! Pero eso no basta para hacer honor a su real investidura. Eso es insuficiente para que Jesús pueda hacer lo que él quiere hacer en tu vida. A Jesús necesitamos conocerlo como debe ser o no lo podremos conocer.

Cuántos se conforman hoy en día a la idea de un Jesús filósofo. A Jesús lo han querido reducir a un simple proponente del pensamiento positivo, se le ha pretendido encasillar entre los maestros llamados ascendidos, como un gran yogui, como un idealista cualquiera.

Un Jesús que se puede moldear a esa forma de pensamiento, es un gran desconocido. El Jesús de la Biblia es mucho más que un gran maestro, es Señor y Cristo (Hechos 2:36). Es necesario conocer a Cristo en su divinidad; conocerlo así es descubrir el secreto del conocimiento. Para conocerlo así es necesario venir a él, venir hoy, ahora.

Es necesario entrar en el ámbito de su influencia poderosa, porque conocerlo a él no es un acto natural, no es algo que el hombre puede alcanzar por sí mismo. Si bien Dios apela a la razón, no menos cierto es que sólo él puede revelar la verdad acerca de Jesús. Y él lo ha hecho, y lo está haciendo ahora mismo al través de la influencia de su Espíritu Santo en la predicación de su Santa Palabra. Aprovecha esta oportunidad y conócelo.

2.- Otra Razón Por Qué Jesús Es Ese Gran Desconocido Es, Porque Para Muchos Jesús Es Solamente Un Gran Revolucionario.

Por causa de ver equivocadamente en Jesús a un caudillo político, Judas fue poseído de un espíritu maligno y ambicioso que lo llevó a cometer el más grande crimen, traicionar a su Maestro, vender por precio al Hijo de Dios, entregar con un beso al Hijo del hombre.
Cuando uno ve a Jesús sólo como un revolucionario, corre el riesgo de la frustración. El Jesús del Nuevo Testamento no llena las expectativas de los que están pensando en un reino en este mundo; Jesús mismo dijo a Pilato: "mi reino no es de este mundo" (Juan 18:36). Se equivocan los que pretenden un Jesús hecho a la imagen y semejanza de los políticos de este mundo. La causa de Jesús no es una que busca la conquista del poder para servirse de las naciones. Jesús no necesita conquistar el mundo a la manera de los hombres, porque a él le ha sido "dada toda potestad en el cielo y en la tierra" (Mateo 28:18). Si Jesús te es inspiración solamente para tu causa altruista, y no es tu Salvador, entonces Jesús es un gran desconocido para ti.

Se necesita discernimiento espiritual para conocer a Jesús auténticamente. Para conocer a Jesús es necesario arrepentirse y ser cambiado por él, ser convertido, dejar de ser un hombre natural y permitir que Dios haga nacer en nosotros al hombre espiritual (I Corintios 2:14). Hazlo así ahora, permite que Dios lo haga en ti, y podrás comprender la grandeza de Jesús. Así no será más él un desconocido para ti.

3.- Una Última Razón Por Qué Jesús Es Ese Gran Desconocido Es, Porque Para Muchos Jesús Es Solamente Un Gran Religioso.

Pudieran grandes tomos enciclopédicos encasillarlo dentro de los religiosos más prominentes de la historia del mundo, pero ninguno de ellos tendría suficiente carisma como para alcanzar la gracia del "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29 ). Ninguno de ellos sería "digno de desatar la correa" de su calzado (Juan 1:27). Ninguno de ellos podría alcanzar el calibre de sus huellas. Ninguno de ellos podría mostrar las evidencias de su majestad. Ninguno de ellos podría jamás ser clavado en una cruz para salvar. Ninguno de ellos podría traer a la vida a los muertos y libertar a los cautivos. Ninguno de ellos definitivamente podría salir victorioso de la tumba fría. ¡Ninguno! Sólo Jesucristo, nuestro amado Señor, se yergue imponente en la historia como el vencedor absoluto de la muerte. Su exclusivismo nos lleva a un camino estrecho que no admite alternativas, pero que promete llevarnos a la vida. Jesús es el clímax de toda la verdad, por eso dijo: "Yo soy el camino"; por eso dijo: "Yo soy la verdad"; por eso dijo: "Yo soy la vida" (Juan 14:6). No conozco a nadie que pueda decir lo mismo que dijo Jesús, y que sea verdad.

Jesús necesita ser reconocido como más que un religioso famoso, tú necesitas recibirlo como el Hijo de Dios, tu redentor, el cual llevó tus pecados en la cruz para que seas hecho hijo de Dios.
Si crees en Jesús y lo recibes en tu corazón, tendrás todo lo que Dios tiene para darte: Salvación y vida eterna, y todas las riquezas celestiales.
Leandro González
Sermón predicado en la Primera Iglesia Bautista Hispana de Passaic, N.J., Estados Unidos, en la Semana Santa de 1998. http://www.pibhp.org/news/index.php

VEA EL VÍDEO DE ESTE MENSAJE:

jueves, 30 de agosto de 2012

LA DIMENSIÓN DE LO QUE POSEEMOS

I Reyes 17: 8 -16

¨Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.  Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.  Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.  Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.  Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.  Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías¨ ( I Reyes 17: 8-16).
 
La nación de Israel se vio sometida bajo el rigor de Dios por causa de la idolatría. Una gran sequía había sido profetizada por Elías. El se había refugiado junto al arroyo de Querit, afluente del Jordán, mientras era sustentado milagrosamente por unos cuervos, pero el riachuelo se secó por falta de lluvia, y entonces recibió instrucciones de Dios de ir a Sidón, a un pueblito llamado Sarepta.

En ese paraje había una mujer viuda en circunstancias de espantosa pobreza, que sólo esperaba la muerte junto a su hijo. Lo único que ella tenía era "un puñado de harina y un poco de aceite" que sólo alcanzaba para matar el hambre del día y luego esperar que la calamitosa situación empeorase y que llegara lentamente el desenlace fatal. Pero llegó su salvador, y las cosas comenzaron a cambiar para ella. Elías, el varón de Dios, trajo esperanza al corazón atribulado de aquella madre.
 
Dios puede ampliar los horizontes en medio de nuestras crisis usando solamente lo que tenemos. En el mundo de hoy reina un ambiente de incertidumbre en el orden político, económico y social. Nosotros sabemos que esas manifestaciones y acciones de maldad, amenazas de guerras, terrorismo, desequilibrio económico, inequidad exorbitante en la distribución de las riquezas, violencia intrafamiliar y muchas otras calamidades, son el resultado de un problema espiritual.

Esta desgracia no es ajena a los hijos de Dios, puesto que somos parte del planeta. Aunque no somos de este mundo, vivimos aquí., pero podemos tener confianza en los portentos del Señor. Podemos ver grandes cosas ocurriendo en nuestras vidas, si nos aferramos a él con fe. Más que esperar estoicamente la muerte, podemos esperar mejores cosas para nosotros.
 
¿Qué es lo que nos da esa confianza? Para saberlo nos fijaremos en lo que le pasó a la viuda de Sarepta.
 
1.- Primero Consideremos Lo Que Tenemos.
 
¿Qué tenía la viuda? "Un puñado de harina y un poco de aceite". En el lenguaje de esta mujer aquello era una "miseria". ¿Qué podía hacer con lo que tenía? Sólo una miserable torta. Y aquella comida sería la última para ella y para su hijo según sus propias palabras. Lo que vendría después sería: ¨y nos dejemos morir¨ (I Reyes 17:12). La verdad es que hay que estar en el pellejo de esta angustiada señora para poder juzgarla con justicia. Sin embargo ella no manifestó una actitud ajena al promedio de los seres humanos que se ven en esas circunstancias.

Un punto a favor de esta mujer es que nuestro Señor Jesucristo resaltó en Lucas 4: 25, 26 el valor y la importancia de ella en contraposición con las viudas del Israel de aquel entonces: ¨Pero en verdad os digo que había muchas viudas en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón¨. Por eso dice el apóstol Pablo: "y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia" (I Corintios 1: 28, 29). El Señor se maravilló muchas veces por las manifestaciones de fe en aquellos que no eran israelitas, recordemos el caso de la mujer cananea (Lea el relato en Mateo 15: 21-28).

Pero en sentido general, la verdad es que casi siempre que pasamos por situaciones parecidas adoptamos la misma posición. Es aquí donde pensamos que todos los caminos se han cerrado para nosotros, y hasta podemos llegar a dudar de Dios y tomar decisiones fatales. Estamos tan acostumbrados a depender de las cosas externas, que nos olvidamos que "no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" Lucas 4:4).

¿Cuán conscientes somos de lo que tenemos? La viuda de Sarepta pensaba que era poco o casi nada lo que tenía, pero la realidad es que no era así. ¿Qué tienes tú? A lo mejor tienes grandes posibilidades dentro de ti que no sabes. Lo cierto es que nos subestimamos con frecuencia. Es necesario que recordemos que somos hechura de Dios, y "Dios no hace porquerías". Yo creo que es tiempo de que comiences a hacer un inventario de lo que posees en realidad.

Te estoy invitando a revalorizar las potencialidades que te son inherentes, pero no a la luz de alguna filosofía oriental de las que tanto abundan hoy, y a las que muchos se aferran creyendo que han encontrado la panacea que resolverá todos sus problemas. ¡No! Sino a la luz del pensamiento evangélico. Tú debes ser consciente de que se nos ha asignado tanto valor, que Dios fue capaz de dar a su unigénito Hijo para rescatarte de la esclavitud, del secuestro al que estabas sometido por causa del pecado. Sí mi hermano, sí mi amigo, Jesucristo te ha evaluado con gran precio, de tal manera que dio su vida por ti para salvarte, para colocarte en la posición de hijo de Dios; y un hijo de Dios es poseedor de las más grandes posibilidades. Así que yo te invito a considerar seriamente el hecho de entregarle tu vida al que lo dio todo por ti.

Muchas veces limitamos a Dios al marco de lo que nosotros poseemos. Es más, lo que tenemos con frecuencia puede llegar a sustituir a Dios, o a la esperanza que debemos cifrar en él, y esta es una forma sutil de idolatría. Si es mucho lo que tenemos, eso se puede convertir en un enemigo mortal que nos aleje de Dios, pensando con gran arrogancia, que no lo necesitamos para nada. Pero si nos encontramos como la viuda, con una gran precariedad y pobreza, podemos llenarnos de autocompasión y sentirnos los seres más desdichados de la tierra, sumirnos en una depresión profunda y sucumbir abrumados por la autoconmiseración, echándole la culpa a Dios de toda nuestra desdicha.

Podemos hacer como pensaba hacer la viuda antes de su encuentro con Dios, sentarnos a esperar la muerte, llorar y lamentarnos, si nuestra esperanza está puesta en las cosas que tenemos. Cuando nuestra vida fija sus horizontes en las limitaciones humanas, no importa cuán abundantes o desprovistas de fortuna sean, no seremos capaces de ver más allá de lo que alcanzan nuestros ojos, estaremos desprovistos de sueños. Nuestra mirada se detendrá ante las murallas. Podemos desesperarnos y doblegarnos ante su imponencia como algo imposible de franquear, o podemos engañarnos sintiéndonos seguros dentro de ellas, para descubrir al final que somos prisioneros, perdidos en el valle de la muerte sin posibilidades de encontrar la salida.

Esto explica porqué gente rica y gente pobre caminan por sendas aparentemente paralelas, ajenos unos y otros a la vida de Dios, para darse cuenta en el último trecho de sus días que ambos marchaban por el mismo camino extraviado, aferrados a su mundo material. Nadie podrá evitar que se encuentren tarde o temprano en aquel sendero con el jinete de la muerte, y sean llevados a donde se piensa equivocadamente que termina todo orgullo y desaparecen las penas.

La verdad es, que la eternidad analizada a la luz del evangelio tiene rostros muy distintos a los que el hombre impío está acostumbrado a percibir en su mundo de tradiciones y creencias. La historia del rico y Lázaro narrada por Jesús en Lucas 16: 19-31, ilustra esta verdad de un modo interesante: El hombre rico, que en vida superaba monumentalmente a la condición de la viuda, después de su muerte continuaba con su manía de querer arreglarlo todo con sus dichosas influencias, pero estas no funcionaron en el mundo de lo espiritual, y sus incontables posesiones no lo pudieron salvar. De nada le sirvió lo que tenía en vida porque en su muerte no tenía nada.

Lázaro, por otro lado, que en vida tenía una posición material mucho más calamitosa que la de la viuda, pero conservando su fe, no tiene necesidad ahora ni de abrir su boca para recibir los favores sin cuento que le prodiga su Padre celestial. Recibe ahora la fortuna que acumuló en los cielos como resultado de su fe. ¿Cuánto es el valor de tus tesoros celestiales? ¿Tienes algo guardado en el banco de Dios?

Dios nos ha dotado de maravillosos talentos como para que sucumbamos sin luchar. Dios nos ha dado su Espíritu Santo, "que es las arras", la garantía "de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida" (Efesios 1:14). Con el poder de Dios podemos vencer el espíritu derrotista que se pasea por el mundo de hoy. No permitas que te invada la desesperanza pensando que se acaban tus fuerzas. Que tu ánimo y tu valor no dependan de ti, ni de tu yo positivo, porque eso se torna insuficiente en la guerra contra el enemigo. Di como el salmista: "El Señor es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sustentas mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos, y es hermosa la heredad que me ha tocado" (Salmos 16:5,6).
 
2.- Ahora Veamos Lo Que Dios Puede Hacer Con Lo Que Tenemos.
 
¿Qué podía hacer la viuda con lo que tenía? Sólo una torta para ella y su hijo. Esta sería su última comida. Es cierto que sus posibilidades eran demasiado limitadas. Pero ese es el punto de vista humano. ¿Qué tan real es lo que pensamos respecto de las cosas que poseemos? ¿Por qué opinamos de una o de otra manera? Hay ciertas influencias en nuestras vidas que nos empujan a pensar y actuar de una forma o de otra. Al observar un vaso de agua por la mitad, unos opinarán que está casi vacío, pero otros pueden decir que está casi lleno. No todas las personas tienen el mismo criterio para considerar los hechos. Hay gente que tiene una especial capacidad de darle una nueva dimensión a las circunstancias. Los hijos de Dios deben ser de esa clase de gentes.
 
Hasta que Elías apareció en la vida de aquella mujer pagana, su vida marchaba hacia un callejón sin salida. Estos benditos encuentros con mujeres en las Sagradas Escrituras son una luz de esperanza en la situación que hoy viven muchas madres, esposas e hijas abusadas en nuestra pobre América y en particular en nuestro sangrante país. La llegada del profeta de Dios transformó el panorama para la viuda de Sarepta. Los siervos de Dios debemos ser portadores de esperanza para un mundo herido y mutilado.

Cuando el Señor toma en sus manos lo que tenemos, ocurren asombrosas transformaciones. Veamos una muestra a menera de ilustración: Moisés tenía una vara. Un simple palo que llevaba en su mano. ¿Qué podía hacer con él? En su oficio de pastor le servía de cayado para guiar el rebaño. También podía proteger a los indefensos animales de las fieras salvajes y de los cuatreros. Todo el uso de este pedazo de astilla en las manos del simple Moisés se circunscribe a un uso cotidiano, vulgar y rutinario. Pero pongamos esa misma vara en las manos de Dios y entonces tendremos otras historias. Ahora vemos a Moisés convirtiendo esa vara en una temible serpiente que destruye los trucos de los magos de Egipto, ante los ojos atónitos del Faraón; vemos a Moisés dirigiendo una nación hacia la libertad después de cuatrocientos años de esclavitud. Pero mucho más asombroso aún, vemos a un Moisés boquiabierto abriendo un camino entre las aguas embravecidas del mar rojo, para que toda la multitud de los hijos de Israel fuera librada de sus perseguidores. Muchas otras hazañas pudieran ser contadas de lo que Dios hizo con el aparentemente insignificante recurso de Moisés. ¿Cuánto crees que Dios puede hacer con lo que tú tienes ahora mismo? Quizá tú puedes hacer muy poco o nada con ello, pero eso no es lo mismo con respecto a Dios. Entonces ha llegado la hora de poner lo que tenemos en las manos de Dios y descubrir sus ilimitadas potencialidades.

Te invito a ver este otro ejemplo: David tenía una honda. Con ella podía lanzar piedras a gran velocidad con una puntería envidiable. Así podía defender a sus ovejas de los lobos y de las demás fieras salvajes. Pero cuando David consagró lo que tenía al servicio del Señor, él fue capaz de derribar al gigante Goliat que desafiaba impíamente al ejército de Israel, que era lo mismo que desafiar a Dios. Un gran esfuerzo de un pequeño hombre, que puso sus probabilidades en las manos de Dios, pudo realizar una proeza heroica que todo un ejército no pudo llevar a cabo.

Cuando la viuda de Sarepta hizo como le había dicho Elías, acto por el cual demostró su inquebrantable fe, la Biblia nos refiere hechos de inigualable maravilla: "Entonces ella fue he hizo como le dijo Elías; y comió él, el niño, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías" (I Reyes 17: 15,16). Dios puede hacer que lo que tenemos sea suficiente y superabundante. Recordemos la Multiplicación de los panes y los peces, milagro obrado por nuestro Señor Jesucristo, Dios humanado, el mismo que hizo el universo y lo puso a funcionar basado en leyes y principios. Podemos confiar, porque él tiene dominio de las cosas, ¨él tiene el mundo en sus manos¨. Ni la casualidad, ni lo fortuito, ni lo fatalista tienen cabida en su ámbito. El siempre obra conforme a propósitos eternos que rigen su perfecta voluntad.

Una magnífica lección que aprendemos en el desprendimiento mostrado por la viuda de Sarepta es que debemos estar dispuestos a compartir lo que tenemos, porque Dios puede dirigirnos hacia extraordinarias victorias que llenarán de regocijo nuestros corazones. Sabe Dios de cuántas experiencias gratificantes y revitalizadoras nos hemos perdido en toda nuestra vida por causa de nuestro egoísmo y avaricia. Dios paga bien siempre nuestros favores. Recordemos las palabras del Señor respecto de los más pequeñitos de Mateo 25; pero también, y mucho más explícitamente, cuando dice en Mateo 10:41,42: "El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá; y el que recibe a un justo por cuanto es justo, recompensa de justo recibirá. Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa". Fue extraordinaria la recompensa de aquella mujer que ahora había pasado a formar parte de la lista de los santos. Definitivamente tengo que concluir que los que confían en el Señor están por encima de las miserias humanas.
 
3.- Finalmente, Concentrémonos En Lo Que Tenemos en Verdad.
 
Ya te has dado cuenta de la magnitud de las cosas. Te has fijado cómo pueden ser transformadas tus posibilidades. Pero quiero que veas qué tan grandes son nuestras posesiones.

Generalmente pensamos en una dimensión temporal, terrenal, limitada. Esa es nuestra percepción natural producto de nuestra lógica mundana. Vivimos atrapados en un mundo de "cordura" donde los que son capaces de tener grandes sueños, grandes ideas, son considerados ilusos y locos. Pero tengo que decirte algo muy importante: ¿De dónde nos vienen los sueños? Si somos hechos a imagen y semejanza de Dios, nuestra capacidad de ver más allá del horizonte, de imaginarnos éxitos y logros, grandes proezas, nos viene de la voz intrínseca de Dios que nos grita desde lo más profundo de nuestro ser. Nuestro Dios es el gran soñador.

Ninguna persona puede lograr nada extraordinario a menos que lo haga parte de sus sueños. Me he imaginado muchas veces el Estudio de Dios. Allí está ese gran personaje con sus innumerables instrumentos, el Arquitecto del universo en su colosal taller diseñando galaxias e inventando mundos. ¡Si pudiéramos penetrar y ver los bocetos de Su Majestad, los croquis de sus proyectos! Pero lo más grande y maravilloso es que Dios, el Artista Supremo, es también su propio contratista, el que se proporciona los valiosos recursos para llevar a cabo sus magníficas obras. No tiene que depender de nadie para materializar sus ideas.

En su perfecta voluntad, él sabe qué conviene hacer, cuándo y cómo. No hay desperdicios en la mente de Dios, ni realizaciones innecesarias. El sabe cómo aprovechar los espacios y llenarlo todo de armonía y belleza. El mundo en que vivimos, nuestro ámbito planetario, nos sirve como botón de nuestra para extasiarnos ante la grandeza de nuestro Dios. Estoy hablando de nuestro Padre Celestial, el mismo del cual usted y yo somos sus hijos, por los méritos sacrosantos de su amado Hijo Jesucristo. Entonces, los hijos de Dio, tenemos derecho de soñar, de esperar grandes cosas. Sí, porque sus promesas a favor de nosotros nos hablan de lo que él está dispuesto a hacer en nuestro favor.
 
Nosotros, unidos a él, sintonizados con su voluntad, seremos capaces de llevar a cabo grandes cosas. Ya hemos visto ejemplos de lo que los grandes héroes de la fe fueron capaces de hacer por la confianza puesta en aquel que los hizo ver que todo lo que hacemos por él y para él, tarde o temprano, rinde sus frutos verdaderos. Eso es lo que nos debe impulsar a emprender nuestra labor con fe y decisión.

Lo que tenemos, no es lo que está en nuestras manos, lo que tenemos son cosas maravillosas que están en las manos de Dios. Como Padre amoroso y proveedor, él las tiene reservadas para dárnoslas en el momento más oportuno. Pero necesitamos ejercitar nuestra fe y extendernos en el camino hacia adelante, con la certeza de que él nos va guiando. Su Espíritu Santo va con nosotros dondequiera que vamos porque él, nuestro Señor Jesucristo, ha prometido estar con nosotros "todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:20). Para que eso se haga realidad en la vida tuya, tú tienes que entregarle tu vida a Jesucristo, confesarle tus pecados y creer en él de todo corazón, sólo así podrás estar por encima de tus circunstancias.