lunes, 19 de enero de 2009

EL SACERDOCIO LEVITICO

Levíticos 8: 1-3, 30.

¨Jehovah habló a Moisés diciendo: 2 "Toma a Aarón y con él a sus hijos, y las vestiduras, el aceite de la unción, el novillo para el sacrificio por el pecado, los dos carneros y la cesta de los panes sin levadura. 3 Reúne luego a toda la congregación a la entrada del tabernáculo de reunión." Luego Moisés tomó parte del aceite de la unción y de la sangre que estaba sobre el altar, y roció a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras. Así consagró a Aarón y sus vestiduras, y con él a sus hijos y sus vestiduras¨.


El libro de Levíticos tiene que ver con los levitas, los sacerdotes del pueblo hebreo; de ahí el nombre del libro. Los levitas son los que pertenecen a la tribu de Leví, uno de los doce hijos de Israel. Como sabemos la nación de Israel se constituía de doce tribus, cada una con el nombre de uno de los doce hijos de Jacob. Cada una de estas tribus tenía su ejército, menos la tribu de Leví, ya que por instrucciones divinas esta tribu había sido apartada o consagrada para las cosas santas.

De esta tribu Dios constituyó el sacerdocio Aarónico, por el nombre de Aarón, el primer sumo sacerdote, el hermano de Moisés que se presentó junto con él a Faraón, porque Dios lo había señalado para que fuera la voz de Moisés. Aarón y sus hijos fueron los primeros sacerdotes del pueblo de Israel ungidos por Moisés (Levíticos 8).

Los sacerdotes eran los responsables del tabernáculo. Ellos debían transportarlo, armarlo y desarmarlo en el desierto. Dondequiera que acampaban en el desierto ellos debían colocarse en medio del campamento, siempre alrededor del tabernáculo, y las demás tribus alrededor. Esto tenía el propósito de mostrar al pueblo que Dios estaba en medio de ellos y los levitas debían guardar o custodiar la santidad de aquel lugar para que no haya ira sobre la congregación de los hijos de Israel; y los levitas tendrán la guarda del tabernáculo del testimonio¨ (Números 1:53). Otras informaciones importantes respecto del campamento de los levitas se encuentran detalladas en Números 1:47-54.
La tribu de Leví debía ser protegida por las demás tribus. Los que pertenecían a esta tribu estaban exentos de labores ordinarias, ellos se debían mantener de los diezmos y las ofrendas que eran llevadas al tabernáculo. Estaban exceptuados también de la guerra, a ellos tocaba interceder a Dios por el pueblo en todo momento, ese era su oficio. Los levitas debían oficiar los rituales de los sacrificios u holocaustos y las ofrendas.

La palabra sacerdote significa ¨puente¨, así que el sacerdote levítico era un intermediario entre Dios y los hijos de Israelel. Esto era así en el sacerdocio aarónico, pero cuando vino Cristo y ofreció su vida como sacrificio único (Hebreos 10), el sacerdocio aarónico cesó y también el oficio de los levitas, estableciéndose entonces el sacerdocio del creyente, donde cada uno tiene la oportunidad de presentarse delante de Dios sin necesidad de intercesor o sacerdote humano (I Pedro 2:9-10).

Ahora Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres tal como lo enseña la Biblia (I Timoteo 2:5). Pero el pueblo judío, que no ha reconocido a Jesús como el Mesías, continúa con la idea de reestablecer el sacerdocio aarónico y el oficio de los levitas. Para esto, se dice que tienen todos los preparativos para la reconstrucción del templo en Jerusalén, siguiendo las indicaciones de la Torah o Pentateuco de Moisés.

No se sabe cuando esto ocurrirá, pero es claro que esto tendrá que ocurrir en algún momento como cumplimiento de las profecías bíblicas descritas tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Pero todo esto lo hará el pueblo de Israel en contra de la voluntad de Dios, y esto pondrá a esta nación en peligro de ser engañada por el falso mesías o anticristo que tiene que aparecer en el mundo antes de la segunda venida de Cristo. Recuerde lo que dice Juan en su evangelio: ¨a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron¨ (Juan 1:11).

Ahora veamos como Dios dispuso las cosas en el orden levítico y hasta cuando:

I. Dios establece al través de los levitas la forma de acercase a él.
El hombre es pecador y Dios es Santo. No es posible que el Dios Santo tenga relación con el hombre pecador. Pero Dios quería tener comunión con el hombre. Así que es él el que establece la manera como el hombre ha de tener comunión con él. Con este fin Dios establece el sacerdocio de los levitas en el pueblo de Israel para presentarse delante de Dios en el tabernáculo y más tarde en el templo.

Creo oportuno explicar lo siguiente en este punto. Este trato especial de Dios con el pueblo de Israel no significa que los demás pueblos del mundo estuvieran exceptuados de su interés y de su gracia, de ninguna manera, sino que hay que entender que es a través de este pueblo hebreo que Dios ha de tener algún trato con los demás pueblos del mundo.

Este es un gran beneficio que toca al pueblo de Israel departe de Dios, pero al mismo tiempo una gran responsabilidad: la de ser el portavoz de Dios en el mundo. Pero como nos dice Pablo en Romanos, los judíos equivocaron esta elección de Dios y se sobrestimaron, menospreciando por ello a los demás pueblos, pensando que ellos eran los únicos elegidos de Dios. Teniendo ellos la ventaja de haber recibido la revelación de Dios de forma especial, aún así dieron la espalda a Dios, rechazando a Jesucristo, el Mesías y Salvador de ellos y del mundo. Entonces, los gentiles que no tenían esta revelación especial, a quienes Pablo predicó el evangelio, han creído en Cristo para vergüenza de los judíos.

Explicado esto, continuemos con los detalles que nos describe el libro de Levíticos respecto del orden sacerdotal. Estos hombres consagrados por Dios debían ser los responsables de ministrar delante de Dios por el pueblo de Israel. El pueblo debía venir a ellos para poder consultar a Dios. O sea, que ellos eran, hasta que vino Cristo, el puente entre Dios y los hombres. Así que los levitas eran un tipo de Cristo. Ellos señalaban a Cristo. Su sacerdocio estaría vigente hasta que Cristo llegara.

Esta forma de acercarse a Dios, establecida por Dios mismo, aparte de los actos constantes de sacrificios de animales como forma de expiar los pecados, incluye las normas de vida que los judíos debían observar para una correcta relación con su prójimo y una adecuada aplicación de la justicia en todos los órdenes de la vida cotidiana. Además hay importantes disposiciones divinas respecto de la vida moral, como es el caso de las leyes que tienen que ver con las relaciones incestuosas e inmorales en Levíticos 18: 1-30. O sea, que el libro de Levíticos es también un tratado de leyes y costumbres, un manual de ética para los ciudadanos del reino de Dios. Todo esto importa a Dios pues está muy interesado en la integridad de la vida de sus hijos.

II. Dios da instrucciones a los levitas para el oficio de los sacrificios expiatorios.
Era responsabilidad de los sacerdotes levitas realizar todos los sacrificios expiatorios. Los holocaustos y las ofrendas que tenían el propósito de borrar las culpas de los pecados cometidos por un período de tiempo determinado, entiéndase de forma temporal. O sea, los levitas eran los oficiantes del continuo sacrificio que Dios había ordenado como forma de resolver momentáneamente los pecados del pueblo, hasta que Jesucristo viniera y se ofreciera él mismo como cordero inmolado para pagar de una vez por todas por los pecados de todos los hombres.

El trato de Dios con el pueblo judío obedece al plan divino de salvar a la humanidad por medio del Mesías Jesucristo, cuyo sacrificio único estaba prefigurado en el sacrificio ofrecido por los sacerdotes levitas. Todo lo que está prefigurado en el Antiguo Testamento apunta a Cristo, el Salvador del mundo. La revelación bíblica en ese sentido era progresiva hasta que llegara Cristo y sellara la revelación en el Nuevo Testamento (Hebreos 1:1-3). Es por ello que el Antiguo Testamento debe ser visto a la luz del Nuevo Testamento. La última palabra la tiene el Señor Jesús, quien es la corona de la revelación de Dios.

Toda la parte técnica del oficio sacerdotal en el orden de los sacrificios está detallada en los primeros siete capítulos de Levíticos. Los capítulos 8 al 10 se refieren a las particularidades concernientes a la orden sacerdotal de los hijos de Aarón, que constituían, por así decirlo, la clase eclesiástica de la nación hebrea. Los capítulos 11 al 16 se ocupan de la parte que tiene que ver con las leyes concernientes a los asuntos de la pureza.

Por ser esta una exposición tan limitada no pretendemos dar detalles específicos acerca de los diferentes sacrificios que debían ofrecer los sacerdotes en el sistema levítico, usted puede hacer una lectura completa y un estudio más cuidadoso del libro de Levíticos para informarse adecuadamente de todo lo que allí se indica.

Ningunos de estos ritos detallados aquí pueden ser implementados hoy por ninguna iglesia que se denomine cristiana, pues el Señor claramente en el Nuevo Testamento da por cesado el sistema sacerdotal levítico (Hebreos 8-10). No debe ser imitado, ni mucho menos igualado, sino que el culto cristiano es muy diferente y superior de lo que era el culto en el Antiguo Testamento. Aún estando exento de toda la parafernalia ritual que se debía observar en el orden levítico, el culto cristiano es superior por cuanto es el resultado de las cosas verdaderas ocurridas al verdadero cordero de Dios a quien exaltamos en nuestros servicios de adoración. Aquel culto levítico era una sombra del culto verdadero (Hebreos 10: 1)

La cena conmemorativa que celebran las iglesias cristianas y el bautismo, son los únicos actos ordenados por el Señor. El primero como su nombre lo indica tiene el objeto de recordar su muerte y anunciar su segunda venida; y el segundo, el bautismo, es un acto que representa el simbolismo de la nueva vida en Cristo, representa la muerte del hombre viejo y la resurrección del hombre nuevo, y es un requisito para hacerse parte de la familia cristiana, o sea hacerse miembro de una iglesia local.

Con respecto a la santidad exigida a los sacerdotes levíticos, no hay dudas de que la misma santidad que el Señor demandaba en la vida de aquellos sacerdotes, es la misma que exige de los pastores y obreros cristianos en el día de hoy, y diríamos que en términos éticos estas demandas son aún mayores, esto lo podemos ver en los requisitos exigidos en la Biblia para los obispos o pastores y para los diáconos ( I Timoteo 3). Y esta exigencia de una vida santa se extiende a todos y cada uno de los creyentes, pues jesús demanda: ¨Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto¨ (Mateo 5:48).

III. Dios mantuvo vigente el sacerdocio levítico hasta Cristo.
El sacerdocio levítico, o sea, el continuo sacrificio, fue cesado el día que Cristo murió en la cruz. Con la ocurrencia del velo rasgado en el templo de Jerusalén, que no fue un hecho fortuito, sino la acción de Dios para mostrar de modo gráfico que se daba paso a una nueva dispensación. Dios estaba mostrando que ahora todos tenían acceso directo al trono de su gracia, sin necesidad de sacerdote humano (Hebreos 10:19-22). La razón para esto es que Jesucristo fue constituido sacerdote para siempre, el único mediador entre Dios y los hombres por el sacrificio único hecho por él en la cruz: ¨El cordero de Dios, que quita el pecado del mundo¨ (Juan 1:29).

Así que, el ministerio actual de Cristo en el cielo es precisamente el de intercesor de los seres humanos ante el trono de Dios. Ninguna otra persona ni de esta vida ni de la otra puede interceder por los hombres en el cielo. Recuerde la historia contada por Jesús del rico y Lázaro, allí se nos narra como el rico intentó interceder por su familia delante de Abraham, y se le dijo que si alguno de su familia quería ser salvo, debía oír a los profetas o predicadores aquí en la tierra ( Lucas 16: 19-31). Así que, aparte de Cristo, nadie en el cielo, ni aquí en la tierra puede interceder por la salvación de ninguna persona (Hechos 4:12). La tarea de los predicadores en la tierra no es de ser intermediarios, sino la de presentar al que es el intermediario, Cristo Jesús. El pastor puede ser una ayuda como consejero en muchos casos, puede mostrar el camino, pero el único mediador es Cristo, y esto es muy claro en la Biblia.

La iglesia católica apostólica y romana, basada en ella misma, y desconociendo la claridad del libro de Hebreos respecto a la cesación del continuo sacrificio y por ende la cesación del orden sacerdotal levítico, se empecina en celebrar la misa que no es otra cosa que la continuidad de un sacrificio innecesario. En esta misa el pan y el vino no son una conmemoración del cuerpo y la sangre de Cristo como lo son en la cena conmemorativa bíblica, sino que es la pretendida repetición del sacrificio de Cristo de forma literal y continua, donde el pan es carne y el vino es sangre de Cristo, y el sacerdote hace las veces de Cristo. Una simple lectura al libro de Hebreos sería suficiente para darse cuenta de la ineficacia de la misa católica.

Los que participan de la misa hacen ineficaz el sacrificio de Cristo en la cruz, están diciendo que no fue suficiente lo que Dios declaró en su palabra que sí lo fue. Note la manera enfática como habla la Biblia al respecto: ¨23 Era, pues, necesario purificar las figuras de las cosas celestiales con estos ritos; pero las mismas cosas celestiales, con sacrificios mejores que éstos. 24 Porque Cristo no entró en un lugar santísimo hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios a nuestro favor. 25 Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra cada año el sumo sacerdote en el lugar santísimo con sangre ajena. 26 De otra manera, le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación del mundo. Pero ahora, él se ha presentado una vez para siempre en la consumación de los siglos, para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo. 27 Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar los pecados de muchos. La segunda vez, ya sin relación con el pecado, aparecerá para salvación a los que le esperan¨ (Hebreos 9:23-28). Estos versículos bíblicos son suficientes para derribar toda la estructura ritualista católica por antibíblica y herética.
Ninguna persona necesita ir a ningún sacerdote, o pastor, o ministro para que medie por él delante de Dios. Cada persona puede acercase a Dios con toda confianza desde que Jesucristo ofreció su vida en sacrificio por nuestros pecados. Lo primero que una persona tiene que hacer es venir a Dios en arrepentimiento, creyendo en Cristo como su Señor y Salvador, esa es la única condición, creer en Jesús. Creer que ¨Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras¨ (I Corintios 15:3,4). Si lo hace así, será salvo.

domingo, 11 de enero de 2009

EL EXODO DEL PUEBLO DE DIOS

Exodo 8:1

¨Entonces Jehová dijo á Moisés: Entra á Faraón, y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan¨.

En nuestra plática anterior dejamos a la familia de Jacob en Egipto. La Biblia nos cuenta en Exodo que mucho tiempo después que José había muerto, ¨se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José¨ (Exodo 1:8). Este monarca, con el pretexto de que los hebreos habían crecido en número y que eran un pueblo próspero y fuerte, se apropió de sus riquezas y los esclavizó. Recordemos la promesa hecha a Abraham respecto de su descendencia: ¨Haré de ti una nación grande¨ (Génesis 12:2). Así que Dios está cumpliendo lo que prometió, porque Dios tenía un propósito con ese pueblo, y este es un punto que no podemos olvidar: Dios quería que este pueblo fuera la luz de las naciones (Exodo 19:5,6), que diera a conocer su nombre a las demás naciones de la tierra. Dios quería mostrar al través de su pueblo Israel su amor a los demás pueblos de la tierra.

El pueblo de Israel entra dentro del plan eterno de las edades de traer al mundo al Mesías Salvador, Cristo Jesús. Detrás de las intenciones del faraón está la mano de Satanás que tiene siempre la intención de estropear los planes de Dios. Así como en el Edén tentó a Eva y la indujo a pecar, de la misma forma ahora usa a este rey egipcio para maltratar al objeto del amor de Dios, a su pueblo, y lo quiere destruir cuando aún está en ciernes. Es lo que ha hecho siempre, es el enemigo de nuestras almas, el ¨príncipe de la potestad del aire¨, ¨el príncipe de este mundo¨ (Efesios 2:2; Juan 12:31), que se atrevió a tentar al propio Cristo.

Con el determinado propósito de destruir a Israel y hacerlo desaparecer de la faz tierra, Satanás sembró envidia, temor, miedo en el corazón de los egipcios hacia el pueblo de Israel, de modo que los esclavizaron. Esta esclavitud duró cuatrocientos treinta años. El pueblo de Israel, por ser el pueblo de Dios ha estado siempre en la mira del mundo con la intención de destruirle. Si revisamos la historia y los acontecimientos actuales nos daremos cuenta de esto. Todo esto ocurre por lo que dice la Biblia, que ¨el mundo entero está bajo el maligno¨ (I Juan 5:19).

Pero Satanás no ha podido nunca, ni podrá evitar que Dios cumpla su plan de salvar a la humanidad del pecado, así que veamos de qué manera Dios propicia el éxodo masivo de su pueblo para librarlo de la esclavitud egipcia y encaminarlos hacia la tierra prometida.

I. El Exodo del Pueblo de Dios Hacia la Libertad. Exodo 1-14

El pueblo de Israel en Egipto, necesitaba desesperadamente un libertador. De ese libertador y de esa libertad nos habla el libro de Exodo.

Toda la sucia trampa de Satanás no logró cambiar los planes de Dios. Nos podemos dar cuenta que es el mismo enemigo que obra al través de los hombres y de los hechos de la historia, siempre con la misma intención de destruir lo que Dios construye. El mismo infanticidio que cometió el Faraón en Egipto contra los niños hebreos, es el que cometió Herodes contra los inocentes de Judea con la intención de matar a Jesús cuando era niño. Pero Dios se adelanta siempre a los planes maléficos del enemigo. Aún en contra de la orden del faraón, dos mujeres temerosas de Dios decidieron proteger la vida de los niños hebreos. Sus nombres han quedado como testimonio de la providencia divina al través de la historia: Sifra y Fúa (Exodo 1:15). De este modo Moisés, el libertador de Israel, pudo ser preservado, y ¡de qué manera!, nada más y nada menos que en el mismo corazón del enemigo, en el palacio del rey, dentro de su propia familia. Aquí vemos como Dios se burla de las intenciones de Satanás, y pasa por encima de sus pretensiones.

Durante su estadía entre la familia real, Moisés estuvo siendo preparado para conocer los secretos del poder y tener influencia dentro del palacio. Pero su destino no era llegar a ser un faraón en Egipto, ni un gobernador como José, sino que la misión que Dios tenía para él era libertar a su pueblo Israel.

Moisés, pese a ser criado por la hija del faraón, conservó su nacionalismo hebreo, que demostró en su momento al matar a un egipcio que maltrataba a uno de su pueblo, y esto lo convirtió en un fugitivo. Pero Dios tenía preparado para él una experiencia que cambiaría para siempre su vida. A estas alturas de su vida Moisés contaba con cuarenta años. En su huida para salvar la vida, Moisés tuvo un encuentro con Dios, que le prepararía para recibir las instrucciones de Dios acerca de los planes para convertirlo en el libertador de Israel. Esta preparación en el desierto duraría un período de otros cuarenta años. Como nos dice Jhon C. Maxwell en su libro Corramos con los Gigantes, ¨Moisés pasó de la zona de seguridad en la casa del Faraón, a la zona de riesgo en el desierto¨.

Salvado de forma milagrosa de la muerte cuando era niño, Moisés, cuyo nombres significa ¨salvado de las aguas¨ ahora comprendía que Dios lo había apartado desde el vientre de su madre para una obra especial (Gálatas 1:15). Si bien cada uno de nosotros, por ser creado a la imagen y semejanza de Dios, es especial, mucho más lo son los hijos de Dios, a los cuales él les da su Espíritu Santo y les da dones especiales para que realicen proezas que el hombre común no puede realizar.

Dios hizo que la vara de Moisés se convirtiera en un símbolo de la presencia de Dios en su vida. Porque el poder en el que Moisés habría de libertar a Israel no era humano, sino divino, porque los enemigos del pueblo de Dios no son meramente humanos, como Dice el apóstol Pablo en Efesios que nuestra lucha no es ¨contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes¨ (Efesios 6:12). Y por eso nos manda a vestirnos de ¨toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo¨ (Efesios 6:10-13). El cristiano que no entiende esta verdad, estará siempre a merced del enemigo.

Moisés no iría a Faraón en su nombre, sino en el nombre de Jehová, el ¨ YO SOY EL QUE SOY¨ (Exodo 3:14), El Eterno, el único Dios verdadero, ¨el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob¨ (Exodo 3:16). Moisés no iría a reclamar a faraón que dejara salir a su pueblo con su propia fuerza, sino con la mano fuerte de Jehová (Exodo 13:3).

Era necesario para Moisés que Dios se le revelara, Dios es siempre quien se nos ha revelado, él no está oculto, él se revela de muchas maneras, pero el hombre impío y pecador no le ve, por la dureza de su corazón. Si usted quiere ver a Dios, lo verá, porque él no está oculto de nosotros, sino accesible, a nuestro alcance, para que le conozcamos.

Y Moisés supo de Dios y supo de la manera como Dios quería realizar su obra al través suyo, aún cuando él mismo se confesó incapaz (Exodo 4:10). Eso es lo que Dios quiere, que reconozcamos nuestra incapacidad, nuestra impotencia, ¨para que su poder sea perfeccionado en nosotros precisamente en medio de nuestra debilidad, para que su gracia nos baste¨ ( 2 Corintios 12:9), y vivamos dependientes de él todo el tiempo, como debe ser, por cuanto somos criaturas suyas (Salmo 100: 3).

Pero el Faraón, en su obstinación, ignoró todas las manifestaciones divinas obradas al través de Moisés y de su hermano Aarón, y entonces ocurrió lo inevitable. Después de ser castigados con nueve plagas que mostraban la supremacía del Dios de Israel sobre los falsos dioses egipcios, Dios, con dolor de su corazón, ejecutó la última plaga que habría de conmover el corazón de Faraón y de toda la nación egipcia: La muerte de los primogénitos de Egipto. Por haberse negado a hacer conforme a lo que Dios ordenaba, vinieron todas estas cosas terribles sobre los egipcios, y entonces ahora, era el mismo que Faraón apremiaba a los hebreos para que se marcharan.

Esta huida fue de bendición, este éxodo enriqueció a los hebreos, y así ¨despojaron a los egipcios¨, dice la Biblia en Exodo 12:36.

Pero aún les faltaba una prueba antes de salir del alcance de sus enemigos: Cruzar el Mar Rojo. En esta experiencia Dios les mostró su gran poder, tanto a ellos como a sus enemigos, que quedaron avasallados. En todo esto fue evidente el obrar sobrenatural de Dios. No hubo nada casual ni fortuito en todo lo acontecido. Era evidente que Dios estaba guiando a su pueblo hacia la libertad. Hasta los propios egipcios reconocieron esto: ¨Huyamos de delante de Israel, porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios¨ (Exodo 14:25).

Recordamos hoy las palabras dichas a Abraham: ¨Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra¨ (Génesis 12:3) ¡Cuántas veces en la historia se ha cumplido esta sentencia con relación al pueblo de Israel!

II. El Exodo del pueblo de Dios Hacia Un Encuentro Espiritual. Exodo 15-20

Luego que Moisés, con el brazo fuerte de Dios, sacó a Israel de Egipto, lo llevó por el desierto hacia un encuentro con Dios en el monte Sinaí. Este sería el inicio de un período de cuarenta años que se ha denominado como tiempo de disciplina, ya que Israel es nombrado como ¨un pueblo rebelde y contradictor¨(Romanos 10:21).

En el monte Sinaí habrían de recibir de Dios los Diez Mandamientos, la constitución del pueblo de Dios, por decirlo así. En ese encuentro con Dios ocurrieron muchas cosas. Dios entregó a Moisés ¨dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios¨ (Exodo 31:18) Dios inspiró a Moisés para escribir revelaciones de cosas que hasta ese momento habían sido de conocimiento solamente oral. Como sabemos, Moisés es el autor de los cinco primeros libros de la Biblia, llamados Pentateuco. Seguramente que en su encuentro con Dios en el Sinaí, Dios le dio detalles especiales del Génesis, la revelación de las cosas de las que el hombre no pudo haber tenido noción por sí mismo.

En el Sinaí, el monte de Dios (Exodo 18:5), Dios dio a Moisés el Decálogo y también le dio mandamientos acerca la salud física, acerca de la vida moral, y acerca de la vida espiritual y todos los ritos necesarios para las fiestas y los días especiales que debían ser observados y guardados como la celebración de la pascua como el día de su liberación (Exodo 12:43).

El Decálogo es estrictamente espiritual. Las primeras cuatro leyes tienen que ver con nuestros deberes para con Dios, y dentro de estos mandamientos está el del sábado, que es el cuarto, donde Dios ordena observar algo que ya era costumbre celebrar, un día de los siete que tiene una semana, para descansar. Respecto de esto nos dice Mathew Henry en su comentario: ¨El día de reposo para el Señor debe ser un día de descanso del trabajo secular, para reposar en el servicio de Dios¨. Así como debe ser observado este día de reposo, de la misma manera deben ser observados y respetados los seis días de trabajo para una vida productiva, haciendo honor a la dignidad que nos proporciona el trabajo honroso. Los últimos seis mandamientos se refieren a nuestra relación entre nosotros mismos.

Cuando Jesús vino a la tierra estableció la esencia del valor universal de estas leyes al resumirlas en dos: ¨Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas¨ (Mateo 22:37-40) De esta manera quedaban fuera todas las leyes rituales, y solamente eran vigentes aquellas que tenían un valor puramente y espiritual.

Note usted que la esencia de toda ley divina es el amor. Es por esto que el cumplimiento cabal de estas leyes se vio en la persona de Jesucristo en la cruz. La cruz prefigura de forma simbólica, todo el sentido de la esencia del Decálogo. En estas leyes hay verticalidad y horizontalidad, leyes que apuntan a Dios y leyes que apuntan a nuestros semejantes, nuestros parientes, nuestros amigos y nuestro prójimo. Jesucristo nos invita a llevar cada día esa cruz, la que nos indica el camino de la obediencia a los preceptos de Dios y el amor puro hacia él y hacia nuestro prójimo (Mateo 9:23).

III. El Exodo del Pueblo de Dios Hacia la Tierra Prometida. Exodo 21-40.

Moisés tenía ochenta años cuando Dios le llamó para la tarea de libertar a Israel del yugo egipcio. Aunque él estaba convencido de que sus días, como los de todo ser humano eran cortos sobre la tierra, tal como lo describe en el salmo 90, no sabía en todos sus detalles que Dios tenía otros planes para él, planes que lo llevarían a una longevidad que llegaría a los ciento veinte años. Así que, aún pensando que su vida terminaba, en realidad estaba a punto de comenzar. Nuestra vida verdadera comienza el día que tenemos una experiencia con Dios, porque nos convertimos en nuevas criaturas con una misión especial. El día que nos convertimos recibimos el Espíritu Santo, el cual nos capacita con nuevos dones y habilidades para el servicio del Señor en la iglesia.

Todo el gran valor de la vida de Moisés comenzó cuando Dios le encomendó la tarea de llevar al pueblo de Israel camino de la libertad por la ruta de la tierra prometida. Moisés vio como Dios respaldó la palabra de que estaría con él, tal como se lo mostró en la presencia permanente y misteriosa de una nube, que cubría al pueblo en la vastedad del desierto durante el día para protegerles del calor y de la luz; y de noche, esta nube se convertía en una columna de fuego que los protegía de la oscuridad y del frío.

Dios proveyó todo sustento para su pueblo en todo su peregrinar: comida, agua, vestido y calzado. La comida venía del cielo, el maná; y el vestido y el calzado no se envejecía. Aquí vieron los hijos de Israel lo que Jesús enseñó acerca del cuidado que el Padre Celestial tiene de cada uno de nosotros (Mateo 6:25-34). Todo lo que esta nación necesitaba en el desierto, hasta el más mínimo detalle, Dios se lo proporcionó.

Pero el pueblo de Israel fue desobediente y malcriado, inconforme y desagradecido. Se quejaban constantemente contra Dios delante de Moisés. Aun los propios hermanos de Moisés se quejaban de él. El pueblo de Israel prefería volver a la esclavitud, con tal de disfrutar de la porquería caliente que les daban los egipcios. Me recuerda la parábola del hijo pródigo, que dejó los mimos y cuidados que tenía en la casa de su padre amoroso para terminar cuidando cerdos y llegó a desear comer su sucia y podrida comida (Lucas 15:11-32).

En una ocasión, mientras Moisés estaba en el monte con Dios, el pueblo erigió un dios conforme a sus deseos y bajas pasiones, un becerro de oro que hicieron con las alhajas que trajeron de Egipto, evocando los días de su esclavitud espiritual, como un perro que come lo que vomita, o una puerca lavada que se revuelca en el lodo (2 Pedro 2:22). Por causa de este tipo de actitud, el pueblo de Israel que salió de Egipto fue siendo diezmado poco a poco, quedando postrados en el desierto. No soportaron la disciplina, no pasaron la prueba.

Moisés hizo todo a su alcance para hacer que el pueblo caminara según los preceptos de Dios, y hasta se perjudicó a sí mismo delante de Dios por causa de la indignación que le producía la dureza de corazón del pueblo desobediente, y llegó incluso a desafiar a Dios para que lo borrara de su libro si determinaba destruir a los israelitas por su maldad (Exodo 32:32). Un hombre así es algo fuera de serie. Y Dios vio el gran amor que Moisés tenía por su pueblo. ¡Cómo tienen que aprender nuestros políticos de ese amor desinteresado de Moisés hacia su nación!

Dios hizo de Moisés no sólo un líder militar y político, sino también el guía espiritual y el consejero de Israel, hizo de él un profeta, y de la familia de Moisés, de su hermano Aarón se constituyeron los sacerdotes, los famosos Levitas. Dios le dio a Moisés indicaciones para la construcción del Tabernáculo con todos los detalles necesarios para los elementos que lo constituirían, como la construcción del arca del pacto. El tabernáculo era el templo ambulante que prefiguraba el templo fijo que muchos siglos después habría de construir Salomón por instrucciones de su padre David. El tabernáculo era un lugar donde la presencia de Dios era evidente por medio de una nube. Esta nube indicaba el lugar donde debían acampar y erigir o levantar el tabernáculo.

Dios quería que la nación disfrutara de su gobierno teocrático, pero ellos no estaban dispuestos a vivir bajo el dominio de Dios. Por este motivo tuvieron que vagar por el desierto durante cuarenta años, como un pueblo nómada y errante, cuando hubieron podido llegar a Canaán mucho más rápido y por otro camino. Pero ese era el camino que Dios quería que ellos recorrieran, recuerde lo que dice la Biblia: ¨Hay camino que al hombre parece derecho; empero su fin son caminos de muerte¨ (Proverbio 14:12). Los caminos de Dios son muy diferentes a los nuestros. Como Dios nos conoce muy bien, siempre nos lleva por los caminos donde podemos necesitar de su ayuda y de su auxilio para que no nos olvidemos de cuán peligrosa es nuestra lucha y cuán incapaces somos, para que entendamos que no somos autosuficientes, y que lo necesitamos a él en cada trecho que andamos.

El pueblo marcha en búsqueda de la tierra prometida, una tierra desconocida para ellos. Esa es la idea, los hijos de Dios estamos en el mundo como errantes peregrinos porque nos dirigimos a la patria celestial, la Nueva Jerusalén, una ¨ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios¨ (Hebreos 11:10). En definitiva, ese es también el destino del pueblo de Israel, y hasta que no reconozcan a Cristo como el Mesías, no tendrán paz, y mucho menos podrán disfrutar de la tierra prometida. Los enemigos la rodearán y la sitiarán en un asedio constante hasta que clamen a Dios y reconozcan a su Cristo al que han rechazado.

Querido amigo, como el pueblo de Israel, no tendrás paz, ni garantía de una ciudadanía segura en la patria celestial, hasta que no reconozcas a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Vagarás como errante peregrino por el desierto de la vida sin encontrarle sentido a la existencia, hasta que te decidas regresar a Dios por el único camino que él ha señalado: Jesucristo. Jesús te dice: ¨Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan¨ (Mateo 7:13-14). Entra hoy, ahora.

domingo, 4 de enero de 2009

GÉNESIS: EL ORIGEN DE TODO



Génesis 1: 1
¨En el principio creó Dios los cielos y la tierra¨.

El Origen de todas las cosas se describe en el libro de Génesis. El detalle de los comienzos de la existencia tal como la conocemos, que se hace aquí, es materia de revelación. Ninguna persona humana lo hubiera podido deducir por su propio intelecto. O sea, que si Dios no lo hubiera dicho tal como se encuentra relatado en el Libro Sagrado, de ninguna forma el hombre lo habría podido ni siquiera sospechar.

Ninguno de los intentos del hombre por explicar el origen del mundo, de la vida y del universo ha podido superar en ninguna forma la simple narrativa bíblica. Ninguna de estas hipótesis o suposiciones tiene la certidumbre de las afirmaciones bíblicas. La razón es obvia, en la Biblia, habla el autor de todas las cosas. Pero cuando leemos los planteamientos o teorías de los hombres científicos, quienes hablan, son ellos mismos parte de la creación. Ellos no estuvieron presentes en el momento en que todo comenzó, pero Dios, el autor de la vida, naturalmente que sabe de lo que está hablando.

Yo le invito a creer, a tener fe para aceptar lo que Dios dice en su Palabra, esto traerá luz a su mente y paz a su corazón y le encaminará por la senda que conduce a la vida eterna.

Génesis viene de la palabra griega Γένεσις, que significa nacimiento, creación, origen o principio. Este es el libro que nos habla del principio de todas las cosas. Naturalmente que este principio y esta creación no incluyen a Dios de ninguna manera, pues Dios no tiene principio, ni tiene fin; más bien él es el principio y el fin de todas las cosas, el Alfa y la Omega según nos lo dice la Biblia misma en Apocalipsis 21:6.

Génesis nos habla del origen del mundo, de su creación, nos dice que Dios hizo el mundo, el universo. Nos habla de un orden en este proceso de creación que culmina con la creación del hombre. Este hombre es hecho responsable de toda la creación de Dios, o sea que el hombre es nombrado por Dios como mayordomo de toda la creación. Este privilegio le es dado al hombre por cuanto él es, de todas las criaturas de Dios, el único que fue hecho a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26, 27). Dios puso todas las cosas en las manos del hombre (Salmos 8:5-8).

Génesis nos habla también del origen del pecado en la vida del hombre (Génesis 3). De la manera como el hombre desobedeció a su Creador. Desde entonces la relación tan estrecha que había entre el hombre y Dios fue estropeada. Pero Dios tenía previsto un plan para redimir al hombre y devolverlo a la armonía con su Creador. En Génesis vemos como este pecado produjo una generación perversa que tuvo como consecuencia el exterminio de toda una civilización durante los días de Noé, lo que se conoce como el diluvio universal (Génesis 6-9).

Finalmente, Génesis nos habla del origen de un pueblo. Un pueblo que se inicia con el llamado de un hombre, Abraham, del cual saldría una familia, y de esta familia se formaría el pueblo hebreo, los judíos, a quienes Dios elegiría desde entonces para que fueran la luz de las naciones, un pueblo del que vendría el Mesías prometido, el Salvador del mundo, Jesucristo.

Ahora quiero que veamos la trascendencia de cada uno de estos orígenes.

I. El Origen del Mundo. Génesis 1, 2.

Después de hurgar en las culturas de la tierra, en las memorias de nuestros ancestros, sin ninguna oportunidad de poder tener acceso a la revelación Bíblica tal como la tenemos hoy, nos encontramos con la asombrosa similitud de los relatos creacionistas de los aborígenes, con lo que nos dice la Biblia.

Para un postulante de las diferentes teorías del origen del mundo, desde el punto de vista antropológico, esto sería pura superstición, y es claro que para ellos la Biblia forma parte de dicha superstición. El evolucionista rechaza el relato bíblico de plano, sin tomarse la molestia de investigar, y se atreve a decir que sus conclusiones al respecto son científicas, cuando a todas luces se ve su grave prejuicio.

Todas las teorías que tratan de dar una explicación al origen de la vida, están llenas de grandes vacíos, imposibles de llenar. Pero el científico hace un gran esfuerzo, infructuoso por cierto, en tratar de hacer encajar cada pieza en su lugar, tejiendo una serie de ¨historias¨ que se unen siempre con una famosa expresión: ¨apareció¨. Toda esta fraseología imprime a sus relatos una enorme nota de fantasía.

En un sentido llano, al leer el relato bíblico de la Creación del mundo y compararlo con las teorías humanistas acerca del mismo tema, uno puede darse cuenta de quién es el que está haciendo el cuento. O el autor de la Biblia estaba loco, creyendo que estaba hablando de hechos reales, o era un genio de la literatura universal, y es tan grande su ingenio, en el caso que sea un invento, que no ha podido ser superado su cuento. Pero resulta, que los cuentos que se nos quieren vender como ciencia, no se equiparan con la certidumbre con que la Biblia nos habla. Todo esto tiene una simple razón: Lo que la Biblia nos dice es la Verdad, es revelación, son las declaraciones del autor del mundo. Cuando leemos la Biblia estamos teniendo acceso a la voz de Dios, el Creador de todas las cosas.

Dios hizo el mundo en seis días. Yo no tengo problemas en aceptar esta afirmación, yo creo en Dios, y según la concepción de un Dios Todopoderoso, que es tan elemental en la Biblia, nada es imposible para Dios. En seis días de veinticuatro horas Dios hizo el mundo. Hizo el mundo con toda su madurez, de tal modo que los hombres con su ciencia pueden corroborar cuán completo es, al verificar antigüedad de millones de años en un proceso que duró horas.

Lo que a nosotros nos tomaría una inmensidad de tiempo, Dios lo puede hacer en un abrir y cerrar de ojos. Una mujer tiene que esperar nueve meses para que su criatura se forme en su vientre y luego pueda nacer y crecer para llegar a ser un adulto, pero Dios hizo a Adán en horas, y con la edad de un hombre maduro, estimamos que con una edad promedio de treinta años; lo hizo hombre cabal, hombre realizado, hombre capaz de desarrollar una vida completa. De esta misma forma hizo las demás cosas.

Y todas las cosas que Dios hizo, fueron hechas por causa del hombre. Dios formó primero el hábitat donde habría de colocar a su más insigne criatura. Todo lo que hay en la tierra, desde los ríos, el mar, las plantas y los animales, todo esto lo hizo Dios para favorecer a la corona de su creación: el hombre. Todo lo que hay en el universo: el sol, la luna, las estrellas, todo ello tiene el fin de poner a funcionar el mundo en el que el hombre ha de vivir. Todo el equilibrio de este vasto universo tiene la finalidad de hacer a la tierra un lugar donde se pueda vivir.

En ese mundo creado, y sostenido por Dios el hombre fue colocado. En el principio ese mundo era perfecto; y todo lo que había en él, incluyendo al hombre, no tenía ningún defecto, así lo expresa la Biblia cuando dice: ¨Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera¨ (Génesis 1:31).

Cuando Dios entregó el mundo en las manos del hombre, le señaló su oficio, le dio instrucciones y le estableció límites, le puso condiciones para el cuidado y uso de las cosas puestas debajo de sus pies (salmos 8: 6). Así que el hombre como un ser inteligente, conocía sus atribuciones y sus limitaciones. De esta manera el mundo tan maravilloso que Dios había creado ahora quedaba en manos del hombre, un ser capaz, un ser digno de confianza.

Todos nosotros hemos sido hechos al igual que Adán, a la imagen de Dios, tenemos la misma capacidad y la misma responsabilidad delante de nuestro Creador. No importa de dónde seamos, si tenemos cuerpo, alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5: 23), entonces somos seres humanos, diferentes de los animales, con una enorme distancia de diferencia. Es a nosotros, y no las demás criaturas, a quienes Dios les ha dado el privilegio de la mayordomía. Es a nosotros entonces a quienes se nos demandará, somos nosotros los que un día nos tendremos que presentar ante Dios para dar cuenta de cómo administramos nuestro tiempo, nuestras palabras, nuestras oportunidades, y en definitiva nuestras vidas.

¿Usted cree que está listo para presentarse ante su Creador para darle cuenta favorable de sus hechos? Si no es así, le pido que siga nuestra plática, y sabrá cómo resolver ese problema.

II. El Origen del Pecado. Génesis 3-11.

En realidad tenemos que hablar del origen del pecado en la raza humana, pues el pecado ya existía entre los ángeles que se rebelaron contra Dios. El pecado se define en la Biblia como ¨infracción de la ley¨ (1 Juan 3:4). El pecado es rebelión, desobediencia.

El asunto es que Dios es soberano, y toda criatura, por muy especial que haya sido hecha, estará siempre sujeta a quien la hizo. No es que sea difícil estar sometido a Dios, pues ¨Dios es amor¨ (1 Juan 4:8), y toda ley suya obedece a principios elementales que benefician y traen felicidad a toda su creación, sino que tanto los ángeles como los hombres, al ser seres inteligentes, tienen la facultad de decisión que no tienen las demás criaturas, y esa facultad, el hombre y los ángeles caídos la han usado de forma equivocada, en desmedro de la voluntad de Dios y en desmedro del bienestar de ellos mismos.

Cuando Satanás tomó la decisión de querer ser como Dios, y de pretender usurpar el trono celestial, se colocó por encima de sus atribuciones, y pretendió atrevidamente cosas imperdonables e imposibles (Isaías 14:14).

Cuando Eva fue abordada por Satanás, ella era consciente de su debida lealtad para con Dios y también era consciente de las consecuencias de cualquiera acto de desobediencia. Esas consecuencias eran trascendentes. Ella era consciente que cualquiera decisión que ella tomara ante las insinuaciones del enemigo, afectaría para siempre a todos sus congéneres. Ella como la madre de toda la humanidad era responsable de salvaguardar la integridad de la familia universal. No hay dudas de que sobre sus hombros, al igual que sobre su marido Adán, Dios había colocado una gran responsabilidad, pero ellos estaban en plena capacidad de enfrentar cualquier intento del enemigo de desconocer la voluntad de Dios. Dios los hizo perfectos, pero ellos se inventaron perversiones, producto de su capacidad e inteligencia humanas (Eclesiastés 7:29). Debiendo ser sabios según Dios, se hicieron sabios según sus propios razonamientos, que es lo mismo que ser necio (Proverbios 3:7).

Los elementos de esta historia de la caída del hombre en Génesis 3 tienen el propósito de enseñarnos cómo el hombre desoyó la verdad de Dios y prestó oídos a las mentiras de Satanás. Al hombre le parecieron más atractivos los engaños del enemigo que los cuidados del Padre amoroso. Esta decisión fue fatal para Adán y Eva y también para toda la humanidad, puesto que Dios había decretado cuál sería el destino de los que desobedecen (Génesis 2:17). Fueron echados del huerto hermoso que era su hogar, para vivir como errantes en la misma tierra que Dios hizo para ellos. El mundo tan maravillosamente hecho por Dios para ellos se convertiría en un lugar difícil por causa de su maldad, un mundo sujetado a maldición por la maldad del hombre (Génesis 3:17). Como nos dice el apóstol Pablo: ¨la creación fue sujetada a vanidad¨ (Romanos 8:20).

Adán y Eva vivieron en carne propia las negativas consecuencias del pecado, probaron el sabor amargo de la separación de su Creador, de las enfermedades, de la muerte. La maldición del fratricidio entró en el seno de su hogar cuando Caín mató a su hermano Abel. Y andando el tiempo, la raza humana se depravó de tal manera, que Dios, con el dolor de su corazón, destruyó a toda aquella civilización materialista y atea por medio del diluvio universal, salvando sólo a ocho personas, y protegiendo en el arca a selectivas especies de animales y bestias para la continuidad de la vida sobre la tierra (Génesis 6-8).

Y como si todo aquel cataclismo no fuera suficiente lección para los descendientes de Noé, los hombres se apartaron de nuevo de Dios, y fueron confundidos y esparcidos por el mundo en lo que se ha denominado como la torre de Babel (Génesis 11).

¿Te das cuenta cómo olvidamos tan rápidamente todo el cuidado amoroso de Dios y nos vamos tras nuestras propias ambiciones? Todo esto para nuestro perjuicio. ¿Piensas que hay una manera cómo podemos superar esta circunstancia en nuestra vida? Yo creo que sí, Dios tiene una manera para restablecer nuestra relación con él y devolvernos al paraíso, sólo él puede hacerlo, y te mostraré como lo ha hecho.

III. El Origen del Pueblo de Dios. Génesis 12-50.

El origen de la nación de Israel se remonta a los inicios de la vida misma, cuando el hombre pecó. En el mismo escenario donde el hombre desobedeció a Dios, allí Dios estableció una sentencia que marcó el destino de todo con una grande esperanza, la de un Salvador: ¨Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar¨ (Génesis 3:15). En esto se muestra el amor de Dios, nos dice Jesús en Juan 3:16 en su conversación con Nicodemo: En su firme propósito de darnos un Redentor. En Génesis 3:15, al pronunciar la sentencia a ¨la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás¨, como se le llama a Satanás enApocalipsis 20:2, Dios estableció el modo de salvar a la humanidad que ama tanto. Este versículo de Génesis 3:15 habla del fracaso de la mujer, que fue la primera que pecó, al hacer caso a las insinuaciones de nuestro enemigo, pero al mismo tiempo augura esperanza para la reivindicación de Eva y de todas las mujeres, al hacer a una mujer, la virgen María, la portadora del Emanuel, Dios con nosotros, la encarnación de Dios que habría de asestar un golpe mortal al diablo con la muerte de Jesús en la cruz.

Para que ese niño apareciera un día en este mundo como el ¨Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de paz¨ de Isaías 9:6, Dios llamó primeramente a un hombre. Un hombre que estaba muy ajeno a los designios de Dios, perdido en sus delitos y pecados en su cultura de muerte, sin esperanza alguna. Este hombre es Abraham, a quien Dios da instrucciones para salir de su tierra y de su parentela y dirigirse a un lugar que él no sabía. A este hombre le amaneció un día la luz, la verdad le fue revelada, hombre bienaventurado este que halló gracia ante los ojos de Dios. Por su pura gracia Dios le eligió y le marcó la senda que debía andar.

Y este hombre le creyó a Dios y obedientemente aceptó todos los propósitos que Dios tenía para con él. Dios busca corazones dispuestos a obedecerle y a seguir sus instrucciones. De este hombre, después de muchos tropiezos en el camino, porque no fue fácil para él serle fiel a Dios, como no será nunca fácil para nadie, en ninguna época, vio los resultados favorables, conforme a lo que Dios le había señalado que ocurriría con su familia. Su esposa Sara tuvo a Isaac después de ser estéril y una anciana de ochenta años, ¨porque nada hay imposible para Dios¨, como le dijo el ángel a María en la anunciación en Lucas 1:37).

En medio de grandes enfrentamientos en un mundo hostil a la voluntad de Dios, rodeado de grande maldad y perversión humanas, como lo muestra el episodio de Sodoma y Gomorra, dos ciudades por las que abogó delante de Dios, pero ya sin esperanza para ellos, y teniendo que enfrentarse a la gran prueba de fe a la que Dios le sometió con su hijo Isaac, finalmente Abraham logró de Dios el Oscar de la fe, pasó así al salón de la fama de los paladines de la fe, yendo a la cabeza como padre de la fe (Hebreos 11). Pero sería su nieto Jacob, el que daría inicio a la formación del pueblo de Dios.

Jacob, un hombre de malas mañas, tuvo una experiencia con Dios, y fue transformado en un hombre conforme al corazón de Dios. Hay esperanza para cualquier persona perdida que se arrepienta.

El nombre de Jacob, que significa ¨engañador¨, en su lucha con el ángel en Peniel, le fue cambiado por Israel, que significa ¨el que lucha con Dios¨ (Génesis 32: 28). Su atormentado pasado fue dejado atrás el día que se arrepintió, y hasta pudo hacer las paces con su hermano Esaú a quien, en contubernio con su madre Rebeca, había usurpado.

La historia del Génesis nos cuenta como Jacob llegó a tener doce hijos. De estos hijos se destaca la vida de José, el undécimo o penúltimo de los hijos de Jacob, hijo de su esposa Raquel, a la que él amaba. Toda la tragedia y bendición de esta familia gira en torno a este personaje místico y sobresaliente, cuya biografía es uno de los más notables clásicos de siempre.

José llegó a ser tan grande por la providencia de Dios, que llegó a ocupar el cargo de gobernador de Egipto, el imperio que dominaba el mundo en su tiempo. Dios transformó todas las desgracias de José en una bendición para su familia. El mismo afirma que el mal que sus hermanos le hicieron, Dios lo transformó en bien para salvar a mucho pueblo (Génesis 50:20). Así es cuando nuestras vidas están en las manos de Dios: ¨Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados." (Romanos 8:28).

Dios premió la integridad de José al permitirle convertirse en el protector de su familia y el impulsor de una nación que jugaría un papel decisivo en los designios de Dios. Fue en Egipto que esta familia se multiplicó en tan grande número que llegó a constituirse en un pueblo. De este pueblo nacería el Mesías, el Salvador del mundo. Es bueno decir aquí que José siempre ha sido considerado como un tipo de Cristo. El fue vendido por sus hermanos por veinte piezas de plata, Jesús fue vendido por uno de sus discípulos por treinta piezas de plata.

Aquí tenemos pues, el origen de un pueblo que tendría un destino asombroso en el escenario del mundo, colocado en el centro mismo del mapamundi, en medio de convulsiones políticas a través de las edades; esta nación es un signo de Dios para mostrar su poder y su grandeza.

Cuando vemos los comienzos de todas las cosas, tal y como se describen en el Génesis, nos damos cuenta que la historia sigue un curso lineal, que llevará al hombre necesariamente a una confrontación con su Creador. A pesar de la fuerza de lo fatal y lo fortuito, Dios hace que finalmente se cumplan sus propósitos y sus planes. Esto nos da la certeza de que el mundo no es resultado del azar, sino que está bajo el control de su Creador. Dios no sólo ha creado el mundo, sino que también lo sustenta.

Muy a pesar de las barbaridades a las que los seres humanos hemos sometido el Planeta, Dios dirige los acontecimientos hacia la meta que él ha trazado.

En el inicio de un nuevo año, y viendo el panorama del mundo que no es muy halagador, lo mejor que podemos hacer es encomendarnos al Creador, y apropiarnos de la salvación que nos ofrece en Cristo, antes que llegue el día en que nos tengamos que presentar ante él para dar cuenta.

Leandro González

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 4 de enero de 2009.

sábado, 13 de diciembre de 2008

LA NAVIDAD

Cuando hablamos de la Navidad estamos hablando de Jesús. No se puede desligar la celebración de la Navidad de la persona de Jesús, porque Navidad es el nacimiento de Jesús. Navidad es natividad, del latín nativitas, que significa nacimiento. Aquí es el nacimiento de Jesús. La Navidad en sí es un tema netamente bíblico, aunque la palabra misma Navidad, no se encuentra en el vocabulario bíblico.

La Navidad habla de prodigios, de milagros, del gran milagro de la concepción virginal de Jesús. Habla de ángeles, de una estrella que sirvió de guía a los magos. Habla de salvación portentosa de ese niño de las fauces del enemigo. La Navidad habla del obrar divino, de la mano de Dios evidente en cada uno de los hechos que rodearon el nacimiento de Jesús aquella noche en Belén.

Más importante que la fecha en que nació Jesús es el hecho de que nació, no importa que no haya acuerdos en cuanto al año, o el mes, o el día en que esto ocurrió, lo importante es que Jesús sí nació, que el rey de los judíos, el Mesías prometido, el Salvador del mundo abrió sus ojos en un humilde establo de una ciudad también insignificante hasta ese momento, Belén de Judea, tal y como se había profetizado que sucedería. Los hechos políticos de entonces provocaron que esto sucediera así al decretar el emperador romano de entonces Augusto César, un censo general.

La aparición de Jesús en la historia de la humanidad ha hecho que la cronología se divida entre antes y después de Jesús. De este modo el mundo puede ver, que tal como lo vemos en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, Jesús es el centro de la historia. El apóstol Juan en su evangelio de Jesús tiene la gran encomienda departe de Dios de mostrar precisamente eso, que Jesús es la razón de ser de todas las cosas. Así lo dice en su primer capítulo cuando lo presenta como el Creador del Universo y autor de la vida. Jesús es el protagonista de la historia. O sea, que la historia, la existencia, no tendría sentido sin la persona de Jesús.

La Navidad es pues, un tema trascendental que estará en este mundo siempre como un tema de actualidad. Aunque hace más de dos mil años que esto ocurrió, su influencia en el mundo es algo imposible de ignorar. Es increíble como un hecho tan simple como el nacimiento de un niño puede hacer que el mundo entero se involucre en su celebración. Y la razón de esto es que ese niño que nació en Israel no era un niño común y corriente. Noten que aún siendo de familia tan pobre, su nacimiento despertó el interés de figuras importantes de la época, como los sabios del oriente, y el interés perverso del rey Herodes que tenía la intención de asesinarle. Es que ese niño era la encarnación de Dios mismo, el Emanuel, Dios con nosotros. Dios se había metido en pellejo humano para venir a estar con nosotros y solucionarnos el grave problema del pecado.

La Navidad es entonces tiempo de paz, tiempo de reconciliación de la humanidad con su Creador. ¨Paz en la tierra¨ dijeron los ángeles a los pastores en aquella noche llena de luces celestiales y de coros angelicales, una noche inolvidable.


Aunque Jesús no dio instrucciones para celebrar la Navidad, tradicionalmente se ha celebrado la misma como una forma de recordar el día en que nació en Belén el Salvador del mundo. Navidad es el natalicio de Jesús como ya hemos dicho. Aunque en realidad lo más importante en la vida de Jesús fueron los acontecimientos que rodearon su muerte, puesto que su misión era salvar al mundo por medio de entregar su vida. Cuando fue presentado por sus padres en el templo, al octavo día de haber nacido, el anciano Simeón dijo a su madre María: ¨He aquí este niño está puesto para levantamiento de muchos en Israel, y para señal que será contradicha (y una espada traspasará tu misma alma), para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones¨ (Lucas 2: 34,35). El sabio Salomón decía que es ¨mejor el día de la muerte que el día del nacimiento¨ (Eclesiastés 7: 1). Aunque estas palabras están cargadas de un amargo pesimismo, es una verdad incuestionable, puesto que la muerte delimita el historial de una persona, y fija la memoria de lo que hizo en vida, destacándose los acontecimientos de sus últimos días de existencia. Y los últimos días de la vida terrenal de Jesús fueron sin duda los más importantes. Pese a todo esto, la Navidad es y seguirá siendo un acontecimiento impresionante para recordar el nacimiento de Jesús.

En la Navidad las iglesias se engalanan con la presentación de programas especiales, y esta es una de las actividades más creativas de este tiempo. Los dramas y las cantatas de mucha tradición relacionados con los relatos bíblicos han ayudado en el cultivo del arte y la cultura y en el desarrollo de la creatividad en niños, jóvenes y adultos. Además la Navidad ha sido el tema obligado de grandes artistas de la pintura al través del tiempo; de estas, las que representan la adoración de los pastores y de los magos son las más famosas, y artistas como Sandro Botticcelli son sus más fieles exponentes. Creo que la Navidad nos debe seguir reuniendo para recordar al Mesías en todo su esplendor.

Hoy existe interés en algunos, de hacer desaparecer del escenario la celebración de la Navidad, y se oponen a ello con mucha vehemencia, alegando que es una fiesta religiosa impuesta, pero en cambio están de acuerdo con la celebración y la imposición de Halloween. Esto ha llegado a tal grado que, algunas tiendas en Estados Unidos y otras partes del mundo en tiempos de Navidad comercializan bajo el nombre de santas fiestas, sin mencionar la palabra Navidad. Todo esto tiene el único propósito de querer hacer desaparecer la celebración de la tradicional fiesta de la Navidad, y esto revela una sola cosa: están en contra de la Biblia, en contra de Dios, en contra de Jesucristo y en contra de todo lo que se llame cristianismo, y no lo disimulan ni siquiera. Es una guerra declarada del hombre posmoderno relativista contra la verdad bíblica.

Pero no crea que todo es fiesta en la celebración de la Navidad. Existen peligros en la celebración del natalicio de Jesús. Uno de ellos es un peligro teológico, como lo es el culto a la niñez de Jesús, como es el caso del conocido ¨divino niño¨. Jesús no debe ser adorado como niño, y no se debe hacer imágenes para adorar que representen a Jesús en ninguna de sus etapas de vida, puesto que la Biblia nos da mandamientos respecto de no hacer imágenes de Dios, lo cual es idolatría. Jesús fue un niño, pero hoy él es un adulto en la presencia de la Majestad en el trono celestial, es el Dios hombre al que esperamos viniendo en las nubes. Tal y como ascendió un día ante los ojos atónitos de sus discípulos, así le veremos volviendo a nosotros, como explicaron los ángeles en Hechos 1:11.

Otro peligro es confundir la época de la Navidad con las celebraciones paganas de las gentes. En este tiempo hay un gran incremento del alcoholismo, y la gula provoca graves trastornos orgánicos que pueden degenerar en la muerte de los individuos que se entregan al desenfreno. Esto no tiene nada que ver con la noche apacible y serena en que nació el Redentor de la humanidad.

También se debe mencionar el gran consumismo que se registra en esta época, cosa esta que provoca en muchas personas una fatal impotencia al no poder competir en esta loca carrera de comprar cosas. Y para los que entran en la competencia, cuando pasa el mes de diciembre y llega el mes de enero, es que se dan cuenta de las malas decisiones que tomaron, pero ya es demasiado tarde. No se deje impresionar, gaste sólo lo que puede gastar, y no tendrá cargos de conciencia, ni deudas que no puede pagar en el mes de enero.

Una tragedia que se registra en tiempos de Navidad son los suicidios o intentos de los mismos provocados por la melancolía y la tristeza que producen ciertas frustraciones individuales, relacionadas de alguna manera con el mes de diciembre, a esto se le ha llamado, depresión navideña. Como es un tiempo de reunión familiar, muchos se dejan llevar de la nostalgia que les produce la pérdida de seres queridos que no estarán alredor de la mesa. Esto tiene sentido, pero se debe buscar el auxilio del Señor para superar esta circunstancia, y si es necesario se debe buscar la ayuda profesional, porque este es un mal que tiene cura. La reunión familiar de la nochebuena, víspera de la Navidad, hace que muchos se encuentren en una noche feliz después de haber estado separados durante todo un año. Así, como se hace en el día de Acción de Gracias, esta debe ser una oportunidad para darle gracias a Dios por todo lo bueno que ha sido con nosotros durante todo el año, y regocijarnos con los que están presentes.

Finalmente, hablaremos de los peligrosos fuegos artificiales que proliferan en la Navidad, y de las famosas balas perdidas que provocan la invalidez y la muerte estúpida de niños y personas inocentes. A mí me encantan los fuegos artificiales, y más para celebrar la Navidad, que es tiempo de luz, pero estos artefactos explosivos deben ser manipulados por personas expertas, y no por particulares. Es lamentable que en una época de regocijo familiar un niño, joven o adulto sea cegado, o pierda una de sus extremidades, o sea desfigurado o se provoque la muerte por imprudencia. Gracias a Dios que se legisla en este sentido para evitar este tipo de incidentes, pero esperamos que se cumpla la ley. Por otro lado, ya estamos cansados de ver y oír las fatales noticias de las balas perdidas. El periodista Huchi Lora les llama a esta clase de individuos que no se pueden contener cuando tienen un arma en su poder, ¨revolbuses¨, y él define a estos individuos irresponsables como faltos de una auto estima sana; o sea que, su complejo de inferioridad los hace pensar ignorantemente que son más hombres cuando tienen un arma. La ciudadanía debe vigilar a estos criminales e identificarlos cuando exhiben sus gatillos alegres. Contra este mal se debe aplicar medicina preventiva para evitar que más personas sean víctimas de estos desaprensivos. La Navidad no tiene nada que ver con el actuar sin miramientos.

Ahora hablemos de cosas agradables relacionadas con la Navidad. Los colores rojos, verdes, dorados y plateados son los típicos de la Navidad. Yo en lo particular siempre recuerdo de la Navidad cuando era niño, los papelitos de colores de los dulces y las golosinas, el olor de las manzanas, que sólo se veían en esa época del año, así como el sabor de las pasas y el dulce de las uvas maduras, y los juguetes, que podían hacernos muy felices, cuando al amanecer buscábamos debajo de la cama. Todo esto nos trae recuerdos inolvidables.

Con respecto a la Navidad debemos hablar de un villancico que la identifica universalmente, nos referimos a la canción Noche de Paz. El origen de esta significativa melodía se remonta al año de 1818, cuando el sacerdote austríaco Joseph Mohr, preocupado porque el órgano de su iglesia se había dañado, pidió al músico Franz Xavier Gruber que le pusiera música a unas letras que había compuesto unos dos años antes, en 1816, para que el coro pudiera cantar acompañado de guitarra. Esta es una canción muy tierna, que habla de la noche más linda de la historia, la noche en que nació el Salvador. Contrario a muchas piezas musicales que se escuchan en Navidad, que no tienen nada que ver con la Navidad en sí, sino solamente con lo que es el folklore, canciones como Noche de Paz, son las que definen verdaderamente el espíritu de la Navidad. Ojalá que seamos fieles al contenido de los hechos que narra la Biblia al celebrar la Navidad.

Para finalizar, diremos que una cosa muy importante en la Navidad es que a Jesús le trajeron regalos unos hombres sabios que vinieron del Oriente. Los magos ofrecieron a este pequeño niño sus tesoros: oro, incienso y mirra. Y hay un tesoro que cada persona tiene que entregarle al Señor, ese tesoro es nuestro corazón. Estos hombres le entregaron esos tesoros al niño Dios porque ya le habían entregado sus corazones. Si todavía no le has entregado el regalo de tu corazón a Jesús, la Navidad seguirá siendo una fiesta como todas para ti. Si haces una oración como esta: Señor Dios, reconozco que soy pecador (a) y que necesito ser salvo (a), yo creo de todo mi corazón que Jesucristo vino a este mundo, que murió en una cruz, que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, cumpliendo así toda profecía, lo creo de todo mi corazón, y te entrego mi vida hoy en respuesta a lo que Jesús hizo por mí. En el nombre de Jesús, Amén. Si haces esta oración sinceramente, creyendo cada palabra, entonces eres salvo (a). Una vez que lo hagas, debes unirte a una iglesia evangélica donde puedas vivir el espíritu cristiano bíblico en buena relación con Dios y con tus hermanos en la fe. Toda esta experiencia te llevará a celebrar una verdadera Navidad, porque Jesús habrá entrado en tu vida para hacerte nacer de nuevo. Dios te bendiga y ¡Feliz Navidad!

domingo, 2 de noviembre de 2008

EL DIOS VERDADERO

Deuteronomio 6:4; Isaías 40:28 

Para el escritor de la Biblia el conocimiento de la existencia de Dios es un conocimiento elemental. Note como dice la Nueva Versión Internacional en Isaías 40: 28: ¨¿Acaso no lo sabes? ¿Acaso no te has enterado? El Señor es el Dios eterno, creador de los confines de la tierra¨.
Por eso es una cosa imperdonable que algo tan esencial no se le enseñe a los hijos. En Deuteronomio 6: 4-6 el mandamiento a los padres es inculcar esta verdad en sus hijos con todo el empeño posible.

El descuido de esta enseñanza es una de las cosas que ha creado una civilización atea y materialista que ha dado como resultado una cultura violenta, insensible e inmisericorde.

Basados en esta preocupación, hay tres elementos que consideraremos a la luz de estos dos versículos bíblicos: Deuteronomio 6: 4 e Isaías 40: 28 bajo el tema: El Dios Verdadero.

I.- El Dios verdadero es uno solo. Deut. 6: 4
Para el judío devoto este pasaje de Deuteronomio 6: 4-9 constituye lo que ellos llaman el Shema o parte principal de su fe. Shema se refiere a la primera palabra con que comienza esta oración de llamado a la adoración: ¨Oye¨. Esta es la parte principal de toda su fe: La creencia en un solo y único Dios, en torno a la cual gira toda su vida desde el nacimiento mismo, hasta la hora de la muerte.

Si Dios existe, tiene que ser uno solo. No puede haber más que uno que sea el Dios verdadero. Así como la verdad es una sola, Dios es uno solo, y esta es una verdad absoluta.

La creencia en la trinidad como a todas luces se ve en el Nuevo Testamento no plantea la existencia de tres dioses, sino que el único Dios se manifiesta en tres personas. Esto habla de la personalidad de Dios, no de tres dioses. Estamos hablando de un Dios que es verdaderamente complejo. No es fácil para la mente humana concebir el misterio de la trinidad. Si Dios fuera fácil de explicar entonces no sería Dios, y mucho menos podrá ser definido por seres pecadores como nosotros, siendo él un Dios Santo.

La verdad de que Dios es uno solo hace a Dios único y exclusivo. No hay otro dios, ni otros dioses. Por eso la Biblia prohíbe categóricamente la adoración a otros dioses, y claramente plantea que lo que los hombres adoran como dioses, no lo son. Cuando un hombre hace un dios a su semejanza, lo que está demostrando es su intención de querer ser él mismo un dios, porque hace a un dios que él puede manejar.

Los ídolos son definidos en la Biblia como un intento miserable del hombre de suplantar a un Dios insustituible. La descripción que en la Biblia se hace de los ídolos es que son mudos, sordos, ciegos, discapacitados, inmóviles, insensibles, sin ningún valor en sí mismos y que los que los hacen y los adoran están en la misma situación (Lea el Salmo 115).

La enseñanza de un solo Dios es una doctrina cardinal en toda la Biblia. Es una doctrina básica tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento. Note este versículo: ¨Porque hay un Solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres; Jesucristo hombre" (1 Tim. 2:5).

El nombre propio de Dios es Jehová, que significa: ¨Yo Soy el que Soy¨ (Exodo 3: 132-14). Entonces Jesucristo es el Yo Soy del Nuevo Testamento. La perfecta manifestación de Jesucristo como la imagen misma de la sustancia de Dios (Hebreos 1:1-3) fue evidenciada de muchas formas durante la vida terrenal de nuestro Señor, pero la mayor muestra de su unidad con el Padre se puede ver en sus categóricas afirmaciones donde utiliza la construcción gramatical ¨Yo Soy¨ en sus múltiples alocuciones en el evangelio de Juan.

Así que, Jesucristo es el mismo Dios hecho hombre, que es el misterio de la encarnación. El apóstol Pablo lo dice de la siguiente manera: ¨aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús¨ (Tito 2:13).

Cuando Jesús dijo a la mujer samaritana que la salvación viene de los judíos en Juan 4:22, se estaba refiriendo a él mismo como el único camino al Padre de Juan 14: 6 donde él dice: "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí.”. Es por eso que para ser salvo, una persona necesita recibir a Jesucristo, creer en él para poder tener acceso al verdadero Dios.

Jesucristo constituye el único camino a Dios, y en este sentido todas las demás religiones son invalidadas. Si hay un único camino para ir a un lugar, cualquiera otra forma que se quiera intentar para llegar allí, será infructuosa. Es por eso que cada persona necesita confesar a Jesucristo para poder ser salvo.

II.- El Dios verdadero es eterno. Isías 40:28
¿Quién hizo a Dios? Esta es una pregunta que muchos hacen. Naturalmente que quien hace esta pregunta claramente demuestra su gran ignorancia acerca de Dios. Porque la eternidad de Dios plantea que no tiene principio, ni tiene fin; y al mismo tiempo también plantea la verdad de que él es el principio y el fin de todas las cosas, y estas son dos cosas muy diferentes.

Si es Dios, él siempre ha sido y siempre será y al mismo tiempo es, la causa de todas las cosas que existen, y además, todas las cosas encuentran sentido sólo en él. Por eso nos dice la Biblia que ¨sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho¨ (Juan 1:3). Aquí Juan habla de Jesús como el verbo de Dios que hizo todas las cosas, o sea, que Jesucristo es preexistente, que antes de nacer de la virgen María, él ya era (Juan 1:1.3) y que es el Creador de todas las cosas, y por ende él es eterno.

Un atributo derivado de la eternidad de Dios es su inmutabilidad, o sea, que no cambia, que siempre ha sido el mismo y será el mismo. Por ejemplo, no envejece como nosotros los humanos, y siempre mantiene su carácter y todas sus cualidades de forma invariable.

Esto es lo que nos dice la Biblia acerca de Jesucristo: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8). Porque Dios es el único que tiene esta capacidad, Jesucristo es el mismo Dios que no cambia: ¨Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. (Malaquías 3:6).

En Jesucristo, el Eterno se ha limitado al tiempo y al espacio en la encarnación, por amor a la humanidad, según nos lo enseña Filipenses 2: 1-11. Jesucristo es el Dios eterno que se ha hecho tangible, accesible al hombre. Para que el hombre finito pudiera llegar al Dios infinito, Dios ha llegado al hombre en la persona de Jesucristo. Así que, el hombre no tiene alternativa, sino una sola e imperativa salida: Jesucristo, en el que debe creer para poder ser salvo.

III.- El Dios verdadero debe ser amado sin reservas. Deut. 6: 5
Cuando el hombre no conoce al Dios verdadero, ama a sus ídolos por encima de todas las cosas, y pone todo su corazón en ello. Cuando una persona ama su dinero, por ejemplo, éste se convierte en su dios, y es allí mismo donde está su corazón: ¨Porque donde esté vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón¨ (Lucas 12:34). El tesoro representa lo más valioso, lo más amado.

Es por esto que la Biblia enseña que Dios debe ser el centro de nuestra vida. El pecado del hombre es y ha sido el egocentrismo, pretender que todo gire en torno suyo, cuando todo debe girar en torno a Dios, teocentrismo, que es lo correcto, porque Dios fue que nos hizo, ¨no nosotros a nosotros mismos¨ (Salmo 100:3). Así que todo el esfuerzo que se ponía en otra cosa que se consideraba como dios (antes de conocer la verdad), con mucha más razón se debe poner en el Dios verdadero.

La Biblia nos dice que debemos amar a Dios de todo corazón, de forma sincera, de verdad. A Dios no lo podemos engañar, él no es un ídolo inconsciente, él es el Dios verdadero que todo lo ve, y que escudriña los corazones. El se da cuenta cuando sólo lo adoramos de labios, y es algo que él aborrece.

Debemos amar a Dios de toda nuestra alma. Alma es psiquis, la mente, así que debemos tener la mente clara y precisa puesta en Dios, no en otra cosa. Esto significa que debemos estar atentos a lo que él demanda, vivir de acuerdo a la ética que él nos ha trazado. Nuestro intelecto debe ser consciente de la adoración que damos a Dios. Nuestro culto a Dios debe ser un culto intelectual, no meramente emotivo, que dependa sólo de la experiencia o de los sentimientos, pues los sentimientos nos pueden engañar.

Amar a Dios de corazón y de alma es un ejercicio interior, algo que enriquecerá nuestra vida espiritual y nos preparará para usar toda nuestra fuerza y energía en cosas que glorifiquen su nombre. Así que, debemos amar a Dios también con toda nuestra fuerza, o sea, con todo nuestro vigor. Por eso se ordena a los padres inculcar la verdad del único Dios verdadero a los niños, para que desde la niñez, y pasando por la juventud, la adultez y luego al llegar a la vejez, el hombre sea consciente de su adoración al único Dios verdadero.

Todos debemos amar a Dios en todo tiempo y circunstancia, con nuestras emociones, con nuestra mente, y con nuestro cuerpo (en todo lo que hacemos), esta es la adoración integral que Dios demanda.

Nuestro Señor Jesucristo nos dio la pauta perfecta para mostrar el verdadero amor a Dios, al que no podemos ver, al agregar al gran mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas, el amar al prójimo como a nosotros mismos (Mateo 22: 37-39). En la práctica de amar al prójimo es que se muestra, según el apóstol Juan, nuestro verdadero amor a Dios: ¨Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?¨ (I Juan 4: 20).

El verdadero Dios demanda un estilo de vida muy especial. El verdadero Dios es siempre el mismo, no cambia, por eso te ofrece su perdón y te llama para que hagas la paz con él. Es crucial hacer la paz con Dios, porque él es el único Dios y no hay otro con el que puedas negociar. En Isaías 1:18 dice: ¨Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana".

Jesucristo te dice: ¨Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera¨ (Mateo 11: 28-30, La Biblia de las Américas).

Leandro González / Mao, Noviembre 1 2008.