domingo, 1 de agosto de 2010

LA COOPERACION ENTRE IGLESIAS HERMANAS

2 Corintios 8: 1-7.


“Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia”.

Es saludable que cada iglesia local mantenga una buena relación con otras iglesias hermanas. Para esto se han constituido asociaciones de iglesias dentro de una misma localidad, o dentro de una misma región o de manera nacional. Cuando la asociación reúne a todas las iglesias del país, por lo general recibe el nombre de convención o conferencia, como por ejemplo, la Convención Bautista del Sur en los Estados Unidos.

En términos teológicos esta relación entre iglesias de una misma denominación recibe el nombre de colegialismo o conciliarismo, es como una especie de compañerismo conciliar, que bíblicamente se debe dar siempre entre iglesias. En el caso de haber algún concilio de pastores o de líderes, es necesario que este sea con motivos temporales, como por ejemplo, cuando se conforma un concilio para la ordenación de un compañero de ministerio dentro de una misma asociación de iglesias; pero esto se hace siempre por mandato de la iglesia responsable y bajo los términos de una asamblea.

Las convenciones o conferencias no deben ejercer autoridad sobre las iglesias, sino que lo bíblico y lo deseable es que cada iglesia se rija con un sentido autónomo, o por decirlo de otra manera, de forma independiente. Es necesario que cada iglesia local tenga su propio gobierno, como ya hemos reiterado cuando hablamos acerca del tema de la iglesia. Una idea que hemos expresado anteriormente, y que es necesario que la compartamos aquí es que, aunque ciertos movimientos ecuménicos pudieran tener propósitos loables, la verdad es que la idea de una sola iglesia universal es utópica en términos humanos y no es una idea bíblica. Sólo Jesucristo puede ser la cabeza de la iglesia. Así que el sentido de que exista una sola iglesia gobernada por un concilio único, no entra dentro de la estructura bíblica. Cualquier esfuerzo en el sentido de una iglesia cristiana única y universal en el contexto del mundo actual, siempre estará viciado de intereses que entrarán en conflicto con el espíritu bíblico en esta materia.

Todo acto de cooperación entre las iglesias tiene que ser voluntario y se debe llevar a cabo sólo para mantener un vínculo de amistad en el que podamos unir esfuerzos para cumplir con la gran comisión, para la obra misionera en sentido general. En esta cooperación o colegiación están involucrados recursos económicos, recursos humanos, recursos intelectuales y recursos espirituales. Se puede decir que esta es una cooperación integral que aglutina de manera general a todas las entidades que funcionan dentro de una iglesia. Porque estas asociaciones funcionan por lo general como vehículos que facilitan el desarrollo de instituciones que fortalecen el trabajo local.

En el ámbito intelectual, estas asociaciones son responsables de la formación y sostenimiento de seminarios, en donde son instruidos y adiestrados los obreros cristianos que desarrollan su trabajo en las iglesias y que participan en agencias evangelizadoras misioneras tanto nacionales como internacionales. Estas asociaciones aglutinan los diferentes grupos sociales que funcionan dentro de las iglesias, nos referimos a los grupos de damas, de varones, de jóvenes, de niños, etc. Para lograr fortalecer a los grupos indicados, estas asociaciones organizan eventos como talleres, campañas evangelísticas, campamentos, etc.

Una cosa que ha constituido un vínculo muy efectivo y estratégico para las iglesias, y que ha sido un gran aporte de las convenciones, es la obtención de grandes expansiones de terrenos para convertirlos en campamentos donde se realizan cada año diferentes actividades enriquecedoras para las familias de las iglesias. Allí se realizan retiros espirituales, eventos de todo tipo, y reuniones de negocios de la asamblea nacional, que por lo general se celebra cada año.

Como venimos diciendo, la cooperación entre las iglesias hermanas es altamente saludable para todos. Fijémonos en estos tres postulados en este sentido:

1.- La Cooperación Entre Iglesias Hermanas Afianza la Hermandad Cristiana.

Desde el principio de la iglesia en el Nuevo Testamento vemos que el hecho de tener algún tipo de organización que de alguna manera reúna a todas las iglesias es algo pertinente. Cuando surgieron algunos inconvenientes entre los creyentes judíos y los creyentes gentiles, los apóstoles convocaron un concilio para tratar este asunto tan delicado. En esta reunión se llegaron a algunas conclusiones que fueron compartidas con todas las iglesias, para beneficio de la obra en sentido general. Fueron recomendaciones que procuraban solucionar el conflicto surgido en ese momento: “Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud. Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15:22-29).

Podemos darnos cuenta que este no fue un concilio permanente, sino circunstancial, creado para solucionar un problema temporal, y que todas las iglesias tomaron participación en el mismo de igual forma, donde los apóstoles no impusieron su criterio particular, sino que se llegó a un consenso general, con la opinión de todos los presentes, naturalmente guiados por el Espíritu Santo. Esto no significa que no hubiese allí discusiones acaloradas, como ocurre muchas veces en nuestras asambleas por motivos de diferencias de criterios, pero allí se llegó en fin de cuentas a una decisión, que fue el producto de una deliberación libre y abierta. De esta forma se despojaba a los hermanos gentiles de una carga a la que los cristianos judaizantes les querían someter sin necesidad. Este es uno de los beneficios de la cooperación y de la hermandad entre las iglesias. Cuando surgen situaciones de esta naturaleza, es vital contar con el concurso de las iglesias hermanas y con el liderazgo nacional. Aunque muchos continuaron después de esta determinación con sus diferencias, en sentido general, este concilio debilitó esta corriente perniciosa dentro de la iglesia primitiva. Esta corriente divisionista fue despojada de toda autoridad por mandato de una deliberación consensuada de todas las iglesias. De esta manera se afianzó la hermandad entre las iglesias en sentido general.

Otra manera como vemos la importancia de la cooperación a favor de la hermandad entre las iglesias, es en el ejemplo que encontramos en el Nuevo Testamento de la ofrenda promocionada por el apóstol Pablo en favor de la iglesia de Jerusalén: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo” (I Corintios 16:1-4).

Este tipo de colaboración en la iglesia primitiva despertó tal interés por la solidaridad y el amor cristianos entre las iglesias, que tenemos ejemplos maravillosos como el de la iglesia de macedonia que es resaltado y puesto como ejemplo por el apóstol Pablo a los hermanos de la iglesia de Corinto: “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios” (2 Corintios 8:1-5).

Los beneficios y el apoyo en todo sentido, recibidos por las iglesias departe de misioneros y de otras iglesias hermanas al través del tiempo, ha sido un gran aporte para el avance del evangelio en el mundo, y ha servido de gran estímulo para que muchos hombres y mujeres de Dios puedan ejercer el llamado al ministerio. Lamentablemente, con la excusa de eliminar de las iglesias y de las convenciones el llamado “paternalismo”, se ha matado en cierta forma ese espíritu de cooperación tan hermoso que por muchos años ha dado sentido al compañerismo cristiano en el mundo. Aunque estamos de acuerdo que cada iglesia procure su autogestión, cosa esta que ayuda bastante en la madurez y permanencia de una congregación, no menos cierto es, que la iglesia en sentido general, es como una familia en donde sus componentes dependen mucho el uno del otro para su sostenimiento y permanencia, tanto en sentido emocional, espiritual como material. La realidad es que somos una familia, y como tal debemos siempre mantenernos en unidad. Esto me recuerda lo que el Señor expresara en su última oración en favor de sus discípulos, favor de su iglesia: “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:20-23). Y es clásico el mandamiento del Señor en el sentido de amarnos los unos a los otros como una demostración de pertenecer al Señor: “ Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34,35).

2.- La Cooperación Entre Iglesias Hermanas Facilita la Obra Misionera.

Esto tiene que ver con las misiones nacionales y las misiones mundiales. ¿Usted sabía que la cooperación o colaboración económica que una iglesia aporta a la asociación de la que es miembro, participa a la vez de un organismo mundial que reúne a todas las iglesias, a donde van a parar parte de estos recursos, y de esta manera nuestros diezmos entregados en la iglesia local forman parte de una cadena que llega al mundo entero? Esto no significa que por esta causa una iglesia local no pueda o no deba enviar misioneros a otra parte del mundo, pues siempre que una iglesia tenga una visión como esta, tiene el deber de cumplir con esta inquietud, toda vez que cuente con los recursos para hacerlo.

La colaboración entre iglesias hermanas, hace más viable el cumplimiento de la gran comisión de hacer discípulos a todas las naciones (Mateo 28:19,20; Marcos 16: 15,16). De esta manera, adonde nuestra iglesia no puede ir, una agencia misionera sí puede alcanzar a grupos de personas dentro o fuera de nuestra cultura. Es por esto que debemos siempre apoyar los programas que procuran recaudar fondos para las misiones, tanto nacionales como mundiales.

El poder para el avance del evangelio viene de Dios en su Espíritu Santo, como nos dice el Señor Jesús en Hechos 1:8: “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Pero son precisamente los que han recibido el Espíritu Santo los que estamos llamados a poner alma, vida y corazón para que el evangelio llegue hasta lo último de la tierra.

3.- La Cooperación Entre Iglesias Hermanas No Impide Que las Iglesias Se Relacionen con Iglesias de Otras Denominaciones.

Para esto ha de tomarse en cuenta que estas iglesias compartan nuestros mismos criterios de fe en lo que es esencial, siempre según la Biblia, nunca según los criterios de alguna persona o iglesia. Por ejemplo, no es posible que podamos tener comunión con una iglesia mormona o con los llamados Testigos de Jehová.

En este sentido existen organizaciones mundiales que están encaminadas en la búsqueda de una unidad eclesiástica, como es el Concilio Mundial de Iglesias, el cual está inspirado en una aspiración del Movimiento Ecuménico de alcance global. Muchos encuentros y pactos se han logrado, como el famoso Pacto de Lausana, que se llevó a cabo en Lausana, Suiza en julio de 1974, bajo el liderazgo del evangelista Billy Graham, que entre otras cosas dice: “Creemos que el Evangelio es la buena nueva de Dios para todo el mundo, y por Su gracia, estamos decididos a obedecer la comisión de Cristo, de proclamarla a toda la humanidad, y hacer discípulos de todas las naciones. Deseamos, por lo tanto, afirmar nuestra fe y nuestra resolución y hacer público nuestro pacto”. Este pacto está constituido por quince (15) resoluciones que van desde el propósito perfecto de Dios, la autoridad de las Sagrada Escrituras, hasta los conceptos más importantes de la segunda venida de Cristo. Pero estamos seguros que pese a toda la buena intención que pudieran tener estos movimientos, será solamente cuando el Señor Jesucristo venga que se logrará tal cosa como una sola y única iglesia.

Mientras tanto podemos relacionarnos unos con otros en aquellas cosas que nos unen, y dejar de lado aquellas controversias que no sean relevantes, de tal forma que podamos desarrollar una relación pragmática, que procure sobre todo, la expansión del evangelio en todo el mundo.

Leandro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 1 de agosto de 2010.

domingo, 25 de julio de 2010

LA MAYORDOMIA BIBLICA

Salmos 24:1,2.


“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares. Y la afirmó sobre los ríos”.

    Con frecuencia escuchamos decir que podemos hacer uso de los recursos naturales, como el sol, por ejemplo, porque “el sol no pasa factura”. Cuando las gentes dicen esto, por lo general no se percatan de la verdad tan grande que están diciendo. ¿Se imagina usted qué sucedería si Dios nos pasara factura por cada uno de los bienes que usamos de la naturaleza que él creó? Ni toda la fortuna del mundo bastaría para pagar un solo rayo de sol. Ni toda la fortuna del mundo bastaría para pagar una sola gota de agua. Toda la fortuna del mundo sería insuficiente para proporcionarnos un solo átomo de oxígeno natural. Porque no tenemos con qué producir o pagarnos ese lujo, Dios nos lo da todo de gracia. La providencia divina es la que nos sostiene en este mundo, y eso es algo elemental como principio de mayordomía. 

     No sólo somos criaturas de Dios, sino que vivimos, y nos movemos y somos por su benevolencia y voluntad; sin ese beneplácito del Padre Celestial, al instante dejaríamos de ser. El apóstol Pablo ya lo decía a los epicúreos y a los estoicos en el areópago, allá en Atenas, hace cerca de dos mil años: “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (Hechos 17:28). 

     El diccionario define la palabra “mayordomo” como el criado principal de una casa o hacienda. ¿Se acuerda de José?, él era mayordomo en la casa de Potifar, allá en Egipto: “Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía” (Génesis 39:4). 

     La historia bíblica del Génesis nos da claros indicios de que José sabía muy bien cuál era su posición como mayordomo, y cuál era la principalía de su amo quien lo había puesto a administrar su casa. Pero, ¿sabemos nosotros esto con respecto a nuestra relación con Dios? ¿Estamos conscientes de cuál es nuestro papel como mayordomos de Dios en este mundo? 

     He visto en algunos negocios de cristianos un letrero que reza “Dios es mi socio”. Es claro que cualquiera que crea esto, está totalmente equivocado de su verdadera posición frente a Dios. No es posible que podamos ser socios con Dios o que Dios sea socio con nosotros, por el solo hecho de que no podemos igualarnos con Dios. Por ideas como esta es que se hace pertinente explicar algunas cosas respecto de la mayordomía bíblica.

1.- La Mayordomía Bíblica Nos Enseña Que Dios es Nuestro Dueño.

     Como Creador, Dios tiene el derecho de autoría, pero mucho más que el derecho de autoría, existe la insubordinable soberanía que ostenta por ser Dios. O sea, sólo por el hecho de ser Dios, Él es que manda, Él es el que pone las reglas, Él es el que dicta las leyes. Y en este sentido Dios ha establecido las leyes espirituales, bajo las cuales se rige el comportamiento de los seres humanos, y Él ha establecido las leyes físicas, bajo las que se rige el universo. La violación a las leyes físicas tiene una consecuencia, cuyos resultados se ven, por lo general, inmediatamente; pero la violación a las leyes espirituales, no necesariamente el hombre se percata de sus consecuencias en el instante en el que las viola, pero sí se ven las consecuencias tarde o temprano, y se verán en el día del juicio final de una forma dramática. De modo que, toda argumentación en contra de la soberanía de Dios sobre nosotros, no deja de tener sus consecuencias eternas, una trascendencia que debe espantar a cualquier mortal. 

     En materia de mayordomía, una manera como Dios pesa nuestra fidelidad hacia él es por medio del diezmo. Dios ha establecido el diezmo desde el principio, tanto antes, durante y después de la ley. En el Antiguo Testamento el cumplimiento de esta exigencia de Dios se manifestaba en la vida del pueblo de Israel; y en el Nuevo Testamento en la persona de Cristo y en su iglesia. Los primeros indicios del diezmo los encontramos en la vida de Abraham, pues él dio los diezmos a un personaje que era tipo de Cristo, a Melquisedec (Génesis 14:20), y esto ocurrió mucho antes de que le fuera dada la ley al pueblo de Israel. Entonces, si Abraham, el padre de la fe, dio los diezmos a Melquisedec, quien era tipo de Cristo (su sombra), mucho más debemos dar los diezmos a Cristo, el verdadero sumo sacerdote para siempre: “donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Hebreos 6:20).  Jesucristo es el heredero de todos los bienes de Dios, y nosotros coherederos con Cristo por la fe que hemos depositado en él. Esto hace tan trascendente la mayordomía que lo único que podemos decir es ¡Qué lamentable si no decidimos ser fieles en nuestros diezmos y ofrendas! 

     Otra idea que se desprende de la verdad de que Dios es el dueño, es que él nos va a llamar a cuentas: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10). Los que niegan la soberanía divina piensan que no tendrán que dar cuenta de lo que han estado haciendo con la vida que Dios les ha concedido, pero se llevarán tremendo susto cuando pasen a la otra vida. Desgraciadamente, muchos quieren vivir su vida sin restricción alguna, dándole riendas sueltas a sus pasiones y deseos. Su rebeldía es notoria en el rechazo que esgrimen a los derechos de Dios sobre ellos. Piensan que se van a pasar la vida haciendo y deshaciendo, y que no les va a pasar nada; pero la verdad es que un día nos tendremos que presentar delante del Juez justo para dar cuenta de nuestra vida. No hemos sido dejados aquí a nuestro antojo, sueltos como chivos sin ley. ¡No!, Dios está más pendiente de nosotros de lo que nos imaginamos. ¡Ojalá que hoy entendamos eso para nuestro bien! Es por esto que Dios quiere que arreglemos cuenta con él antes que llegue el día en el que tengamos que rendir cuentas definitivas, cuando ya no habrá vuelta atrás, ni oportunidad para el perdón; por eso nos dice hoy: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).  

     2.- La Mayordomía Bíblica Nos Enseña Que Somos Propiedad de Dios.

     El principio fundamental de los versículos que nos sirven de inspiración para nuestro sermón en el Salmo 24:1,2 es que todas las cosas son propiedad de Dios, incluyéndonos a nosotros mismos. El Salmo 100:3 nos lo refiere de una forma elocuente: “Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”. Todo es de Dios, y él tiene jurisdicción absoluta sobre nosotros: “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4). 

     Nuestras vidas están en las manos de Dios, y él hace con ellas lo que él quiera. Sin embargo, esto no significa que Dios actúe de manera arbitraria, sino que todo depende de nuestra decisión de reconocer o no su señorío sobre nosotros. Dios no nos ha creado para hacernos mal, sino para hacernos bien, tal y como son sus palabras tan hermosas dichas a su pueblo Israel en un momento de su historia: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Esto debería hacernos sentir confiados de Dios todos los días de nuestra vida, y de sabernos seguros en sus manos como su propiedad. Esa clase de paternalismo es saludable para poder tener una mente y un cuerpo sanos. Siendo consecuente con este principio es que Jesús nos dice: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió, así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:25-34).

     Aunque Dios es nuestro dueño, él anhela tener una relación con nosotros como la que tiene un padre con un hijo, por eso nos hizo a su imagen y semejanza, para que tengamos la capacidad de comunicarnos con él de manera inteligente: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26,27). Pobre del que desconozca esta gran verdad de que el deseo de Dios es que seamos sus hijos: “Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (2 Corintios 6:18).  

3.- La Mayordomía Bíblica Nos Enseña La Bendición de Obedecer.

     En Malaquías tenemos la queja de Dios por la infidelidad general de su pueblo Israel, y de manera muy particular por faltar en lo concerniente al diezmo. A ellos Dios les llama ladrones, y ese calificativo es el mismo para nosotros hoy, toda vez que nos quedemos con lo que no nos corresponde, porque el diezmo es de Dios: “¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.” (Malaquías 3:8,9).  Y esta severidad de Dios se hace notoria también en el Nuevo Testamento en la vida de la naciente iglesia primitiva, cuando Ananías y Safira fueron duramente sancionados por Dios, con la muerte de ambos, por su falta de fidelidad y por su hipocresía (Hechos 5:1-11). 

     Pero vemos allí en Malaquías, donde las palabras de Dios son severas contra los infieles, que el perdón de Dios está a las puertas para el que decida obedecer. Malaquías habla de Bendiciones sobreabundantes. Dios no sólo nos proporciona la vida, sino que está dispuesto a bendecirnos sobreabundantemente si obedecemos a su palabra: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). 

     Es bueno que entendamos, de una vez por todas, que el beneficio de dar para la causa de Cristo es para nosotros, no para Dios. Como alguien ha dicho ¨Cuando diezmamos, Dios no gana nada, pues él no necesita nada de nosotros, sino que somos nosotros los que ganamos, pues recibimos la aprobación de él por reconocerlo como nuestro dueño¨. 

     Note que Dios es tan bueno que, siendo él el dueño, él nos da a nosotros el noventa por ciento de lo que producimos en su mundo, y él sólo nos exige el diez por ciento. En realidad, debería ser al revés. ¿Se imagina lo que pasaría si a Dios le diera la gana de quedarse con todo? Pero asómbrese aún más, cuando nosotros traemos los diezmos al templo, esos recursos son usados para nuestro propio beneficio. ¡Nuestro Dios es increíble! 

     A pesar de ser Dios el amo por excelencia, muchos prefieren hacer tratos con el diablo, y así viven sufriendo las consecuencias de una relación tan desastrosa, ya que la Biblia nos dice cuál es el resultado de hacer pactos con Satanás; pues la miserable paga que da el diablo es la muerte, pero Dios nos da como regalo la vida eterna: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Note que, siendo merecedores de nada, Dios nos da lo mejor, la vida eterna; y contrario a esto, usted puede trabajar toda su vida para Satanás, y al final, lo que recibirá como pago, será la muerte, la separación eterna de Dios. ¡Ese es un pésimo negocio!

     Cuando somos obedientes y reconocemos las demandas de Dios para nosotros, entonces somos parte del reino de Dios, y todo lo que somos y tenemos lo ponemos al servicio del Señor, y de esta manera se cumplen las demandas del Señor para con nosotros, y sobre todo, cumplimos nosotros la gran comisión (Mateo 28:18-20). Una buena administración de nuestras vidas, de nuestros bienes y de nuestros dones y talentos es lo que Dios desea para nuestra felicidad y provecho. Espero que así lo hagamos para nuestro bien. 

Leandro González.

Sermón predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 25 de julio de 2010.

domingo, 18 de julio de 2010

EVANGELIZACION Y MISIOLOGIA

Romanos 10: 8-18


¨Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, Por toda la tierra ha salido la voz de ellos, Y hasta los fines de la tierra sus palabras¨.

Predicar el evangelio es una tarea de tiempo completo y una demanda del Señor Jesús para cada uno de los creyentes. No hay que ser un misionero o un evangelista para ir a predicar, tanto dentro como fuera de nuestra cultura. Aunque el Señor ha designado desde el principio a personas con un llamado especial, lo cierto es que evangelizar es un deber de todo cristiano hasta el final de su vida.

Lo que debemos proclamar son las buenas nuevas del reino: Que Jesucristo vino a este mundo para salvar al pecador, y que lo hizo por medio de su muerte en la cruz, que siendo él sin pecado, pagó por los pecados de todos los hombres, y que después de tres días de estar muerto, se levantó de la tumba, resucitó.

Este es el contenido del evangelio tal y como nos lo enseña la Biblia en I Corintios 15:3,4: ¨Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras¨. Después de escuchar esta verdad y creerla, todo el que manifieste fe genuina en él, será salvo de la perdición eterna que aguarda al pecador que no se arrepienta.

La proclamación del evangelio tiene urgencia por causa de la trascendencia de este mensaje. El pecador no alcanza a advertir el grave peligro en que se encuentra, por la ignorancia que invade su alma esclava del pecado. Y los creyentes tenemos el ineludible compromiso de ser centinelas sobre la torre, que advierte acerca del peligro que se avecina. La Palabra de Dios nos lo dice de estas manera: ¨Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma¨ (Ezequiel 3: 18,19). Estas palabras del Señor deberían caer bien pesadas sobre nuestras conciencias cada vez que descuidamos el sagrado deber de predicar.

Por lo general esperamos una respuesta positiva departe del que escucha el evangelio, esperamos que se convierta; pero no siempre ocurre esto. La verdad es que, pese a nuestro anhelo de que las personas respondan con arrepentimiento al llamado del Señor, algunos serán indiferentes, y otros tendrán manifestaciones de incredulidad y hasta de enojo. Nuestra tarea es predicar, no hacer que las personas se conviertan, esta es la obra del Espíritu Santo: ¨Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16: 8-11).

Una iglesia puede desarrollar muchas actividades en beneficio de las personas, pero si descuida la principal tarea de predicar, de evangelizar, de hacer discípulos, pierde de vista su razón de ser, y no será más que una simple organización humanista y filantrópica. La iglesia debe tener presencia en el mundo de todas las formas correctas posibles, pero sin descuidar para nada su misión de predicar.

En este tenor, quisiera que veamos las siguientes consideraciones que se desprenden del texto de Romanos 10: 8-18 respecto de la evangelización y la misiología:

1.- La Evangelización Procura Una Confesión Que Lleve a la Salvación. (Romanos 10: 8-11).

Si bien es cierto que no podemos ni debemos obligar a nadie a responder positivamente al mensaje de fe que predicamos, no menos cierto es que sí debemos esperar con fe que obtendremos buenos resultados. Es por esto que debemos orar, esperando que el Señor respalde nuestro trabajo. Debemos orar por las personas a las que vamos a ministrar, pues predicar no es una labor ordinaria, sino que es una obra sobrenatural. Cuando predicamos, Dios está operando en favor del mundo al través de nosotros: ¨Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios¨ (2 Corintios 5:18-20).

Pero hay fuerzas oscuras que pondrán estorbo a la evangelización. Satanás se opone con todas sus fuerzas al avance del evangelio, y tratará siempre de usar toda su influencia en este mundo para intentar frustrar la obra misionera. Podemos ver en la Biblia como estorbaba a los primeros misioneros en su avance por el mundo: ¨por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente una y otra vez; pero Satanás nos estorbó¨ (I Tesalonicenses 2:18).

El apóstol Pablo sabía que al decidirnos a predicar estamos enfrentando grandes poderes ocultos que mantienen en oscuridad a este mundo; pero también tenía bien claro que su compromiso era con Dios y que no debía temer al enemigo a la hora de proclamar el poderoso mensaje del evangelio: ¨Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús¨ (2 Corintios 4:1-5).

Note como el apóstol critica a los que usan subterfugios para intentar tener éxito en la proclamación del evangelio, y nos dice que la Palabra debe ser predicada sin ser adulterada. Porque el que predica el evangelio no debe buscar el ser gracioso ni caer en gracia, sino proclamar la verdad. Cuando predicamos no buscamos adeptos, sino que procuramos que las personas lleguen a creer el evangelio de Jesucristo para que sean salvas. El evangelio no busca ser simpático para arrastrar a la gente a la iglesia. De la iglesia las gentes pueden salir de la misma forma como entraron, pero de Cristo, una vez en él, nadie se puede ir.

Ninguna persona debería ser tan atrevida como intentar agregarle alguna cosa al evangelio para hacerlo atractivo al mundo. Hacer una cosa como esa es ignorar el poder del evangelio. El evangelio se defiende y se vende solo, no necesita que nosotros usemos ninguna magia comercial. El evangelio viene con su propia estrategia de marketing: ¨Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree¨ (Romanos 1:16). No depende de nuestra habilidad, sino que depende del poder de Dios. Es con el poder de Dios que las personas podrán ser salvadas.

Pero es necesario que prediquemos ¨a tiempo y a fuera de tiempo¨ como dice Pablo en 2 Timoteo 4:2, hasta lograr que haya una confesión auténtica de fe, pues la Palabra de Dios no se equivoca cuando dice: ¨Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado¨ (Romanos 10: 8-11).

2.- La Evangelización Debe Hacerse Sin Discriminación Alguna. (Romanos 10: 12,13).

Todo el mundo necesita oir las buenas nuevas de Jesucristo, las buenas nuevas de salvación: ¨Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo¨ (Romanos 10: 12,13).

El Señor Jesucristo dice que ¨la salvación viene de los judíos¨ (Juan 4:22). Pero esta declaración no significa que los judíos sean el único pueblo que debe ser salvo o que sea salvo automáticamente, sino que esta declaración lo señala a él (a Jesús), que era judío, como el sujeto principal de la salvación. No existe ninguna persona en el mundo que merezca la salvación, ni siquiera los judíos; y no existe en el mundo ningún pecador que pueda ser exculpado del infierno, y esta condición no excluye a los judíos. Tanto los gentiles como los judíos deben creer el evangelio para ser salvos, ambos precisan un salvador. Romanos 3:23 se aplica a toda persona humana sin distinción: ¨por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios¨ (Romanos 3:23). Es claro que esto no incluye a Jesús, pues él no tenía pecado.

No hay una raza en especial que pueda exhibir algún privilegio ante la condición de pecado universal. Pero sí le será demandado mucho más a los judíos que a los gentiles por el hecho de ser ellos la raza a la que el Señor le ha manifestado de manera especialísima su gracia y su amor. El Señor había elegido a los judíos de entre todos los pueblos de la tierra y les había revelado su Palabra para que a su vez ellos se convirtieran en portavoces de su verdad. Pero esto, de ninguna manera implica que ellos estén exonerados del arrepentimiento y de la fe como todos los demás seres humanos de la tierra. Es cierto que el evangelio les fue anunciado a ellos primero, pero el evangelio es para todo el mundo: ¨ Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego¨ (Romanos 1:16).

Usted puede hacer un estudio acerca de Romanos para darse cuenta de qué manera ni siquiera los judíos están exentos del arrepentimiento y de la fe para poder ser salvos. Y allí también se podrá dar cuenta como la justicia de Dios se hace manifiesta a todos los hombres por igual, sin discriminación de ninguna especie, y que es sólo por la fe que somos justificados: ¨ Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo¨ (Romanos 5:1).

3.- La Evangelización Requiere de Medios y Recursos. (Romanos 10: 14-18).

Tiene que haber gente dispuesta y tiene que haber recursos disponibles, porque esta empresa requiere de la generosidad del pueblo de Dios. Y esta es la manera como los creyentes manifiestan su compasión por el mundo.

Podemos ser misioneros en nuestro propio país, en nuestro propio pueblo, pero no podemos descuidar nuestro interés por todo el mundo. Esto quiere decir, que debemos interesarnos por llevar el evangelio a otras culturas, y para ello Dios tiene personas a las que ha llamado de manera especial. Así que tenemos el deber de apoyar las misiones, para que adonde nosotros no podemos ir, otros puedan hacerlo.

Si el arrepentimiento nace del oír con fe, ¿cómo podrán las personas arrepentirse si nunca oyen hablar del evangelio de Jesucristo?: ¨¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados?¨ (Romanos 10:14). Esta verdad hace que con urgencia hablemos de Cristo al mundo entero por todos los medios posibles. Para poder hacer esto hace falta que entendamos que debemos ser fieles con nuestros diezmos y ofrendas. Esto quiere decir que la evangelización depende mucho de nuestra mayordomía. Así que, la forma en que damos para la obra del Señor, demuestra cuánto es el amor que tenemos por las almas perdidas.

Todo cristiano verdadero debe dedicar todo lo que es y todo lo que tiene al servicio de la causa de Cristo, pues son muchos los que no pueden hoy ser enviados por falta de recursos económicos: ¨ ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!¨ (Romanos 10: 15).

No importa a qué actividad uno se dedique, es necesario que cada creyente tome parte en la obra de evangelización de este mundo. Debemos todos ser parte de la exclamación de este cántico: ¨ ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!¨ (Romanos 10:15).

Leandro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 18 de julio de 2010.


domingo, 11 de julio de 2010

EL ABORTO DESDE LA OPTICA BIBLICA

Salmo 139:16


¨Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas¨.

En esta ocasión veremos cuál es el punto de vista cristiano acerca del aborto, del aborto provocado.

Usted puede pensar lo que quiera, pero yo estoy seguro, por lo que la Biblia me dice en el Salmo 139:16, que la vida comienza desde el momento mismo de la concepción. El embrión no es solamente una vida en potencia como se dice a menudo, sino que es una persona con todas las características que lo hacen un ser único en el universo.

El feto no es un ¨producto¨ como se lo quiere denominar en los círculos pro abortistas, aduciendo que mientras no nazca no es una persona. Porque está demostrado, que esa criatura en el vientre de la madre, siente la aceptación o el rechazo de los de afuera, y que esta condición ha de afectarle positiva o negativamente durante su vida.

Los que defienden el aborto como un derecho de los progenitores no son menos crueles que Adolfo Hitler, bastaría ver el famoso video ¨Un grito silencioso¨ para darse cuenta de cuán lejos de la gracia de Dios están los que se hacen cómplices de un acto tan salvaje como el aborto.

Las estadísticas con relación al aborto en el mundo no se pueden confirmar a ciencia cierta, pero se estima que cada año alrededor de cincuenta millones de niños no llegan a nacer por esta causa, y de éstos, aproximadamente la mitad son considerados legales. Lo que estamos diciendo es algo monstruoso, cincuenta millones de personas murieron durante la II Guerra Mundial, y aquí estamos viendo cincuenta millones de niños que mueren cada año por causa del aborto. Oiga este dato: En España y en toda Europa el aborto ha pasado a ser la principal causa de defunción. Así que, estamos ante un genocidio legalizado en la mayoría de los países del mundo.

Y para estos seres humanos no hay tumbas. Pero se imagina los grandes camposantos que se necesitarían para enterrar a tantos millones de criaturas malogradas cada año en el mundo. ¿Será que el planeta entero sería insuficiente para ser el camposanto de tantos niños a los que se les ha negado el derecho de nacer?

Aunque en nuestro país el aborto está penalizado, se sabe que se realizan bajo la mirada indiferente de las autoridades que están llamadas a hacer cumplir la ley, miles de abortos mensualmente. Según una investigación del Centro de Estudios Sociales y Demográficos ¨se estima que en República Dominicana se registran cada año 82 mil abortos¨, y agrega este estudio que ¨la décima parte ocurren en adolescentes entre 10 y 15 años¨.

Pero esto del incumplimiento de la ley en nuestro país dominicano es el pan nuestro de cada día, así que la violación a la ley que penaliza el aborto no es una excepción. Mientras se dice desde el congreso nacional que hay que castigar a los abortistas, se permiten anuncios de productos que propician el aborto, como las famosas píldoras que se toman el día después de una relación, cuando todo el mundo sabe que son un abortivo. Todo el mundo lo sabe, pero nadie dice nada. Vivimos en una sociedad que va tras el placer, y en esa búsqueda hedonista no quiere estorbos en su camino.

Frente a este mal, quiero que reflexionemos sobre tres aspectos importantes:

1.- El Aborto Es Asesinato.

El famoso juramento hipocrático de los médicos, entre otras cosas dice: ¨A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi arte en la inocencia y en la pureza¨. Aunque existen muchos médicos con la conciencia limpia, muchos lo único que pueden exhibir es un juramento hipócrita. Basta ver el video ¨Un Grito silencioso¨ para cerciorarnos de esta realidad. Viendo esta película uno se puede dar cuenta de qué clase de asesinato estamos hablando.

El pro abortista considera al no nato como un producto, no como una persona, pero esto se acepta por conveniencia, no porque se tenga la convicción de que eso es así. La mujer que se hace el aborto y quien se presta para realizarlo, ambos saben en su fuero interno que están terminando con una vida y que están cometiendo un pecado mortal.

¿Sabemos acaso cuán importante será esa persona a la que se está matando? ¿Qué habría pasado con el mundial de fútbol 2010 si la madre de Andrés Iniesta lo hubiera abortado? España no estaría celebrando su primer mundial en la historia. ¿Qué hubiera sido del mundo si la virgen María hubiera decidido abortar a su primer hijo? El mundo no hubiera tenido esperanza, pues de su vientre nació Jesús, el Salvador del mundo. Así que la culpa de una persona que está de acuerdo con el aborto no es sólo la del asesinato, sino la de tronchar la vida futura de ese niño, y privar al mundo del posible genio que pudo haber sido.

Lo asombroso de este acto de barbarie es como la conciencia colectiva ha ido justificando el aborto, de tal manera que aún personas que se consideran cristianas se muestran tolerantes ante este acto de salvajismo.

Aun en el caso en que se tenga que decidir entre salvar la vida de la madre o la del niño, si uno es temeroso de Dios, se deberá encontrar angustiado ante tan grande disyuntiva. Aquí surge la pregunta: ¿Quién es más importante, el niño o la madre? Y es difícil tener una respuesta. Cualquiera de las dos decisiones tendrá un gran peso de conciencia para quienes se vean involucrados a tomarla. Es aquí cuando hace falta el discernimiento espiritual. Se sopesan circunstancias de gran valor, como la importancia de la vida de la madre en el caso que haya otros hijos involucrados, la edad de la madre, o cualquiera otra consideración pertinente. En este caso, aun cuando exista la penalización del aborto, se tendrían que considerar las atenuantes, a fin de tomar una decisión de esta naturaleza.

A pesar de todas estas atenuantes, algunos prefieren esperar a que ocurra un milagro y que sea Dios quien tome la decisión final. Cuando vemos esta cifra tan espeluznante de cincuenta millones de abortos al año, uno se puede dar cuenta porqué no tenemos más noticias de milagros con relación a los embarazos riesgosos. Pero aún siendo así, sabemos de mujeres que se han atrevido a confiar en Dios y han tenido a sus bebés aún bajo el peligro de perder sus vidas, y Dios ha premiado su fe y su convicción.

2.- El Aborto Hace Que el Infierno se convierta en Poca Cosa.

Quisiera que me ayudara a razonar este criterio. Creo que el infierno es poca cosa para los que se confabulan con el aborto. Me imagino a los millones y millones de deditos acusadores de los inocentes, lo cual será una escena dantesca en el día del juicio. Este podría ser un gran motivo para un cuadro tenebrista de gran impacto. Como artista me gustaría hacer una obra mural que muestre esta desgarrante realidad. Sobre un fondo oscuro, los deditos acusadores, y algunos rostros de bebés, emergerían con extraordinario dramatismo, conformando así una escena de impresionante expresión pictórica.

A menos que una persona se arrepienta del pecado del aborto, que es asesinato (el peor de todos), no tendrá perdón, y toda la ira de Dios caerá pesadamente como justo castigo sobre ella. Así que los activistas de los derechos de la mujer que apañan y apoyan este procedimiento criminal no podrán alegar inocencia o ignorancia ante el tribunal de Dios.

La indignación del que dijo en Marcos 10:14 ¨ Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios¨ debe ser indescriptible frente al aborto.

El aborto es un atentado a las cosas más puras y sagradas del mundo. Pero siendo un crimen tan horrendo, es el que goza de mayor impunidad en este mundo. Pero ningún crimen prescribe ni queda impune en el tribunal de Cristo.

Creo que aún cuando una persona se arrepienta del pecado del aborto, y Dios le perdone, porque Dios perdona al pecador que se arrepiente, las consecuencias de este pecado le perseguirán hasta la tumba. Imagínese entonces lo que será morirse sin haber hecho la paz con Dios en este sentido. Si el asesinato de un solo inocente justifica el infierno, imagínese los millones de veces que un millón de abortos anuales en el mundo, justificarán el infierno.

3.- El Aborto Demuestra Hasta Donde Lleva el Pecado.

Aun cuando el embarazo sea el producto de una violación, de un incesto o de cualquiera otra situación parecida, el decidirse por un aborto será siempre, a la luz de la Biblia, un crimen, un asesinato. ¿Quién está dispuesto a cargar en su conciencia con esta culpa? Al menos esto debería ser un gran cargo de conciencia para los que la tienen, o por lo menos para los que no la tienen cauterizada, como dice el apóstol Pablo en Ï Timoteo 4: 2: ¨ Por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia¨. Hay gente que tiene una conciencia tan dañada, que ha perdido todo tipo de bondad.

Esta conciencia cauterizada se manifiesta en personas cuya práctica en el pecado hace que se conviertan en individuos duros de corazón, a los que el hacer el mal no les afecta en lo más mínimo. Son individuos que tienen una conciencia insensible, tal como el propio apóstol Pablo también escribiera a los efesios en otra ocasión: ¨teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza¨ (Efesios 4: 18,19). Hay que tener la conciencia en un gran estado de oscuridad para aprobar el macabro acto del aborto.

Aparte del crimen que es el aborto, existen una serie de secuelas que quedan en la vida de la madre que se lo practica, y porqué no decirlo, de la pareja que toma esta decisión. Los graves daños físicos y Psicológicos que un aborto puede causar son indiscutibles. Estas son las consecuencias de pecar. Si creemos que vamos a hacer algo malo y que no tendremos consecuencias, estamos muy equivocados, pues la Biblia nos dice: ¨ No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna¨ (Gálatas 6: 7,8).

Leandro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 11 de julio de 2010.


lunes, 5 de julio de 2010

LA GUERRA DESDE LA OPTICA CRISTIANA

Mateo 24: 6-8


¨Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores¨. 

Hacer la paz y no la guerra es el deber de todo buen cristiano. Esto no significa que el cristiano como ciudadano de una nación permita el que su país sea avasallado sin luchar, sin defenderse. Permitir la aniquilación de una raza o un pueblo sin el recurso de la defensa es algo inconcebible, es incompatible con el instinto o sentido de supervivencia que Dios ha puesto en los seres vivos, y de manera muy especial en el ser humano.

Al hablar de la guerra, no usamos el término en sentido de conflictos personales o familiares necesariamente, sino más bien en el sentido de las conflagraciones bélicas que registra la historia, tal y como nos dice el Señor Jesús en Mateo 24: 6-8, que es el pasaje que nos sirve de inspiración para nuestro sermón en esta ocasión.

Decir que la guerra no es un tema bíblico es declararse ignorante del texto sagrado, pues la guerra es un recurso que vemos en todo el Antiguo Testamento. Dios utilizó el recurso de la guerra con el propósito de establecer a su pueblo Israel en la tierra de Palestina, la Tierra Prometida. Muchos de los personajes bíblicos fueron grandes guerreros. El Patriarca Abraham tuvo que hacer la guerra contra los reyes vecinos para poder imponerse en los lugares adonde iba. Estos eran personajes reales, que bajo las circunstancias en que vivieron tuvieron que matar para sobrevivir.

El mandamiento de ¨no matarás¨ de Exodo 20:13, habla de matar con premeditación y alevosía, no se refiere a las muertes que se producen en situaciones cuando es necesario actuar en defensa propia. De hecho existe cierta clasificación de asesinato aún dentro del ambiente de guerra, por ese motivo existe el consejo de guerra para los soldados que cometan crímenes durante un enfrentamiento bélico.

A Dios se la llama en la Biblia ¨Jehová de los ejércitos¨ refiriéndose esto a los ejércitos celestiales, que son cuerpos de ángeles al servicio del Señor. Recordemos lo dicho por Jesús a Pilato cuando este lo estaba juzgando: ¨Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí¨ (Juan 18: 36).

Como en un mundo tan lleno de pecado, de odio y de maldad, es inevitable que se tenga que realizar la guerra; por ese motivo planteamos tres situaciones en que se justifica la lucha armada:

1.- La Guerra Se Justifica Para Contrarrestar el Mal.

Aun en el cielo, mucho antes de que el hombre fuera creado, hubo guerra contra Satanás y sus ángeles. La Biblia nos habla de una guerra entre los ángeles de Dios y el dragón que es Satanás: ¨Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo¨ Apocalipsis 12: 7,8). 

Entonces, hay una batalla que se libra en los lugares celestiales entre los ángeles de Dios y los ángeles de Satanás. En este sentido podemos hablar de guerra espiritual. De hecho la lucha del cristiano en el ámbito espiritual es una lucha contra ¨huestes espirituales en las regiones celestes¨, no es una guerra convencional, ¨no es contra sangre y carne¨ nos dice el apóstol Pablo en Efesios 6: 12-17: ¨Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios¨. Es en esa lucha personal en donde se libra la batalla que define si tendremos guerra entre naciones.

Las guerras empiezan en una batalla que es librada en la conciencia de los individuos. De la situación del corazón depende si habrá guerra o si habrá paz: ¨¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?¨ (Santiago 4:1). Es en el ámbito del corazón de los líderes políticos donde se deciden los grandes conflictos bélicos, así como las desavenencias personales. Pero muchas guerras son necesarias, como la Segunda Guerra Mundial contra Hitler.  

Es importante apuntar que los que están en contra de la formación de ejércitos y de policías, pecan de ingenuos, pues nos están diciendo que no es necesario contrarrestar el mal. Estos condenan por lo general a los que se enlistan en los ejércitos y a los que se deciden por ser policías. Pero resulta que en situaciones donde se necesita el auxilio de autoridades policiales, los primeros en clamar por ayuda son los que precisamente se precian de ¨pacifistas¨. Los verdaderos pacifistas no son los que están radicalmente opuestos a la ocurrencia de guerras, sino los que hacen todo esfuerzo por evitarlas, pero no dudan un momento cuando la guerra es inminente, para ir contra el mal.

2.- La Guerra Se Justifica Para Preservar el Orden y la Paz.

En este sentido hablamos de guerra contra el narcotráfico, guerra contra el terrorismo, guerra contra la delincuencia, etc. El mundo está amenazado las veinticuatro horas por los que se dedican a los actos criminales. Hoy más que nunca se hace necesario tener un alto sentido de vigilancia, y las fuerzas de defensa de los países tienen que ser reforzadas contra lo sofisticado del crimen organizado.

Por otro lado, y esto es alarmante, el crimen ha arropado las esferas del poder, y hoy existen hasta países donde desgraciadamente impera un Narco Estado. Aquí la guerra tiene que ser asumida por los mejores hombres y mujeres de esas naciones, y esto supone la pérdida de muchas vidas, antes que se pueda avasallar a los enemigos del orden y de la paz.

Estos enemigos no discriminan, actúan sin escrúpulo alguno, son inflados por el mismo infierno, y el poder del dinero corrompe todo lo que encuentra a su paso. Se necesita gente verdaderamente honrada, decidida y valiente para enfrentar este gran mal.

De igual manera, el grave peligro del terrorismo, que es una realidad universal, obliga a las naciones más amenazadas a reforzar cada día más sus medidas de seguridad. Esto crea un ambiente de guerra en los lugares públicos, en los aeropuertos y en las calles, cosa esta que a la larga se convertirá en algo cotidiano. El ciudadano común se tendrá que acostumbrar a esta situación, si ha de desarrollar una labor más o menos normal.

Todo este ambiente de peligro constante, justifica el armamentismo y los cuerpos de defensa y seguridad personales, nacionales e internacionales. Cuando nos montamos en un avión queremos el máximo de seguridad, y esto implica hoy, no sólo que la nave esté en buen estado y con una buena tripulación, sino sobre todo, que esté bien reforzada por medidas de seguridad militar que garanticen la protección de los pasajeros, en caso de algún ataque delincuencial o terrorista. Así que, esta situación general de peligro inminente contra los ciudadanos comunes, hace necesario el uso de las armas y el adiestramiento de mucho más personal capacitado para enfrentar a los enemigos del orden y de la paz.

3.- La Guerra Se Justifica Para Salvar la Soberanía de una Nación.

Lo que leemos en la historia acerca de cómo han sido forjadas las naciones, nos hace conscientes de toda la sangre que se ha derramado para que podamos vivir en un una nación con un mínimo de soberanía. Cada país tiene un día especial del año en el que celebra su independencia nacional, y esto siempre rememora la lucha de hombres y mujeres que ofrendaron sus vidas para que hoy podamos gozar de un suelo patrio.

Podría catalogarse de renegado a cualquiera que deshonre la memoria de esos héroes, que de buena fe empuñaron una espada o un fusil para darnos la libertad, y legarnos así un nombre dentro del universo de naciones.

De ninguna manera se ha de sentir cómodo el cristiano que tiene que asumir el deber de atacar a su enemigo en una guerra y cumplir así su deber militar en el campo de batalla. Este tema de la guerra para el cristiano supone un gran conflicto con su conciencia, pero al mismo tiempo le plantea la obligación que tiene como soldado.

Hablando de grandes hombres de la Biblia que se vieron envueltos en graves situaciones de guerra, tenemos que mencionar al rey David, un hombre que fue elegido por Dios para dirigir la nación de Israel, me atrevo a decir que David nació para la guerra, porque así como se nace para ser artista, también se nace para ser soldado, y esto no debe ser, bajo ningún concepto, algo denigrante, sino más bien loable. A nadie se le ocurriría menospreciar las figuras de Simón Bolívar o George Washington.

Todo el que se siente dominicano respeta con mucho celo el nombre de los tres padres de la patria: Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella y Francisco del Rosario Sánchez, los artífices de la República Dominicana. Aunque fueron grandes pacifistas, se vieron ante la ineludible obligación de empuñar la espada para legarnos el nombre de una nación que conserva en sus símbolos patrios el glorioso lema: ¨Dios, patria y libertad¨ y que redime en el centro de su escudo una Biblia abierta en los evangelios.

Se puede ser una persona ligada al mundo militar como Cornelio que era un centurión romano, y al mismo tiempo ser una persona piadosa. Cornelio llegó a ser un gran cristiano, tal y como nos lo narra la Biblia en el capítulo 10 de Los Hechos. ¿Tendría que dejar de ser soldado para seguir a Cristo? De ninguna manera, sino que se debe seguir siendo un soldado, pero ahora teniendo como primer comandante a Jesucristo.

Leandro González.

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 4 de Julio de 2010.


lunes, 28 de junio de 2010

LA DESCOMPOSICION DEL MUNDO

I Juan 2:17a


¨Y el mundo pasa, y sus deseos¨.

La Biblia aclara que este mundo irá cada día en decadencia. La razón es, que este mundo ha escogido a un amo malo y pervertidor: ¨Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno¨ (I Juan 5:19). Esta es la conclusión a la que llega el apóstol Juan en su primera carta, y Jesús afirma que Satanás es el príncipe de este mundo: ¨y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16: 11).

Satanás es el propiciador de la mundanalidad. El pesca en la turbulencia del mundo. Muchas almas van a la perdición influenciadas por el mismo Satanás en persona. Desde que el hombre pecó, allá en el jardín del Edén, condenó al mundo y a sí mismo a la decadencia. Desde ese día, el hombre, que fue hecho para vivir para siempre, empezó a morir. Es por eso que, desde que nace, el hombre empieza a morir. Y toda la creación fue sujeta a vanidad debido al pecado del hombre: ¨maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida¨ (Génesis 3: 17b).

Los científicos buscan razones fuera de la Palabra de Dios para la explicación de la decadencia del mundo, pero la verdad es una sola, independientemente de cualquiera lectura o interpretación que se le dé al asunto: Todo este mundo está destinado al fracaso por la única razón de que el hombre ha pecado, sigue pecando y seguirá pecando, desobedeciendo a la voz de su Creador.

El hombre promedio dedica muy poco tiempo, o casi ningún tiempo, a la búsqueda de los valores verdaderos. Hay más gente en los lugares de diversión y de ocio, ya sean estos decentes o de mala reputación, que en las iglesias. Esto puede ser un termómetro para medir la temperatura espiritual del mundo.

Por otra parte, son muchos los que van a la iglesia sólo en busca de sanidad para su cuerpo o para su mente, o para sentirse chéveres por un momento con su conciencia. Los comprometidos verdaderamente con la causa de Cristo y que atienden seriamente a sus demandas éticas, son los menos.

No se puede esperar nada bueno de un mundo que es tan liviano en las cosas espirituales. Uno cosecha lo que siembra. Por este motivo, quiero que veamos cuánto tiene que ver el hombre con esta descomposición cósmica:

1.- El Hombre es Responsable de la Descomposición del Mundo.

Satanás tiene su culpa, pero el hombre también tiene la suya. Satanás no puede obligar a nadie a pecar. El hombre elige pecar por su propia cuenta. El hombre no puede excusarse delante de Dios. No puede decir que no sabía, no puede alegar ignorancia, pues Dios ha puesto en él una conciencia moral, discriminatoria, para distinguir lo bueno de lo malo. Dios dijo al hombre y a la mujer desde el principio qué es bueno y qué es malo: ¨Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás¨ (Génesis 2: 16,17).

Así que el hombre decidió pecar por su propia voluntad. Desde entonces, todo ser humano nace con la tendencia al pecado y a toda clase de maldad. Los individuos determinan dejarse dominar de sus instintos o educarse en este sentido, pero no tienen potestad para despojarse del todo del poder del pecado que mora en ellos. Podemos pecar, pero no podemos justificar nuestros pecados, que es lo mismo que decir, que podemos hacer cosas malas, según nuestros instintos nos insinúen, pero no podemos justificar nuestros malos actos, ni decir que no somos responsables de los mismos.

A pesar de ello, muchos dicen que no son responsables de sus inclinaciones pecaminosas, y se atreven a alegar, incluso, que Dios los hizo así. Esto es equivalente a decir, que Dios fue quien propició que el hombre pecara, o que Dios es el responsable del pecado en el hombre; pero esto está divorciado de la verdad. Dios no puede propiciar el pecado, pues él es Santo; Dios más bien aborrece el pecado. Así que, Dios no puede estar de acuerdo con nuestras acciones pecaminosas y mucho menos fomentarlas.

El carácter santo de Dios le hace repudiar el pecado y establecer leyes para enfrentarlo y condenarlo. De otra manera, Dios no puede estar de acuerdo con una cosa que él ha condenado. De hecho lo que define el pecado es precisamente todo aquello que viola o transgrede la ley de Dios: ¨Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley¨ (I Juan 3: 4). Si Dios condena la homosexualidad o la pornografía es porque considera que eso es dañino para el hombre y ofensivo para él. Ninguna persona que hace alguna de estas cosas puede justificarse diciendo que actúa de una forma depravada porque Dios lo hizo así.

Mientras el hombre continúe en su estado caído y se justifique a sí mismo, el mundo entero irá en decadencia, y esta decadencia dará al traste con todo el orden tal como lo conocemos hoy. Será una nueva raza de redimidos la que podrá ser parte de ese nuevo mundo que el Señor Jesucristo está preparando para ese gran día: ¨En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros¨ (Juan 14: 2).

Entendamos esto: Somos el producto de la procreación, donde intervienen nuestros padres, y Dios colocó allí, en ese óvulo que estaba en el interior de nuestra madre, un alma única, un ser distinto y especial. Pero lamentablemente, de nuestros padres pecadores, heredamos el germen del pecado. Así que cada persona hereda la inclinación al mal, y tarde o temprano el poder del pecado se manifestará en nosotros. El pecado en nosotros es la obra de Satanás a quien le permitimos ser parte de nuestra vida el día que desobedecimos a Dios.

Es por esto que vino Cristo, dice la Biblia, ¨para deshacer las obras del diablo¨: ¨Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo¨ (I Juan 3:8). Es por esta causa que se hace necesario que uno nazca de nuevo, que sea hecho una nueva criatura. En este sentido el hombre que ya ha nacido de carne y sangre y de voluntad de varón, ahora necesita nacer de Dios: ¨Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios¨ (Juan 1: 12,13).

De todo este importante asunto nos habla la Biblia, es por ello que las personas deben conocer el evangelio. El evangelio nos habla del nuevo nacimiento, una condición que le permitirá al hombre ser parte del nuevo mundo que Dios creará.

2.- El Hombre Responderá Ante el Tribunal de Dios por Causa de la Descomposición del Mundo.

Muchas personas prefieren pensar en un Dios bueno, amoroso y compasivo, y no están de acuerdo con un Dios que ejecuta juicios y destrucción. Cualquiera que lea la Biblia se dará cuenta que si verdaderamente Dios es bueno y amoroso, también es cierto que su carácter justo y santo le obliga a actuar con severidad frente al pecado. Sólo una persona que no conozca la Biblia justificaría la idea de un Dios permisivo.

La Biblia está repleta de los juicios de Dios obrados en contra de personas, de pueblos y de todo el mundo. Basta con ver el diluvio universal para percatarnos de la severidad divina frente al pecado global (Génesis 6,7,8). Basta con ver la historia de lo que le pasó a las ciudades de la llanura, a Sodoma y a Gomorra, para darnos cuenta de cuánto puede llegar a ser el furor de Dios ante el pecado de toda una nación (Génesis 19). Basta ver el ejemplo que encontramos en el Nuevo Testamento, precisamente del castigo individual, cuando Dios castigó con la muerte a Ananías y a Safira por haber mentido al Espíritu Santo (Hechos 5: 1-11).

No me cabe la menor duda de que Dios manifestará con gran ira su indignación contra este mundo pecador. Dios tiene Razones de sobra para destruir a este mundo.

De ninguna forma podría yo, ni me atrevería a, disculpar a Dios en su derecho de hacer con este mundo lo que él quiera, pero es importante que sepamos que el propósito de Dios no es destruir el mundo que él con tanto amor hizo, sino que lo que Dios anhela es que el hombre se arrepienta: ¨El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento¨ (2 Pedro 3: 9). Estoy seguro que si la humanidad toda se arrepintiera de sus pecados y manifestara fe verdadera en Jesús, este mundo no sería destruido del todo, sino que fuera restaurado, regenerado y vuelto a su estado original. Pero como eso evidentemente no ocurrirá, la Biblia nos dice que, el mundo, tal como lo conocemos ahora, no existirá un día, y que luego de esa destrucción universal, que será con fuego, Dios creará un cielo nuevo y una tierra nueva.

¿Se da cuenta cuán devastador es el pecado, cuyas consecuencias afectan a todo el universo? Todo esto por causa del hombre, quien es la razón de ser de la creación de Dios. Todo lo que Dios creó en este mundo lo puso en las manos del hombre, este mundo lo hizo Dios para el hombre: ¨Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra. Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar¨ (Salmo 8: 5-8).

3.- El Hombre Lleva Este Mundo Hacia la Destrucción.

No hay esperanza para este mundo guiado por el hombre pecador. Este mundo en las manos del hombre pecador va por mal camino. Se hace urgente que los cristianos oremos más por este mundo, para ver si podemos terminar de vivir los años que le quedan a este mundo en relativa calma en medio de tanta barbarie que a diario tenemos que vivir. El destino del mundo no es nada deseable según el panorama que nos presenta la Biblia.

Aquellos que tienen un concepto optimista del mundo se niegan a ver la realidad en que vivimos y dan la espalda a las profecías bíblicas que son tan categóricas en este sentido. A este mundo no le espera nada bueno.

Los hombres de ciencia están preocupados por el deterioro que presenta nuestro planeta en todos los órdenes. Las condiciones climáticas cada día se vuelven más insoportables, y cambios bruscos en el ecosistema están provocando un enorme desequilibrio cósmico, que ha de degenerar en un posible cataclismo de magnitudes insospechadas.

Pero sin embargo, toda esta preocupación de los científicos concuerda con lo que ya el Señor nos había advertido por medio del profeta Isaías: ¨He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes¨ (Isaías 13: 9-11). El propio Señor Jesucristo confirma y aumenta esta profecía en Mateo 24:29: ¨E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas¨.

Todo esto obedece a la ira de Dios que será derramada sobre este mundo contra los hijos de desobediencia, algo muy parecido a lo que ocurrió en Egipto cuando Dios castigó al Faraón y lo que ocurrió en Sodoma y Gomorra cuando Dios arrasó con estas ciudades llamadas ¨impenitentes¨. La condición actual de este mundo concuerda perfectamente con la condición del mundo en los momentos en los que Dios ejecutó estos juicios. Lo que cada persona debe hacer es arrepentirse, porque el desenlace final de este mundo está cerca.

Leandro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 27 de Junio de 2010.


domingo, 20 de junio de 2010

EFECTOS DEL MATERIALISMO EN EL MUNDO

Romanos 1: 18-32.


"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican".

El materialismo es un punto de vista para explicar el mundo. El materialismo es contrario totalmente al idealismo y surge con el propósito de contrarrestar éste. La filosofía materialista parte del hombre, del cerebro humano. Su búsqueda de respuestas a los grandes misterios de la vida se centra en el intelecto humano en sí.

Cualquier cosmovisión que se tenga afectará todas nuestras relaciones sociales y todo nuestro sistema de creencia, pues actuamos según pensamos. De plano la filosofía materialista descarta la existencia de Dios, o sea, que es atea, pero no lo es en sí, lo que pasa es que ha puesto a la materia como ese Dios al que dice negar, pues da a la materia una categoría de algo eterno, como que siempre ha existido. Así que todo lo que el materialista haga o piense hacer estará influenciado por esta idea de que Dios no existe, y que la materia es el objeto de su glorificación, cosa esta que muy bien razona el apóstol Pablo en Romanos 1.

En su explicación de la concepción del mundo, el materialista descarta a Dios. De acuerdo a la Biblia, el materialista comete un pecado grave que lo imposibilita para poder acercase a Dios, y es su incredulidad; ya que la Biblia nos dice lo siguiente: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11: 6).

Ya desde muy temprano la Palabra de Dios había sentado el fundamento de la sabiduría o de la ciencia, y no es precisamente el materialismo ateo, sino todo lo contrario: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza" (Proverbios 1: 7).

Obviamente se debe inferir que el materialismo rechaza cualquiera concepción de algún hecho sobrenatural, porque el materialista cree que todos los fenómenos ocurridos al hombre, y en el mundo material, tienen una explicación lógica. Plantea que la religión existe precisamente como una salida fácil (según ellos) a los hechos que no pueden ser explicados por la ciencia. En este sentido el filósofo materialista rechaza todo tipo de manifestación de fe.

Hoy en día, sin necesidad de ser precisamente marxista, esta corriente tiene sus mejores exponentes en el mundo capitalista, puesto que al afán de lucro le viene bien una plataforma de esta naturaleza, donde los sentimientos y los principios morales importan muy poco. Veamos cuál es el fin del materialismo:

1.- El Materialismo Tiene Como Fin la Negación de Dios.

Esto implica más que negar la existencia de Dios. El materialismo procura explicar el origen del mundo contradiciendo lo que dice la Biblia, y hasta burlándose de la revelación, y considerándola como un invento de los hombres. El postulado existencialista del materialismo es la teoría de la evolución; la evolución progresiva y continua de todas las especies, incluyendo al hombre. Se da una explicación supuestamente nacida de la razón, y en ese sentido se plantea que la fe está divorciada de la lógica, y se acusa al creyente de fanático.

Karl Marx sentenció a la iglesia con su famosa máxima: "La religión es el opio de los pueblos", con lo cual quiso decir que la religión mantiene al hombre en un estado de inconsciencia frente a la realidad del mundo en que vive. Pero la realidad es que las demandas del Señor para el cristiano superan las exigencias de cualquier filosofía o política materialista: "Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25: 31-45).

El comunismo y sus defensores proclamaban la muerte de Dios cuando se encontraban en su apogeo, hoy en día todo el andamiaje de ese imperio ateísta no existe, ha muerto, y la iglesia sigue proclamando al Cristo resucitado, al Dios que vive por los siglos de los siglos.

2.- El Materialismo Tiene Como Fin La Glorificación del Hombre.

El humanismo, que es la prédica excusa del materialismo, nace de la necesidad del hombre de ser el protagonista de su propio destino. Esto parece loable a simple vista, pero lo que pretende el humanismo es que el hombre se decida a vivir su existencia en este mundo sin contar con nadie más que con él mismo, y enseñar que el hombre, y nadie más es el autor de sí mismo y de todo lo que le rodea. El humanismo es otro intento de realizar la famosa propuesta de Satanás hecha a Eva en el Jardín del Edén: "Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" (Génesis 3: 4,5).

El humanismo plantea que el hombre es bueno en esencia, cuando la Biblia plantea la maldad absoluta del hombre y su inexorable fracaso si se mantiene en su estado de pecado: "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Romanos 3: 10-12); "Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque" (Eclesiastés 7:20).

En nuestra plática queremos dejar bien claro que el hombre es un ser sin esperanza de ninguna clase, si se empeña en negar al único que lo puede salvar.

3.- El Materialismo Tiene Como Fin La Pérdida de los Valores Espirituales.

Cuando se niega a Dios y el hombre se quiere poner en su lugar los resultados catastróficos en el planeta no se hacen esperar. Primeramente se manifiesta en la pérdida de los valores elementales de la vida. La falta de respeto por la integridad de la vida es un mal que ha ido mermando la paz y el sosiego en el mundo. El primer crimen que se registra es el de un hermano contra otro hermano, algo que se conoce como fratricidio, cuando Caín mató a su hermano Abel: "Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra" (Génesis 4: 8-12).

Lo que comenzó en el seno de la primera familia, se fue transfiriendo al seno de la sociedad, y en el día de hoy el crimen, el asesinato y la barbarie del hombre contra sus semejantes se ha convertido en el pan nuestro de cada día. La depravación exhibida por la humanidad como producto del humanismo es algo bestial. Si seguimos leyendo en el Génesis nos damos cuenta de cómo la humanidad se fue apartando cada día más de Dios y cuáles fueron las consecuencias: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho" (Génesis 6: 5-7).

El humanismo, que cree que eliminando el analfabetismo logrará romper con el estado actual del hombre pecador, que estimula la superación del hombre en el cultivo de las bellas artes, la búsqueda del saber en todas sus vertientes, el estudio y la profesionalización de los oficios y talentos y la capacitación del hombre y su educación, no ha podido lograr el resultado del llamado "hombre nuevo" que la filosofía materialista y el comunismo proclaman.

El hombre, en su naturaleza caída, no puede lograr este fin tan anhelado; sin Dios esta es una pretensión utópica: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (I Corintios 2:14). Lo que queremos decir es que de la única manera que el hombre puede llegar a ser ese personaje al que aspiran los postulantes del materialismo dialéctico, es únicamente mediante el milagro del nuevo nacimiento del que habló Jesús en su conversación con Nicodemo: "Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3: 3). Entonces, el hombre nuevo no puede nacer del hombre viejo, no se puede salvar a sí mismo, sino que es necesario que el hombre tenga que nacer otra vez, para así lograr el fin de ser el hombre nuevo que Dios anhela. Y la única forma para lograr esto es por medio de recibir a Jesucristo como su Salvador: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1: 12,13).

El cuadro que nos presenta el apóstol Pablo en Romanos 1: 18-32 es verdaderamente patético, ya que como resultado del hombre negar a Dios vemos: 1) Una justicia humana viciada: "Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia" (Habacuc 1: 4), "Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho" (Isaías 59: 14,15); 2) Exhibición de gran necedad en la conducta de los hombres: "¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida; los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!" (Isaías 5:20), "Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien" (Salmos 14: 1); y, 3) Práctica de conductas vergonzosas que llegan al homosexualismo y al lesbianismo, y esto es algo que ya se considera como una conducta normal. Hasta se legisla en favor de los matrimonios entre personas de un mismo sexo en muchas ciudades del mundo. Esta fue la razón porqué Dios destruyó a Sodoma y a Gomorra: "Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra" (Génesis 19: 24,25).

A este mundo le queda poco tiempo, es necesario que los hombres se arrepientan antes que sea tarde.

Leandro González


Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 20 de Junio de 2010.