domingo, 21 de febrero de 2010

LA SALVACION

Hechos 2:40


¨Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación¨.

Continuando con nuestro tema de las verdades esenciales de la fe cristiana, hoy hablaremos acerca de la salvación.

El apóstol Pedro en su primer sermón evangélico proclamaba con fervor: ¨Sed salvos de esta perversa generación¨ (Hechos 2:40). Este es un mandato desesperado, esta es una voz de alerta, es un llamado de emergencia. El hombre y la mujer necesitan urgentemente ser salvos. Y surge la pregunta: ¿Qué es la salvación? La salvación es un acto soberano de Dios en favor del hombre pecador al que él ama con un amor incomparable e incomprensible. Ese amor incomparable e incomprensible lo vemos descrito en las palabras de Jesús a Nicodemo en Juan 3:16: ¨Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna¨. Como podemos ver, la motivación para la salvación es el amor, y Jesucristo es el instrumento de esa salvación, él es tanto el autor de la salvación como el sujeto objeto que la produce. La salvación es sólo posible al través de él, por causa de él; y sin él no puede ser posible, como no puede ser posible nada, pues él es el autor de todas las cosas: ¨Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho¨ (Juan1:3).

La salvación se planeó en el cielo y se produjo en la tierra. Se planeó mucho antes de la fundación del mundo, pues Dios sabía que el hombre habría de pecar. Así que Dios tenía su plan elaborado desde el principio, y todos los pasos que ese plan agotaría, estaban previamente determinados. Por ese motivo, en el tiempo señalado por Dios, apareció Jesucristo en este mundo para obrar la eterna salvación: ¨Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo¨ (Gálatas 4: 4-7).

Esta salvación puede ser vista desde tres ángulos. Para nuestra breve exposición veremos la salvación primeramente como algo instantáneo, luego como algo constante y finalmente, como algo proyectado. Lo que queremos decir con este arreglo es que la salvación al mismo tiempo que es un hecho pasado, es también un hecho presente y un hecho futuro.

1.- La Salvación Como Algo Instantáneo.

La salvación se produce tan pronto como una persona cree en Jesucristo y lo confiesa. Una persona puede creer ahora y al instante morir, y es salva de inmediato. Uno no tiene que esperar para ser salvo, una vez que ha creído de todo corazón se es salvo. El mejor ejemplo de lo que decimos es el ladrón de la cruz, el cual se arrepintió en un estado de agonía, y a éste el Señor Jesús le dijo: ¨De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso¨ (Lucas 23:43).

No existe nada en la Biblia que nos indique que se necesite departe del hombre hacer alguna cosa, ni antes ni durante su vida para ser salvo. La única cosa de la que el hombre es responsable en la salvación es de atender al llamado que Dios le hace para que crea y se arrepienta, y aún en esta decisión Dios interviene mediante la acción del convencimiento del Espíritu Santo en el espíritu del hombre: ¨Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16: 8-11). Por ser la salvación un acto soberano de Dios, algo que depende sólo de Dios, es que el hombre puede ser salvo inmediatamente que cree.

En el momento de depositar fe en Jesucristo el hombre es justificado, o sea, es liberado de toda su culpa, es exonerado de su deuda con Dios: ¨Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios¨ (Romanos 5:1,2).

Esta justificación es posible porque Jesucristo obró la salvación en la cruz. Cuando él moría, sus últimas palabras fueron: ¨Todo está consumado¨ (Juan 19:30). La expresión griega en esta exclamación final del Salvador es ¨tetelestai¨, que entre otras cosas significa ¨la deuda está saldada¨. Es como si el Señor hubiese puesto un sello que diga ¡CANCELADO! como el que se usa en los bancos para patentar la caducidad de un cheque o de un documento legal, sólo que ese documento no está en la tierra, sino en el cielo.

Así que, el sacrificio de Jesús realizado en la tierra, provocó el saldo de una deuda que la humanidad tenía en el cielo. Pero sólo se hacen beneficiarios instantáneos los que depositen fe en Jesucristo. Los que creen en Jesús, en su muerte y en su resurrección son los únicos que se hacen beneficiarios de ese poder otorgado por él en la cruz.

No existe nada en la Biblia como lo planteado por la errónea doctrina del universalismo que proclama que todos los hombres serán salvos sólo porque Jesús murió en la cruz, sin necesidad de que se arrepientan. Pero la Biblia es muy clara al establecer como condicionante para ser salvo, la necesidad de creer y de arrepentirse: ¨Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados¨ (Hechos 3:19).

Esta salvación es una garantía recibida de que todos nuestros pecados han sido perdonados, esto quiere decir que somos salvos de los pecados cometidos en el pasado, de los pecados cometidos en el presente y de los pecados que pudiéramos cometer en el futuro. Pero esto no quiere decir que seamos salvos de cualquier manera, o que por el hecho de que ya hemos sido salvos podemos hacer lo que nos venga en gana, porque de todos modos somos salvos. Aquí tenemos que decir como el apóstol Pablo: ¨En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?¨ (Romanos 6:2). Los que son salvos verdaderamente tienen un comportamiento acorde con la gracia que han recibido, y esta es la demostración de que verdaderamente son hijos de Dios: ¨Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis¨ (Mateo 7:16-20).

Por este motivo es que se hace necesario que entendamos el próximo ámbito de la salvación.

2.- La Salvación Como Algo Constante.

La salvación como algo constante habla de un proceso. No es contradicción con el punto anterior, sino que lo que ocurre es que al mismo tiempo que somos salvos inmediatamente creemos, es una realidad también que a lo largo de nuestra vida cristiana, vamos siendo salvos, en el sentido de que nuestra vida pasa por experiencias de regeneración y santificación. La salvación implica una serie de vivencias que irán transformando nuestro carácter, a fin de irlo adaptando según los criterios de Dios. La salvación es redención del ser humano en su totalidad, tanto de la parte espiritual como de la parte material. Tanto el alma como el cuerpo necesitan ser sintonizados día a día con Dios, en un ejercicio disciplinado devocional y verdadero. Es a esto a lo que el apóstol Pablo llama el culto racional que genera resultados favorables para el que transita por el sendero de la salvación: ¨Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta¨ (Romanos 12:1,2).

Mientras vivimos la vida cristiana como individuos salvados, se van sucediendo una serie de acontecimientos que nos van cambiando positivamente. Crecemos en la fe, pues empezamos en el camino de la salvación como recién nacidos, empezamos bebiendo leche, y luego somos capaces de algo mucho más sólido, hasta que alcanzamos la madurez: ¨Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor¨ (I Pedro 2:1-3). Como podemos ver en la última parte de este pasaje del apóstol Pedro, se espera que todo el que dice haber tenido una experiencia de conversión, la tenga genuinamente, que verdaderamente sea consciente de su relación con Dios. Con esto lo que quiero decir es que me adhiero a los que piensan que si alguien no muestra las evidencias de ser salvo en su diario vivir, tenemos todo el derecho de dudar de su conversión.

Creo que la salvación es algo muy serio y no deberíamos descuidar una cosa tan preciada. Aunque no nos ha costado nada a nosotros, es la cosa de más alto precio, pues ha costado la sangre del Unigénito Hijo de Dios. En este sentido nos dice la Biblia: ¨¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?¨ (Hebreos 2:3).

No es que podamos hacer algo para hacernos dignos de tenerla, pues es claro en la Biblia que la salvación es por gracia: ¨Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe¨ (Efesios 2:8,9).

Si en verdad no podemos hacer nada para ser salvos, porque ya Dios lo hizo todo, de ninguna manera se concibe que debamos esforzarnos por hacernos indignos de la salvación una vez que la poseamos. Tan agradecidos deberíamos estar de nuestra salvación, que deberíamos vivir cantando la estrofa de una canción que dice así: ¨¿Para qué pecar si soy salvo? ¿Para qué pecar contra Dios?¨

Hay algo que no podemos pasar por alto al hablar de esta especie de tránsito de la salvación, y es lo siguiente: Por el hecho de que somos salvos no significa que somos invulnerables. El ser salvos no garantiza que no sufriremos de enfermedades y calamidades o que no seremos afectados de alguna cosa negativa. Si alguien le enseña eso, no le está enseñando el evangelio de Jesucristo, sino otro evangelio, pues el Señor mismo nos dice en su Palabra, que por ser cristianos tendremos aflicciones en este mundo: ¨Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo¨ (Juan 16:33).

La triste realidad es que mientras estemos en este mundo, estaremos expuestos a los mismos riesgos de vida que el común de los hombres. Pero hay una marcada diferencia, el cristiano puede estar seguro que todo lo que le ocurra estará dentro de la perfecta voluntad de Dios: ¨Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados¨ (Romanos 8:28).

3.- La Salvación Como Algo Proyectado.

La salvación como algo proyectado al mismo tiempo que tiene el sentido de que estaba en el propósito de Dios salvar al hombre, también implica que la salvación es algo que se verá completamente en el creyente en un tiempo futuro, cuando sea resucitado o transformado, cuando el Señor venga en su segunda venida. El Señor tiene grandes planes en relación con nosotros y nuestra eterna salvación, la cual veremos en toda su plenitud en el día de la glorificación de todos los santos.

Somos salvos aquí y ahora, pero también seremos salvos de la ira que vendrá. Al ser hechos salvos pasamos de ser hijos de ira a hijos de Dios y herederos de las santas promesas. La garantía de nuestra salvación descansa en el hecho de que hemos atendido a la alerta del apóstol Pedro que como atalaya nos anuncia: ¨Sed salvos de esta perversa generación¨ (Hechos 2:40).

Mientras tanto podemos regocijarnos en la firme certeza de nuestra fe, de que tenemos lo que el Señor nos ha prometido: ¨Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve¨ (Hebreos 11:1). Es por fe que somos salvos, por la fe que hemos depositado en nuestro Señor Jesucristo. Así que el papel de la fe en nuestra salvación es imprescindible: ¨Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?¨ (I Juan 5: 4,5).

Hay un a expectativa en el cristiano, una esperanza que el común de los mortales ni siquiera alcanza a percibir, sino que al contrario, se mofa de ello por su necia incredulidad. Es por esto que tenemos esta joya en la segunda carta del apóstol Pedro: ¨Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento¨ (2 Pedro 3:3-9).

Como si fuera un paisaje, la salvación aparece en la composición artística en primer plano, en segundo plano y en tercer plano. Es una obra compleja con una perspectiva lineal, que va desde el día de nuestra conversión, pasa por todo lo largo y ancho de nuestra vida y se proyecta en el horizonte en un solo punto: el cielo, la presencia misma de Dios, donde Jesús está preparando lugar para nosotros: ¨No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:1-3).

Mientras el día definitivo llega, que no sabemos cuando será, lo mejor que podemos hacer es mantenernos activos cumpliendo con fidelidad nuestros deberes cristianos. Mi exhortación es la misma que encontramos en Filipenses 2:12: ¨ ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor¨.

Leandro González


Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 21 de febrero de 2010.


jueves, 11 de febrero de 2010

EL ESPIRITU SANTO

Juan 16:7-11


¨Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16:7-11).

Con relación a Dios el hombre ha inventado toda serie de falsedades por no hacer caso a las Sagradas Escrituras. Se ha dicho que Dios es todo, y cuando esto se dijo por primera vez se inauguró el panteísmo. Se ha querido reducir a Jesús a un simple mortal, al despojarle de su deidad, diciendo que él fue un gran revolucionario, un gran maestro, un gran visionario, etc.; pero Jesús es mucho más que esto. El es ¨el Hijo del Dios viviente¨ como dijera Pedro por inspiración que le fue revelada en Mateo 16:16. Y del Espíritu Santo se ha dicho que no es una persona, que es una fuerza, que no es Dios y muchas otras cosas más. Pero hemos visto por lo que hasta ahora hemos compartido que tanto Jesucristo como el Espíritu Santo son Dios al igual que el Dios Creador, ellos son Jehová sin discusión alguna, un solo Dios en tres personas.

Los que tenemos el deber de enseñar las Sagradas Escrituras debemos insistir en las verdades esenciales de la fe cristiana hoy más que nunca. Cada día se hará mucho más urgente mantener en la mente de los creyentes estas verdades, insistir en ellas para que ninguno alegue ignorancia, y para evitar que sea lesionada la sana doctrina. Pablo exhorta a Timoteo acerca de la necesidad de permanecer en la fe: ¨Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra¨ (2 Timoteo 3:14-17).

Este es un ejercicio permanente, y esto debe ser parte de nuestra práctica de vida. El esforzarnos por conocer nuestros fundamentos espirituales, nos ayudará grandemente en la defensa de nuestra fe, y evitará a las iglesias el ser atrapadas en el error. Por lo general el humano ingenuo es mucho más proclive a creer la mentira que la verdad. “Miente, miente, que al final algo quedará... cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá¨, decía el encargado de la propaganda nazi en Alemania en los tiempos de Hitler. Todos sabemos que Satanás es el padre de la mentira, todo error se gesta en la mente malvada del enemigo de todas las almas.

Jesús, recriminando a los judíos incrédulos dice: ¨Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis¨ (Juan 8:44).

En esta noche culminaremos nuestro tema acerca de la doctrina de Dios. Coronamos esta parte de las verdades esenciales de la fe cristiana con la enseñanza de la doctrina del Espíritu Santo.

El Señor Jesucristo dio instrucciones a sus discípulos acerca de la llegada del Espíritu Santo a la vida de cada creyente: ¨Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días¨ (Hechos 1:4,5). También les dijo: ¨pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra¨ (Hechos 1:8).

Y tal y como el Señor les prometió, el Espíritu Santo fue derramado sobre todos los congregados en el día de pentecostés: ¨Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen¨ (Hechos 2:1-4). ¡Qué gran culto el de ese día especial de pentecostés!

Mientras estaban todos reunidos en el aposento alto se cumplió de manera cabal la profecía que a este respecto fue dicha por el profeta Joel; así nos lo dice la Biblia: ¨Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo¨ (Hechos 2:14-21).

Era necesario que el Señor se fuera para que el Espíritu Santo viniera a morar en la vida de cada creyente: ¨Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16:7-10). De esta manera es como el Señor está con nosotros ¨todos los días hasta el fin del mundo¨, tal y como prometió que estaría, según Mateo 28: 20.

Con relación al tema del Espíritu Santo tocaremos los siguientes aspectos: 1) La Personalidad del Espíritu Santo, 2) El Espíritu Santo en la vida del creyente y 3) Los Dones del Espíritu Santo.

1.- El Espíritu Santo Es Una Persona.

Los llamados Testigos de Jehová enseñan que el Espíritu Santo no es una persona. Ellos comenzaron con un error que no es original de ellos. Como tristes emisarios de Arrio, un sacerdote de Alejandría de la antigüedad, repiten el error de que Jesucristo no es Dios y que es el primer ser creado. Y como consecuencia de entrar en ese ámbito de la mentira, cometen un pecado imperdonable, al presentar al Espíritu Santo como una fuerza impersonal.

Pero claramente podemos ver en la Biblia que el Espíritu Santo sí es una persona, es la Tercera Persona de la Trinidad. Es imposible llegar a otra conclusión que no sea esa. Cuando leemos la Biblia sin prejuicios nos podemos dar cuenta de esta verdad de que el Espíritu Santo es una persona. Veamos sólo tres ejemplos de esta verdad tan clara: a) El Espíritu Santo habla: ¨El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios¨ (Apocalipsis 2:7); b) el Espíritu Santo enseña: ¨Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho¨ (Juan 14:26); c) el Espíritu santo intercede: ¨Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos¨ (Romanos 8:26,27). Todas estas son cualidades que sólo se pueden encontrar en una persona, nunca en una fuerza impersonal.

Solamente el hecho de que el Espíritu Santo inspiró las Sagradas Escrituras es razón suficiente para creer que es una persona: ¨porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo¨ (2 Pedro 1:21).

El Espíritu Santo tiene la misión de convencer al hombre de pecado, justicia y juicio, y esta es otra prueba de su personalidad: ¨Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado¨ (Juan 16:8-11).

2.- El Espíritu Santo Entra en la Vida del Ser Humano Desde que Este Confiesa Creer en Jesucristo.

Somos bautizados por el Espíritu Santo mucho antes de ser bautizados en agua. Una persona debe ser bautizada en agua porque ha sido bautizada en el Espíritu Santo. No se recibe el Espíritu Santo como una segunda experiencia de conversión, sino que esto es algo simultáneo. Si somos convencidos por el Espíritu Santo para creer en el Hijo de Dios, y confesamos fe en él públicamente, entonces es suficiente argumento para entender que desde que creemos somos sellados por el Espíritu Santo de la promesa, tal y como nos lo dice la Biblia: ¨En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa¨ (Efesios 1:13).

Siguiendo este argumento, no es el hablar en lenguas lo que manifiesta que una persona tiene el Espíritu Santo, sino que es el carácter y el estilo de vida lo que debe evidenciar la influencia poderosa de Dios en el ser humano convertido. La Biblia le llama a esto ¨el fruto del Espíritu¨: ¨Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu¨ (Gálatas 5:22-25). Los creyentes que hablaron en lenguas (entiéndase idiomas) en el día de pentecostés, lo hicieron como demostración de que aquel acontecimiento era un acto singular, único e irrepetible. El hablar en lenguas fue uno de una serie de hechos sobrenaturales que ocurrieron ese día, como el hecho de que fueron repartidas sobre las cabezas de los discípulos, como lenguas de fuego.

Una vez que el Espíritu Santo ha venido a la vida del creyente, no se va nunca. Puede ser contristado, pero no se retira: ¨Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención¨ (Efesios 4:30),. Note como dice que fuimos sellados por el Espíritu Santo para el día de la redención. Si esto es así, ¿Cómo puede ser posible que se retire, que se vaya de la vida del creyente, si ha de estar para siempre? El Espíritu santo puede ser apagado, pero no se retira de la vida del creyente: ¨No apaguéis al Espíritu¨, dice Pablo en I Tesalonicenses 5:19. Recuerde que el Espíritu santo llega a la vida del creyente como un sello de garantía de ser hecho hijo de Dios.

Una persona puede ser llena del Espíritu Santo en la medida de su entrega y consagración a Dios. Todo depende qué tanto usted dedique tiempo a la oración, a la lectura y meditación de la Biblia, a la devoción cristiana en sentido general y qué tantos compromisos usted asuma con la obra del Señor. Mientras más busque de la comunión del Señor, más lleno del Espíritu Santo estará; usted será más consciente de su presencia en su vida. No hay mandamiento para ser bautizados con el Espíritu Santo, pues este es un acto soberano de Dios, pero sí para ser llenos de él: ¨sed llenos del Espíritu¨ (Efesios 5:18), porque esto depende de nosotros, de nuestro empeño personal como cristianos y de lo que le permitamos a Dios obrar en nosotros, de nuestra obediencia.

3.- El Espíritu Santo Capacita al Creyente Mediante los Dones.

Una de las grandes y magníficas bendiciones del Espíritu Santo para el creyente es el darle una capacidad espiritual, que sólo se recibe cuando uno se convierte.

Cuando nacemos de nuestros padres, Dios nos capacita con dones naturales. Estos dones naturales nos preparan para la vida, ellos definen nuestra inclinación profesional. Estas capacidades naturales dependen también de la lectura genética, puesto que somos el producto de un acto de procreación, donde intervienen nuestros padres como progenitores, y Dios como Creador. Pero cuando nos convertimos, nacemos de nuevo y somos hechos nuevas criaturas, ¨engendrados de Dios¨: ¨Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios¨ (Juan 1:12). Así que, cuando nacemos de nuevo adquirimos privilegios especiales como hijos de Dios, y uno de ellos es el don o los dones del Espíritu que nos son dados según la capacidad de cada uno: ¨Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos¨ (Mateo 25:14,15).

Los dones del Espíritu Santo son al mismo tiempo una gran responsabilidad para todo creyente, pues nos son dados para la edificación de la iglesia. Los dones espirituales no son para crear controversia entre los hermanos, sino para enriquecer la vida eclesiástica y realizar la obra que el Señor nos ha encomendado: ¨Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo¨ (Efesios 4:1-13).

Debemos agregar respecto de los dones, que son irrevocables. Una vez que nos son dados, nos son dados para siempre: ¨Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios¨ (Romanos 11:29).

Una última cosa que diremos con relación a los dones dados al creyente por el Espíritu Santo es, que en el día de hoy muchos creen que el don de apóstol está vigente. Muchos ¨pastores¨ y líderes de iglesias que se presentan como muy carismáticos están siendo persuadidos con la atractiva idea de convertirse de pronto en apóstoles. Pero no en apóstoles en el sentido etimológico de la palabra, en enviados o misioneros, sino en apóstoles con la categoría de los doce, porque la pretensión de ellos es mucha y muy elevada. Ellos quieren tener la misma autoridad que tenían estos hombres elegidos de manera especial por el Señor Jesucristo, cosa esta que cumplió una parte importante de los propósitos de Dios, que era sentar las bases de la fe cristiana; como lo hicieron ellos, y lo hicieron muy bien, porque ellos sí eran apóstoles. A ellos les fue entregada la revelación de toda la verdad para que pusieran el fundamento. Tengamos cuidado pues con los falsos apóstoles de hoy que pretenden poner otro fundamento. A estos les remito a la advertencia paulina en I Corintios 3:11-13: ¨Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará¨.

Leandro González

Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Buatista de Mao, República Dominicana, en Febrero 7 de 2010.


domingo, 31 de enero de 2010

LA CRISTOLOGIA

Mateo 16:16


¨Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente¨.

Hoy hablaremos de la cristología. Hablar de la cristología en un solo sermón es en verdad imposible. Pero como hemos indicado en sermones anteriores lo que pretendemos con esta serie de verdades esenciales de la fe cristiana es motivarles a realizar de forma personal un estudio más profundo acerca de cada cuestión tratada en los mensajes dominicales. No es bueno que se conforme con lo que decimos aquí, sino que es su deber indagar por otros medios a su alcance todo lo que pueda.

En esta parte desarrollaremos los conceptos concernientes a la persona del Hijo de Dios. Más adelante estaremos hablando de la persona del Espíritu Santo. Ahora nos concentraremos en el misterio que nos presenta a Dios hecho hombre, revestido de humanidad.

Como nos era imposible a nosotros los hombres ir a Dios, él ha venido a nosotros. Y es de esa persona que vino del cielo a la tierra que vamos a hablar: ¨Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz¨ (Juan 18:37).

La cristología, como su nombre lo indica, trata acerca del estudio de la persona de Jesucristo, y todo lo que encierra su misterio salvador. En el versículo que nos sirve de inspiración para este sermón vemos la confesión hecha por Pedro. Es en esta confesión que descansa la base o fundamento de la fe de todo cristiano. Confesar a Jesucristo es lo que salva a la persona, sea hombre o mujer, o niño, o joven, o adulto: ¨Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo¨ (Romanos 10:9). Cuando Pedro hace esta confesión está reconociendo la trascendencia de la persona de Jesús, está reconociendo su divinidad y está reconociendo su poder para salvar a toda la humanidad del pecado, de la muerte y de la condenación eterna.

En nuestro mensaje de hoy vamos a tocar tres aspectos esenciales que tienen que ver con el tema de la cristología: 1) la preexistencia de Jesús, 2) la encarnación de Dios, y 3) la misión de Jesucristo en el mundo.

1.- La Cristología nos Habla de la Preexistencia de Jesucristo.

Antes de nacer de María, ya Jesús era. Cuando hablaba con los judíos en Juan 8:48-59, encontramos lo siguiente respecto de su preexistencia: ¨Abraham vuestro padre se gozó de que habría de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy¨ (Juan 8:56-58). Jesús expresa aquí su preexistencia, y a la vez su igualdad con Dios.

El único ser humano que antes de nacer ya existía es Jesús. Esta condición no se da en ningún otro ser humano. Los mormones enseñan que antes de nacer las personas eran espíritus encarcelados que fueron liberados mediante la concepción; y basan su creencia en Job 38:4 que dice: ¨¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.¨ Los mormones argumentan que si Dios le dijo eso a Job, es porque él debió haber estado en algún lugar. Tremendo error de razonamiento, pues lo que Dios le objeta a Job es precisamente el hecho de que él no existía cuando ya Dios se ocupaba de todo lo que tiene que ver con la maravilla de la creación. Un ser humano existe a partir de la unión de un óvulo con un espermatozoide, ahí comienza su historia, antes de ahí no existía. Pero Jesús no entra dentro de esa categoría pues él es un ser especial.

El apóstol Juan, hablándonos precisamente del gran misterio de la persona de Jesús nos dice al inicio de su evangelio: ¨En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho¨ (Juan 1:1-3). Estos versículos claramente demuestran la eternidad de Jesús y su indiscutible preexistencia. Esta verdad es de importancia capital para contrarrestar el error religioso de que María es la madre de Dios, un error que ha engendrado una cadena de mitos alrededor de María para tratar de sustentarlo.

Al hablar de Jesús no podemos referirnos a El como una creación, puesto que él es el Verbo de Dios que es uno con Dios, siempre ha sido así, y siempre lo será. Tampoco se puede hablar de procreación, pues Jesús no fue engendrado de manera normal en el vientre de María, sino que Jesús es el único ser engendrado de forma espiritual por Dios, sin que haya intervenido un hombre: ¨los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios¨ (Juan 1:13). Y a partir de él todos los que crean en él son hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Pero Jesús no es el hijo que Dios tuvo con María, como si Dios tomase a María como su esposa para tener un hijo con ella, ¡No!, de ninguna manera, sino que Dios obró en ella un milagro: El milagro fue, que ella tuviera un hijo sin haber tenido relaciones sexuales con ningún hombre, ni con ninguna otra persona, ni con ningún otro ser.

Jesús es el principio de todo, él fue el principio de la creación y ahora es también el principio de la nueva naturaleza humana, una naturaleza espiritual en contraposición con la naturaleza carnal caída del hombre original. Por eso él es llamado en I Corintios 15: 45 ¨el postrer Adán, espíritu vivificante¨, en contraposición con el Adán terrenal. Jesucristo es el Adán celestial, el Adán sin pecado, en contraposición con el Adán que pecó. La raza humana caída puede ahora ser levantada en la persona de Jesús. El es el único ser humano con la capacidad para ser ¨el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo¨ (Juan 1:29).

2.- La Cristología Nos Habla de la Encarnación de Dios.

El misterio de la encarnación no surge para que María se convierta en la madre de Dios, como enseña el catolicismo romano, sino para que Dios se hiciera hombre. La falsa creencia de que María es la madre de Dios los lleva al invento de una cadena de mitos, como el que dice que María era inmaculada, que no tenía pecado, o que ella se fue al cielo en cuerpo y alma, que es a lo que se llama asunción de María. En el catolicismo se exalta a María de esa manera porque se pretende justificar su veneración. Todo lo concerniente a la doctrina católica de María (la mariología o la mariolatría), la vamos a estudiar a fondo más adelante. Siga esta serie de sermones, y así podrá enterarse cuando presentemos este tema y otros relacionados.

En el sentido de que Jesús es Dios, está de más decir que él presenta los mismos atributos de Dios, la misma naturaleza de Dios. Todo lo concerniente a Dios le atañe a él de igual forma, puede ser aplicado a él de la misma manera. Es por eso que Jesucristo no está limitado a tiempo o espacio, sólo el límite que él mismo se imponga por su voluntaria subordinación de la que ya hemos hablado. Usted puede leer en los evangelios las extraordinarias manifestaciones de Jesús que revelan su naturaleza divina. Piense en los dos siguientes ejemplos: (1) Jesús conocía el pensamiento de las personas, sabía lo que alguien estaba pensando; (2) Jesús no estaba limitado por el tiempo ni por el espacio; en este sentido él podía desaparecer de un lugar a su antojo, a la vista de todo el mundo (Lucas 24:31), y también podía entrar en un lugar cerrado, y aparecer a la vista de todo el mundo sin necesidad de abrir la puerta (Juan 20:19). Hay muchas demostraciones más en los evangelios que muestran a Jesús poseyendo los mismos atributos de Dios.

Jesús vino del cielo a la tierra, salió del seno del Padre y vino al mundo de los mortales. Se hizo hombre, habitó entre los hombres, vivió como los hombres, sufrió como los hombres, sintió como los hombres, y fue tentado en todo como los hombres. Pero él nació sin pecado, no tenía pecado, no pecó nunca. De él, si se puede decir que es inmaculado, el Justo.

El nos salva porque es Dios, el Dios hombre. El es perfecto, él es inocente, libre de toda culpa. Al ser inmolado en la cruz él tomó nuestro lugar, él era el único que podía hacerlo, porque era hombre y porque era Dios. El hizo así un único sacrificio de una vez y para siempre (Hebreos 7:27). Esto contradice la misa católica que pretende repetir el sacrificio de Cristo en cada ceremonia. Toda la vida ce Cristo fue el cumplimiento cabal de todas las profecías del Antiguo Testamento y el cumplimiento del anuncio de los ángeles a los protagonistas de los hechos narrados en el Nuevo Testamento.

Cualquier problema con esta parte de la doctrina de la cristología, cualquiera negación respecto de la divinidad de Jesús y de la encarnación de Dios, cualquiera negación de que Jesús ha venido en carne, es la manifestación clara de que se está frente a un error fundamental contra la fe cristiana: ¨¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo¨ (I Juan 2:22). Además leemos en I Juan 4:2,3: ¨En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo¨.

Jesús no era sólo una manifestación humana, no era una proyección, no era un cuerpo astral como si fuera un holograma, ¡No! El era humano completamente, y sigue siendo humano allá en el cielo. Jesús era Dios aquí en la tierra y sigue siendo Dios allá en el cielo. Cualquiera que no crea esto, y que además enseñe lo contrario de esto, está totalmente desviado del camino verdadero: ¨Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna¨ (I Juan 5:20) .

3.- La Cristología nos habla de la Misión de Jesucristo en el mundo.

La Cristología por lo general abarca también la obra salvadora de nuestro Señor Jesucristo, por eso incluiremos aquí una rápida alusión a algunos aspectos que atañen a la soteriología, la doctrina que nos habla de la salvación obrada por Cristo. Como hemos expresado en otras ocasiones es imposible poder abarcar todo lo concerniente a un tema bíblico en un sermón, y por ese motivo esperamos que no se conforme con lo que decimos aquí cada domingo, sino que haga usted su propio estudio o análisis.

Cuando hablamos de Jesucristo estamos hablando de un ser singular, único, el que da sentido a todo lo que como cristianos creemos, a todo lo que es el cristianismo en sí. Pero al mismo tiempo, Jesucristo es único en el sentido de que no hay otro Salvador. Y esto no es un deseo que tenemos los cristianos de molestar a las demás religiones, sino que al hacer un análisis del Jesús histórico, del Jesús bíblico, es imposible llegar a otra conclusión. Las propias palabras del Señor así lo atestiguan: ¨Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí¨ (Juan 14:6).

Al referirnos a la misión de Jesucristo en el mundo, es necesario pensar en su nacimiento, su niñez, su vida, su obra, sus enseñanzas, sus milagros, su muerte y resurrección. Además pensamos en su ascensión, su regreso a los cielos de donde vino, y desde donde está intercediendo por nosotros. Debemos pensar también en su segunda venida. De este último tema hablaremos más ampliamente cuando tratemos acerca de la escatología, que tiene que ver con el estudio de las últimas cosas.

La vida de Jesús está llena de sorpresas. La manera como fue concebido no había ocurrido en el mundo hasta ese momento, ni ocurrirá jamás. En este sentido él es un ser humano único, es un ser con dos naturalezas: divino y humano. Nadie puede ser como él, porque él es el ¨Unigénito Hijo de Dios¨ (I Juan 4:9). Y toda persona que cree en él, por esa fe, es hecho hijo de Dios (Juan1:12). Sólo Jesucristo tiene esa facultad, pero eso no es algo que él se inventó, sino que esa era su misión al venir al mundo, y además es algo que es sólo competencia suya como Dios. Vino del Padre Dios, procedía de él, de dentro de él, de su esencia (Juan 1:18). Su tarea era dar a conocer al Padre.

Durante toda su vida, que duró treinta y tres años Jesús dio muestras de ser un ser excepcional, incomparable. Desde su niñez asombraba por su sabiduría y su buen juicio al hablar. Sus enseñanzas, recogidas luego por los apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo, son de una factura impecable e insuperable. Sus dichos estaban respaldados por sus hechos; tanto los actos normales como los sobrenaturales, en los que dio manifestaciones inequívocas de su procedencia divina: ¨Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que este ha hecho?¨ (Juan 7:31).

La presencia de Jesús en el mundo trastornó el curso de la historia, de tal modo que desde su entrada en el escenario humano la referencia a su persona es obligada. Y esto no es cuestión manipulada por nadie, sino que es algo que cumple los designios divinos y resalta la supremacía de su persona en la historia universal. Se divide la historia entre antes y después de Jesucristo. Su nivel de importancia en la memoria del mundo, sin haber escrito ni un solo libro, es tanta, que no existe ninguna persona que se le pueda comparar. Recordemos lo que nos dice Juan respecto de todas las cosas que hizo Jesús: ¨Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén¨ (Juan 21:25).

Jesucristo se encaminó hacia la cruz, él vino a morir, porque él es la manifestación más grande del amor de Dios por el hombre (Juan 3:16). Desde su nacimiento ocurrieron misteriosos acontecimientos que apuntaban hacia el martirio, un martirio que era imprescindible para poder satisfacer la justicia divina, el pago por el pecado. Pero sólo él podía pagar, sólo él, porque no tenía pecado: ¨Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu¨ (I Pedro 3:18).

Pero lo que más se destaca respecto de la persona de Jesús es su resurrección, el haberse levantado de entre los muertos, que es donde reside la abismal diferencia que existe entre el Mesías verdadero y los falsos. Es este acontecimiento el que corona la buena noticia, la buena nueva, el evangelio de la salvación: ¨Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras¨ (I Corintios 15:3,4). Esta resurrección fue corroborada por una serie de apariciones a sus seguidores para afirmar la fe de ellos y despejar toda incertidumbre. Lucas, uno de los escritores del evangelio de Jesús, nos dice como fueron esas apariciones: ¨A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios¨ (Lucas 1:3).

Luego de su resurrección, el paso siguiente fue ascender al cielo, regresar al lugar de donde había venido. De ese lugar, el Señor volverá a este mundo para pagar a cada uno según lo que haya hecho: ¨Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras¨ ( Mateo 16: 27). ¿Estás tú preparado para cuando ese día llegue?

Leandro González

Mensaje predicado en la Primera Iglesia Bautista de Mao por Leandro González, el 31 de enero de 2010.


domingo, 24 de enero de 2010

DIOS, SU NATURALEZA Y SUS ATRIBUTOS

Salmos 139: 1-6

¨Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender¨.

Hoy entramos en un aspecto general de la persona de Dios. En realidad tenemos el cometido en esta ocasión de tratar de comprender un poco la naturaleza de Dios y sus atributos, o sea, las cualidades que le son inherentes. Como hemos dicho desde el principio, estas ideas acerca de Dios no las podemos encontrar con absoluta certidumbre en otro lugar que no sea en la Biblia, que es su propia revelación. Si bien es cierto que en la naturaleza, en el universo, en la persona del hombre mismo y en la creación toda, podemos distinguir estas características distintivas de Dios, sin embargo es la Biblia la que nos habla con propiedad acerca del carácter de Dios.

Cuando se acude a otra fuente que no sea la Biblia en un tema tan delicado como el que nos ocupa, se corren grandes riesgos de cometer lamentables errores, pues no faltan quienes filosofando por aquí y por allá han planteado todo tipo de teorías. El buen estudiante de teología debe ocupar una buena parte de su tiempo al estudio de estas corrientes de pensamiento para su adecuada ilustración, pero sin olvidar que es en la Biblia donde se encuentra toda verdad acerca de Dios.

Podemos conocer como es Dios por la manera como él se ha comportado en su trato con el hombre al través de la historia, una historia que está narrada en la Biblia. Por lo pronto podemos decir que Dios es Soberano por ser Dios en todos los actos de su ser, pues nadie puede cuestionarle ni demandarle nada. En este sentido hay que aceptar que todo lo que él hace está bien hecho, aun cuando a nosotros los humanos no nos lo parezca. Dios no actúa bajo nuestra consideración ni bajo la consideración de nadie, él no tiene que pedir permiso ni opinión acerca de nada que vaya a hacer, pues él es el único que sabe qué hacer, cuándo hacerlo y a favor o en contra de quien.

No se puede atribuir responsabilidad culposa contra Dios de ninguna manera, pues en lo que se conoce en la Biblia acerca de él nos damos cuenta de su suprema autoridad sobre todas las cosas. Esto no quiere decir que Dios sea arbitrario o caprichoso, o que actúe de forma sentimental, o sea que se deje llevar de sus emociones, de ninguna manera, sino que no se puede decir que Dios sea malo o que sea rencoroso o que actúe impulsivamente; todos los actos de Dios están sustentados en razones correctas. Esta es una verdad conveniente para todo el que quiera conocer auténticamente a Dios.

En el libro de Job encontramos una serie de cuestionamientos que el hombre se hace respecto del carácter de Dios y sus actos soberanos, los cuales no tienen una explicación lógica para el humano. Pero vemos que cuando Job hace esas preguntas, él reconoce que está en una posición de insignificancia peligrosa frente a un Dios Todopoderoso: ¨He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar¨ (Job 40:4,5). Así que cuando alguna acción de Dios no la podamos asimilar, es seguro que somos nosotros los que estamos equivocados.

Ahora dedicaremos el resto de nuestra exposición a definir algunos aspectos de la naturaleza de Dios y sus atributos, tanto naturales como morales. Es bueno saber que todos estos atributos los encontramos de igual forma en la persona de Jesús y en la persona del Espíritu Santo.

1.- La Naturaleza de Dios.

Casi todo lo concerniente a este aspecto de la naturaleza de Dios lo hemos tocado en los sermones anteriores. De manera singular se destaca el hecho de que Dios es el único Dios verdadero que existe, y esto descarta toda idea de otro dios: ¨Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy. Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno, haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?¨ (Isaías 44:6-8).

Esta realidad de la existencia de un único Dios es algo que está planteado en toda la Biblia de forma categórica, y es además un asunto que responde a conclusiones de razonamiento lógico: si existe Dios, este tiene que ser Uno, único. Es por ello que la sentencia de Dios en Isaías 44:6-8 debe ser seriamente analizada por los que se empeñan en el día de hoy en venerar, adorar y rendir culto a la virgen María o a otro ídolo creado por la religión y por el hombre. Esta práctica de idolatría es totalmente contraria al espíritu cristiano y al espíritu bíblico. Cuando Dios constituyó a la nación de Israel le dio este primero y grande mandamiento: ¨Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos¨ (Exodo 20:1-6).

Otra cosa que hemos dicho es que Dios es Espíritu, o sea, que no tiene un cuerpo material como nosotros, aunque sí puede hacerse visible si quisiera, y es a lo que se le denomina teofanía, o sea, la aparición de Dios al hombre. En la Biblia encontramos alusión al ángel de Jehová que era visible a los creyentes de la antigüedad, así que esta era una manera como Dios se hacía perceptible al ojo humano: ¨Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto¨ (Jueces 13:21,22). Dios se nos ha hecho visible de manera súper excelente en la persona de su Hijo Jesucristo, el cual es presentado en la Biblia como ¨la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3).

Un rasgo distintivo de la naturaleza de Dios que también hemos compartido, es que Dios es una persona, contrario a lo que plantean algunos de que Dios es una fuerza o una inteligencia etérea. Dios posee las características que son inherentes a una persona.

Podemos decir que Dios tiene nombre al igual que toda persona tiene nombre, se puede tener un trato personal con él, como el que un hijo tiene con su padre: ¨En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños¨ (Mateo 11:25).

Podemos decir que Dios posee intelecto, que puede pensar, es un ser racional, lo cual es sólo posible en una persona: ¨ Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos¨ (Isaías 55: 8,9).

Podemos decir que Dios es un ser que manifiesta emociones, Dios es un ser emotivo, no es una cosa, no es un objeto sin sentimiento: ¨Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón¨ (Génesis 6:6). Como puede ver en este versículo, aquí se hace alusión a Dios como teniendo corazón, como si Dios tuviera un cuerpo como nosotros, y parecería una contradicción del punto en el que planteamos que Dios es Espíritu, pero lo que ocurre aquí es que el escritor de la Biblia utiliza un recurso literario llamado antropomorfismo (atribuir a Dios forma humana); es la manera como Dios mismo se nos da a entender, de forma que nos sea comprensible.

Es bueno destacar aquí una característica de Dios que debe ser conocida, y es el hecho de que Dios es impasible, o sea que él no puede ser dañado o alterado de ninguna manera por ninguna persona. Aún cuando Dios sufrió en la persona de Jesús los tormentos de los azotes, de la cruz, de la burla y de la muerte, todo esto lo hizo, no porque él fuera una víctima desdichada del hombre, sino porque él mismo lo decidió así. Este aspecto de la impasibilidad de Dios que implica que no puede ser alterado en su serenidad y tranquilidad no significa tampoco que él no participe de nuestro gozo y nuestras alegrías, sino que él siempre está gozoso, aún en medio de cualquier dolor o trauma experimentado por sus criaturas.

Como último punto en defensa del criterio de que Dios es una persona, diremos que Dios tiene voluntad, Dios actúa por sí mismo, tiene iniciativa propia, decisiones propias: ¨en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad¨ (Efesios 1:5).

En el sermón anterior hablamos acerca de la trinidad de Dios, un aspecto de su naturaleza que damos ya por estudiado.

2.- Los Atributos Naturales de Dios.

Cuando hablamos de atributos nos estamos refiriendo a las cualidades que son características de una persona, son los adjetivos que califican la personalidad de un individuo. Dios posee atributos naturales y atributos morales. Los atributos naturales de Dios se refieren a su ser, a su naturaleza, como la palabra lo indica. En este sentido diremos a manera de comparación, que la naturaleza de Dios es diferente de la naturaleza del hombre, Dios es infinito, mientras el hombre es finito; el hombre es un ser limitado, mientras Dios es un ser sin límites de ninguna clase.

Se pueden encontrar las siguientes propiedades de Dios en la Biblia: Primeramente vemos que Dios es Eterno: En este sentido hemos hablado bastante, hemos comentado de que Dios no tiene principio ni tiene fin y muchas ideas más concernientes a esto mismo.

Luego hablemos de la inmutabilidad de Dios. Esto significa que Dios no cambia, que no puede cambiar en cuanto su carácter, es fiel a lo que es, a lo que ha prometido, a lo que es su perfecta voluntad en favor de nosotros los seres humanos: ¨Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos¨ (Malaquías 3:6). En este sentido, los creyentes podemos estar confiados en la seguridad de nuestra salvación, pues Dios garantiza lo que ha obrado por medio de su Hijo Jesucristo en favor de nosotros. Esta cuestión de la inmutabilidad plantea que Dios es un ser completo, no necesita aprender nada, ni necesita progresar en nada, él es absolutamente cabal en todo, maduro, siempre lo ha sido y siempre lo será.

El versículo 6 del capítulo 6 de Génesis que leímos más arriba pudiera confundir a algunos respecto de la inmutabilidad de Dios. Recuerde que dice que ¨Dios se arrepintió¨, pero en este arrepentimiento de Dios no hay cambio en su naturaleza o propósito, sino que ha sido el despropósito del hombre el que le ha hecho actuar de otra manera, por causa de que los hombres se desviaron del camino de vida que él les había trazado. Tampoco implica esto que Dios haya fracasado en algún aspecto o que su creación tenga algún fallo o defecto, sino que es el hombre el que no ha sido fiel al propósito trazado por Dios: ¨He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones¨ (Eclesiastés 7:9).

Una última particularidad de Dios es su aspecto de Todopoderoso. Por lo general hay un elemento prefijo que define todas estas características: Omni, que significa todo. En este sentido diremos tres cosas: primero, que Dios es Omnipresente, o sea, está presente en todas partes al mismo tiempo. El salmista David nos lo dice de forma poética, no hay un lugar donde nos podamos esconder de Dios: ¨¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día¨ (Salmo 139:7-12).

Una segunda cosa acerca de este Dios Todopoderoso es que Dios es Omnisciente, o sea, que Dios lo sabe todo. Dios conoce el pasado y el futuro, de la misma forma que conoce el presente. No hay nada secreto que Dios no lo sepa, ni nada escondido, aún en lo más íntimo del corazón humano, de lo que Dios no esté enterado. Volviendo al Salmo 139 encontramos esta reflexión acerca de la omnisciencia de Dios:l ¨Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender¨ (Salmo 139:1-6). Dios no necesita recibir instrucción de ninguna cosa, él sabe todo de toda ciencia y saber, él es el dador de toda sabiduría e inteligencia.

En tercer lugar, Dios es Omnipotente, o sea que todo lo puede. No hay ninguna cosa que él no pueda hacer: ¨He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?¨ (Jeremías 32:27). Cuando el ángel Gabriel dio las nuevas a María acerca del milagro de su embarazo virginal, le dijo: ¨porque nada hay imposible para Dios¨ (Lucas 1:37). Dios es especialista haciendo que lo imposible se haga posible.

3.- Los Atributos Morales de Dios.

Estos atributos nos hablan de la forma de ser de Dios, de su ética. Estos atributos morales de Dios son la norma para nosotros los seres humanos: ¨Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto¨ (Mateo 5:48).

Lo primero que diremos respecto de los atributos morales de Dios es que Dios es Santo. Este atributo de Dios es lo que nos distancia a los hombres pecadores de él. Es este carácter de Dios el que impulsa a los impíos a rechazarle, puesto que se dan cuenta de su situación de impureza frente a un Dios inmaculado. Este sentido de santidad en el idioma hebreo se expresa con la palabra ¨quadosh¨ que significa sagrado, libre de mancha, libre de vicio, libre de idolatría y de cualquiera otra impureza o cosa profana. Y la palabra en griego para santo es ¨hagios¨, y el significado es similar al hebreo: dedicado, separado, sagrado, reservado, puro, perfecto, digno. Así que Dios es perfectamente puro, limpio, sagrado, santo.

Otro atributo moral de Dios es que Dios es Justo. Esto quiere decir que todo lo que Dios hace es recto, no actúa con favoritismo. La Biblia enseña que Dios no hace acepción de personas: ¨Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia¨ (Hechos 10:34). Dios mide a todos con la misma vara, cosa esta que deberían aprender nuestros magistrados.

Finalmente, Dios es Amor. Dios ama de igual forma a todos, aún a los rebeldes y pecadores. La verdad de que Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador está implicada en muchos versículos de la Biblia, como este que dice: ¨Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?¨ (Ezequiel 33:11). También tenemos este otro versículo que dice: ¨El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento¨ (2 Pedro 3:9). Dios le ama tanto que envió a su Hijo a morir por sus pecados (Juan 3:16). Crea hoy en Jesús y será salvo.

Leandro González

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana en enero 24 de 2010.

VEA EL VIDEO DEL MENSAJE:





domingo, 17 de enero de 2010

LA TRINIDAD DE DIOS

2 Corintios 13:14


¨La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.¨

Hemos dicho ya que Dios es uno, pero que a la vez se manifiesta en tres personas. También hemos expresado que esta es una de las razones por qué Dios es un ser complejo. Es cierto que esta es una dificultad para nosotros los seres humanos a la hora de estudiar a Dios. Y es una dificultad mucho mayor para aquellos que se empeñan en negar una verdad tan evidente en las Sagradas Escrituras.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis Dios nos muestra de diferentes maneras esta realidad de su personalidad. Cuando leemos en Génesis el relato de la creación del hombre, encontramos que Dios dice: ¨Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza¨ (Génesis 1:26). Como puede ver, Dios está hablando aquí en plural, es claro que se está refiriendo a la compañía de alguien o algunos que comparten con él la tarea de la creación. Ese otro o esos otros, naturalmente tienen que ser iguales que él, pues de otra manera no podrían ser parte de la divinidad o participar del trabajo de la creación, algo que sólo es posible para alguien que sea Dios.

En el Nuevo Testamento, en el libro de Apocalipsis, encontramos otra demostración de la existencia de la trinidad de Dios: ¨Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén¨ (Apocalipsis 1:4-6). Hay que estar demasiado prejuiciado en contra de esta doctrina para no ver claramente esta revelación tan patente en estos versículos, pues aquí tenemos un autorretrato de Dios.

Pasajes bíblicos como este de Apocalipsis 1:4-6 que acabamos de leer, son los que nos dan datos precisos acerca del número específico de personas que comparten la personalidad de Dios, o sea, tres. Pero Es claro que hay muchísimas referencias en toda la Biblia que son congruentes con el tema de la trinidad, que nos hablan de Dios en tres personas, tanto que resulta imposible hacer el ejercicio de presentar todos esos pasajes en un sermón. Por ese motivo le animamos para que haga su propio estudio acerca de la doctrina de la trinidad de Dios.

Pero quiero mostrarle, sin embargo unas pruebas elocuentes de esta verdad bíblica: La primera tiene que ver con el relato de la concepción virginal de Jesús en el vientre de María. La revelación bíblica hace alusión a la participación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en este milagro: ¨Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios¨ (Lucas 1:35).

Además, la trinidad de Dios se vio de forma dramática el día que Jesús fue bautizado:¨Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia¨ (Mateo 3:16,17).

Una tercera prueba de la trinidad de Dios relacionada a la persona de nuestro Señor Jesucristo es que el Señor dio instrucciones a sus discípulos respecto del bautismo, y allí estableció lo que llamamos la fórmula bautismal, la cual expresa que todo nuevo creyente debe ser bautizado en nombre de las tres personas de la trinidad: ¨Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo¨ (Mateo 28:19).

Una prueba final de la doctrina de la trinidad de Dios que presentaremos aquí se encuentra en la despedida del apóstol Pablo en 2 Corintios 13:14, que es el versículo que nos sirve de base bíblica para este sermón, donde se hace alusión a las tres personas de la divinidad: ¨La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén¨.

Queda claro entonces que la trinidad de Dios sí es una doctrina enseñada en la Biblia. Aunque la palabra trinidad no aparece en la Biblia, es demasiado evidente el concepto de la trinidad de Dios. Esta es una verdad cardinal de la fe cristiana. Una persona no es cristiana, aunque diga que lo es, si no cree en la doctrina de la trinidad. Sin la realidad de la trinidad de Dios, ni Jesús ni el Espíritu Santo podrían ser ni siquiera considerados en la magnitud que lo son en la Biblia. Ni Jesús nos hubiera podido revelar al Padre, ni el Espíritu Santo nos hubiera podido revelar la verdad, si ellos no son Dios.

1.- La Trinidad de Dios Significa que las Tres Personas son Un Dios.

Un Dios en tres personas, pero a la vez, ninguna de estas personas puede ser considerada separada de la divinidad. O sea, que al mismo tiempo que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Cada uno y todos en uno a la vez. En la persona de Jesús está el Yo Soy en toda su plenitud, en la persona del Espíritu Santo está el Yo Soy en toda su plenitud, de la misma manera como en la persona del Padre, el Yo Soy está en toda su plenitud.

Cuando el Padre trabaja, también trabaja el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando Dios creaba el mundo, la Biblia nos dice que: ¨el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas¨ (Génesis 1:2). Juan nos dice que Jesucristo mismo es el autor de la creación: ¨En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho¨ (Juan 1:1-3). Y el Señor Jesús decía respecto de esta relación, lo siguiente: ¨Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo¨ (Juan 5:17).

Es muy claro que no hay ninguna diferencia entre cada una de estas personas. Con relación a la unidad de esta trinidad, el Señor Jesucristo expresó a los discípulos lo siguiente: ¨ Yo y el Padre uno somos¨ (Juan 10:30).

Quiero que vea esto además: ¨Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras¨ (Juan 14:9,10).

Podemos hacer algún tipo de relación del concepto de la trinidad de Dios con la lógica matemática. Si sumamos estas Tres Divinas Personas, entonces el resultado sería tres. Pero si las multiplicamos por su igual, el resultado sería uno: 1 x 1 x 1 = 1.

Además veamos que la naturaleza del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios también tiene esta relación de tres en uno: el hombre tiene alma, cuerpo y espíritu, y es una sola persona: ¨Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo¨ (I Tesalonicenses 5:23). Cuando nos toque hablar de la doctrina del hombre abundaremos en esta verdad.

A pesar de estas explicaciones y de cualquiera otra que se pueda ofrecer del mundo natural para explicar la verdad de que Dios es Uno en tres personas, estas comparaciones resultarán siempre insuficientes.

2.- La Trinidad de Dios no Significa que las Tres Personas son Tres Dioses.

No creemos en tres dioses, no somos politeístas, sino más bien monoteístas, creemos que existe un solo y único Dios. No creemos en una trilogía divina, de un gobierno compartido por tres individuos diferentes, sino que esta trinidad de Dios se afianza en la unidad de sustancia o esencia de estas tres personas. No son tres individuos con criterios diferentes, con ideas diferentes, sino que son tres personas iguales en esencia, iguales en pensamiento, iguales en sentimiento, iguales en propósito. No hay discordia de ninguna clase entre ellos, no hay desacuerdos, están en perfecta armonía, y la razón es que siendo tres son uno, una unidad indivisible, de tal manera que si hubiera alguna posibilidad de separación, ese misterio de la trinidad no fuera posible.

Por eso se habla más bien de una tri-unidad. Hay cierta independencia en esta trinidad en el sentido de la función de cada uno de ellos, pero sin lesionar la unidad existente. Así es el gran misterio de la trinidad que se acepta por la fe.

Si le resulta difícil entenderlo, es lógico que así sea, pues esto habla de lo que ya hemos enseñado, la complejidad de Dios. Dios mismo se declara complejo: ¨Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos¨ (Isaías 55:8,9).

¿Piensa usted que será fácil para nosotros, seres finitos, poder comprender por nuestros propios medios a un Dios infinito? Pero yo diría todavía mucho más, ¿le parece que seres afectados por el pecado, desconectados de su Creador, de su Hacedor, en desobediencia, podrían tener la capacidad de comprenderle? La Palabra de Dios nos enseña que para el hombre natural las verdades de Dios son locura, porque no las puede entender:¨Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente¨ (I Corintios 2:14).

Para el hombre natural, acostumbrado a la idolatría, sería mucho más natural concebir la idea de la trinidad como la existencia de tres dioses. Si la doctrina de la trinidad se planteara de esa manera de seguro que tendría como seguidores y defensores a los que hoy son detractores. Cuando no entendamos o no podamos cotejar alguna verdad de la Biblia con nuestra lógica humana, lo que tenemos que hacer no es negar tal verdad, sino reconocer nuestra limitación humana para entender ciertas cosas de Dios. Tenemos que decir con el apóstol Pablo: ¨Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido¨ (I Corintios 13:12). Llegará el día cuando muchas de las cosas que hoy son incomprensibles nos serán reveladas.

3.- La trinidad de Dios Implica una Procesión de estas Tres Personas en el Escenario Humano.

Las tres personas de la trinidad aparecen en el relato bíblico siguiendo un orden de sucesión y cada una de estas sucesiones está relacionada con la acción divina en favor del universo y de manera muy especial y particular en favor o beneficio de la humanidad. En la Biblia vemos al Padre como Creador, al Hijo como Redentor y al Espíritu Santo como Consolador. Veremos en los sermones subsiguientes cada una de estas personas de manera particular.

En las funciones de estas tres personas hay un orden establecido que muchas veces los creyentes no alcanzan a considerar y que además se pasa por alto y hasta se menosprecia. En la actividad de las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo hay una correspondencia de la sucesión a la que nos estamos refiriendo, donde el Padre envía al Hijo y el Espíritu Santo es enviado por el Padre y por el Hijo.

Otro asunto importante en el tema de la trinidad es el que tiene que ver con la perfecta dependencia de estas personas. El Señor Jesucristo es presentado en el Nuevo Testamento como alguien que está subordinado al Padre: ¨Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres¨ (Filipenses 2:5-7). Esto no quiere decir que Jesús sea menor que el Padre, sino que él se consideró a sí mismo como menor que el Padre en su subordinación por causa de su tarea de ser el Dios encarnado en razón de su amor por el hombre (Juan 3:16).

Esta subordinación perfecta de Jesús a su Padre Dios la vemos de forma dramática en el Getsemaní (Lucas 22:39-43). El propio Jesús llegó a decir en esa perfecta sumisión a la voluntad del Padre lo siguiente: ¨porque el Padre mayor es que yo¨ (Juan 14:28).

Pero cuidado, reiteramos que esto no quiere decir que Jesús no tenga la misma dignidad de Dios el Padre, sino que él se subordinó por su propia voluntad, de la misma manera que se sometió a la muerte por su propia voluntad, teniendo la capacidad tanto de dar su vida como de tomarla a su antojo: ¨Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre¨ (Juan 10:17,18). Y en otro lugar donde el Señor Jesús habló del Padre como superior a todos, hizo una aclaración para evitar equivocaciones acerca de su igualdad con el Padre: ¨Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos¨ (Juan 10:29,30).

Con relación a esta procesión de Dios en su manifestación al mundo vemos que Jesús habla del Espíritu Santo como siendo enviado por él y por el Padre: ¨Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho¨ (Juan 14:26).

Esta condescendencia de la trinidad se puede ver cuando Jesús establece la forma como debemos orar. El nos dice que debemos orar al Padre en su nombre: ¨Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo¨ (Juan 14: 13,145). Siguiendo este orden, la función de la persona del Espíritu Santo en la oración es la de llevar nuestra oración y la de dar a nuestras oraciones el verdadero sentir de nuestra necesidad: ¨Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles¨ (Romanos 8:26).

En este sentido, no es correcto orar al Espíritu Santo, pero sí podemos orar en el Espíritu: ¨orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos¨ (Efesios 6:18). Así que siempre debemos orar al Padre en el nombre de Jesús, pues este es el orden que el Señor ha establecido.

Queda claro entonces que el Padre envía al Hijo y el Espíritu Santo nos ha sido enviado por el Padre y por el Hijo. Esta es una correspondencia de relación en el trato que vemos de la trinidad en el accionar bíblico, y ese orden no puede ser alterado, como no puede ser alterada la necesidad de que cada persona tiene que creer en Jesucristo para ser salva.

Leandro González


Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 17 de enero de 2010.


domingo, 10 de enero de 2010

DIOS

Hechos 17:22-31


¨Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos¨. (La Biblia, Versión Reina Valera 1960)

Continuando con nuestro énfasis en este nuevo año, hoy empezaremos una serie de mensajes con el tema de Dios. Este es un tema muy extenso.

Cuando hablamos de Dios con mayúscula nos referimos al Dios Verdadero; los que no lo son se escriben con minúscula, siempre que nos vayamos a referir por alguna razón a ellos. Dios se escribe con mayúscula porque se refiere al Dios que es persona. Nos referimos al único Dios que ve, nos referimos al único Dios que oye, nos referimos al único Dios que habla, nos referimos al único Dios que huele, nos referimos al único Dios que camina, nos referimos al único Dios que palpa, nos referimos al único Dios que existe, diferente totalmente de los ídolos forjados por el hombre: ¨El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú¨ (Isaías 44:13-17).

Nosotros estamos hablando del Dios de la Biblia, del Dios del que habla la Biblia, nos referimos al Dios que habla en la Biblia.

Pudiendo hacer todo lo que hemos descrito: que ve, que oye, que habla, etc., este Dios sin embargo no es como nosotros, más bien nosotros los hombres hemos sido hechos a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26,27). No es como nosotros porque este Dios es Espíritu: ¨Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren¨ (Juan 4:24). Y precisamente por esa condición que nos imposibilita a nosotros los seres humanos poder verlo, él mismo se ha dado a conocer en la persona de Jesús; o sea, que como nadie lo podía ver, él se ha dado a conocer en la persona humana de su Hijo Jesucristo: ¨A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer¨ (Juan 1:18). Estaremos hablando en otro mensaje de todo lo que encierra el misterio de la encarnación. Por ahora nos limitaremos a decir algunas cosas generales con respecto a Dios.

1.- Este es el Dios Verdadero.

Cuando estudiamos las culturas de la tierra vemos que todas ellas tienen sus divinidades. Estas divinidades están relacionadas por lo general con los fenómenos de la naturaleza, como el viento, el fuego, la tierra, el sol, etc. Están relacionadas también con los sentimientos y las cosas intangibles de la mente humana, como el amor y la sabiduría, etc. De otra manera, están relacionadas igualmente con los hechos de la humanidad, con el accionar del hombre, como la guerra, el comercio, el arte, etc.

Las grandes civilizaciones que han existido no han sido ajenas sin embargo a la concepción de la existencia de un ser supremo, a pesar de su grande vitrina de dioses. Por eso encontramos a la cultura egipcia con su Amón Ra, aunque durante el tiempo de akhenaton (entre los años 1353 a 1338 a.C) los egipcios adoraron a Atón, un dios al que llegaron a considerar como el único dios. Seguimos con la cultura persa con su Ahura Mazda, la cultura asirio-babilónica con Marduk, la cultura griega con Zeus y la cultura romana con Júpiter.

En todas estas civilizaciones y muchas más, estas divinidades a menudo se relacionaban con personas humanas. O sea, la representación de estas divinidades estaba personificada por una figura humana, y a veces mitad humano mitad animal (antropozoomorfismo). Recordemos lo dicho por el apóstol Pablo en su carta de Romanos: ¨Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles¨ (Romanos 1:21-23). También los faraones, reyes y emperadores se proclamaban ellos mismos como la personificación de esas divinidades.

Debemos saber que detrás de todas esas aberraciones religiosas está la intervención de Satanás, puesto que en su anhelo de querer ocupar el lugar de Dios él ha colocado a la humanidad perdida en el camino equivocado. Esta pretensión satánica será la que hará que finalmente se manifieste el anticristo.

Este hecho registrado en las diferentes civilizaciones de tener a un dios al que se considera por encima de los demás dioses, nos habla también del gran vacío existencial del hombre. Estas son como ráfagas de revelación que le llegan al hombre acerca de la existencia de ese Dios verdadero, como lo explicó el apóstol Pablo cuando habló a los del Areópago en Atenas, que estaban adorando ¨Al Dios No Conocido¨. En esa ocasión Pablo hizo la siguiente reflexión: ¨porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio¨ (Hechos 17:23). Es por ello que se hace tan urgente siempre, que prediquemos y enseñemos la verdad de las Sagradas Escrituras.

En la Biblia encontramos la batalla que libraron Moisés y Aarón frente a los magos egipcios para demostrar que Jehová es el Dios verdadero. Esta demostración era sobre todo importante para que los hebreos vieran el poder de Dios por encima de los dioses falsos de Egipto. Moisés tenía frente al pueblo de Dios la misión no sólo de liberarles de la esclavitud del opresor humano, sino también y mucho más, librarles de la esclavitud del opresor espiritual, pues ellos se habían acostumbrado en un periodo de cuatrocientos años a una cultura ajena a sus antepasados. Sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob eran monoteístas, y Moisés tuvo que batallar duramente con ellos para regresarles a la fe genuina.

En el libro de Exodo Dios mostró, de manera particular, evidencias a Moisés acerca de su gran poder y de su persona, porque Moisés mismo necesitaba estas evidencias para confirmar su fe en el Dios verdadero. Usted puede leer todo el relato de esta experiencia en los capítulos 3 y 4 de Exodo. Toda persona necesita tener algún tipo de experiencia personal como la de Moisés y de esta manera creer en el Dios verdadero y ser salvo.

Dios existe independientemente de mí, de que yo lo crea o que yo lo diga. Pero él no puede hacer nada por nosotros a menos que tengamos fe en él, que creamos en él: ¨Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan¨ (Hebreos 11: 6).

2.- Este es el Dios de Sustancia Compleja.

Dios no es un ser simple, es un ser complejo, tan complejo que si no fuera porque él mismo se revela, para nosotros sería imposible conocerle. Y una de las grandes verdades de la Biblia es que Dios se nos ha revelado, tal y como nos lo dice Hebreos 1:1-3. Porque Dios sabe de nuestra imposibilidad para conocerle, él se ha dado a conocer y se da a conocer aún de múltiples maneras.

Una de las complejidades de Dios es su personalidad, ésta se define en teología como la trinidad de Dios. Este concepto es en sí mismo un elevado misterio que nos plantea que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y todo esto a la vez, y al mismo tiempo. O sea que Dios no tiene un yo como el de nosotros, sino que su yo es complejo, como su personalidad. Este tema de la trinidad de Dios, y cada una de sus manifestaciones, las estudiaremos de manera separada; mientras tanto es necesario que entendamos esta verdad de que Dios se ha manifestado en tres personas y que estas tres personas constituyen de manera misteriosa un único Dios. Aunque es el Dios Trino es también Uno. No creemos en tres dioses, sino en un Dios en tres personas.

Esta personalidad compleja de Dios no nos debe sorprender, puesto que no estamos tratando con un ser cualquiera, sino con el único ser que no puede ser comparado con ningún otro. Dios no tiene paralelo ni como Padre, ni como Hijo, ni como Espíritu Santo. Es por ello que se presenta a Moisés como: ¨YO SOY EL QUE SOY¨ (Exodo 3:14). Y esta expresión, que de múltiples formas repite nuestro Señor Jesucristo en el evangelio según San Juan, es una de las pruebas irrefutables de la divinidad de Jesús, de su relación inseparable con el único Dios; o sea, que Jesús es el Jehová del Antiguo Testamento.

La complejidad de Dios no sólo la vemos en el misterio de la trinidad, sino que la podemos ver en todas las cosas creadas por él. Tanto en la criatura más grande como en la más pequeña, podemos ver innumerables complejidades, magníficos detalles. Pero a pesar de esa complejidad de Dios, él es a la vez simple, fácil. Dios no es pedante, no es vanidoso como nosotros. Es por ello que él puede exhibir su grandeza sin lesionarse él mismo ni lesionar a los demás, cosa esta que es tan difícil con relación al hombre.

Basta sólo ver el cielo en una noche estrellada para que podamos contemplar la gran complejidad del Dios Creador. El rey David exclamó ante la bastedad del universo: ¨Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.¨ (Salmos 19:1).

Cuando planteamos la existencia de Dios nos encontramos con el hecho de que El es, y simplente. El es, siempre ha sido y siempre será. No tiene un principio y no tendrá un fin, más bien él es la razón de ser de todas las cosas. Hay una palabra que define esa complejidad: ¨Todopoderoso¨ (Apocalipsis 1:8). El existe a pesar de la incredulidad o de la negación de los llamados ateos. El no dejará de estar ahí, como no se puede tapar el sol con un dedo y luego decir por eso que el sol no existe. En el libro de Apocalipsis él mismo se presenta como el Alfa y Omega, el principio y fin de todas las cosas (Apocalipsis 1:8).

3.- Este es el Dios Personal.

Este es el único Dios que se relaciona con sus criaturas, no está lejano. A pesar de su trascendencia él se hace inmanente, cercano al hombre. La trascendencia es aquella condición que hace a Dios diferente, separado de su creación y de sus criaturas; y su inmanencia es aquella condición que lo acerca a nosotros. El impulso poderoso de su amor nos invade. No obstante esto, debemos estar muy claros que existe una enorme distancia entre nosotros y Dios, y que debemos guardar con reverencia esa distancia. Pero Dios está muy cercano a nosotros a pesar de la enorme distancia.

Esta distancia es tanto de espacio como de condición moral. En el sentido geográfico nosotros estamos en la tierra y Dios está en el Cielo, un lugar muy lejano. En el sentido moral, Dios es santo, mientras nosotros somos pecadores. Esta condición de pecado nuestra es la que nos mantiene alejados de Dios, tal y como nos lo dice el apóstol Pablo en Romanos 3:23: ¨por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios¨. Y por el hecho de que él es una persona y no una cosa ni una fuerza, sino un ser con sentimientos, es que él se ha preocupado por relacionarse con nosotros, por salvar la distancia que nos separa.

Es por ser persona que Dios se preocupa de manera personal por sus criaturas. Dios no es sólo una inteligencia en el universo, no es un alienígena que se pasea de galaxia en galaxia. Muchos han tratado de reducir a Dios a un simple concepto filosófico y mezclarlo de esa manera en una masa cósmica haciéndolo uno con el todo, pero nada más alejado de la verdad.

La idea equivocada del panteísmo, que plantea que todo es dios, no concuerda para nada con el Dios de la Biblia. Esta idea hace de Dios un ser impersonal, inconsciente; y lo exculpa de toda responsabilidad con su creación y sus criaturas. Quienes plantean este tipo de creencia procuran una clase de Dios que no se inmiscuya en sus asuntos y que no les trace pautas, que no les diga como deben vivir.

El nombre de ese Dios que se relaciona con el hombre se dio a conocer a Moisés en el monte Horeb: ¨Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios¨ (Exodo 3:6). Ante la preocupación de Moisés acerca de la identidad de Dios, vemos que Dios se da a conocer de manera que Moisés lo pudiera entender: ¨Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos¨ (Exodo 3:13-15).

Yo estoy feliz con el Dios personal de la Biblia. Este el Dios con el que puedo hablar, al que le puedo decir mis problemas y con el que puedo contar. Sé que cuando hablo con Dios no estoy hablando conmigo mismo, porque recibo de él las respuestas a mis inquietudes y oraciones.

Sé que Dios se preocupa por el hombre. Dios vino a este mundo por el hombre. Se hizo hombre por causa del hombre, dio su vida por el hombre. El quiere relacionarse con el hombre. Un aspecto sobresaliente de Dios como persona es el hecho de que él es el que toma la iniciativa de darse a conocer: ¨Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero¨ (I Juan 4:19).

Si usted no ha tenido la experiencia personal de conocer a Dios, hoy, ahora, usted puede tener esa bendita experiencia. Recuerde, Dios se ha hecho cercano en la persona de Jesús para que usted lo pueda conocer. Lo único que usted tiene que hacer es creer que Jesucristo vino a este mundo y murió en la cruz, fue sepultado y resucitó al tercer día. Si usted cree esto en su corazón y lo confiesa con sus labios, con su boca; si lo hace suyo y lo repite de manera sincera, la Biblia enseña que usted será salvo.

Leandro González

Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao el 10 de enero de 2010.