domingo, 15 de febrero de 2009

ENTRE LA ANARQUIA Y EL ARREPENTIMIENTO

Jueces 21: 25

El libro de Jueces comienza destacando la preponderancia de la tribu de Judá, condición esta que está encaminada a determinar el nombre de la nación en razón de esta tribu, ya que judíos se deriva de Judá. Es de esta tribu que saldría el rey David y el propio Señor Jesucristo. Ya tan temprano como en la conquista de la tierra prometida se puede ver el tratamiento especial de esta tribu, tanto por las implicaciones históricas que ya había tenido, como por las implicaciones mesiánicas que tendría al través del tiempo.

Se habla aquí del establecimiento de los hijos de Israel en la tierra de Canaán y de cómo estaban las cosas en los últimos días de Josué y como se tornaron luego de su muerte. Después de la muerte de Josué, aunque fueron fieles durante el tiempo que vivieron los ancianos que sobrevivieron a Josué, pero cuando estos desaparecieron, dice la Biblia: ¨Después de ellos se levantó otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová y sirvieron a los Baales¨ (Jueces 2: 11).

Así que los israelitas olvidaron el pacto que habían hecho un día ante Josué: ¨A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos¨ (Josué 24:24).

El ángel de Jehová, Dios mismo de forma personificada, se presentó para reclamar a la nación su extravío. Un extravío que se mostraba por la condición de desorden en todos los sentidos, una situación de anarquía brutal.

Veamos tres aspectos de esa condición de anarquía:

I.- Causas de la Anarquía en Israel en el Tiempo de los Jueces.

El libro de Jueces es el séptimo libro de la Biblia, y presenta un tiempo crítico en la historia de Israel donde se pueden ver las consecuencias que sufrió la nación por haberse desviado de su fe en Dios, yéndose en pos de los dioses falsos de las naciones a las que habían conquistado: Baal, Baal-berit y Astarot (Jueces 2:11-13, 6:25; Jueces 8:33, 9:4, 46). Baal y Astarot o Asera están relacionados con la fertilidad y la sexualidad, dioses principales de los cananeos; y aún en el día de hoy se les rinde culto de muchas maneras y hasta se juega con ellos en los juegos de video que no son nada inofensivos.

Baal es representado como el jefe de los demonios, o sea, el mismo Satanás, y se le llama amo o señor; es también representado como el dios de la lluvia, de la muerte, y de la guerra. Este Baal toma muchas formas y en realidad representa a muchas manifestaciones del mundo de lo oculto y del mal; son dioses que los que los adoraban en tiempos de los jueces los invocaban para cerrar tratos y negocios, ¡Vaya forma de despreciar al Dios verdadero!

Así tan pronto la nación de Israel hizo lo malo ante los ojos de Jehová: ¨Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah¨ (Jueces 2: 11), y este es un estribillo que se repite en el libro de Jueces en la Biblia una y otra vez.

Mientras vivieron bajo la tutela de Josué, bajo su liderazgo riguroso, los israelitas estuvieron bajo la sombrilla protectora del Señor, pues estaban sometidos a sus preceptos, ya fuera por complacer a Josué o por conveniencia. Por las razones que fueran, es evidente que su lealtad a Dios en términos generales no era sincera. Esto no elimina la posibilidad de que muchos judíos siguieran siendo fieles a Dios en toda circunstancia; recordemos que Dios siempre tiene su remanente.

Es evidente en Jueces que la nación de Israel estaba en un período de grave decadencia. Los síntomas de esta triste realidad se hacían más evidentes cuando los enemigos los asediaban y combatían. Estos eran los pueblos que ellos habían dejado, y que Dios se había encargado de convertirlos en un azote para ellos, por causa de no cumplir a cabalidad con las instrucciones de exterminar y de echar definitivamente a todos los pueblos paganos que habitaban el territorio que les había sido dado en posesión.


II.- La Intervención Divina Para Contrarrestar la Anarquía en la Nación de Israel.

En esta época de gran confusión en la nación judía, Dios levantaba de vez en cuando a un hombre o mujer para que los guiara e impusiera la ley y el orden. Porque si una cosa caracteriza el período de los jueces es precisamente la anarquía. Hay una declaración muy fuerte en este sentido en el epílogo de este libro, esta declaración retrata de cuerpo entero la condición política, social, moral y espiritual de Israel: ¨En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos (Jueces 21: 25).

En nuestras naciones de América Latina, incluyendo la nuestra, lo que vemos es que aún teniendo leyes que son maravillosas, las mismas no se cumplen y no se les da la debida atención, y cuando se las desempolva es para aplicarlas contra los más débiles, los que menos pueden, los ricos y poderosos actúan siempre por encima de la ley, y esto es un tipo de anarquía peor que la que estaba viviendo el pueblo de Israel.

El libro de Jueces se escribió en el tiempo de los reyes, cuando ya Israel tenía un gobierno estable, y por este motivo se le atribuye a Samuel la autoría de este libro de la Biblia. Así que estas memorias de los jueces servirían para que la nación hiciera comparaciones y entendiera lo difícil que es vivir sin ley y sin régimen, y sobre todo, los males que acarrea vivir lejos de Dios.

El tiempo de los jueces era un tiempo caótico. Sólo cuando la nación se arrepentía y clamaba a Dios, Dios los libraba de sus enemigos y les enviaba un libertador o caudillo que los gobernaba por un tiempo, pero ellos volvían de nuevo a hacer lo malo ante los ojos de Jehová.

Como había ocurrido en la vida de Moisés y de Josué, también sucedió en la vida de los jueces, la persona especial del ángel de Jehová se sigue manifestando en la vida del pueblo de Israel, esta vez para reclamar a la nación su desviación y extravío. El ángel de Jehová revela las consecuencias de olvidarse de Dios: ¨-Yo os saqué de Egipto y os introduje en la tierra acerca de la cual había jurado a vuestros padres diciendo: "No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis una alianza con los habitantes de esta tierra, cuyos altares habréis de derribar." Pero vosotros no habéis obedecido mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por eso yo digo también: No los echaré de delante de vosotros, sino que os serán adversarios, y sus dioses os servirán de tropiezo¨ (Jueces 2: 1-3).

En el libro de Jueces vemos a la nación de Israel viviendo en un tiempo de apostasía y rebelión contra Dios. Cuando vivimos a espaldas de Dios las consecuencias no se harán esperar, siempre será este un mal negocio que no recomendamos a nadie. Una muestra de lo que estamos diciendo es el siguiente pasaje, cuya idea se repite por todo el libro: ¨Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová. Olvidaron a Jehová su Dios y sirvieron a los Baales y a las Aseras. Así que el furor de Jehová se encendió contra Israel, y los abandonó en manos de Cusán-risataim, rey de Siria mesopotámica. Los hijos de Israel sirvieron a Cusán-risataim durante ocho años¨ (Jueces 3: 7-8).

Durante este tiempo de desorden nacional, Dios levantó jueces que libraban a Israel de los enemigos cuando estos clamaban a Dios y se arrepentían de sus malos caminos, aunque fuera momentáneamente: ¨Entonces Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les saqueaban. Pero tampoco escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían tras otros dioses a los cuales adoraban. Se apartaron pronto del camino por el que habían andado sus padres, quienes habían obedecido los mandamientos de Jehová. Ellos no lo hicieron así. Cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todo el tiempo de aquel juez. Porque Jehová se conmovía ante sus gemidos, a causa de los que los oprimían y afligían. Pero acontecía que cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían más que sus padres, siguiendo a otros dioses para servirles y para postrarse ante ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino¨ (Jueces 2: 16-19).

Como vemos, la protección divina está condicionada a la obediencia, y esto no ha cambiado.

Es bueno que expliquemos que la palabra juez aquí, no se usa en el sentido que se usa modernamente, el juez aquí no es un magistrado que imparte justicia, sino que más bien es un conductor en tiempos críticos, como una especie de cacique que salva a la nación en un tiempo de dificultad. Pero es bueno hacer notar que estos dirigentes son determinados por Dios, y se encuentran en el relato bíblico por la relación que tienen con Dios, no por sus hazañas. O sea, que lo que ellos hicieron en procura de restablecer el culto al Dios verdadero y restaurar en la nación la ley y el orden se debió al llamado especial de Dios.

Otoniel fue el primer juez de Israel, el primero de doce jueces que se mencionan en el libro que gobernaron a Israel. Su nombre significa ¨el león de Dios¨. Los jueces gobernaron a la nación de Israel por periodos tan largos como ochenta años.
En el libro de Jueces se destacan de manera sobresaliente tres figuras: Gedeón, Jefté y Sansón. De Gedeón diremos que su persona ha servido como inspiración para la organización de Los Gedeones, que se encarga de colocar Biblias y Nuevos Testamentos en hoteles, hospitales y centros educativos. Están constituidos por grupos de empresarios cristianos, que con sus propios recursos imprimen estos materiales bíblicos que distribuyen en todo el mundo.

Gedeón se destaca por la gran hazaña que Dios realizó al través suyo, destruyendo a un ejército innumerable con tan sólo trescientos hombres. Un hombre que está en la categoría de Moisés y de Josué, habiendo hablado con el ángel de Jehová, quien se le apareció para encargarle la misión de destruir al ejército madianita. Este juez derribó el altar de Baal, y por eso su nombre fue cambiado por Jerobaal que significa, ¨Baal contienda con él¨ (Jueces 6:32).

Jefté, es un juez que sobresale por el voto imprudente de sacrificar a la primera persona que saliera de su casa para felicitarle por la victoria que consiguió contra los amonitas. Lo que no sabía era que su hija era la persona que protagonizaría este gesto, y a la que habría de sacrificar. Este es uno de los pasajes más difíciles de la Biblia. Esto no significa que Dios le hubiera pedido a Jefté tal sacrificio. Si bien Dios le había pedido a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac, muy claramente la Biblia enseña que esto fue una prueba de fe, habiendo Dios provisto el cordero para el holocausto. De ninguna manera Dios aprueba el sacrificio humano, sino que más bien lo condena.

El pasaje de Levíticos 27: 29 que habla de la muerte de una persona separada como anatema, no se refiere a un sacrificio como holocausto, sino que se trata de una sentencia de castigo por la condición pecaminosa de la persona. Hay que tener cuidado de decir cosas que la Biblia no dice.

Sansón es un personaje tristemente célebre. Si bien es verdad que tuvo sus aciertos, la realidad es que su vida está llena de graves imprudencias. Habiendo sido dotado por Dios de maravillosos talentos, y uno de ellos era la fuerza colosal de la que gozaba, no supo manejar su carácter, y sus debilidades lo llevaron a la ruina y a la muerte. De todos modos, los enemigos del pueblo de Dios sufrieron grandes bajas durante su dirección como juez. Sansón puede ser visto como un hombre que representa el orgullo pecaminoso del pueblo de Israel de creerse invencible, pero confiando en su propia fuerza, y olvidándose que el secreto de su poder reside en Dios que le ha escogido y le protege.

En su vanidad, este hombre fue miserablemente engañado por una mujer filistea que usó sus encantos para seducirlo y desviarlo de los propósitos santos que Dios tenía con él. Es como el típico creyente que busca pareja en el mundo, haciendo yugo desigual, cosa que Dios prohíbe (2 Corintios 6:14). En la amonestación del apóstol Pablo a los corintios se hace evidente la trascendencia de esta condición espiritual, a tal grado que se habla de la imposibilidad de unir la luz con las tinieblas. Pese a esto, algunos se dejan atraer y seducir por muchas cosas de este mundo, ignorando la vida abundante que Jesucristo ofrece. Por un momento de placer desperdician los valores eternos.

Sansón terminó bajo las ruinas y los escombros de una civilización pecadora, aunque tuvo la oportunidad de ajustar cuentas a los que habían procurado su mal y el de su nación, pero sucumbió junto con sus enemigos. Esa no es la forma como Dios desea que se escriba el epílogo de nuestra vida.

Hay una mujer que no se puede dejar de mencionar, Débora, una profetisa que gobernó a Israel. Aquí tan temprano encontramos el papel de la mujer en un puesto de gran relevancia; no era algo común, sino más bien una excepción fuera de serie. El espíritu aguerrido y valiente de aquella mujer la hace merecedora de estar en la lista de las grandes mujeres de la historia.

La influencia de Débora fue tan poderosa en la vida de las otras mujeres de Israel, que muchas de ellas salieron del anonimato para brillar en las páginas de la Biblia. Aquí mismo se cuenta el acto temerario de Jael, una mujer que fue capaz de matar al cruel capitán del ejército de Jabín, rey de Canaán que había oprimido a los israelitas por veinte años. Esta mujer, con halagos engañó a este hombre que llegó cansado, le ofreció su tienda, pues eran conocidos, ya que los israelitas se habían acostumbrado en cierto modo al sometimiento de los enemigos; así que, aprovechando que estaba dormido, le metió una estaca en sus sienes y lo clavó en la tierra.

Débora exalta en su cántico este gesto valeroso de esta mujer en favor de la soberanía de su nación. Esta exaltación comienza con palabras muy parecidas a las que el ángel Gabriel dirigiera a María en el Nuevo Testamento para exaltar su gracia de concebir al Salvador del mundo: "¡Bendita entre las mujeres sea Jael, mujer de Heber el ceneo. Sobre las mujeres bendita sea en la tienda. El pidió agua, y ella le dio leche; en taza de nobles le sirvió nata. Con su mano tomó la estaca, y con su derecha el mazo de obrero. Golpeó a Sísara, machacó su cabeza, perforó y atravesó su sien. A los pies de ella se encorvó y cayó; quedó tendido. A los pies de ella se encorvó y cayó. Donde se encorvó, allí cayó extenuado. "La madre de Sísara se asoma a la ventana, y mirando por la celosía, dice a gritos: ’¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué se detienen las ruedas de sus carros?’ Las más sabias de sus damas le responden, y ella se repite a sí misma las palabras: ¿No habrán capturado botín? ¿No lo estarán repartiendo? Para cada hombre una joven, o dos; un botín de ropas de colores para Sísara; un botín de bordados de colores, bordados por ambos lados, para mi cuello . . . ¡Qué botín!’ "¡Perezcan así todos tus enemigos, oh Jehová! Pero los que te aman sean como el sol cuando se levanta en su poderío." (Jueces 5:24-31).

Lo que maravilla aquí es ver como Dios utiliza a mujeres para levantar el ánimo de la nación y devolverles su soberanía. La Biblia dice que durante el reinado de cuarenta años de Débora, ¨la tierra reposó¨ (Jueces 5:31). O sea, que estos actos de violencia tan crueles y sanguinarios, fueron necesarios para devolver la tranquilidad a la nación y dejar claro en la mente de los enemigos acerca de la determinación de la nación de Israel de recuperar su autonomía.

Todos estos acontecimientos narrados en el libro de Jueces debemos analizarlos dentro de su contexto y ver las circunstancias por las que atravesaban los israelitas. Estaban siendo oprimidos por los enemigos por causa de su desobediencia a Dios y viviendo una vida lejos de Dios, y era sólo cuando la nación clamaba a Dios que se suscitaban estos actos heroicos. Estos actos, aun con su nota sanguinaria y bárbara, eran un despertar de su celo por la fe en Dios y de su nacionalismo.

III.- Ejemplos Desastrosos de la Anarquía en la Vida del Pueblo de Israel.

Como consecuencia de vivir lejos de Dios, los hijos de Israel descendieron hasta lo más bajo en materia de estilo de vida. Esta es la descripción que se hace acerca de la condición espiritual de los israelitas en ese tiempo: ¨ En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía¨ (Jueces 17:6).

Se cuenta como las personas hacían cosas abominables ante los ojos de Dios, y se justificaban, y atribuían a Dios la bonanza de sus resultados. Erigían altares con esculturas en nombre de Dios y las adoraban y hasta les constituían sacerdotes según sus propias disposiciones y esto les parecía bien. Se cuenta el caso de Micaía en el capítulo 17 y 18, de cómo este había fabricado su propio sistema de adoración idolátrica, y hasta pensaba que Dios estaba de acuerdo con esto. Pero lo peor de todo es que la tribu de Dan fue compromisaria con esta clase de acción pecaminosa, convirtiéndose así en la primera tribu idólatra de Israel, razón por la cual no se encuentra en la lista de los 144,000 sellados de Apocalipsis 7.

De la misma forma muchos hoy, pensando equivocadamente que lo importante en definitiva es ser religioso, tienen sus propias maneras de querer ser cristianos, haciendo cosas totalmente divorciadas de la voluntad de Dios expresada en la Biblia. Adoran imágenes, rinden culto a cualquier cosa, y dicen que adoran a Dios, y participan de toda clase de rituales y prácticas propias de la cultura, que no glorifican a Dios de ninguna manera, y que más bien deshonran su nombre.

Otro episodio muy vergonzoso y triste en la vida de la nación judía, fue la vejación infringida a la mujer de un levita, a la cual los de la tribu de Benjamín habían violado, sodomizado y dado muerte de forma horrenda. Esto trajo como consecuencia actos de grande violencia en represalia por este acto tan salvaje. Usted puede leer el episodio en los últimos capítulos de Jueces. La forma como termina este libro demuestra el grado de decadencia moral al que puede llegar una nación que se aparta de Dios y pretende vivir de acuerdo a sus criterios humanistas.

Las ideas de los hombres no son las que deben regir el mundo. Son las leyes de Dios, las mismas que rigen el Universo y su intrincada complejidad, las que deben regir las acciones de los hombres sobre la tierra creada por Dios. Cuando nos sometemos a los lineamientos de los hombres y vivimos conforme a lo que nos dicta el corazón, los resultados son caóticos.
Permitamos a Dios que dirija nuestras vidas, nuestras familias, nuestra nación y nuestro mundo, sólo eso garantiza un sistema de valores correctos que garantiza una vida feliz.

martes, 10 de febrero de 2009

LA CONQUISTA DE LA TIERRA PROMETIDA

Josué 1:1-9

El libro de Josué es un libro de guerra, de conquista. Muchos de sus relatos abruman por lo sanguinarios y crudos. Este libro nos narra la manera como el pueblo de Israel llevó a cabo la conquista de la tierra prometida.

Dios les había dicho que ¨ todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio ¨ (Deuteronomio 11:24-25). En este pasaje se entiende al mismo tiempo que Dios les había señalado límites del territorio que debían conquistar. Ellos como pueblo político no necesitaban dominar el mundo, sino sólo el territorio señalado por el Señor al través de Moisés con sus límites preestablecidos. Aunque ellos estaban destinados para ser la luz de las naciones, la conquista del mundo estaría en las manos del Mesías Jesucristo que nacería de entre los judíos.

La conquista del territorio palestino se realizó al mando de Josué a quien Dios había señalado como sucesor de Moisés, que ya había muerto. Dios obró al través de Josué de manera similar a como lo había hecho con Moisés, y de esta manera estaba indicando su respaldo a la obra iniciada por el nuevo caudillo que sería Josué. El pueblo de Israel se daba cuenta de la manera como Dios estaba con Josué, tal y como Dios le había asegurado que estaría con él como estuvo con Moisés.

Lo mismo ocurre en el libro de los Hechos en el Nuevo Testamento, cómo el Señor muestra su poder al través de los apóstoles, haciendo que ellos realicen los mismos milagros que realizó Jesús, como una forma de mostrar que el mismo poder que estaba con él, es el mismo que opera al través de estos hombres que tenían la tarea de sentar los cimientos de la iglesia, los fundamentos del evangelio.

Bajo el mando de Josué el pueblo de Israel cruzó el Jordán en seco, así como Dios había abierto un camino al través del Mar Rojo para que el pueblo cruzara hacia la libertad. Otra manera como Dios evidencia su apoyo a Josué es por medio de su intervención directa en la guerra, al enviar grandes piedras desde el cielo para destruir a los enemigos en el enfrentamiento con los amorreos (Josué 10:11).

Un hecho insólito se narra aquí, y es que el sol y la luna se pararon casi un día entero, y este es un milagro único en la historia que ocurrió en la vida de Josué. Respecto de esto dice la Biblia: ¨ Nunca hubo un día semejante, ni antes ni después de aquel día, cuando Jehová escuchó la voz de un hombre; porque Jehová combatía por Israel¨ (Josué 10:14).

De gran notoriedad es el momento en el que Dios se presenta a Josué en la figura de un ángel, con una espada desenvainada, para confirmarle su apoyo en la conquista de la tierra prometida. Creemos que este ángel tiene que ser un anticipo de la encarnación de Jesucristo, pues Josué le adoró, y la figura angelical aceptó la adoración, lo cual demuestra que era Dios, pues es sólo a Dios a quien se debe adorar. Recordemos en el libro de Apocalipsis, cuando Juan intenta adorar al ángel que le muestra los misterios de las revelaciones que el ángel le dice que es consiervo suyo y que adore a Dios (Apocalipsis 22:9).

Así que Josué fue protagonista de grandes hechos sobrenaturales realizados por Dios para mostrar su definitiva presencia en la conquista, para que el pueblo entendiera sin lugar a dudas que el éxito de su empresa dependía sólo de Dios.

Es lo mismo con nosotros hoy, si queremos que Dios respalde nuestra empresa, debemos reconocer que ¨Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad¨ (Filipenses 2:13).

Otros hechos significativos ocurrieron, como el acontecimiento de las doce piedras de testimonio que los israelitas debían tomar de los pies de los sacerdotes que llevaban el arca en el cruce del Jordán hacia la conquista de Jericó, y que debían formar con ellas un altar como testimonio para sus hijos de la forma como Dios los había pasado por el Jordán en seco hacia la tierra prometida.

La forma tan peculiar como Dios les dio instrucciones para rodear la ciudad de Jericó con el toque de las trompetas y las vueltas a la ciudad, y la forma milagrosa como el muro de la ciudad se vino abajo para que ellos entraran a la ciudad para tomarla, es un hecho digno de ser mencionado y recordado.

También el episodio extraordinario de lo ocurrido a los espías que entraron en la ciudad y fueron ayudados por la ramera Rahab, un acto de la misericordia de Dios. Esto demuestra que en medio de un mundo malo y pecador, Dios aún encontrará corazones dispuestos a hacer su voluntad y a mostrar reverencia al Dios verdadero. Esta mujer por su protección a los espías salvó a su familia y se llegó a convertir, no sólo en parte del pueblo de Israel, sino en una ascendiente directa del Mesías (Mateo 1:5). Esta era una manera de mostrar Dios una vez más, que él estaba interesado en la salvación del mundo y no sólo en la salvación de Israel.

Canaán era la tierra que Dios había dado a Abraham, un hombre del mundo pagano como lo era Rahab, al que Dios le había tenido misericordia muchos siglos atrás (Génesis 12:1). A Abraham Dios le había asegurado que habría de dar a su descendencia la tierra prometida, y Dios estaba cumpliendo su palabra (Génesis 12:7).

Una cosa cierta es que con todos estos acontecimientos Dios estaba preparando el camino del Mesías. El Mesías es la razón de ser de todas estas historias y hechos maravillosos, terribles y extraordinarios.

Veamos tres aspectos de la conquista de la tierra prometida:

I. La Conquista de la Tierra Prometida Está Garantizada.

Dios así lo ha dicho, que saldrán vencedores. Que no teman, que sean valientes. Cuando Dios comisionó a Josué le dijo repetidas veces: ¨Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas ¨ (Josué1:7). Aquí de plano queda claro que la condición para la conquista exitosa era ser obediente. La presencia de Dios se mostraba de forma evidente en la vida de Josué porque él era obediente: Tal y como estuvo con Moisés, así estuvo con Josué.

El episodio que cuenta la intervención del Jefe del Ejército de Jehová es una confirmación enviada desde el mismo cielo a Josué del respaldo divino para su terrible empresa. Estas fueron las palabras del ángel en Josué 5:14: ¨Yo soy el Jefe del Ejército de Jehová, que he venido ahora¨. Como hemos dicho, esta pudiera ser considerada como una anticipación de la encarnación de Dios en la persona de Jesucristo. En esta persona misteriosa que se apareció a Josué con su espada desenvainada (Josué 5:13-15) vemos que se repite la experiencia que tuvo Moisés con la zarza donde Dios le dijo que quitara las sandalias de sus pies porque el lugar que pisaba es tierra santa.

Todos estos portentos tenían la finalidad de revelar a los israelitas que entrarían a la tierra prometida no por su propia fuerza sino por el brazo fuerte de Jehová tal como fueron libertados del yugo egipcio (Exodo 13:3-5).

En su primera conquista de los enemigos en Jericó Dios les mostró cuál sería el patrón que regiría en la conquista de toda la tierra prometida. Cuando uno del pueblo tomó del botín del enemigo en la conquista de Jericó, Dios demostró cuáles debían ser las reglas de juego que regirían su relación con su pueblo. Acán, el protagonista de esta triste historia del botín del anatema, pagó muy caro su acto de desobediencia: él y toda su familia fueron apedreados y luego quemados. La severidad de este acto era necesaria porque implicaba el éxito o fracaso de la conquista. Podemos compararlo con el acto cuando Ananías y Safira fueron castigados por Dios con la muerte de ambos, hecho que ocurrió en la vida de la iglesia primitiva. Recordemos que su pecado consistió en que ellos habían mentido al Espíritu Santo. Estos dos episodios paralelos demuestran que el Dios del Nuevo Testamento es el mismo del Antiguo Testamento, y que siempre actúa bajo las mismas reglas de severidad frente al pecado.

En esta grandiosa tarea encomendada por Dios a Josué, Dios le había otorgado, aunque fuese por un poco de tiempo, dominio sobre los elementos de la naturaleza, dominio sobre el sol, dominio sobre la luna, dominio sobre el día y sobre la noche. Y esto no es relato mitológico, es el accionar del Dios verdadero al través de un hombre común que está haciendo cosas fuera de lo común. Claro que lo que Josué hizo no lo hizo él, sino Dios al través de él. Las cosas extraordinarias de la Biblia son una muestra de la existencia de Dios. La Biblia no nos habla de los hechos de los hombres para exaltar a los hombres, sino de los hechos de los hombres que honran a Dios y de los hechos de Dios que muestran a los hombres su grandeza y magnificencia, y lo que él está dispuesto a hacer por los que le obedecen y creen en él.

Es verdad que los hechos narrados en el libro de Josué parecen salidos de una novela de ficción, pero si los comparamos con las más fantásticas novelas de ficción que los hombres han escrito, estas historias contadas aquí superan a la ficción misma, porque son hechos incomparables que corresponden a la realidad.

II. La Conquista de la Tierra Prometida Debe Ser Lograda.

A pesar de que Dios es el motivo y razón de ser de estos acontecimientos, el éxito de la conquista de la tierra prometida depende mucho del esfuerzo y avance confiado del pueblo de Israel; de su valor, de su fe y de su determinación para obedecer y creer a lo que Dios ha dicho.

Esta no era una tarea que debía ser pospuesta o transferida a otros. Era a ellos a los que les tocaba conquistar la tierra, y a nadie más. Ellos eran los herederos de esa posesión; Dios, el dueño del mundo les había dado esa tierra a ellos.

Los tratos de Dios con nosotros siguen estando en iguales circunstancias. El Señor Jesucristo ha encomendado a su iglesia la tarea de conquistar el mundo. Es a nosotros a quienes él ha dado esa tarea, no es a los ángeles para que ellos bajen del cielo a realizarla, sino a nosotros, a los creyentes que estamos en este mundo ahora, en esta época y en este lugar. Para la conquista del mundo para Cristo se nos ha dado toda autoridad como se le dio a Josué y al pueblo de Israel (Mateo 28:.16-20).

Precisamente por el hecho mismo de que los israelitas iban con el poder de Dios, ellos debían avanzar hacia la conquista sin temor, y este sentido la conquista dependía bastante de ellos. Dios estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que los israelitas obedientes a él lograran el propósito de conquistar la tierra. No sería fácil despojar a aquellas culturas paganas de aquel territorio. Los israelitas no podían llegar a aquellas gentes y decirles: Dios nos ha dado esta tierra, por favor tengan la bondad de estarse tranquilos y no resistirse. No, así no fue como ocurrió, y así no ha ocurrido nunca en las grandes conquistas del hombre por el hombre, sino que se ha tenido que derramar sangre.

Y aunque esta no es una guerra convencional, puesto que aquí actúa de forma directa la mano de Dios, y aquí Dios tiene un interés particular, los acontecimientos en términos de estrategia militar, en materia de conquista son similares a las que se ven en otras batallas famosas de la historia. El hombre en su lucha guerrerista ensaya y ensayará para la guerra hasta que aparezca el Príncipe de paz, y cuando este período de gobierno humano termine, Isaías nos dice que: ¨Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra¨ (Isaías 2:3,4). El versículo 4 sirvió de inspiración al escultor ruso Evgeniy Vuchetich para hacer una escultura que la Federación de Rusia regaló a las Naciones Unidas y que se encuentra colocada en los jardines del lado norte de la sede de las Naciones Unidas en New York. Pero mientras esa profecía no se cumpla, todavía veremos el mundo envuelto ¨en guerras y rumores de guerras¨ ( Mateo 24:6), como dijo el Señor.

En términos éticos, todo cristiano debe orar a Dios por la paz, y no debe estar de acuerdo con la violencia ni los abusos, pero las guerras son una realidad de este mundo, y muchas veces hasta muchos cristianos se verán, sin desearlo, envueltos en conflictos bélicos nacionales o internacionales por causa de vivir en este planeta. Estamos aquí, y como parte de este mundo nos tendremos que enfrentar a situaciones que no son muy agradables, pero que requerirán en un momento dado de nuestra decisión de dejar de ser como nación o de dar la cara en un escenario que no es el más deseable.

La orden dada por Dios a los Israelitas de exterminar a muchos pueblos en la conquista de la tierra prometida, puede que traiga cierta angustia al corazón de muchos que piensan que Dios no debió hacer eso porque no cuadra con su carácter de amor y perdón, pero recuerde que Dios sabe lo que hace, y que es imposible que nosotros, simples mortales podamos cuestionarle, es como que la vasija diga al que la hizo ¿porqué me has hecho así? En Romanos 9:20-21 el apóstol Pablo dice: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formo: Por que me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¨ No confundamos los actos soberanos de Dios con el despotismo de los políticos nuestros que actúan sin miramientos.

En el libro de Job, podemos ver estos actos que nos parecen incomprensibles con relación a Dios, y cómo Dios responde a los cuestionamientos de Job en su desesperación. Pero una cosa sí es cierta: la razón por la cual Dios tomó la decisión de exterminar a aquellas naciones es la misma por la que decidió el Diluvio Universal y la destrucción de Sodoma y Gomorra, por la maldad del corazón de ellos, porque vivían en flagrante delito frente a Dios.

Pero miremos también que esto que ocurrió a estas naciones a las que Israel había echado de Palestina, es lo mismo que ocurrirá a los propios israelitas si ellos se apartan de los preceptos del Señor. Y como demostración de esta verdad vemos en la misma Biblia el cumplimiento de esta verdad y también lo hemos visto en la historia y lo vemos hoy en las noticias, como Israel aún tiene que lidiar con las naciones dentro de su territorio que en su momento no tuvieron el coraje de enfrentar, y que por vanidad humana y por desobediencia a Dios se congraciaron con ellos para su propio perjuicio.


III. La Conquista de la Tierra Prometida Debe Ser Mantenida.

El pueblo de Israel conquistó la tierra prometida para quedarse allí. No fue para que luego perdieran esa tierra que Dios se la había de dar. Era el deber de ellos mantener la posesión de la tierra adquirida. Debían echar raíces allí como un pueblo firme y seguro, porque ellos serían un punto tan sensible que cualquiera que intente hacerles daño a ellos, es como si se hiciera daño a la niña de su propio ojo: ¨ Porque así ha dicho Jehová de los Ejércitos, después que la Gloria me enviara a las naciones que os despojaron (porque el que os toca, toca la niña de su ojo¨ (Zacarías 2:8). O sea que, lo mejor es no meterse con esa gente si uno pretende estar tranquilo en esta vida. Además es claro en la Biblia que Israel es apreciado por Dios como la niña de su ojo, según nos dice Deuteronomio 32:10 y Salmos 17:8.

Esta nación estaría en medio de un mundo belicoso y en constante ebullición guerrerista que procuraría su destrucción. Este es el pueblo de Dios.

Si hay una nación en al tierra que tiene su soberanía asegurada es Israel, una soberanía que le ha sido otorgada por la gracia del Todopoderoso. Ninguna otra nación en la tierra goza de las expectativas de que disfruta la nación de Israel aun cuando ellos mismos como nación no sean conscientes de esto muchas veces. Y ha sido precisamente la vanidosa creencia de que son el único pueblo elegido que les ha hecho perder su verdadera perspectiva de los designios divinos.

Israel ha sido al través del tiempo una demostración de la autenticidad de la Palabra de Dios y una prueba irrefutable de la existencia de Dios. La permanencia de los israelitas en su territorio de palestina, hecho determinado por Dios, es una de las cosas que nos corrobora la veracidad de los relatos bíblicos encontrados en el Antiguo Testamento.

Estos hechos tan sobrenaturales narrados en el libro de Josué, obrados por una nación en el escenario del mundo común, han escandalizado a más de un mortal, y hasta han llegado algunos a culpar a Dios de genocidio. No hace mucho un senador de los Estados Unidos acusó formalmente a Dios de ¨nefastas catástrofes en el mundo, que han provocado muerte y destrucción sin misericordia¨. No faltarán quienes traten de desacreditar los relatos bíblicos tildándolos de falsas historias, mismas que han sido y son cada día corroboradas por la arqueología con una exactitud pasmosa.

Jesús dijo: ¨El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán¨ ( Mateo 24:35). El intento de borrar del mapa a Israel por parte de muchas comunidades y gobiernos del medio oriente, deseos que abiertamente proclaman, es una demostración de la trascendencia política y religiosa de esta nación que ha sido colocada por el mismo Dios en el centro mismo del mundo.

En medio de un barril de pólvora, Israel estará siempre en la fértil media luna, en medio de encarnizados enemigos, como una demostración de la providencia divina. Israel es un punto neurálgico, un eslabón de la cadena que une al hombre de la tierra con el Dios del cielo. Lo que ha ocurrido en Israel al través de la historia, lo que ocurre hoy y lo que ocurrirá en el futuro es algo que está escrito en el Libro Sagrado, La Biblia, y que nos afectará a todos querámoslo o no.

Jesús no nació en Israel por casualidad, sino porque tenía que nacer allí, porque ese es el lugar de la tierra donde Dios ha puesto el sello de su presencia. Fue en Palestina donde ocurrieron los acontecimientos que han marcado la historia de este mundo, y será allí donde ocurrirán los hechos culminantes de la historia del hombre. Será allí en la tierra prometida, donde el Señor un día envió su Espíritu Santo, donde posará sus pies como Rey de reyes y Señor de señores, en la demostración de su conquista final y definitiva contra el mal. Cuando eso ocurra, entonces se verá quién es el que pelea por nosotros los creyentes en la guerra espiritual que libramos cada día en este mundo, el mismo que peleaba a favor del ejército de Israel, el único y verdadero Dios.

lunes, 19 de enero de 2009

EL SACERDOCIO LEVITICO

Levíticos 8: 1-3, 30.

¨Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 "Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo para el sacrificio por el pecado, los dos carneros y la cesta de los panes sin levadura. 3 Reúne luego a toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión." Luego Moisés tomó parte del aceite de la unción y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras. Así consagró a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras¨.


El libro de Levíticos tiene que ver con los levitas, los sacerdotes del pueblo hebreo; de ahí el nombre del libro. Los levitas son los que pertenecen a la tribu de Leví, uno de los doce hijos de Israel. Como sabemos la nación de Israel se constituía de doce tribus, cada una con el nombre de uno de los doce hijos de Jacob. Cada una de estas tribus tenía su ejército, menos la tribu de Leví, ya que por instrucciones divinas esta tribu había sido apartada o consagrada para las cosas santas.

De esta tribu Dios constituyó el sacerdocio Aarónico, por el nombre de Aarón, el primer sumo sacerdote, el hermano de Moisés que se presentó junto con él a Faraón, porque Dios lo había señalado para que fuera la voz de Moisés. Aarón y sus hijos fueron los primeros sacerdotes del pueblo de Israel ungidos por Moisés (Levíticos 8).

Los sacerdotes eran los responsables del tabernáculo. Ellos debían transportarlo, armarlo y desarmarlo en el desierto. Dondequiera que acampaban en el desierto ellos debían colocarse en medio del campamento, siempre alrededor del tabernáculo, y las demás tribus alrededor. Esto tenía el propósito de mostrar al pueblo que Dios estaba en medio de ellos y los levitas debían guardar o custodiar la santidad de aquel lugar para que no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio¨ (Números 1:53). Otras informaciones importantes respecto del campamento de los levitas se encuentran detalladas en Números 1:47-54.
La tribu de Leví debía ser protegida por las demás tribus. Los que pertenecían a esta tribu estaban exentos de labores ordinarias, ellos se debían mantener de los diezmos y las ofrendas que eran llevadas al tabernáculo. Estaban exceptuados también de la guerra, a ellos tocaba interceder a Dios por el pueblo en todo momento, ese era su oficio. Los levitas debían oficiar los rituales de los sacrificios u holocaustos y las ofrendas.

La palabra sacerdote significa ¨puente¨, así que el sacerdote levítico era un intermediario entre Dios y los hijos de Israelel. Esto era así en el sacerdocio aarónico, pero cuando vino Cristo y ofreció su vida como sacrificio único (Hebreos 10), el sacerdocio aarónico cesó y también el oficio de los levitas, estableciéndose entonces el sacerdocio del creyente, donde cada uno tiene la oportunidad de presentarse delante de Dios sin necesidad de intercesor o sacerdote humano (I Pedro 2:9-10).

Ahora Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres tal como lo enseña la Biblia (I Timoteo 2:5). Pero el pueblo judío, que no ha reconocido a Jesús como el Mesías, continúa con la idea de reestablecer el sacerdocio aarónico y el oficio de los levitas. Para esto, se dice que tienen todos los preparativos para la reconstrucción del templo en Jerusalén, siguiendo las indicaciones de la Torah o Pentateuco de Moisés.

No se sabe cuando esto ocurrirá, pero es claro que esto tendrá que ocurrir en algún momento como cumplimiento de las profecías bíblicas descritas tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Pero todo esto lo hará el pueblo de Israel en contra de la voluntad de Dios, y esto pondrá a esta nación en peligro de ser engañada por el falso mesías o anticristo que tiene que aparecer en el mundo antes de la segunda venida de Cristo. Recuerde lo que dice Juan en su evangelio: ¨a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron¨ (Juan 1:11).

Ahora veamos como Dios dispuso las cosas en el orden levítico y hasta cuando:

I. Dios establece al través de los levitas la forma de acercase a él.
El hombre es pecador y Dios es Santo. No es posible que el Dios Santo tenga relación con el hombre pecador. Pero Dios quería tener comunión con el hombre. Así que es él el que establece la manera como el hombre ha de tener comunión con él. Con este fin Dios establece el sacerdocio de los levitas en el pueblo de Israel para presentarse delante de Dios en el tabernáculo y más tarde en el templo.

Creo oportuno explicar lo siguiente en este punto. Este trato especial de Dios con el pueblo de Israel no significa que los demás pueblos del mundo estuvieran exceptuados de su interés y de su gracia, de ninguna manera, sino que hay que entender que es a través de este pueblo hebreo que Dios ha de tener algún trato con los demás pueblos del mundo.

Este es un gran beneficio que toca al pueblo de Israel departe de Dios, pero al mismo tiempo una gran responsabilidad: la de ser el portavoz de Dios en el mundo. Pero como nos dice Pablo en Romanos, los judíos equivocaron esta elección de Dios y se sobrestimaron, menospreciando por ello a los demás pueblos, pensando que ellos eran los únicos elegidos de Dios. Teniendo ellos la ventaja de haber recibido la revelación de Dios de forma especial, aún así dieron la espalda a Dios, rechazando a Jesucristo, el Mesías y Salvador de ellos y del mundo. Entonces, los gentiles que no tenían esta revelación especial, a quienes Pablo predicó el evangelio, han creído en Cristo para vergüenza de los judíos.

Explicado esto, continuemos con los detalles que nos describe el libro de Levíticos respecto del orden sacerdotal. Estos hombres consagrados por Dios debían ser los responsables de ministrar delante de Dios por el pueblo de Israel. El pueblo debía venir a ellos para poder consultar a Dios. O sea, que ellos eran, hasta que vino Cristo, el puente entre Dios y los hombres. Así que los levitas eran un tipo de Cristo. Ellos señalaban a Cristo. Su sacerdocio estaría vigente hasta que Cristo llegara.

Esta forma de acercarse a Dios, establecida por Dios mismo, aparte de los actos constantes de sacrificios de animales como forma de expiar los pecados, incluye las normas de vida que los judíos debían observar para una correcta relación con su prójimo y una adecuada aplicación de la justicia en todos los órdenes de la vida cotidiana. Además hay importantes disposiciones divinas respecto de la vida moral, como es el caso de las leyes que tienen que ver con las relaciones incestuosas e inmorales en Levíticos 18: 1-30. O sea, que el libro de Levíticos es también un tratado de leyes y costumbres, un manual de ética para los ciudadanos del reino de Dios. Todo esto importa a Dios pues está muy interesado en la integridad de la vida de sus hijos.

II. Dios da instrucciones a los levitas para el oficio de los sacrificios expiatorios.
Era responsabilidad de los sacerdotes levitas realizar todos los sacrificios expiatorios. Los holocaustos y las ofrendas que tenían el propósito de borrar las culpas de los pecados cometidos por un período de tiempo determinado, entiéndase de forma temporal. O sea, los levitas eran los oficiantes del continuo sacrificio que Dios había ordenado como forma de resolver momentáneamente los pecados del pueblo, hasta que Jesucristo viniera y se ofreciera él mismo como cordero inmolado para pagar de una vez por todas por los pecados de todos los hombres.

El trato de Dios con el pueblo judío obedece al plan divino de salvar a la humanidad por medio del Mesías Jesucristo, cuyo sacrificio único estaba prefigurado en el sacrificio ofrecido por los sacerdotes levitas. Todo lo que está prefigurado en el Antiguo Testamento apunta a Cristo, el Salvador del mundo. La revelación bíblica en ese sentido era progresiva hasta que llegara Cristo y sellara la revelación en el Nuevo Testamento (Hebreos 1:1-3). Es por ello que el Antiguo Testamento debe ser visto a la luz del Nuevo Testamento. La última palabra la tiene el Señor Jesús, quien es la corona de la revelación de Dios.

Toda la parte técnica del oficio sacerdotal en el orden de los sacrificios está detallada en los primeros siete capítulos de Levíticos. Los capítulos 8 al 10 se refieren a las particularidades concernientes a la orden sacerdotal de los hijos de Aarón, que constituían, por así decirlo, la clase eclesiástica de la nación hebrea. Los capítulos 11 al 16 se ocupan de la parte que tiene que ver con las leyes concernientes a los asuntos de la pureza.

Por ser esta una exposición tan limitada no pretendemos dar detalles específicos acerca de los diferentes sacrificios que debían ofrecer los sacerdotes en el sistema levítico, usted puede hacer una lectura completa y un estudio más cuidadoso del libro de Levíticos para informarse adecuadamente de todo lo que allí se indica.

Ningunos de estos ritos detallados aquí pueden ser implementados hoy por ninguna iglesia que se denomine cristiana, pues el Señor claramente en el Nuevo Testamento da por cesado el sistema sacerdotal levítico (Hebreos 8-10). No debe ser imitado, ni mucho menos igualado, sino que el culto cristiano es muy diferente y superior de lo que era el culto en el Antiguo Testamento. Aún estando exento de toda la parafernalia ritual que se debía observar en el orden levítico, el culto cristiano es superior por cuanto es el resultado de las cosas verdaderas ocurridas al verdadero cordero de Dios a quien exaltamos en nuestros servicios de adoración. Aquel culto levítico era una sombra del culto verdadero (Hebreos 10: 1)

La cena conmemorativa que celebran las iglesias cristianas y el bautismo, son los únicos actos ordenados por el Señor. El primero como su nombre lo indica tiene el objeto de recordar su muerte y anunciar su segunda venida; y el segundo, el bautismo, es un acto que representa el simbolismo de la nueva vida en Cristo, representa la muerte del hombre viejo y la resurrección del hombre nuevo, y es un requisito para hacerse parte de la familia cristiana, o sea hacerse miembro de una iglesia local.

Con respecto a la santidad exigida a los sacerdotes levíticos, no hay dudas de que la misma santidad que el Señor demandaba en la vida de aquellos sacerdotes, es la misma que exige de los pastores y obreros cristianos en el día de hoy, y diríamos que en términos éticos estas demandas son aún mayores, esto lo podemos ver en los requisitos exigidos en la Biblia para los obispos o pastores y para los diáconos ( I Timoteo 3). Y esta exigencia de una vida santa se extiende a todos y cada uno de los creyentes, pues jesús demanda: ¨Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto¨ (Mateo 5:48).

III. Dios mantuvo vigente el sacerdocio levítico hasta Cristo.
El sacerdocio levítico, o sea, el continuo sacrificio, fue cesado el día que Cristo murió en la cruz. Con la ocurrencia del velo rasgado en el templo de Jerusalén, que no fue un hecho fortuito, sino la acción de Dios para mostrar de modo gráfico que se daba paso a una nueva dispensación. Dios estaba mostrando que ahora todos tenían acceso directo al trono de su gracia, sin necesidad de sacerdote humano (Hebreos 10:19-22). La razón para esto es que Jesucristo fue constituido sacerdote para siempre, el único mediador entre Dios y los hombres por el sacrificio único hecho por él en la cruz: ¨El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo¨ (Juan 1:29).

Así que, el ministerio actual de Cristo en el cielo es precisamente el de intercesor de los seres humanos ante el trono de Dios. Ninguna otra persona ni de esta vida ni de la otra puede interceder por los hombres en el cielo. Recuerde la historia contada por Jesús del rico y Lázaro, allí se nos narra como el rico intentó interceder por su familia delante de Abraham, y se le dijo que si alguno de su familia quería ser salvo, debía oír a los profetas o predicadores aquí en la tierra ( Lucas 16: 19-31). Así que, aparte de Cristo, nadie en el cielo, ni aquí en la tierra puede interceder por la salvación de ninguna persona (Hechos 4:12). La tarea de los predicadores en la tierra no es de ser intermediarios, sino la de presentar al que es el intermediario, Cristo Jesús. El pastor puede ser una ayuda como consejero en muchos casos, puede mostrar el camino, pero el único mediador es Cristo, y esto es muy claro en la Biblia.

La iglesia católica apostólica y romana, basada en ella misma, y desconociendo la claridad del libro de Hebreos respecto a la cesación del continuo sacrificio y por ende la cesación del orden sacerdotal levítico, se empecina en celebrar la misa que no es otra cosa que la continuidad de un sacrificio innecesario. En esta misa el pan y el vino no son una conmemoración del cuerpo y la sangre de Cristo como lo son en la cena conmemorativa bíblica, sino que es la pretendida repetición del sacrificio de Cristo de forma literal y continua, donde el pan es carne y el vino es sangre de Cristo, y el sacerdote hace las veces de Cristo. Una simple lectura al libro de Hebreos sería suficiente para darse cuenta de la ineficacia de la misa católica.

Los que participan de la misa hacen ineficaz el sacrificio de Cristo en la cruz, están diciendo que no fue suficiente lo que Dios declaró en su palabra que sí lo fue. Note la manera enfática como habla la Biblia al respecto: ¨23 Era, pues, necesario purificar las figuras de las cosas celestiales con estos ritos; pero las mismas cosas celestiales, con sacrificios mejores que éstos. 24 Porque Cristo no entró en un lugar santísimo hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios a nuestro favor. 25 Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra cada año el sumo sacerdote en el lugar santísimo con sangre ajena. 26 De otra manera, le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación del mundo. Pero ahora, él se ha presentado una vez para siempre en la consumación de los siglos, para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo. 27 Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar los pecados de muchos. La segunda vez, ya sin relación con el pecado, aparecerá para salvación a los que le esperan¨ (Hebreos 9:23-28). Estos versículos bíblicos son suficientes para derribar toda la estructura ritualista católica por antibíblica y herética.
Ninguna persona necesita ir a ningún sacerdote, o pastor, o ministro para que medie por él delante de Dios. Cada persona puede acercase a Dios con toda confianza desde que Jesucristo ofreció su vida en sacrificio por nuestros pecados. Lo primero que una persona tiene que hacer es venir a Dios en arrepentimiento, creyendo en Cristo como su Señor y Salvador, esa es la única condición, creer en Jesús. Creer que ¨Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras¨ (I Corintios 15:3,4). Si lo hace así, será salvo.

domingo, 11 de enero de 2009

EL EXODO DEL PUEBLO DE DIOS

Exodo 8:1

¨Entonces Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan¨.

En nuestra plática anterior dejamos a la familia de Jacob en Egipto. La Biblia nos cuenta en Exodo que mucho tiempo después que José había muerto, ¨se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José¨ (Exodo 1:8). Este monarca, con el pretexto de que los hebreos habían crecido en número y que eran un pueblo próspero y fuerte, se apropió de sus riquezas y los esclavizó. Recordemos la promesa hecha a Abraham respecto de su descendencia: ¨Haré de ti una nación grande¨ (Génesis 12:2). Así que Dios está cumpliendo lo que prometió, porque Dios tenía un propósito con ese pueblo, y este es un punto que no podemos olvidar: Dios quería que este pueblo fuera la luz de las naciones (Exodo 19:5,6), que diera a conocer su nombre a las demás naciones de la tierra. Dios quería mostrar al través de su pueblo Israel su amor a los demás pueblos de la tierra.

El pueblo de Israel entra dentro del plan eterno de las edades de traer al mundo al Mesías Salvador, Cristo Jesús. Detrás de las intenciones del faraón está la mano de Satanás que tiene siempre la intención de estropear los planes de Dios. Así como en el Edén tentó a Eva y la indujo a pecar, de la misma forma ahora usa a este rey egipcio para maltratar al objeto del amor de Dios, a su pueblo, y lo quiere destruir cuando aún está en ciernes. Es lo que ha hecho siempre, es el enemigo de nuestras almas, el ¨príncipe de la potestad del aire¨, ¨el príncipe de este mundo¨ (Efesios 2:2; Juan 12:31), que se atrevió a tentar al propio Cristo.

Con el determinado propósito de destruir a Israel y hacerlo desaparecer de la faz tierra, Satanás sembró envidia, temor, miedo en el corazón de los egipcios hacia el pueblo de Israel, de modo que los esclavizaron. Esta esclavitud duró cuatrocientos treinta años. El pueblo de Israel, por ser el pueblo de Dios ha estado siempre en la mira del mundo con la intención de destruirle. Si revisamos la historia y los acontecimientos actuales nos daremos cuenta de esto. Todo esto ocurre por lo que dice la Biblia, que ¨el mundo entero está bajo el maligno¨ (I Juan 5:19).

Pero Satanás no ha podido nunca, ni podrá evitar que Dios cumpla su plan de salvar a la humanidad del pecado, así que veamos de qué manera Dios propicia el éxodo masivo de su pueblo para librarlo de la esclavitud egipcia y encaminarlos hacia la tierra prometida.

I. El Exodo del Pueblo de Dios Hacia la Libertad. Exodo 1-14

El pueblo de Israel en Egipto, necesitaba desesperadamente un libertador. De ese libertador y de esa libertad nos habla el libro de Exodo.

Toda la sucia trampa de Satanás no logró cambiar los planes de Dios. Nos podemos dar cuenta que es el mismo enemigo que obra al través de los hombres y de los hechos de la historia, siempre con la misma intención de destruir lo que Dios construye. El mismo infanticidio que cometió el Faraón en Egipto contra los niños hebreos, es el que cometió Herodes contra los inocentes de Judea con la intención de matar a Jesús cuando era niño. Pero Dios se adelanta siempre a los planes maléficos del enemigo. Aún en contra de la orden del faraón, dos mujeres temerosas de Dios decidieron proteger la vida de los niños hebreos. Sus nombres han quedado como testimonio de la providencia divina al través de la historia: Sifra y Fúa (Exodo 1:15). De este modo Moisés, el libertador de Israel, pudo ser preservado, y ¡de qué manera!, nada más y nada menos que en el mismo corazón del enemigo, en el palacio del rey, dentro de su propia familia. Aquí vemos como Dios se burla de las intenciones de Satanás, y pasa por encima de sus pretensiones.

Durante su estadía entre la familia real, Moisés estuvo siendo preparado para conocer los secretos del poder y tener influencia dentro del palacio. Pero su destino no era llegar a ser un faraón en Egipto, ni un gobernador como José, sino que la misión que Dios tenía para él era libertar a su pueblo Israel.

Moisés, pese a ser criado por la hija del faraón, conservó su nacionalismo hebreo, que demostró en su momento al matar a un egipcio que maltrataba a uno de su pueblo, y esto lo convirtió en un fugitivo. Pero Dios tenía preparado para él una experiencia que cambiaría para siempre su vida. A estas alturas de su vida Moisés contaba con cuarenta años. En su huida para salvar la vida, Moisés tuvo un encuentro con Dios, que le prepararía para recibir las instrucciones de Dios acerca de los planes para convertirlo en el libertador de Israel. Esta preparación en el desierto duraría un período de otros cuarenta años. Como nos dice Jhon C. Maxwell en su libro Corramos con los Gigantes, ¨Moisés pasó de la zona de seguridad en la casa del Faraón, a la zona de riesgo en el desierto¨.

Salvado de forma milagrosa de la muerte cuando era niño, Moisés, cuyo nombres significa ¨salvado de las aguas¨ ahora comprendía que Dios lo había apartado desde el vientre de su madre para una obra especial (Gálatas 1:15). Si bien cada uno de nosotros, por ser creado a la imagen y semejanza de Dios, es especial, mucho más lo son los hijos de Dios, a los cuales él les da su Espíritu Santo y les da dones especiales para que realicen proezas que el hombre común no puede realizar.

Dios hizo que la vara de Moisés se convirtiera en un símbolo de la presencia de Dios en su vida. Porque el poder en el que Moisés habría de libertar a Israel no era humano, sino divino, porque los enemigos del pueblo de Dios no son meramente humanos, como Dice el apóstol Pablo en Efesios que nuestra lucha no es ¨contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes¨ (Efesios 6:12). Y por eso nos manda a vestirnos de ¨toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo¨ (Efesios 6:10-13). El cristiano que no entiende esta verdad, estará siempre a merced del enemigo.

Moisés no iría a Faraón en su nombre, sino en el nombre de Jehová, el ¨ YO SOY EL QUE SOY¨ (Exodo 3:14), El Eterno, el único Dios verdadero, ¨el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob¨ (Exodo 3:16). Moisés no iría a reclamar a faraón que dejara salir a su pueblo con su propia fuerza, sino con la mano fuerte de Jehová (Exodo 13:3).

Era necesario para Moisés que Dios se le revelara, Dios es siempre quien se nos ha revelado, él no está oculto, él se revela de muchas maneras, pero el hombre impío y pecador no le ve, por la dureza de su corazón. Si usted quiere ver a Dios, lo verá, porque él no está oculto de nosotros, sino accesible, a nuestro alcance, para que le conozcamos.

Y Moisés supo de Dios y supo de la manera como Dios quería realizar su obra al través suyo, aún cuando él mismo se confesó incapaz (Exodo 4:10). Eso es lo que Dios quiere, que reconozcamos nuestra incapacidad, nuestra impotencia, ¨para que su poder sea perfeccionado en nosotros precisamente en medio de nuestra debilidad, para que su gracia nos baste¨ ( 2 Corintios 12:9), y vivamos dependientes de él todo el tiempo, como debe ser, por cuanto somos criaturas suyas (Salmo 100: 3).

Pero el Faraón, en su obstinación, ignoró todas las manifestaciones divinas obradas al través de Moisés y de su hermano Aarón, y entonces ocurrió lo inevitable. Después de ser castigados con nueve plagas que mostraban la supremacía del Dios de Israel sobre los falsos dioses egipcios, Dios, con dolor de su corazón, ejecutó la última plaga que habría de conmover el corazón de Faraón y de toda la nación egipcia: La muerte de los primogénitos de Egipto. Por haberse negado a hacer conforme a lo que Dios ordenaba, vinieron todas estas cosas terribles sobre los egipcios, y entonces ahora, era el mismo que Faraón apremiaba a los hebreos para que se marcharan.

Esta huida fue de bendición, este éxodo enriqueció a los hebreos, y así ¨despojaron a los egipcios¨, dice la Biblia en Exodo 12:36.

Pero aún les faltaba una prueba antes de salir del alcance de sus enemigos: Cruzar el Mar Rojo. En esta experiencia Dios les mostró su gran poder, tanto a ellos como a sus enemigos, que quedaron avasallados. En todo esto fue evidente el obrar sobrenatural de Dios. No hubo nada casual ni fortuito en todo lo acontecido. Era evidente que Dios estaba guiando a su pueblo hacia la libertad. Hasta los propios egipcios reconocieron esto: ¨Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios¨ (Exodo 14:25).

Recordamos hoy las palabras dichas a Abraham: ¨Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra¨ (Génesis 12:3) ¡Cuántas veces en la historia se ha cumplido esta sentencia con relación al pueblo de Israel!

II. El Exodo del pueblo de Dios Hacia Un Encuentro Espiritual. Exodo 15-20

Luego que Moisés, con el brazo fuerte de Dios, sacó a Israel de Egipto, lo llevó por el desierto hacia un encuentro con Dios en el monte Sinaí. Este sería el inicio de un período de cuarenta años que se ha denominado como tiempo de disciplina, ya que Israel es nombrado como ¨un pueblo rebelde y contradictor¨(Romanos 10:21).

En el monte Sinaí habrían de recibir de Dios los Diez Mandamientos, la constitución del pueblo de Dios, por decirlo así. En ese encuentro con Dios ocurrieron muchas cosas. Dios entregó a Moisés ¨dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios¨ (Exodo 31:18) Dios inspiró a Moisés para escribir revelaciones de cosas que hasta ese momento habían sido de conocimiento solamente oral. Como sabemos, Moisés es el autor de los cinco primeros libros de la Biblia, llamados Pentateuco. Seguramente que en su encuentro con Dios en el Sinaí, Dios le dio detalles especiales del Génesis, la revelación de las cosas de las que el hombre no pudo haber tenido noción por sí mismo.

En el Sinaí, el monte de Dios (Exodo 18:5), Dios dio a Moisés el Decálogo y también le dio mandamientos acerca la salud física, acerca de la vida moral, y acerca de la vida espiritual y todos los ritos necesarios para las fiestas y los días especiales que debían ser observados y guardados como la celebración de la pascua como el día de su liberación (Exodo 12:43).

El Decálogo es estrictamente espiritual. Las primeras cuatro leyes tienen que ver con nuestros deberes para con Dios, y dentro de estos mandamientos está el del sábado, que es el cuarto, donde Dios ordena observar algo que ya era costumbre celebrar, un día de los siete que tiene una semana, para descansar. Respecto de esto nos dice Mathew Henry en su comentario: ¨El día de reposo para el Señor debe ser un día de descanso del trabajo secular, para reposar en el servicio de Dios¨. Así como debe ser observado este día de reposo, de la misma manera deben ser observados y respetados los seis días de trabajo para una vida productiva, haciendo honor a la dignidad que nos proporciona el trabajo honroso. Los últimos seis mandamientos se refieren a nuestra relación entre nosotros mismos.

Cuando Jesús vino a la tierra estableció la esencia del valor universal de estas leyes al resumirlas en dos: ¨Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas¨ (Mateo 22:37-40) De esta manera quedaban fuera todas las leyes rituales, y solamente eran vigentes aquellas que tenían un valor puramente y espiritual.

Note usted que la esencia de toda ley divina es el amor. Es por esto que el cumplimiento cabal de estas leyes se vio en la persona de Jesucristo en la cruz. La cruz prefigura de forma simbólica, todo el sentido de la esencia del Decálogo. En estas leyes hay verticalidad y horizontalidad, leyes que apuntan a Dios y leyes que apuntan a nuestros semejantes, nuestros parientes, nuestros amigos y nuestro prójimo. Jesucristo nos invita a llevar cada día esa cruz, la que nos indica el camino de la obediencia a los preceptos de Dios y el amor puro hacia él y hacia nuestro prójimo (Mateo 9:23).

III. El Exodo del Pueblo de Dios Hacia la Tierra Prometida. Exodo 21-40.

Moisés tenía ochenta años cuando Dios le llamó para la tarea de libertar a Israel del yugo egipcio. Aunque él estaba convencido de que sus días, como los de todo ser humano eran cortos sobre la tierra, tal como lo describe en el salmo 90, no sabía en todos sus detalles que Dios tenía otros planes para él, planes que lo llevarían a una longevidad que llegaría a los ciento veinte años. Así que, aún pensando que su vida terminaba, en realidad estaba a punto de comenzar. Nuestra vida verdadera comienza el día que tenemos una experiencia con Dios, porque nos convertimos en nuevas criaturas con una misión especial. El día que nos convertimos recibimos el Espíritu Santo, el cual nos capacita con nuevos dones y habilidades para el servicio del Señor en la iglesia.

Todo el gran valor de la vida de Moisés comenzó cuando Dios le encomendó la tarea de llevar al pueblo de Israel camino de la libertad por la ruta de la tierra prometida. Moisés vio como Dios respaldó la palabra de que estaría con él, tal como se lo mostró en la presencia permanente y misteriosa de una nube, que cubría al pueblo en la vastedad del desierto durante el día para protegerles del calor y de la luz; y de noche, esta nube se convertía en una columna de fuego que los protegía de la oscuridad y del frío.

Dios proveyó todo sustento para su pueblo en todo su peregrinar: comida, agua, vestido y calzado. La comida venía del cielo, el maná; y el vestido y el calzado no se envejecía. Aquí vieron los hijos de Israel lo que Jesús enseñó acerca del cuidado que el Padre Celestial tiene de cada uno de nosotros (Mateo 6:25-34). Todo lo que esta nación necesitaba en el desierto, hasta el más mínimo detalle, Dios se lo proporcionó.

Pero el pueblo de Israel fue desobediente y malcriado, inconforme y desagradecido. Se quejaban constantemente contra Dios delante de Moisés. Aun los propios hermanos de Moisés se quejaban de él. El pueblo de Israel prefería volver a la esclavitud, con tal de disfrutar de la porquería caliente que les daban los egipcios. Me recuerda la parábola del hijo pródigo, que dejó los mimos y cuidados que tenía en la casa de su padre amoroso para terminar cuidando cerdos y llegó a desear comer su sucia y podrida comida (Lucas 15:11-32).

En una ocasión, mientras Moisés estaba en el monte con Dios, el pueblo erigió un dios conforme a sus deseos y bajas pasiones, un becerro de oro que hicieron con las alhajas que trajeron de Egipto, evocando los días de su esclavitud espiritual, como un perro que come lo que vomita, o una puerca lavada que se revuelca en el lodo (2 Pedro 2:22). Por causa de este tipo de actitud, el pueblo de Israel que salió de Egipto fue siendo diezmado poco a poco, quedando postrados en el desierto. No soportaron la disciplina, no pasaron la prueba.

Moisés hizo todo a su alcance para hacer que el pueblo caminara según los preceptos de Dios, y hasta se perjudicó a sí mismo delante de Dios por causa de la indignación que le producía la dureza de corazón del pueblo desobediente, y llegó incluso a desafiar a Dios para que lo borrara de su libro si determinaba destruir a los israelitas por su maldad (Exodo 32:32). Un hombre así es algo fuera de serie. Y Dios vio el gran amor que Moisés tenía por su pueblo. ¡Cómo tienen que aprender nuestros políticos de ese amor desinteresado de Moisés hacia su nación!

Dios hizo de Moisés no sólo un líder militar y político, sino también el guía espiritual y el consejero de Israel, hizo de él un profeta, y de la familia de Moisés, de su hermano Aarón se constituyeron los sacerdotes, los famosos Levitas. Dios le dio a Moisés indicaciones para la construcción del Tabernáculo con todos los detalles necesarios para los elementos que lo constituirían, como la construcción del arca del pacto. El tabernáculo era el templo ambulante que prefiguraba el templo fijo que muchos siglos después habría de construir Salomón por instrucciones de su padre David. El tabernáculo era un lugar donde la presencia de Dios era evidente por medio de una nube. Esta nube indicaba el lugar donde debían acampar y erigir o levantar el tabernáculo.

Dios quería que la nación disfrutara de su gobierno teocrático, pero ellos no estaban dispuestos a vivir bajo el dominio de Dios. Por este motivo tuvieron que vagar por el desierto durante cuarenta años, como un pueblo nómada y errante, cuando hubieron podido llegar a Canaán mucho más rápido y por otro camino. Pero ese era el camino que Dios quería que ellos recorrieran, recuerde lo que dice la Biblia: ¨Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte¨ (Proverbio 14:12). Los caminos de Dios son muy diferentes a los nuestros. Como Dios nos conoce muy bien, siempre nos lleva por los caminos donde podemos necesitar de su ayuda y de su auxilio para que no nos olvidemos de cuán peligrosa es nuestra lucha y cuán incapaces somos, para que entendamos que no somos autosuficientes, y que lo necesitamos a él en cada trecho que andamos.

El pueblo marcha en búsqueda de la tierra prometida, una tierra desconocida para ellos. Esa es la idea, los hijos de Dios estamos en el mundo como errantes peregrinos porque nos dirigimos a la patria celestial, la Nueva Jerusalén, una ¨ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios¨ (Hebreos 11:10). En definitiva, ese es también el destino del pueblo de Israel, y hasta que no reconozcan a Cristo como el Mesías, no tendrán paz, y mucho menos podrán disfrutar de la tierra prometida. Los enemigos la rodearán y la sitiarán en un asedio constante hasta que clamen a Dios y reconozcan a su Cristo al que han rechazado.

Querido amigo, como el pueblo de Israel, no tendrás paz, ni garantía de una ciudadanía segura en la patria celestial, hasta que no reconozcas a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Vagarás como errante peregrino por el desierto de la vida sin encontrarle sentido a la existencia, hasta que te decidas regresar a Dios por el único camino que él ha señalado: Jesucristo. Jesús te dice: ¨Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan¨ (Mateo 7:13-14). Entra hoy, ahora.

domingo, 4 de enero de 2009

GÉNESIS: EL ORIGEN DE TODO



Génesis 1: 1
¨En el principio creó Dios los cielos y la tierra¨.

El Origen de todas las cosas se describe en el libro de Génesis. El detalle de los comienzos de la existencia tal como la conocemos, que se hace aquí, es materia de revelación. Ninguna persona humana lo hubiera podido deducir por su propio intelecto. O sea, que si Dios no lo hubiera dicho tal como se encuentra relatado en el Libro Sagrado, de ninguna forma el hombre lo habría podido ni siquiera sospechar.

Ninguno de los intentos del hombre por explicar el origen del mundo, de la vida y del universo ha podido superar en ninguna forma la simple narrativa bíblica. Ninguna de estas hipótesis o suposiciones tiene la certidumbre de las afirmaciones bíblicas. La razón es obvia, en la Biblia, habla el autor de todas las cosas. Pero cuando leemos los planteamientos o teorías de los hombres científicos, quienes hablan, son ellos mismos parte de la creación. Ellos no estuvieron presentes en el momento en que todo comenzó, pero Dios, el autor de la vida, naturalmente que sabe de lo que está hablando.

Yo le invito a creer, a tener fe para aceptar lo que Dios dice en su Palabra, esto traerá luz a su mente y paz a su corazón y le encaminará por la senda que conduce a la vida eterna.

Génesis viene de la palabra griega Γένεσις, que significa nacimiento, creación, origen o principio. Este es el libro que nos habla del principio de todas las cosas. Naturalmente que este principio y esta creación no incluyen a Dios de ninguna manera, pues Dios no tiene principio, ni tiene fin; más bien él es el principio y el fin de todas las cosas, el Alfa y la Omega según nos lo dice la Biblia misma en Apocalipsis 21:6.

Génesis nos habla del origen del mundo, de su creación, nos dice que Dios hizo el mundo, el universo. Nos habla de un orden en este proceso de creación que culmina con la creación del hombre. Este hombre es hecho responsable de toda la creación de Dios, o sea que el hombre es nombrado por Dios como mayordomo de toda la creación. Este privilegio le es dado al hombre por cuanto él es, de todas las criaturas de Dios, el único que fue hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26, 27). Dios puso todas las cosas en las manos del hombre (Salmos 8:5-8).

Génesis nos habla también del origen del pecado en la vida del hombre (Génesis 3). De la manera como el hombre desobedeció a su Creador. Desde entonces la relación tan estrecha que había entre el hombre y Dios fue estropeada. Pero Dios tenía previsto un plan para redimir al hombre y devolverlo a la armonía con su Creador. En Génesis vemos como este pecado produjo una generación perversa que tuvo como consecuencia el exterminio de toda una civilización durante los días de Noé, lo que se conoce como el diluvio universal (Génesis 6-9).

Finalmente, Génesis nos habla del origen de un pueblo. Un pueblo que se inicia con el llamado de un hombre, Abraham, del cual saldría una familia, y de esta familia se formaría el pueblo hebreo, los judíos, a quienes Dios elegiría desde entonces para que fueran la luz de las naciones, un pueblo del que vendría el Mesías prometido, el Salvador del mundo, Jesucristo.

Ahora quiero que veamos la trascendencia de cada uno de estos orígenes.

I. El Origen del Mundo. Génesis 1, 2.

Después de hurgar en las culturas de la tierra, en las memorias de nuestros ancestros, sin ninguna oportunidad de poder tener acceso a la revelación Bíblica tal como la tenemos hoy, nos encontramos con la asombrosa similitud de los relatos creacionistas de los aborígenes, con lo que nos dice la Biblia.

Para un postulante de las diferentes teorías del origen del mundo, desde el punto de vista antropológico, esto sería pura superstición, y es claro que para ellos la Biblia forma parte de dicha superstición. El evolucionista rechaza el relato bíblico de plano, sin tomarse la molestia de investigar, y se atreve a decir que sus conclusiones al respecto son científicas, cuando a todas luces se ve su grave prejuicio.

Todas las teorías que tratan de dar una explicación al origen de la vida, están llenas de grandes vacíos, imposibles de llenar. Pero el científico hace un gran esfuerzo, infructuoso por cierto, en tratar de hacer encajar cada pieza en su lugar, tejiendo una serie de ¨historias¨ que se unen siempre con una famosa expresión: ¨apareció¨. Toda esta fraseología imprime a sus relatos una enorme nota de fantasía.

En un sentido llano, al leer el relato bíblico de la Creación del mundo y compararlo con las teorías humanistas acerca del mismo tema, uno puede darse cuenta de quién es el que está haciendo el cuento. O el autor de la Biblia estaba loco, creyendo que estaba hablando de hechos reales, o era un genio de la literatura universal, y es tan grande su ingenio, en el caso que sea un invento, que no ha podido ser superado su cuento. Pero resulta, que los cuentos que se nos quieren vender como ciencia, no se equiparan con la certidumbre con que la Biblia nos habla. Todo esto tiene una simple razón: Lo que la Biblia nos dice es la Verdad, es revelación, son las declaraciones del autor del mundo. Cuando leemos la Biblia estamos teniendo acceso a la voz de Dios, el Creador de todas las cosas.

Dios hizo el mundo en seis días. Yo no tengo problemas en aceptar esta afirmación, yo creo en Dios, y según la concepción de un Dios Todopoderoso, que es tan elemental en la Biblia, nada es imposible para Dios. En seis días de veinticuatro horas Dios hizo el mundo. Hizo el mundo con toda su madurez, de tal modo que los hombres con su ciencia pueden corroborar cuán completo es, al verificar antigüedad de millones de años en un proceso que duró horas.

Lo que a nosotros nos tomaría una inmensidad de tiempo, Dios lo puede hacer en un abrir y cerrar de ojos. Una mujer tiene que esperar nueve meses para que su criatura se forme en su vientre y luego pueda nacer y crecer para llegar a ser un adulto, pero Dios hizo a Adán en horas, y con la edad de un hombre maduro, estimamos que con una edad promedio de treinta años; lo hizo hombre cabal, hombre realizado, hombre capaz de desarrollar una vida completa. De esta misma forma hizo las demás cosas.

Y todas las cosas que Dios hizo, fueron hechas por causa del hombre. Dios formó primero el hábitat donde habría de colocar a su más insigne criatura. Todo lo que hay en la tierra, desde los ríos, el mar, las plantas y los animales, todo esto lo hizo Dios para favorecer a la corona de su creación: el hombre. Todo lo que hay en el universo: el sol, la luna, las estrellas, todo ello tiene el fin de poner a funcionar el mundo en el que el hombre ha de vivir. Todo el equilibrio de este vasto universo tiene la finalidad de hacer a la tierra un lugar donde se pueda vivir.

En ese mundo creado, y sostenido por Dios el hombre fue colocado. En el principio ese mundo era perfecto; y todo lo que había en él, incluyendo al hombre, no tenía ningún defecto, así lo expresa la Biblia cuando dice: ¨Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera¨ (Génesis 1:31).

Cuando Dios entregó el mundo en las manos del hombre, le señaló su oficio, le dio instrucciones y le estableció límites, le puso condiciones para el cuidado y uso de las cosas puestas debajo de sus pies (salmos 8: 6). Así que el hombre como un ser inteligente, conocía sus atribuciones y sus limitaciones. De esta manera el mundo tan maravilloso que Dios había creado ahora quedaba en manos del hombre, un ser capaz, un ser digno de confianza.

Todos nosotros hemos sido hechos al igual que Adán, a la imagen de Dios, tenemos la misma capacidad y la misma responsabilidad delante de nuestro Creador. No importa de dónde seamos, si tenemos cuerpo, alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5: 23), entonces somos seres humanos, diferentes de los animales, con una enorme distancia de diferencia. Es a nosotros, y no las demás criaturas, a quienes Dios les ha dado el privilegio de la mayordomía. Es a nosotros entonces a quienes se nos demandará, somos nosotros los que un día nos tendremos que presentar ante Dios para dar cuenta de cómo administramos nuestro tiempo, nuestras palabras, nuestras oportunidades, y en definitiva nuestras vidas.

¿Usted cree que está listo para presentarse ante su Creador para darle cuenta favorable de sus hechos? Si no es así, le pido que siga nuestra plática, y sabrá cómo resolver ese problema.

II. El Origen del Pecado. Génesis 3-11.

En realidad tenemos que hablar del origen del pecado en la raza humana, pues el pecado ya existía entre los ángeles que se rebelaron contra Dios. El pecado se define en la Biblia como ¨infracción de la ley¨ (1 Juan 3:4). El pecado es rebelión, desobediencia.

El asunto es que Dios es soberano, y toda criatura, por muy especial que haya sido hecha, estará siempre sujeta a quien la hizo. No es que sea difícil estar sometido a Dios, pues ¨Dios es amor¨ (1 Juan 4:8), y toda ley suya obedece a principios elementales que benefician y traen felicidad a toda su creación, sino que tanto los ángeles como los hombres, al ser seres inteligentes, tienen la facultad de decisión que no tienen las demás criaturas, y esa facultad, el hombre y los ángeles caídos la han usado de forma equivocada, en desmedro de la voluntad de Dios y en desmedro del bienestar de ellos mismos.

Cuando Satanás tomó la decisión de querer ser como Dios, y de pretender usurpar el trono celestial, se colocó por encima de sus atribuciones, y pretendió atrevidamente cosas imperdonables e imposibles (Isaías 14:14).

Cuando Eva fue abordada por Satanás, ella era consciente de su debida lealtad para con Dios y también era consciente de las consecuencias de cualquiera acto de desobediencia. Esas consecuencias eran trascendentes. Ella era consciente que cualquiera decisión que ella tomara ante las insinuaciones del enemigo, afectaría para siempre a todos sus congéneres. Ella como la madre de toda la humanidad era responsable de salvaguardar la integridad de la familia universal. No hay dudas de que sobre sus hombros, al igual que sobre su marido Adán, Dios había colocado una gran responsabilidad, pero ellos estaban en plena capacidad de enfrentar cualquier intento del enemigo de desconocer la voluntad de Dios. Dios los hizo perfectos, pero ellos se inventaron perversiones, producto de su capacidad e inteligencia humanas (Eclesiastés 7:29). Debiendo ser sabios según Dios, se hicieron sabios según sus propios razonamientos, que es lo mismo que ser necio (Proverbios 3:7).

Los elementos de esta historia de la caída del hombre en Génesis 3 tienen el propósito de enseñarnos cómo el hombre desoyó la verdad de Dios y prestó oídos a las mentiras de Satanás. Al hombre le parecieron más atractivos los engaños del enemigo que los cuidados del Padre amoroso. Esta decisión fue fatal para Adán y Eva y también para toda la humanidad, puesto que Dios había decretado cuál sería el destino de los que desobedecen (Génesis 2:17). Fueron echados del huerto hermoso que era su hogar, para vivir como errantes en la misma tierra que Dios hizo para ellos. El mundo tan maravillosamente hecho por Dios para ellos se convertiría en un lugar difícil por causa de su maldad, un mundo sujetado a maldición por la maldad del hombre (Génesis 3:17). Como nos dice el apóstol Pablo: ¨la creación fue sujetada a vanidad¨ (Romanos 8:20).

Adán y Eva vivieron en carne propia las negativas consecuencias del pecado, probaron el sabor amargo de la separación de su Creador, de las enfermedades, de la muerte. La maldición del fratricidio entró en el seno de su hogar cuando Caín mató a su hermano Abel. Y andando el tiempo, la raza humana se depravó de tal manera, que Dios, con el dolor de su corazón, destruyó a toda aquella civilización materialista y atea por medio del diluvio universal, salvando sólo a ocho personas, y protegiendo en el arca a selectivas especies de animales y bestias para la continuidad de la vida sobre la tierra (Génesis 6-8).

Y como si todo aquel cataclismo no fuera suficiente lección para los descendientes de Noé, los hombres se apartaron de nuevo de Dios, y fueron confundidos y esparcidos por el mundo en lo que se ha denominado como la torre de Babel (Génesis 11).

¿Te das cuenta cómo olvidamos tan rápidamente todo el cuidado amoroso de Dios y nos vamos tras nuestras propias ambiciones? Todo esto para nuestro perjuicio. ¿Piensas que hay una manera cómo podemos superar esta circunstancia en nuestra vida? Yo creo que sí, Dios tiene una manera para restablecer nuestra relación con él y devolvernos al paraíso, sólo él puede hacerlo, y te mostraré como lo ha hecho.

III. El Origen del Pueblo de Dios. Génesis 12-50.

El origen de la nación de Israel se remonta a los inicios de la vida misma, cuando el hombre pecó. En el mismo escenario donde el hombre desobedeció a Dios, allí Dios estableció una sentencia que marcó el destino de todo con una grande esperanza, la de un Salvador: ¨Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar¨ (Génesis 3:15). En esto se muestra el amor de Dios, nos dice Jesús en Juan 3:16 en su conversación con Nicodemo: En su firme propósito de darnos un Redentor. En Génesis 3:15, al pronunciar la sentencia a ¨la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás¨, como se le llama a Satanás enApocalipsis 20:2, Dios estableció el modo de salvar a la humanidad que ama tanto. Este versículo de Génesis 3:15 habla del fracaso de la mujer, que fue la primera que pecó, al hacer caso a las insinuaciones de nuestro enemigo, pero al mismo tiempo augura esperanza para la reivindicación de Eva y de todas las mujeres, al hacer a una mujer, la virgen María, la portadora del Emanuel, Dios con nosotros, la encarnación de Dios que habría de asestar un golpe mortal al diablo con la muerte de Jesús en la cruz.

Para que ese niño apareciera un día en este mundo como el ¨Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de paz¨ de Isaías 9:6, Dios llamó primeramente a un hombre. Un hombre que estaba muy ajeno a los designios de Dios, perdido en sus delitos y pecados en su cultura de muerte, sin esperanza alguna. Este hombre es Abraham, a quien Dios da instrucciones para salir de su tierra y de su parentela y dirigirse a un lugar que él no sabía. A este hombre le amaneció un día la luz, la verdad le fue revelada, hombre bienaventurado este que halló gracia ante los ojos de Dios. Por su pura gracia Dios le eligió y le marcó la senda que debía andar.

Y este hombre le creyó a Dios y obedientemente aceptó todos los propósitos que Dios tenía para con él. Dios busca corazones dispuestos a obedecerle y a seguir sus instrucciones. De este hombre, después de muchos tropiezos en el camino, porque no fue fácil para él serle fiel a Dios, como no será nunca fácil para nadie, en ninguna época, vio los resultados favorables, conforme a lo que Dios le había señalado que ocurriría con su familia. Su esposa Sara tuvo a Isaac después de ser estéril y una anciana de ochenta años, ¨porque nada hay imposible para Dios¨, como le dijo el ángel a María en la anunciación en Lucas 1:37).

En medio de grandes enfrentamientos en un mundo hostil a la voluntad de Dios, rodeado de grande maldad y perversión humanas, como lo muestra el episodio de Sodoma y Gomorra, dos ciudades por las que abogó delante de Dios, pero ya sin esperanza para ellos, y teniendo que enfrentarse a la gran prueba de fe a la que Dios le sometió con su hijo Isaac, finalmente Abraham logró de Dios el Oscar de la fe, pasó así al salón de la fama de los paladines de la fe, yendo a la cabeza como padre de la fe (Hebreos 11). Pero sería su nieto Jacob, el que daría inicio a la formación del pueblo de Dios.

Jacob, un hombre de malas mañas, tuvo una experiencia con Dios, y fue transformado en un hombre conforme al corazón de Dios. Hay esperanza para cualquier persona perdida que se arrepienta.

El nombre de Jacob, que significa ¨engañador¨, en su lucha con el ángel en Peniel, le fue cambiado por Israel, que significa ¨el que lucha con Dios¨ (Génesis 32: 28). Su atormentado pasado fue dejado atrás el día que se arrepintió, y hasta pudo hacer las paces con su hermano Esaú a quien, en contubernio con su madre Rebeca, había usurpado.

La historia del Génesis nos cuenta como Jacob llegó a tener doce hijos. De estos hijos se destaca la vida de José, el undécimo o penúltimo de los hijos de Jacob, hijo de su esposa Raquel, a la que él amaba. Toda la tragedia y bendición de esta familia gira en torno a este personaje místico y sobresaliente, cuya biografía es uno de los más notables clásicos de siempre.

José llegó a ser tan grande por la providencia de Dios, que llegó a ocupar el cargo de gobernador de Egipto, el imperio que dominaba el mundo en su tiempo. Dios transformó todas las desgracias de José en una bendición para su familia. El mismo afirma que el mal que sus hermanos le hicieron, Dios lo transformó en bien para salvar a mucho pueblo (Génesis 50:20). Así es cuando nuestras vidas están en las manos de Dios: ¨Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." (Romanos 8:28).

Dios premió la integridad de José al permitirle convertirse en el protector de su familia y el impulsor de una nación que jugaría un papel decisivo en los designios de Dios. Fue en Egipto que esta familia se multiplicó en tan grande número que llegó a constituirse en un pueblo. De este pueblo nacería el Mesías, el Salvador del mundo. Es bueno decir aquí que José siempre ha sido considerado como un tipo de Cristo. El fue vendido por sus hermanos por veinte piezas de plata, Jesús fue vendido por uno de sus discípulos por treinta piezas de plata.

Aquí tenemos pues, el origen de un pueblo que tendría un destino asombroso en el escenario del mundo, colocado en el centro mismo del mapamundi, en medio de convulsiones políticas a través de las edades; esta nación es un signo de Dios para mostrar su poder y su grandeza.

Cuando vemos los comienzos de todas las cosas, tal y como se describen en el Génesis, nos damos cuenta que la historia sigue un curso lineal, que llevará al hombre necesariamente a una confrontación con su Creador. A pesar de la fuerza de lo fatal y lo fortuito, Dios hace que finalmente se cumplan sus propósitos y sus planes. Esto nos da la certeza de que el mundo no es resultado del azar, sino que está bajo el control de su Creador. Dios no sólo ha creado el mundo, sino que también lo sustenta.

Muy a pesar de las barbaridades a las que los seres humanos hemos sometido el Planeta, Dios dirige los acontecimientos hacia la meta que él ha trazado.

En el inicio de un nuevo año, y viendo el panorama del mundo que no es muy halagador, lo mejor que podemos hacer es encomendarnos al Creador, y apropiarnos de la salvación que nos ofrece en Cristo, antes que llegue el día en que nos tengamos que presentar ante él para dar cuenta.

Leandro González

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 4 de enero de 2009.