domingo, 24 de enero de 2010

DIOS, SU NATURALEZA Y SUS ATRIBUTOS

Salmos 139: 1-6

¨Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender¨.

Hoy entramos en un aspecto general de la persona de Dios. En realidad tenemos el cometido en esta ocasión de tratar de comprender un poco la naturaleza de Dios y sus atributos, o sea, las cualidades que le son inherentes. Como hemos dicho desde el principio, estas ideas acerca de Dios no las podemos encontrar con absoluta certidumbre en otro lugar que no sea en la Biblia, que es su propia revelación. Si bien es cierto que en la naturaleza, en el universo, en la persona del hombre mismo y en la creación toda, podemos distinguir estas características distintivas de Dios, sin embargo es la Biblia la que nos habla con propiedad acerca del carácter de Dios.

Cuando se acude a otra fuente que no sea la Biblia en un tema tan delicado como el que nos ocupa, se corren grandes riesgos de cometer lamentables errores, pues no faltan quienes filosofando por aquí y por allá han planteado todo tipo de teorías. El buen estudiante de teología debe ocupar una buena parte de su tiempo al estudio de estas corrientes de pensamiento para su adecuada ilustración, pero sin olvidar que es en la Biblia donde se encuentra toda verdad acerca de Dios.

Podemos conocer como es Dios por la manera como él se ha comportado en su trato con el hombre al través de la historia, una historia que está narrada en la Biblia. Por lo pronto podemos decir que Dios es Soberano por ser Dios en todos los actos de su ser, pues nadie puede cuestionarle ni demandarle nada. En este sentido hay que aceptar que todo lo que él hace está bien hecho, aun cuando a nosotros los humanos no nos lo parezca. Dios no actúa bajo nuestra consideración ni bajo la consideración de nadie, él no tiene que pedir permiso ni opinión acerca de nada que vaya a hacer, pues él es el único que sabe qué hacer, cuándo hacerlo y a favor o en contra de quien.

No se puede atribuir responsabilidad culposa contra Dios de ninguna manera, pues en lo que se conoce en la Biblia acerca de él nos damos cuenta de su suprema autoridad sobre todas las cosas. Esto no quiere decir que Dios sea arbitrario o caprichoso, o que actúe de forma sentimental, o sea que se deje llevar de sus emociones, de ninguna manera, sino que no se puede decir que Dios sea malo o que sea rencoroso o que actúe impulsivamente; todos los actos de Dios están sustentados en razones correctas. Esta es una verdad conveniente para todo el que quiera conocer auténticamente a Dios.

En el libro de Job encontramos una serie de cuestionamientos que el hombre se hace respecto del carácter de Dios y sus actos soberanos, los cuales no tienen una explicación lógica para el humano. Pero vemos que cuando Job hace esas preguntas, él reconoce que está en una posición de insignificancia peligrosa frente a un Dios Todopoderoso: ¨He aquí que yo soy vil; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca. Una vez hablé, mas no responderé; Aun dos veces, mas no volveré a hablar¨ (Job 40:4,5). Así que cuando alguna acción de Dios no la podamos asimilar, es seguro que somos nosotros los que estamos equivocados.

Ahora dedicaremos el resto de nuestra exposición a definir algunos aspectos de la naturaleza de Dios y sus atributos, tanto naturales como morales. Es bueno saber que todos estos atributos los encontramos de igual forma en la persona de Jesús y en la persona del Espíritu Santo.

1.- La Naturaleza de Dios.

Casi todo lo concerniente a este aspecto de la naturaleza de Dios lo hemos tocado en los sermones anteriores. De manera singular se destaca el hecho de que Dios es el único Dios verdadero que existe, y esto descarta toda idea de otro dios: ¨Se derramó, por tanto, mi ira y mi furor, y se encendió en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, y fueron puestas en soledad y en destrucción, como están hoy. Ahora, pues, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¿Por qué hacéis tan grande mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el muchacho y el niño de pecho de en medio de Judá, sin que os quede remanente alguno, haciéndome enojar con las obras de vuestras manos, ofreciendo incienso a dioses ajenos en la tierra de Egipto, adonde habéis entrado para vivir, de suerte que os acabéis, y seáis por maldición y por oprobio a todas las naciones de la tierra?¨ (Isaías 44:6-8).

Esta realidad de la existencia de un único Dios es algo que está planteado en toda la Biblia de forma categórica, y es además un asunto que responde a conclusiones de razonamiento lógico: si existe Dios, este tiene que ser Uno, único. Es por ello que la sentencia de Dios en Isaías 44:6-8 debe ser seriamente analizada por los que se empeñan en el día de hoy en venerar, adorar y rendir culto a la virgen María o a otro ídolo creado por la religión y por el hombre. Esta práctica de idolatría es totalmente contraria al espíritu cristiano y al espíritu bíblico. Cuando Dios constituyó a la nación de Israel le dio este primero y grande mandamiento: ¨Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos¨ (Exodo 20:1-6).

Otra cosa que hemos dicho es que Dios es Espíritu, o sea, que no tiene un cuerpo material como nosotros, aunque sí puede hacerse visible si quisiera, y es a lo que se le denomina teofanía, o sea, la aparición de Dios al hombre. En la Biblia encontramos alusión al ángel de Jehová que era visible a los creyentes de la antigüedad, así que esta era una manera como Dios se hacía perceptible al ojo humano: ¨Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto¨ (Jueces 13:21,22). Dios se nos ha hecho visible de manera súper excelente en la persona de su Hijo Jesucristo, el cual es presentado en la Biblia como ¨la imagen misma de su sustancia (Hebreos 1:3).

Un rasgo distintivo de la naturaleza de Dios que también hemos compartido, es que Dios es una persona, contrario a lo que plantean algunos de que Dios es una fuerza o una inteligencia etérea. Dios posee las características que son inherentes a una persona.

Podemos decir que Dios tiene nombre al igual que toda persona tiene nombre, se puede tener un trato personal con él, como el que un hijo tiene con su padre: ¨En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños¨ (Mateo 11:25).

Podemos decir que Dios posee intelecto, que puede pensar, es un ser racional, lo cual es sólo posible en una persona: ¨ Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos¨ (Isaías 55: 8,9).

Podemos decir que Dios es un ser que manifiesta emociones, Dios es un ser emotivo, no es una cosa, no es un objeto sin sentimiento: ¨Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón¨ (Génesis 6:6). Como puede ver en este versículo, aquí se hace alusión a Dios como teniendo corazón, como si Dios tuviera un cuerpo como nosotros, y parecería una contradicción del punto en el que planteamos que Dios es Espíritu, pero lo que ocurre aquí es que el escritor de la Biblia utiliza un recurso literario llamado antropomorfismo (atribuir a Dios forma humana); es la manera como Dios mismo se nos da a entender, de forma que nos sea comprensible.

Es bueno destacar aquí una característica de Dios que debe ser conocida, y es el hecho de que Dios es impasible, o sea que él no puede ser dañado o alterado de ninguna manera por ninguna persona. Aún cuando Dios sufrió en la persona de Jesús los tormentos de los azotes, de la cruz, de la burla y de la muerte, todo esto lo hizo, no porque él fuera una víctima desdichada del hombre, sino porque él mismo lo decidió así. Este aspecto de la impasibilidad de Dios que implica que no puede ser alterado en su serenidad y tranquilidad no significa tampoco que él no participe de nuestro gozo y nuestras alegrías, sino que él siempre está gozoso, aún en medio de cualquier dolor o trauma experimentado por sus criaturas.

Como último punto en defensa del criterio de que Dios es una persona, diremos que Dios tiene voluntad, Dios actúa por sí mismo, tiene iniciativa propia, decisiones propias: ¨en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad¨ (Efesios 1:5).

En el sermón anterior hablamos acerca de la trinidad de Dios, un aspecto de su naturaleza que damos ya por estudiado.

2.- Los Atributos Naturales de Dios.

Cuando hablamos de atributos nos estamos refiriendo a las cualidades que son características de una persona, son los adjetivos que califican la personalidad de un individuo. Dios posee atributos naturales y atributos morales. Los atributos naturales de Dios se refieren a su ser, a su naturaleza, como la palabra lo indica. En este sentido diremos a manera de comparación, que la naturaleza de Dios es diferente de la naturaleza del hombre, Dios es infinito, mientras el hombre es finito; el hombre es un ser limitado, mientras Dios es un ser sin límites de ninguna clase.

Se pueden encontrar las siguientes propiedades de Dios en la Biblia: Primeramente vemos que Dios es Eterno: En este sentido hemos hablado bastante, hemos comentado de que Dios no tiene principio ni tiene fin y muchas ideas más concernientes a esto mismo.

Luego hablemos de la inmutabilidad de Dios. Esto significa que Dios no cambia, que no puede cambiar en cuanto su carácter, es fiel a lo que es, a lo que ha prometido, a lo que es su perfecta voluntad en favor de nosotros los seres humanos: ¨Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos¨ (Malaquías 3:6). En este sentido, los creyentes podemos estar confiados en la seguridad de nuestra salvación, pues Dios garantiza lo que ha obrado por medio de su Hijo Jesucristo en favor de nosotros. Esta cuestión de la inmutabilidad plantea que Dios es un ser completo, no necesita aprender nada, ni necesita progresar en nada, él es absolutamente cabal en todo, maduro, siempre lo ha sido y siempre lo será.

El versículo 6 del capítulo 6 de Génesis que leímos más arriba pudiera confundir a algunos respecto de la inmutabilidad de Dios. Recuerde que dice que ¨Dios se arrepintió¨, pero en este arrepentimiento de Dios no hay cambio en su naturaleza o propósito, sino que ha sido el despropósito del hombre el que le ha hecho actuar de otra manera, por causa de que los hombres se desviaron del camino de vida que él les había trazado. Tampoco implica esto que Dios haya fracasado en algún aspecto o que su creación tenga algún fallo o defecto, sino que es el hombre el que no ha sido fiel al propósito trazado por Dios: ¨He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones¨ (Eclesiastés 7:9).

Una última particularidad de Dios es su aspecto de Todopoderoso. Por lo general hay un elemento prefijo que define todas estas características: Omni, que significa todo. En este sentido diremos tres cosas: primero, que Dios es Omnipresente, o sea, está presente en todas partes al mismo tiempo. El salmista David nos lo dice de forma poética, no hay un lugar donde nos podamos esconder de Dios: ¨¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día¨ (Salmo 139:7-12).

Una segunda cosa acerca de este Dios Todopoderoso es que Dios es Omnisciente, o sea, que Dios lo sabe todo. Dios conoce el pasado y el futuro, de la misma forma que conoce el presente. No hay nada secreto que Dios no lo sepa, ni nada escondido, aún en lo más íntimo del corazón humano, de lo que Dios no esté enterado. Volviendo al Salmo 139 encontramos esta reflexión acerca de la omnisciencia de Dios:l ¨Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender¨ (Salmo 139:1-6). Dios no necesita recibir instrucción de ninguna cosa, él sabe todo de toda ciencia y saber, él es el dador de toda sabiduría e inteligencia.

En tercer lugar, Dios es Omnipotente, o sea que todo lo puede. No hay ninguna cosa que él no pueda hacer: ¨He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?¨ (Jeremías 32:27). Cuando el ángel Gabriel dio las nuevas a María acerca del milagro de su embarazo virginal, le dijo: ¨porque nada hay imposible para Dios¨ (Lucas 1:37). Dios es especialista haciendo que lo imposible se haga posible.

3.- Los Atributos Morales de Dios.

Estos atributos nos hablan de la forma de ser de Dios, de su ética. Estos atributos morales de Dios son la norma para nosotros los seres humanos: ¨Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto¨ (Mateo 5:48).

Lo primero que diremos respecto de los atributos morales de Dios es que Dios es Santo. Este atributo de Dios es lo que nos distancia a los hombres pecadores de él. Es este carácter de Dios el que impulsa a los impíos a rechazarle, puesto que se dan cuenta de su situación de impureza frente a un Dios inmaculado. Este sentido de santidad en el idioma hebreo se expresa con la palabra ¨quadosh¨ que significa sagrado, libre de mancha, libre de vicio, libre de idolatría y de cualquiera otra impureza o cosa profana. Y la palabra en griego para santo es ¨hagios¨, y el significado es similar al hebreo: dedicado, separado, sagrado, reservado, puro, perfecto, digno. Así que Dios es perfectamente puro, limpio, sagrado, santo.

Otro atributo moral de Dios es que Dios es Justo. Esto quiere decir que todo lo que Dios hace es recto, no actúa con favoritismo. La Biblia enseña que Dios no hace acepción de personas: ¨Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia¨ (Hechos 10:34). Dios mide a todos con la misma vara, cosa esta que deberían aprender nuestros magistrados.

Finalmente, Dios es Amor. Dios ama de igual forma a todos, aún a los rebeldes y pecadores. La verdad de que Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador está implicada en muchos versículos de la Biblia, como este que dice: ¨Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?¨ (Ezequiel 33:11). También tenemos este otro versículo que dice: ¨El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento¨ (2 Pedro 3:9). Dios le ama tanto que envió a su Hijo a morir por sus pecados (Juan 3:16). Crea hoy en Jesús y será salvo.

Leandro González

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana en enero 24 de 2010.

VEA EL VIDEO DEL MENSAJE:





domingo, 17 de enero de 2010

LA TRINIDAD DE DIOS

2 Corintios 13:14


¨La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.¨

Hemos dicho ya que Dios es uno, pero que a la vez se manifiesta en tres personas. También hemos expresado que esta es una de las razones por qué Dios es un ser complejo. Es cierto que esta es una dificultad para nosotros los seres humanos a la hora de estudiar a Dios. Y es una dificultad mucho mayor para aquellos que se empeñan en negar una verdad tan evidente en las Sagradas Escrituras.

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis Dios nos muestra de diferentes maneras esta realidad de su personalidad. Cuando leemos en Génesis el relato de la creación del hombre, encontramos que Dios dice: ¨Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza¨ (Génesis 1:26). Como puede ver, Dios está hablando aquí en plural, es claro que se está refiriendo a la compañía de alguien o algunos que comparten con él la tarea de la creación. Ese otro o esos otros, naturalmente tienen que ser iguales que él, pues de otra manera no podrían ser parte de la divinidad o participar del trabajo de la creación, algo que sólo es posible para alguien que sea Dios.

En el Nuevo Testamento, en el libro de Apocalipsis, encontramos otra demostración de la existencia de la trinidad de Dios: ¨Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén¨ (Apocalipsis 1:4-6). Hay que estar demasiado prejuiciado en contra de esta doctrina para no ver claramente esta revelación tan patente en estos versículos, pues aquí tenemos un autorretrato de Dios.

Pasajes bíblicos como este de Apocalipsis 1:4-6 que acabamos de leer, son los que nos dan datos precisos acerca del número específico de personas que comparten la personalidad de Dios, o sea, tres. Pero Es claro que hay muchísimas referencias en toda la Biblia que son congruentes con el tema de la trinidad, que nos hablan de Dios en tres personas, tanto que resulta imposible hacer el ejercicio de presentar todos esos pasajes en un sermón. Por ese motivo le animamos para que haga su propio estudio acerca de la doctrina de la trinidad de Dios.

Pero quiero mostrarle, sin embargo unas pruebas elocuentes de esta verdad bíblica: La primera tiene que ver con el relato de la concepción virginal de Jesús en el vientre de María. La revelación bíblica hace alusión a la participación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en este milagro: ¨Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios¨ (Lucas 1:35).

Además, la trinidad de Dios se vio de forma dramática el día que Jesús fue bautizado:¨Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia¨ (Mateo 3:16,17).

Una tercera prueba de la trinidad de Dios relacionada a la persona de nuestro Señor Jesucristo es que el Señor dio instrucciones a sus discípulos respecto del bautismo, y allí estableció lo que llamamos la fórmula bautismal, la cual expresa que todo nuevo creyente debe ser bautizado en nombre de las tres personas de la trinidad: ¨Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo¨ (Mateo 28:19).

Una prueba final de la doctrina de la trinidad de Dios que presentaremos aquí se encuentra en la despedida del apóstol Pablo en 2 Corintios 13:14, que es el versículo que nos sirve de base bíblica para este sermón, donde se hace alusión a las tres personas de la divinidad: ¨La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén¨.

Queda claro entonces que la trinidad de Dios sí es una doctrina enseñada en la Biblia. Aunque la palabra trinidad no aparece en la Biblia, es demasiado evidente el concepto de la trinidad de Dios. Esta es una verdad cardinal de la fe cristiana. Una persona no es cristiana, aunque diga que lo es, si no cree en la doctrina de la trinidad. Sin la realidad de la trinidad de Dios, ni Jesús ni el Espíritu Santo podrían ser ni siquiera considerados en la magnitud que lo son en la Biblia. Ni Jesús nos hubiera podido revelar al Padre, ni el Espíritu Santo nos hubiera podido revelar la verdad, si ellos no son Dios.

1.- La Trinidad de Dios Significa que las Tres Personas son Un Dios.

Un Dios en tres personas, pero a la vez, ninguna de estas personas puede ser considerada separada de la divinidad. O sea, que al mismo tiempo que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Cada uno y todos en uno a la vez. En la persona de Jesús está el Yo Soy en toda su plenitud, en la persona del Espíritu Santo está el Yo Soy en toda su plenitud, de la misma manera como en la persona del Padre, el Yo Soy está en toda su plenitud.

Cuando el Padre trabaja, también trabaja el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando Dios creaba el mundo, la Biblia nos dice que: ¨el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas¨ (Génesis 1:2). Juan nos dice que Jesucristo mismo es el autor de la creación: ¨En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho¨ (Juan 1:1-3). Y el Señor Jesús decía respecto de esta relación, lo siguiente: ¨Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo¨ (Juan 5:17).

Es muy claro que no hay ninguna diferencia entre cada una de estas personas. Con relación a la unidad de esta trinidad, el Señor Jesucristo expresó a los discípulos lo siguiente: ¨ Yo y el Padre uno somos¨ (Juan 10:30).

Quiero que vea esto además: ¨Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras¨ (Juan 14:9,10).

Podemos hacer algún tipo de relación del concepto de la trinidad de Dios con la lógica matemática. Si sumamos estas Tres Divinas Personas, entonces el resultado sería tres. Pero si las multiplicamos por su igual, el resultado sería uno: 1 x 1 x 1 = 1.

Además veamos que la naturaleza del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios también tiene esta relación de tres en uno: el hombre tiene alma, cuerpo y espíritu, y es una sola persona: ¨Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo¨ (I Tesalonicenses 5:23). Cuando nos toque hablar de la doctrina del hombre abundaremos en esta verdad.

A pesar de estas explicaciones y de cualquiera otra que se pueda ofrecer del mundo natural para explicar la verdad de que Dios es Uno en tres personas, estas comparaciones resultarán siempre insuficientes.

2.- La Trinidad de Dios no Significa que las Tres Personas son Tres Dioses.

No creemos en tres dioses, no somos politeístas, sino más bien monoteístas, creemos que existe un solo y único Dios. No creemos en una trilogía divina, de un gobierno compartido por tres individuos diferentes, sino que esta trinidad de Dios se afianza en la unidad de sustancia o esencia de estas tres personas. No son tres individuos con criterios diferentes, con ideas diferentes, sino que son tres personas iguales en esencia, iguales en pensamiento, iguales en sentimiento, iguales en propósito. No hay discordia de ninguna clase entre ellos, no hay desacuerdos, están en perfecta armonía, y la razón es que siendo tres son uno, una unidad indivisible, de tal manera que si hubiera alguna posibilidad de separación, ese misterio de la trinidad no fuera posible.

Por eso se habla más bien de una tri-unidad. Hay cierta independencia en esta trinidad en el sentido de la función de cada uno de ellos, pero sin lesionar la unidad existente. Así es el gran misterio de la trinidad que se acepta por la fe.

Si le resulta difícil entenderlo, es lógico que así sea, pues esto habla de lo que ya hemos enseñado, la complejidad de Dios. Dios mismo se declara complejo: ¨Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos¨ (Isaías 55:8,9).

¿Piensa usted que será fácil para nosotros, seres finitos, poder comprender por nuestros propios medios a un Dios infinito? Pero yo diría todavía mucho más, ¿le parece que seres afectados por el pecado, desconectados de su Creador, de su Hacedor, en desobediencia, podrían tener la capacidad de comprenderle? La Palabra de Dios nos enseña que para el hombre natural las verdades de Dios son locura, porque no las puede entender:¨Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente¨ (I Corintios 2:14).

Para el hombre natural, acostumbrado a la idolatría, sería mucho más natural concebir la idea de la trinidad como la existencia de tres dioses. Si la doctrina de la trinidad se planteara de esa manera de seguro que tendría como seguidores y defensores a los que hoy son detractores. Cuando no entendamos o no podamos cotejar alguna verdad de la Biblia con nuestra lógica humana, lo que tenemos que hacer no es negar tal verdad, sino reconocer nuestra limitación humana para entender ciertas cosas de Dios. Tenemos que decir con el apóstol Pablo: ¨Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido¨ (I Corintios 13:12). Llegará el día cuando muchas de las cosas que hoy son incomprensibles nos serán reveladas.

3.- La trinidad de Dios Implica una Procesión de estas Tres Personas en el Escenario Humano.

Las tres personas de la trinidad aparecen en el relato bíblico siguiendo un orden de sucesión y cada una de estas sucesiones está relacionada con la acción divina en favor del universo y de manera muy especial y particular en favor o beneficio de la humanidad. En la Biblia vemos al Padre como Creador, al Hijo como Redentor y al Espíritu Santo como Consolador. Veremos en los sermones subsiguientes cada una de estas personas de manera particular.

En las funciones de estas tres personas hay un orden establecido que muchas veces los creyentes no alcanzan a considerar y que además se pasa por alto y hasta se menosprecia. En la actividad de las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo hay una correspondencia de la sucesión a la que nos estamos refiriendo, donde el Padre envía al Hijo y el Espíritu Santo es enviado por el Padre y por el Hijo.

Otro asunto importante en el tema de la trinidad es el que tiene que ver con la perfecta dependencia de estas personas. El Señor Jesucristo es presentado en el Nuevo Testamento como alguien que está subordinado al Padre: ¨Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres¨ (Filipenses 2:5-7). Esto no quiere decir que Jesús sea menor que el Padre, sino que él se consideró a sí mismo como menor que el Padre en su subordinación por causa de su tarea de ser el Dios encarnado en razón de su amor por el hombre (Juan 3:16).

Esta subordinación perfecta de Jesús a su Padre Dios la vemos de forma dramática en el Getsemaní (Lucas 22:39-43). El propio Jesús llegó a decir en esa perfecta sumisión a la voluntad del Padre lo siguiente: ¨porque el Padre mayor es que yo¨ (Juan 14:28).

Pero cuidado, reiteramos que esto no quiere decir que Jesús no tenga la misma dignidad de Dios el Padre, sino que él se subordinó por su propia voluntad, de la misma manera que se sometió a la muerte por su propia voluntad, teniendo la capacidad tanto de dar su vida como de tomarla a su antojo: ¨Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre¨ (Juan 10:17,18). Y en otro lugar donde el Señor Jesús habló del Padre como superior a todos, hizo una aclaración para evitar equivocaciones acerca de su igualdad con el Padre: ¨Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos¨ (Juan 10:29,30).

Con relación a esta procesión de Dios en su manifestación al mundo vemos que Jesús habla del Espíritu Santo como siendo enviado por él y por el Padre: ¨Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho¨ (Juan 14:26).

Esta condescendencia de la trinidad se puede ver cuando Jesús establece la forma como debemos orar. El nos dice que debemos orar al Padre en su nombre: ¨Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo¨ (Juan 14: 13,145). Siguiendo este orden, la función de la persona del Espíritu Santo en la oración es la de llevar nuestra oración y la de dar a nuestras oraciones el verdadero sentir de nuestra necesidad: ¨Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles¨ (Romanos 8:26).

En este sentido, no es correcto orar al Espíritu Santo, pero sí podemos orar en el Espíritu: ¨orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos¨ (Efesios 6:18). Así que siempre debemos orar al Padre en el nombre de Jesús, pues este es el orden que el Señor ha establecido.

Queda claro entonces que el Padre envía al Hijo y el Espíritu Santo nos ha sido enviado por el Padre y por el Hijo. Esta es una correspondencia de relación en el trato que vemos de la trinidad en el accionar bíblico, y ese orden no puede ser alterado, como no puede ser alterada la necesidad de que cada persona tiene que creer en Jesucristo para ser salva.

Leandro González


Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 17 de enero de 2010.


domingo, 10 de enero de 2010

DIOS

Hechos 17:22-31


¨Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos¨. (La Biblia, Versión Reina Valera 1960)

Continuando con nuestro énfasis en este nuevo año, hoy empezaremos una serie de mensajes con el tema de Dios. Este es un tema muy extenso.

Cuando hablamos de Dios con mayúscula nos referimos al Dios Verdadero; los que no lo son se escriben con minúscula, siempre que nos vayamos a referir por alguna razón a ellos. Dios se escribe con mayúscula porque se refiere al Dios que es persona. Nos referimos al único Dios que ve, nos referimos al único Dios que oye, nos referimos al único Dios que habla, nos referimos al único Dios que huele, nos referimos al único Dios que camina, nos referimos al único Dios que palpa, nos referimos al único Dios que existe, diferente totalmente de los ídolos forjados por el hombre: ¨El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi Dios eres tú¨ (Isaías 44:13-17).

Nosotros estamos hablando del Dios de la Biblia, del Dios del que habla la Biblia, nos referimos al Dios que habla en la Biblia.

Pudiendo hacer todo lo que hemos descrito: que ve, que oye, que habla, etc., este Dios sin embargo no es como nosotros, más bien nosotros los hombres hemos sido hechos a su imagen y semejanza (Génesis 1: 26,27). No es como nosotros porque este Dios es Espíritu: ¨Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren¨ (Juan 4:24). Y precisamente por esa condición que nos imposibilita a nosotros los seres humanos poder verlo, él mismo se ha dado a conocer en la persona de Jesús; o sea, que como nadie lo podía ver, él se ha dado a conocer en la persona humana de su Hijo Jesucristo: ¨A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer¨ (Juan 1:18). Estaremos hablando en otro mensaje de todo lo que encierra el misterio de la encarnación. Por ahora nos limitaremos a decir algunas cosas generales con respecto a Dios.

1.- Este es el Dios Verdadero.

Cuando estudiamos las culturas de la tierra vemos que todas ellas tienen sus divinidades. Estas divinidades están relacionadas por lo general con los fenómenos de la naturaleza, como el viento, el fuego, la tierra, el sol, etc. Están relacionadas también con los sentimientos y las cosas intangibles de la mente humana, como el amor y la sabiduría, etc. De otra manera, están relacionadas igualmente con los hechos de la humanidad, con el accionar del hombre, como la guerra, el comercio, el arte, etc.

Las grandes civilizaciones que han existido no han sido ajenas sin embargo a la concepción de la existencia de un ser supremo, a pesar de su grande vitrina de dioses. Por eso encontramos a la cultura egipcia con su Amón Ra, aunque durante el tiempo de akhenaton (entre los años 1353 a 1338 a.C) los egipcios adoraron a Atón, un dios al que llegaron a considerar como el único dios. Seguimos con la cultura persa con su Ahura Mazda, la cultura asirio-babilónica con Marduk, la cultura griega con Zeus y la cultura romana con Júpiter.

En todas estas civilizaciones y muchas más, estas divinidades a menudo se relacionaban con personas humanas. O sea, la representación de estas divinidades estaba personificada por una figura humana, y a veces mitad humano mitad animal (antropozoomorfismo). Recordemos lo dicho por el apóstol Pablo en su carta de Romanos: ¨Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles¨ (Romanos 1:21-23). También los faraones, reyes y emperadores se proclamaban ellos mismos como la personificación de esas divinidades.

Debemos saber que detrás de todas esas aberraciones religiosas está la intervención de Satanás, puesto que en su anhelo de querer ocupar el lugar de Dios él ha colocado a la humanidad perdida en el camino equivocado. Esta pretensión satánica será la que hará que finalmente se manifieste el anticristo.

Este hecho registrado en las diferentes civilizaciones de tener a un dios al que se considera por encima de los demás dioses, nos habla también del gran vacío existencial del hombre. Estas son como ráfagas de revelación que le llegan al hombre acerca de la existencia de ese Dios verdadero, como lo explicó el apóstol Pablo cuando habló a los del Areópago en Atenas, que estaban adorando ¨Al Dios No Conocido¨. En esa ocasión Pablo hizo la siguiente reflexión: ¨porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio¨ (Hechos 17:23). Es por ello que se hace tan urgente siempre, que prediquemos y enseñemos la verdad de las Sagradas Escrituras.

En la Biblia encontramos la batalla que libraron Moisés y Aarón frente a los magos egipcios para demostrar que Jehová es el Dios verdadero. Esta demostración era sobre todo importante para que los hebreos vieran el poder de Dios por encima de los dioses falsos de Egipto. Moisés tenía frente al pueblo de Dios la misión no sólo de liberarles de la esclavitud del opresor humano, sino también y mucho más, librarles de la esclavitud del opresor espiritual, pues ellos se habían acostumbrado en un periodo de cuatrocientos años a una cultura ajena a sus antepasados. Sus antepasados Abraham, Isaac y Jacob eran monoteístas, y Moisés tuvo que batallar duramente con ellos para regresarles a la fe genuina.

En el libro de Exodo Dios mostró, de manera particular, evidencias a Moisés acerca de su gran poder y de su persona, porque Moisés mismo necesitaba estas evidencias para confirmar su fe en el Dios verdadero. Usted puede leer todo el relato de esta experiencia en los capítulos 3 y 4 de Exodo. Toda persona necesita tener algún tipo de experiencia personal como la de Moisés y de esta manera creer en el Dios verdadero y ser salvo.

Dios existe independientemente de mí, de que yo lo crea o que yo lo diga. Pero él no puede hacer nada por nosotros a menos que tengamos fe en él, que creamos en él: ¨Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan¨ (Hebreos 11: 6).

2.- Este es el Dios de Sustancia Compleja.

Dios no es un ser simple, es un ser complejo, tan complejo que si no fuera porque él mismo se revela, para nosotros sería imposible conocerle. Y una de las grandes verdades de la Biblia es que Dios se nos ha revelado, tal y como nos lo dice Hebreos 1:1-3. Porque Dios sabe de nuestra imposibilidad para conocerle, él se ha dado a conocer y se da a conocer aún de múltiples maneras.

Una de las complejidades de Dios es su personalidad, ésta se define en teología como la trinidad de Dios. Este concepto es en sí mismo un elevado misterio que nos plantea que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y todo esto a la vez, y al mismo tiempo. O sea que Dios no tiene un yo como el de nosotros, sino que su yo es complejo, como su personalidad. Este tema de la trinidad de Dios, y cada una de sus manifestaciones, las estudiaremos de manera separada; mientras tanto es necesario que entendamos esta verdad de que Dios se ha manifestado en tres personas y que estas tres personas constituyen de manera misteriosa un único Dios. Aunque es el Dios Trino es también Uno. No creemos en tres dioses, sino en un Dios en tres personas.

Esta personalidad compleja de Dios no nos debe sorprender, puesto que no estamos tratando con un ser cualquiera, sino con el único ser que no puede ser comparado con ningún otro. Dios no tiene paralelo ni como Padre, ni como Hijo, ni como Espíritu Santo. Es por ello que se presenta a Moisés como: ¨YO SOY EL QUE SOY¨ (Exodo 3:14). Y esta expresión, que de múltiples formas repite nuestro Señor Jesucristo en el evangelio según San Juan, es una de las pruebas irrefutables de la divinidad de Jesús, de su relación inseparable con el único Dios; o sea, que Jesús es el Jehová del Antiguo Testamento.

La complejidad de Dios no sólo la vemos en el misterio de la trinidad, sino que la podemos ver en todas las cosas creadas por él. Tanto en la criatura más grande como en la más pequeña, podemos ver innumerables complejidades, magníficos detalles. Pero a pesar de esa complejidad de Dios, él es a la vez simple, fácil. Dios no es pedante, no es vanidoso como nosotros. Es por ello que él puede exhibir su grandeza sin lesionarse él mismo ni lesionar a los demás, cosa esta que es tan difícil con relación al hombre.

Basta sólo ver el cielo en una noche estrellada para que podamos contemplar la gran complejidad del Dios Creador. El rey David exclamó ante la bastedad del universo: ¨Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.¨ (Salmos 19:1).

Cuando planteamos la existencia de Dios nos encontramos con el hecho de que El es, y simplente. El es, siempre ha sido y siempre será. No tiene un principio y no tendrá un fin, más bien él es la razón de ser de todas las cosas. Hay una palabra que define esa complejidad: ¨Todopoderoso¨ (Apocalipsis 1:8). El existe a pesar de la incredulidad o de la negación de los llamados ateos. El no dejará de estar ahí, como no se puede tapar el sol con un dedo y luego decir por eso que el sol no existe. En el libro de Apocalipsis él mismo se presenta como el Alfa y Omega, el principio y fin de todas las cosas (Apocalipsis 1:8).

3.- Este es el Dios Personal.

Este es el único Dios que se relaciona con sus criaturas, no está lejano. A pesar de su trascendencia él se hace inmanente, cercano al hombre. La trascendencia es aquella condición que hace a Dios diferente, separado de su creación y de sus criaturas; y su inmanencia es aquella condición que lo acerca a nosotros. El impulso poderoso de su amor nos invade. No obstante esto, debemos estar muy claros que existe una enorme distancia entre nosotros y Dios, y que debemos guardar con reverencia esa distancia. Pero Dios está muy cercano a nosotros a pesar de la enorme distancia.

Esta distancia es tanto de espacio como de condición moral. En el sentido geográfico nosotros estamos en la tierra y Dios está en el Cielo, un lugar muy lejano. En el sentido moral, Dios es santo, mientras nosotros somos pecadores. Esta condición de pecado nuestra es la que nos mantiene alejados de Dios, tal y como nos lo dice el apóstol Pablo en Romanos 3:23: ¨por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios¨. Y por el hecho de que él es una persona y no una cosa ni una fuerza, sino un ser con sentimientos, es que él se ha preocupado por relacionarse con nosotros, por salvar la distancia que nos separa.

Es por ser persona que Dios se preocupa de manera personal por sus criaturas. Dios no es sólo una inteligencia en el universo, no es un alienígena que se pasea de galaxia en galaxia. Muchos han tratado de reducir a Dios a un simple concepto filosófico y mezclarlo de esa manera en una masa cósmica haciéndolo uno con el todo, pero nada más alejado de la verdad.

La idea equivocada del panteísmo, que plantea que todo es dios, no concuerda para nada con el Dios de la Biblia. Esta idea hace de Dios un ser impersonal, inconsciente; y lo exculpa de toda responsabilidad con su creación y sus criaturas. Quienes plantean este tipo de creencia procuran una clase de Dios que no se inmiscuya en sus asuntos y que no les trace pautas, que no les diga como deben vivir.

El nombre de ese Dios que se relaciona con el hombre se dio a conocer a Moisés en el monte Horeb: ¨Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios¨ (Exodo 3:6). Ante la preocupación de Moisés acerca de la identidad de Dios, vemos que Dios se da a conocer de manera que Moisés lo pudiera entender: ¨Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos¨ (Exodo 3:13-15).

Yo estoy feliz con el Dios personal de la Biblia. Este el Dios con el que puedo hablar, al que le puedo decir mis problemas y con el que puedo contar. Sé que cuando hablo con Dios no estoy hablando conmigo mismo, porque recibo de él las respuestas a mis inquietudes y oraciones.

Sé que Dios se preocupa por el hombre. Dios vino a este mundo por el hombre. Se hizo hombre por causa del hombre, dio su vida por el hombre. El quiere relacionarse con el hombre. Un aspecto sobresaliente de Dios como persona es el hecho de que él es el que toma la iniciativa de darse a conocer: ¨Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero¨ (I Juan 4:19).

Si usted no ha tenido la experiencia personal de conocer a Dios, hoy, ahora, usted puede tener esa bendita experiencia. Recuerde, Dios se ha hecho cercano en la persona de Jesús para que usted lo pueda conocer. Lo único que usted tiene que hacer es creer que Jesucristo vino a este mundo y murió en la cruz, fue sepultado y resucitó al tercer día. Si usted cree esto en su corazón y lo confiesa con sus labios, con su boca; si lo hace suyo y lo repite de manera sincera, la Biblia enseña que usted será salvo.

Leandro González

Mensaje predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao el 10 de enero de 2010.

domingo, 3 de enero de 2010

LA BIBLIA

2 Timoteo 3: 16,17


¨Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra¨.

Todas las religiones tienen sus libros que consideran sagrados. Los creyentes de cada religión consideran las palabras de esos libros como una autoridad, y defienden las ideas y pensamientos contenidos en ellos como si fueran la verdad, y hasta estarían dispuestos a morir por ello. Los seguidores de cada religión creen que lo que sus libros dicen es algo que tiene que ser aceptado incondicionalmente, por cuanto son cosas que están por encima de lo natural, o sea, que no es humano o que no es de este mundo.

Cuando hago esta reflexión estoy pensando en las grandes religiones del mundo, dentro de las cuales está también el cristianismo, cuyo libro sagrado es la Biblia.

Siguiendo con este pensamiento, hay dos grandes religiones más que tienen como tronco común el pueblo Hebreo y parte de su historia; además tienen en común la figura de un hombre: Abraham. Estas religiones tienen en común también que las tres son monoteistas, o sea que creen en un solo Dios, diferente de las demás que son politeistas. Estas religiones son el Judaismo y el Islamismo. Los judaistas tienen parte de la Biblia como su libro sagrado, el Antiguo Testamento básicamente, y descartan el Nuevo Testamento, o sea que la Biblia de los judaistas sólo llega hasta el libro de Malaquías. El libro sagrado de los Islamistas (que son los musulmanes) es el Corán, que aunque tiene algunas referencias a la Biblia, no tiene el carácter único de esta.

Las otras religiones que mencionaré aquí, que también entran en el grupo de religiones mayoritarias por el gran número de seguidores que tienen y por su larga historia, son el Budismo, el confucianismo, el hinduismo y el taoismo. Con relación al budismo, no se puede hablar de un solo libro sagrado, sino que es necesario considerar un canon mucho más disperso; por lo menos tres corrientes del budismo se disputan la autoridad literaria: 1) el canon pali, 2) el canon chino y 3) el canon tibetano.

El canon de la filosofía confucianista, que son las ideas de Confucio, está compuesto por los llamados Cuatro Libros: 1) Gran Saber, 2) Doctrina de la Medianía, 3) Analectas y 4) Mencio. Los libros sagrados de los hinduistas son los libros Vedas que incluyen una gran cantidad de textos antiguos. Dentro de estos se destacan el Upanishad y los cuatro Vedas (Rig Vedá, Láyur Vedá, Sama Vedá y Atarvha Vedá). Finalmente, el libro sagrado del taoísmo es el Tao Te Ching.

Mucho del contenido de estos escritos y mucha de la filosofía de vida y ética que contienen, no necesariamente son contrarios a lo que enseña la Biblia, pero ninguno de estos libros sagrados puede exhibir la grandeza, ni soportar la prueba a la que ha sido sometida la Biblia por el hombre y por las fuerzas del mundo espiritual. Hay mucho de fantasía e imaginación humanas en los libros llamados sagrados de las demás religiones. Pero todo lo que está relatado en la Biblia es auténtico y puede ser corroborado por la arqueología, y no ha podido ser contradicho con éxito, a pesar de los intentos que se han hecho. Todos sabemos de la más reciente saga literaria y cinematográfica del escritor Dan Brown, ¨El Código Da Vinci¨, que con pretendida autoridad busca desacreditar el contenido del texto sagrado de la Biblia.

A este tipo de ataques los creyentes debemos estar listos para presentar defensa de nuestra fe, tal y como nos lo manda la Biblia: ¨sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo¨ (I Pedro 3:15,16).

En esta ocasión tenemos el interés de enseñar el alcance y valor de la Biblia. Este es un tema de gran importancia para todo creyente evangélico, puesto que todo lo que creemos está contenido en este libro santo. La Biblia es el libro de nosotros los cristianos, pero es mucho más que eso. Vamos a ver brevemente que la Biblia es la Palabra de Dios, veremos también que la Biblia es la Verdad, y finalmente veremos que la Biblia es Infalible.

1.- La Biblia es la Palabra de Dios.

La Biblia no es producto de la mente humana, no es un invento de los hombres. ¿Qué hombre podría jamás imaginar siquiera los hechos y los conceptos contenidos en la Biblia? Ni las concepciones mitológicas de la antigua Grecia pueden superar con su grandiosa fantasía las extraordinarias historias reales que se cuentan en la Biblia. Sin ser fantasía, la Biblia deslumbra al lector con sus maravillosos relatos. Cuando los grandes cineastas llevan a la pantalla la narrativa bíblica nos dejan boquiabiertos al recrearnos aquellos acontecimientos tan llenos de dramatismo. Ya sea que se trate de historias del Antiguo Testamento como el cruce del Mar Rojo, o del magnífico relato de la Pasión de Cristo, no hay nada escrito que se pueda comparar con esto. Porque esta es la Palabra de Dios.

Aunque Dios utilizó hombres para escribirla, esta fue inspirada por él mismo. Así nos lo dice el propio texto sagrado: ¨Toda la Escritura es inspirada por Dios¨ (2 Timoteo 3:16). Esto quiere decir que la Biblia tiene un solo autor, Dios. Por medio de su Espíritu Santo, Dios dio, reveló, transmitió al hombre su palabra. El Señor Jesucristo dijo a sus discípulos que el Espíritu Santo les recordaría todas las cosas: ¨Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir¨ (Juan 16:13).

Dios usó hombres a los cuales dictó de manera sobrenatural todo lo que él quería que nosotros supiéramos acerca de él y de su propósito para con la humanidad. A esto se le llama inspiración plenaria o completa, esto significa que todo el contenido bíblico ha seguido una dirección divina, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. En todo el arreglo de ella Dios ha intervenido. Dios no ha dejado al azar nada de lo que tiene que ver con su Palabra. Recordemos el versículo bíblico que dice: ¨Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido¨ (Mateo 5:18). Esto claramente nos quiere decir que Dios se ha tomado su cuidado en el más mínimo detalle del contenido bíblico. Así que cuando tome próximamente su Biblia en las manos sepa que está frente a un libro sin igual, es el libro de Dios. Y es el libro de Dios para nosotros. En él Dios nos señala el camino para que volvamos a El: ¨ Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí¨ (Juan 14:6).

En la Biblia encontramos entonces el registro de los hechos que tienen que ver con las acciones divinas a favor del hombre, y también encontramos las instrucciones de Dios, sus principios y enseñanzas, los cuales son imprescindibles para que nosotros andemos en su voluntad.

Si la Biblia es la Palabra de Dios, entonces es el único libro que puede ser catalogado de esa manera, ningún otro libro puede ser la Palabra de Dios. Lo siento por las demás religiones que tienen sus libros a los cuales consideran sagrados, porque según la propia Biblia lamentablemente tienen que estar equivocados. Según lo que el apóstol Pedro nos dice, nada se compara con la Biblia: ¨Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo¨ (2 Pedro 1:19-21).

Entonces queda claro que la Biblia, y sólo la Biblia es la Palabra de Dios, y por lo tanto para los cristianos es la única fuente de autoridad en materia de fe, conducta, doctrina u opinión de cualquier clase. Todo sentido crítico debe ser sometido al escrutinio de la Biblia.

2.- La Biblia es La Verdad.

Si la Biblia es la Palabra de Dios, entonces la Biblia es la Verdad. Fíjese como nos dice nuestro texto acerca de la Biblia: ¨y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia¨ (2 Timoteo 3:16). La Escritura es confiable, es segura, es certera, es de gran utilidad a la hora de enfrentar la mentira y los errores que vienen disfrazados de verdad y que la propia Biblia denomina como doctrina de demonios: ¨Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios¨ (I Timoteo 4:1). Es por ello que el escritor de la carta a los Hebreos, al igual que Pablo en Efesios 6:17, compara la Biblia con una espada, un arma poderosa que escudriña lo más escondido: ¨ Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón¨ (Hebreos 4:12).

Cuando Jesús estaba siendo interrogado por Pilato, hizo una afirmación desconcertante: ¨Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz¨ (Juan 18:37). Esto provocó que Pilato hiciera una pregunta muy atinada e inteligente: ¨ Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad?¨ (Juan 18:38). Pero tal parece que esta pregunta de Pilato fue hecha con un dejo de incredulidad y desprecio pues no esperaba ninguna respuesta. Como muchos hoy, Pilato pensaba que nadie tiene la verdad absoluta, que la verdad es relativa, o sea, que cada uno tiene su verdad. Pilato ignoró la verdad encarnada que estaba frente a él, porque Jesús es el verbo de Dios encarnado, la Palabra poderosa y creadora de Génesis 1:1; la verdad misma, según el propio Jesús lo dijo: ¨Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí¨ (Juan 14:6).

La carta a los Hebreos nos enseña que Jesús es la revelación por excelencia de Dios: ¨Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas¨ (Hebreos 1:1-3). Al decirnos esto, el escritor inspirado nos da la certeza de que estamos ante alguien singular. Y todo esto está relatado precisamente en la Biblia, lo cual hace de este libro la verdad.

Este libro es la verdad o es la mentira más grande que jamás se haya dicho; yo me inclino reverente ante lo primero. Usted sólo puede hacer una de dos cosas con la Biblia, o bien la acepta como la Verdad revelada de Dios y se salva, o mal la rechaza completamente para su eterna perdición. Rechazarla o aceptarla tiene consecuencias eternas.

Lo que está relatado en la Biblia, poniendo de relieve de manera especial la persona de Jesús, es tan extraordinario e incomparable que no puede ser encontrado en ningún otro lugar. Todo lo que la Biblia dice en el Antiguo Testamento acerca de la persona de Jesús se ha cumplido al pie de la letra en el Nuevo Testamento. Y con el cumplimiento de las profecías del Señor al través de la historia y en los hechos del día de hoy, se corrobora la autenticidad del texto Sagrado. Una de las pruebas de que la Biblia es la verdad, que el mundo puede ver con asombroso realismo cada día en los medios de comunicación, son los acontecimientos relacionados con el pueblo judío, una nación que ha soportado todo intento de aniquilación.

Los seres humanos no podíamos ser dejados por Dios a la deriva, a merced de nuestros propios pensamientos e ideas caprichosas. No, de ninguna manera, Dios no podía dejar su creación vagando sin asidero y sin fundamento en el vacío existencial. El no sólo es el Creador del mundo, sino que él lo sustenta, lo cuida, lo dirige, lo guía hasta el fin o propósito que él ha señalado, este es el misterio de la verdad revelada en la Biblia y que los hombres incrédulos se empeñan en negar.

La Biblia es la Verdad, la verdad de todas las cosas, el libro que nos dice como debemos vivir. El libro que traza las pautas de qué es bueno y qué es malo. Si usted quiere saber si lo que piensa, dice o hace es correcto, usted debe examinarlo a la luz de la Biblia. La Biblia es nuestro manual de referencia, es el manual del Creador. Es el libro que nos dice como es que funciona bien el individuo; es el libro que nos dice como funciona bien la familia; es el libro que nos dice como funciona bien la sociedad y el mundo. Si no hacemos caso a esta verdad, viviremos llenos de errores y mentiras, seremos eternamente engañados por el diablo, el enemigo de la Biblia, el enemigo de la verdad, el enemigo de Dios y el enemigo de todos nosotros.

3.- La Biblia es Infalible.

Esto significa que no se equivoca, y no se equivoca porque es la Palabra de Dios, pues Dios no se equivoca. La Biblia es inerrante, no tiene error de ninguna clase. Algunos han tratado de encontrar error en la Biblia pero no han tenido éxito. Pero la Biblia no esconde las equivocaciones éticas cometidas por los hombres que Dios usó para escribirla. Esta es la cosa más grande que demuestra la procedencia divina de la Biblia, que siendo escrita por hombres como nosotros, llenos de debilidades e imperfeccciones, ella es perfecta de principio a fin. Dios no usó a esos hombres porque ellos tuvieran algo especial, sino que más bien, ellos son especiales hoy porque Dios los eligió del montón para usarlos en una tarea tan grande como para escribir su palabra y legarnos a nosotros los hombres su voluntad.

Nuestro texto nos dice más bien que el propósito de la Biblia es hacer perfecto al hombre: ¨a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra¨ (2 Timoteo 3:17). Una cosa imperfecta no puede hacer a nadie perfecto, pero la Biblia hace al hombre y a la mujer de Dios perfectos, porque ella es perfecta. En todo caso el problema de la perfectibilidad no se encuentra en la Biblia, sino en nosotros los hombres que nos negamos a vivir de acuerdo a lo que ella nos enseña.

Ya sea que se trate de cuestiones morales o espirituales, o que se trate de asuntos relacionados con hechos históricos o datos geográficos contenidos en el texto sagrado, la Biblia es confiable. Aunque la Biblia haya sido escrita por seres humanos factibles de error, la Biblia no contiene error alguno, y esto es así porque Dios ha tenido control absoluto de la Biblia y lo seguirá teniendo por toda la eternidad: ¨ El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán¨(Mateo 24:35). La Biblia no es un asunto humano, es un asunto que atañe a Dios, y por lo tanto él se ha encargado y se encargará aún de proteger su integridad.

Si hay una cosa que no está desamparada en este mundo es la Biblia; su existencia y permanencia no depende de ningún poder humano. Aun cuando Dios utilice cualquier poder religioso, político o militar para defenderla, la Biblia es de la exclusiva responsabilidad de Dios. Pero esto no significa que usted no pueda ser parte de los que creen en la Biblia, eso no sólo es bueno que usted lo haga, sino que es imprescindible para poder ser salvo. El hecho de que la Biblia es de la exclusiva responsabilidad de Dios no impide que usted se una a los que la defienden como la Palabra de Dios, es más, ese es deber de todo creyente. Jesús ha dicho de los que se avergüenzan de su Palabra, lo siguiente: ¨ Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles¨ (Lucas 9:26).

Es necesario que crea en la Biblia y lo que ella dice para ser salvo hoy.

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana. Enero 3 de 2010.

jueves, 30 de abril de 2009

JEREMIAS, EL PROFETA BAJO FUEGO.

Jeremías y Lamentaciones


Se ha identificado a Jeremías como el ¨profeta llorón¨, pero creo que es injusto este apelativo, pues los lamentos de Jeremías obedecieron a situaciones, que por su gran celo por el pueblo de Dios lo impulsaron a comportarse en la manera como lo vemos en sus dos libros en la Biblia. Si vamos a llamar a Jeremías de esta manera, entonces tendremos que identificar a muchos siervos de Dios que han derramado sus lágrimas por el celo de las cosas santas al través del tiempo, a los que también les cabría el mote de ¨llorones¨. Pero en definitiva, me parece que es mucho mejor quejarse delante de Dios que delante de los hombres, como ya hemos expresado en el caso de Job.

Hay que estar en el pellejo de Jeremías para poder darse cuenta de los motivos de sus reacciones. Jeremías estuvo durante todo su ministerio profético bajo el fuego de su propio pueblo, bajo el fuego de los enemigos de Israel y bajo el fuego purificador de Dios. Fue llamado por Dios cuando era apenas un muchacho. El mismo le dice a Dios: ¨¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño¨ (Jeremías 1:6). Aquel parecía un buen argumento, pero Dios no acepta objeciones; cuando él nos llama, él sabe lo que hace, por eso le responde a Jeremías: ¨No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande¨ (Jeremías 1: 7).

El llamado de Dios a Jeremías había venido desde mucho antes de que él fuera siquiera concebido: ¨Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones¨ (Jeremías 1: 5). He aquí uno de los grandes misterios de la predestinación, somos elegidos en la presciencia de Dios. Cada uno de los seres humanos trae consigo una serie de componentes preestablecidos tanto en la genética como en la urdimbre espiritual, somos portadores de dones que nos han sido dados por Dios para la realización de nuestra misión en la vida. Lamentablemente muchos de nosotros nos resistimos a esa determinación divina, y por ese motivo no elegimos la carrera u oficio para los cuales hemos sido condicionados por Dios. Todo esto entraña una gran miopía espiritual, una desconexión rabiosa de Dios que nos lleva, en la mayoría de los casos, a la frustración.

Esta intervención de Dios en nuestra personalidad no tiene nada que ver con el destino, puesto que el concepto de ¨destino¨ invalida al hombre de su capacidad de determinar por sí mismo sus propias acciones, y Dios no coarta al hombre su derecho de decidir su propia vida, que es lo que se llama el ¨libre albedrío¨. Sin embargo, el no atender a lo establecido por Dios en lo intrínseco de nuestras vidas, acarreará graves daños en nuestro desarrollo, y nos incapacitará para lograr la felicidad y la realización personal efectiva. Hay una fueraza interior que grita a cada individuo y lo hace inclinar por aquellas cosas para las que ha sido dotado, esta es la manera como Dios actúa en nuestras conciencias.

Al hablar de este tema no puedo evitar pensar en la gravedad del crimen del aborto, puesto que si cada persona ya existe en la preconcepción divina, cada uno es persona mucho antes de ser concebido, ya en los propósitos eternos de un Dios Todopoderoso.

En definitiva entonces, la vocación a la que nos inclinamos de manera natural y que nos hace elegir una carrera, ya sea de manera empírica o académica, obedece a ese llamado que Dios ha colocado en nuestros genes en el momento de nuestra concepción. Por otro lado, el don espiritual que recibimos en el momento de nuestro nuevo nacimiento, o sea cuando nos convertimos, y que es algo que nos capacita para ejercer un ministerio dentro de la iglesia, es algo que ya estaba ordenado por Dios para nosotros, por eso dice la Biblia que el don lo recibimos según nuestra capacidad: ¨ a uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad¨ (Mateo 25: 15).

Es por eso que Jeremías no tiene razón cuando dice que es muy niño para poder llevar a cabo la tarea encomendada por Dios. Es que aunque él no lo sabía, él había sido dotado de una capacidad especial para hacer conforme a lo que Dios quería que hiciera. Cada creyente debe preocuparse por descubrir sus dones para ponerlos al servicio de Dios y de sus semejantes.

Todo llamado entraña una gran responsabilidad. En el caso de Jeremías, él corría graves riesgos al hacer la voluntad de Dios en condiciones altamente hostiles. Muchos de nosotros quizá no nos veamos sometidos a las presiones que sufrió Jeremías o a las que tienen que enfrentarse muchos siervos del Señor en muchas partes del mundo hoy, y quizá eso no nos haga ver la trascendencia de nuestro llamado, pero ¿qué pasaría si de pronto tuviéramos que obedecer a Dios en situaciones de fuego como las que vivió Jeremías?, ¿piensas que estarías preparado?

Para conocer como podemos enfrentarnos a situaciones como las de este valiente profeta, veamos como encaró Jeremías todas esas realidades desafiantes en la batalla de su vida.

I.- Jeremías Bajo el Fuego Mortificante de su Propia Nación.

Jeremías profetizó durante los reinados de Josías, Joacín y Sedequías, reyes de Judá. Como hemos dicho, siendo muy joven, Dios lo llamó para ejercer su ministerio. Es de todos sabido que Josías realizó una serie de reformas en Judá con el propósito de que la nación volviera a los caminos del Señor, pero esto no bastó para un sincero arrepentimiento de la nación judía. Jeremías era testigo de la condición espiritual calamitosa de su pueblo, y ha de haber compartido junto a Josías la preocupación que esto generaba en sus corazones. Tener que ser el vocero de Dios frente a la desobediencia de la nación, era algo verdaderamente peligroso, pero Jeremías asumió el reto, y con una temeridad admirable.

Se puede decir que Jeremías no tenía miedo de que lo mataran, pues él había encarnado la indignación divina, y se había tomado para sí la causa de Dios. Ese es el tipo de hombres y mujeres que Dios necesita en todos los tiempos, que estén verdaderamente comprometidos con su causa, que se desvelen por el llamado de Dios y que el celo de las cosas santas corra por sus venas.

Pararse en un lugar público y gritar, proclamar, predicar la verdad de Dios, el juicio que se avecina para una ciudad pecadora y rebelde, requiere de convicción, de firmeza y de mucho valor. Es en circunstancias similares que el himno Firmes y Adelante cobra vida y significado para cualquier iglesia y para cualquier creyente. Cuando las iglesias tienen que enfrentarse a la maldad de este mundo y por ello tienen que sufrir persecuciones y sufrir penalidades, es cuando los episodios bíblicos como los narrados en el libro de Jeremías y las oraciones de Lamentaciones, cobran verdadero sentido.

Pero Jeremías no estaba solo en esta batalla contra la insensatez de su nación, había otros que como él luchaban en otros frentes, estamos hablando de Nahum y Habacuc profetas que fueron contemporáneos con Jeremías y que fueron testigos de los mismos episodios, y compartieron la misma preocupación. Uno de los episodios más tristes y decisorios en la vida de Jeremías fue cuando Josías fue muerto por los egipcios bajo el mando del Faraón Necao. Este fue el inicio de la decadencia total de Judá. Este hecho marcó severamente la vida de los judíos, los cuales se unieron a Jeremías en su gran lamento: ¨Y Jeremías endechó en memoria de Josías. Todos los cantores y cantoras recitan esas lamentaciones sobre Josías hasta hoy; y las tomaron por norma para endechar en Israel, las cuales están escritas en el libro de Lamentos¨ (2 Crónicas 35: 25). ¿Se da cuenta de lo que empezamos diciendo?, Jeremías no llora por simple sentimentalismo, sino porque su alma se derrama en gran tristeza viendo la desgracia y el avasallamiento que se avecina para su nación.

Ahora Judá sí que entraba en un periodo oscuro bajo el reinado de Joacín, un títere del Faraón egipcio. Este rey echó para atrás todas las reformas espirituales de Josías y reeditó los cultos paganos en Israel. A tal grado había llegado la corrupción espiritual, que el propio pueblo, al unísono con las mujeres insensatas de Judá, contiende con el profeta en un esfuerzo por justificar sus malas acciones: ¨La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en las plazas de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno. Mas desde que dejamos de ofrecer incienso a la reina del cielo y de derramarle libaciones, nos falta todo, y a espada y de hambre somos consumidos. Y cuando ofrecimos incienso a la reina del cielo, y le derramamos libaciones, ¿acaso le hicimos nosotras tortas para tributarle culto, y le derramamos libaciones, sin consentimiento de nuestros maridos? Y habló Jeremías a todo el pueblo, a los hombres y a las mujeres y a todo el pueblo que le había respondido esto, diciendo: ¿No se ha acordado Jehová, y no ha venido a su memoria el incienso que ofrecisteis en las ciudades de Judá, y en las calles de Jerusalén, vosotros y vuestros padres, vuestros reyes y vuestros príncipes y el pueblo de la tierra? Y no pudo sufrirlo más Jehová, a causa de la maldad de vuestras obras, a causa de las abominaciones que habíais hecho; por tanto, vuestra tierra fue puesta en asolamiento, en espanto y en maldición, hasta quedar sin morador, como está hoy¨ (Jeremías 44: 16-22).

Ya muy temprano en Jeremías 5: 4-31, Dios acusa a los líderes políticos y religiosos de Israel con fuertes calificativos sentenciosos. Y en vez de arrepentirse ante todas estas denuncias de pecado y anuncios de juicio divino, la comunidad judía respondió indignada: ¨Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías mientras él pronunciaba estas palabras en la Casa del Señor. Y apenas Jeremías terminó de decir todo lo que el Señor le había ordenado decir al pueblo, los sacerdotes y los profetas se le echaron encima, diciendo: "¡Vas a morir! Porque has profetizado en nombre del Señor, diciendo: Esta Casa será como Silo, y esta ciudad será arrasada y quedará deshabitada". Entonces todo el pueblo se amontonó alrededor de Jeremías en la Casa del Señor. Al enterarse de esto, los jefes de Judá subieron de la casa del rey a la Casa del Señor, y se sentaron para el juicio a la entrada de la puerta Nueva de la Casa del Señor. Los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y a todo el pueblo: "Este hombre es reo de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como ustedes lo han escuchado con sus propios oídos". Pero Jeremías dijo a los jefes y a todo el pueblo: "El Señor es el que me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que ustedes han oído. Y ahora, enmienden su conducta y sus acciones, y escuchen la voz del Señor, su Dios, y el Señor se arrepentirá del mal con que los ha amenazado. En cuanto a mí, hagan conmigo lo que les parezca bueno y justo. Pero sepan que si ustedes me hacen morir, arrojan sangre inocente sobre ustedes mismos, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes. Porque verdaderamente el Señor me ha enviado a ustedes para decirles todas estas palabras" (Jeremías 26: 7-15).

Esta es sólo una muestra de todo el mal que Jeremías tuvo que soportar de su propia gente por anunciarles la palabra de Dios. Asimismo nuestro Señor Jesús, sus apóstoles y sus discípulos tuvieron que sufrir el rechazo, maltrato, y muerte departe del pueblo de Israel, principalmente de los líderes religiosos. ¿Cuánto estamos nosotros dispuestos a soportar por causa del evangelio?

II.- Jeremías Bajo el Fuego Oprobioso de Sus Enemigos.

Jeremías sufrió el rechazo de su propia nación como profeta, por causa de decir la verdad de Dios. Tuvo que ver como los reyes de Judá Joacim y Sedequías se convertían en títeres de las naciones enemigas de Judá. Jeremías tuvo que sufrir además el espanto de ver como las naciones de Egipto y Babilonia sirvieron como instrumentos de Dios para castigar a la nación pecadora de Judá. Tuvo Jeremías que ser testigo de sus propias profecías cuando el rey Nabucodonosor llevó en cautiverio lo que quedaba de Israel.

La ciudad de Jerusalén fue saqueada y quemada, sus muros derribados y el templo hecho ruinas. Todo esto había sido advertido por el profeta como vocero de Dios: ¨Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua. Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años¨ (Jeremías 25: 8-11). No era agradable pronunciar estas palabras, pero era la verdad y Jeremías no podía hacer otra cosa que obedecer.

Pero Jeremías apunta que después de estos setenta años de cautiverio, Dios se acordará de Israel y entonces aparecen rayos de esperanza dentro de toda esta patente oscuridad: ¨Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre. Y traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas las naciones. Porque también ellas serán sojuzgadas por muchas naciones y grandes reyes; y yo les pagaré conforme a sus hechos, y conforme a la obra de sus manos¨ (Jeremías 25: 12-14).

Las profecías de Jeremías contra los enemigos de Israel no sólo se refieren a Babilonia, sino también a Egipto, los filisteos, Moab, Amón, Edom y muchas otras. Estas naciones habrían de recibir su justo castigo al final de todo. Babilonia sería castigada por su arrogancia y sufriría la destrucción con todo y sus ídolos, y Dios utilizaría a los medos para llevar a cabo este plan.

Aunque quizá la nación de Judá y sus enemigos fueran escépticos acerca de estas predicciones, todo lo que se estaba cumpliendo ante sus ojos debía ser suficiente demostración de que lo que el profeta decía se cumpliría. La historia se ha encargado de corroborar la veracidad de sus palabras, y muchos de los cautivos que vivieron para contarlo, habrán visto con gran asombro el cumplimiento perfecto de la Palabra de Dios.

Era el profeta el que más sufría al ver a su nación sin soberanía de ninguna clase y encadenada. ¿De qué le servía a Israel la libertad, la independencia, si eran cautivos en su propio territorio? Eran cautivos, como lo son nuestras naciones de América Latina: Esclavos de la idolatría, esclavos del vicio, esclavos de la corrupción y de la injusticia social, y esclavos de Satanás. El tiempo pasa y pasa y estamos en el mismo lugar, estacionados en el mismo centro del atraso y la ceguera espiritual.

El enemigo fue mucho más cordial con Jeremías que lo que fue su propio pueblo con él. Aunque maniatado, se le da la opción de elegir quedarse a vivir en la arruinada Jerusalén. Jeremías acepta, pero ciertas maniobras políticas ocurridas en los conflictos internos de los remanentes dejados por los babilonios en Palestina, le obligan a huir a Egipto, donde finalmente se cree que murió.

III.- Jeremías Bajo el Fuego Purificador de Dios.

Aunque el profeta fue obediente a los mandatos de Dios, no comprendía muchas cosas por las que estaba pasando. Aquellos ataques parecían demasiado para él. Mucho más, entendiendo el alma pura y pacifista del profeta. Pero Dios lo había elegido a él para ponerlo como punta de lanza en el centro de una nación pecadora como Judá. Y no podía hacer otra cosa, estaba bajo la influencia poderosa del llamado irrevocable de Dios: ¨Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día¨ (Jeremías 20: 7, 8).

Jeremías se enfrenta a Dios a la manera de Job en medio de sus luchas interiores. Su lucha mental es tan fuerte y dolorosa, que llegó a maldecir el día en que había nacido: ¨Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito. Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón te ha nacido, haciéndole alegrarse así mucho¨ (Jeremías 20: 14, 15). Fue durante este sufrimiento que el alma de Jeremías fue purificada.

De la misma manera nosotros seremos pasados por fuego, probados como se prueba el oro hasta que demos el resultado esperado por Dios, esa es la historia de todo verdadero cristiano, de aquellos que poseen una genuina fe. Esto es lo que nos dice el apóstol Pedro al respecto: ¨En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas¨ (I Pedro 2: 6-9).

Y es por todo esto que Jeremías puede ser considerado como figura de Cristo, habiendo padecido muchos de los padecimientos del Señor. Podría decirse que Jeremías experimentó su propio Getsemaní; si lee el libro de Lamentaciones se dará cuenta de lo que decimos. Y esto no fue en vano, pues tuvo el privilegio de vislumbrar en sus palabras proféticas los días de la gracia que se avecinaban para el pueblo de Israel y para el mundo en la persona del Mesías: ¨He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado¨ (Jeremías 31: 31-34). Esta es una nota de esperanza gloriosa en medio de tanto anuncio de calamidad.

Donde Jeremías corona su inquebrantable fe en Dios es en su libro de Lamentaciones, donde nos da claros indicios de su desesperada dependencia de Dios en su búsqueda de Justicia, y nos muestra su honda tristeza por la condición de su nación finalmente cautiva.

Pero Dios sabía lo que hacía cuando exponía a Jeremías a todas esas circunstancias. Muchas veces no entenderemos los caminos por los que Dios nos hace pasar, pero eso no significa que él no sepa lo que está haciendo. Nosotros tenemos que estar preparados, porque si Dios nos está haciendo pasar por tales presiones es porque nos quiere llevar a nuevas cumbres de conocimiento y bendición.

Leandro González.

martes, 21 de abril de 2009

ISAIAS, EL PROFETA MESIANICO.

Isaías

Ahora entramos al análisis de los libros proféticos. Esta parte de nuestro estudio por toda la Biblia nos tomará mucho tiempo y nos permitirá volver a repasar las vidas de los reyes de Israel, principalmente los de Judá. Como sabemos la Biblia no está cotejada necesariamente de manera cronológica, sino que más bien está ordenada según los temas de que trata. Hasta ahora hemos visto los libros de la ley o Pentateuco, los libros históricos y los libros poéticos y sapienciales.

Los libros proféticos que nos toca estudiar ahora están divididos en Profetas mayores y profetas menores. No son mayores o menores porque tengan más o menos importancia, sino por la extensión de su contenido. Los profetas mayores están primero, en el orden bíblico, y luego le siguen los profetas menores. Los profetas mayores son 4, y en el orden en que aparecen en la Biblia encontramos a Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Los profetas menores son doce, y según los podemos encontrar en la Biblia, la lista es la siguiente: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

Los profetas eran personas que hablaban en lugar de Dios, así como sirvió Aarón a su hermano Moisés de voz ante el Faraón: ¨Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará a Faraón, para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel¨ (Exodo 7: 1, 2).

El profeta hablaba al pueblo las palabras que Dios le manifestaba de diferentes maneras, ya fuera en visión, de forma audible o por medio de ciertos acontecimientos sobrenaturales. El profeta era consciente de que estaba hablando la Palabra de Dios, y la prueba para saber si su mensaje venía de Dios, o sea que no era un profeta falso, era que se cumpliera lo que decía y que estuviera de acuerdo con la revelación de Dios ya conocida.

El profeta advertía acerca de cosas futuras, así como también denunciaba situaciones del presente. Los profetas en el día de hoy son aquellos que anuncian el mensaje del evangelio tal y como se encuentra en la Biblia. En el Nuevo Testamento el último de los profetas que se menciona en este orden de preeminencia del tipo de los profetas del Antiguo Testamento es Juan el Bautista, según las propias declaraciones del Señor Jesús en Mateo 11: 9-14.

Después la Biblia habla del don de profecía más que del profetismo en sí. No encontramos indicaciones en el Nuevo Testamento para la ordenación de ninguna persona como profeta, como son los casos de pastores y diáconos que sí son comunes en el libro de los hechos y en otros escritos neotestamentarios. En el Nuevo Testamento se hace alusión a ciertos hechos muy específicos y aislados donde personas con el don de profecía advirtieron a los apóstoles acerca de situaciones en la vida de la iglesia primitiva, como es el caso de Agabo, que profetizó acerca de una gran hambre que vendría, lo cual ciertamente ocurrió (Hechos 11: 27-28).

Este es el tipo o estilo de profecía que encontraremos a lo largo de la historia de la iglesia primitiva en el Nuevo Testamento, donde Dios muestra a la iglesia al través de sus siervos, situaciones particulares como modo de advertencia y manera de protección, como ocurrió en la vida de los apóstoles y de muchos cristianos a través de la historia, y que también podemos verificar en el día de hoy. Pero recordemos que en lo concerniente a la revelación de la Verdad de Dios, ya todo ha sido revelado, y no se necesitan profetas que nos revelen nuevas verdades, sino que todo lo que un predicador diga acerca de la verdad de Dios lo debe extraer de la Biblia.
Volviendo a nuestra consideración de los profetas del Antiguo Testamento, hay coincidencias entre los profetas mayores y los profetas menores, paralelismos de contemporaneidad, de situación geográfica y muchas otras similitudes importantes que iremos detallando durante el desarrollo de nuestro recorrido bíblico. Con relación a Isaías, podemos decir que fue contemporáneo con Oseas y Miqueas. Otra coincidencia de Isaías con Miqueas es que ambos formaban parte del reino de Judá o reino del Sur durante el tiempo del reino dividido, mientras que Oseas era un profeta del reino del norte o Israel, en Samaria. Más adelante nos tocará estudiar a estos profetas.

Los reyes que gobernaron a Judá durante el tiempo de Isaías fueron Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías (Isaías 1:1). Isaías empezó muy joven a ejercer su llamado profético. Es muy famoso y muy inspirador el pasaje bíblico que nos relata su llamamiento, por los acontecimientos que se narran allí. Usted puede leer en el capítulo 6 de Isaías la experiencia contada por él mismo que tuvo respecto de la gloria de Dios, donde describe una serie de eventos con apariciones angelicales, voces de alabanza al Dios Todopoderoso, humo que llenaba el recinto sagrado, y carbones encendidos que representaban el fuego purificador del Señor en la vida de este profeta. Aquí tiene lugar un llamamiento muy especial, singular. Y no podía ser menos, pues estamos hablando del profeta que anunciaría al mundo la llegada del Mesías. Es por esto que llamamos a Isaías el profeta mesiánico.

Se ha dicho de él que su libro es una biografía previa de Jesús y por este motivo se le llama también, el profeta evangélico. Podemos decir que leyendo a Isaías en el Antiguo Testamento, uno tiene un retrato de la vida de Jesús tal como está relatada en el Nuevo Testamento. Isaías ha sido por ese motivo denominado como el Evangelio del Antiguo Testamento. Las profecías de Isaías acerca del Mesías, se cumplieron al pie de la letra, o sea, con una precisión matemática.

Veamos los siguientes aspectos acerca de este profeta mesiánico:

I.- Isaías y Sus Profecías Acerca del Nacimiento del Mesías.

Isaías nos presenta un libro portentoso, lleno de prodigios, repleto de seres angelicales, lo cual es un presagio de los hechos milagrosos de la vida del Mesías, quien a pesar de formar parte del estrato más humilde del pueblo de Israel, estaría rodeado de los más excelentes cuidados del Padre celestial, pues se trata de su Hijo. Además, a pesar de su humilde condición, este sería el que habría de ocupar el trono de David. Que el Mesías sería descendiente de la Casa de David es un hecho claramente presentado en el libro de Isaías, y es algo tan evidente, que no se puede negar ni pasar por alto (Is. 9:6 y 11:1-10).
Isaías habla del reinado del Mesías sobre Judá. Este era el reino del sur en el momento que se escribió esta profecía, pero claramente esto representa al pueblo judío en sentido general en el tiempo del cumplimiento de esta profecía, cuando gobernaba el mundo el Imperio Romano. Así que los judíos tenían su esperanza política puesta en el Mesías, el heredero del trono de David. Por eso, cuando hizo su entrada triunfal en Jerusalén todo el pueblo clamaba: ¨¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!¨ (Mateo 21:9).
Isaías profetisa que Jesús nacería de una virgen (Isaías 7:14), un hecho que marcaría el cumplimiento de una profecía muy antigua, la que encontramos en Génesis 3: 15: ¨Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar¨. Al referirse a esta profecía, el apóstol Pablo explica en Gálatas 4: 4 que la misma se había cumplido en los hechos relacionados con el nacimiento de Jesús.
Y esta era una profecía muy conocida por los doctores de la religión judía, recordemos cuando Herodes indagaba acerca de la misma, como se le dieron indicaciones precisas de este pasaje del Antiguo Testamento: ¨Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel¨ (Mateo 2:3-6). Esta es una profecía mesiánica pronunciada por un contemporáneo de Isaías, estamos hablando de Miqueas (Miqueas 5: 2). Así que los judíos no podían alegar ignorancia; por lo menos los principales sacerdotes, los escribas y los fariseos no tendrán excusa delante de Dios en el día del juicio final por rechazar a Jesús como el Mesías.
Isaías nos habla de la encarnación de Dios, de cómo Dios se haría hombre para habitar entre nosotros y ser uno más con nosotros, y hasta llegar a humillarse hasta lo sumo (Filipenses 2: 5-11). Es aquí donde Isaías nos presenta uno de los pasajes más memorables de toda la literatura bíblica: ¨Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos. Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. Porque todo calzado que lleva el guerrero en el tumulto de la batalla, y todo manto revolcado en sangre, serán quemados, pasto del fuego. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto¨ (Isaías 9: 1- 7) Que el Dios Todopoderoso nos venga a visitar en la forma de un niño, y que nosotros le demos la espalda, lo rechacemos y lo condenemos a muerte, ¡Qué tremendo error! Pero eso es lo que nos dice Juan que hicieron los judíos con su Rey y lo que muchos de nosotros los gentiles hicimos con el que es el Creador del mundo (Juan1: 10, 11).
Un error fatal, tal y como lo planteara el apóstol Pedro en su primer discurso evangélico en Hechos capítulo 2, donde vocifera esta terrible realidad a la que se tenía que enfrentar el pueblo de Israel: ¨ Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo¨ (Hechos 2: 36). ¿Qué vas a hacer tú con Jesús? ¿Lo vas a rechazar o lo vas a recibir como tu Señor y Salvador? Yo te invito a ser inteligente como los animales, como reza el estribillo de una canción de Roberto Carlos. Sí, porque los animales, siempre reconocen a su dueño, diferente de nosotros, que negamos a nuestro Hacedor (Isaías 1: 3).

II.- Isaías y el Reino Mesiánico VS. Los Reinos del Mundo.

La situación política de Israel en tiempos de Isaías se debatía entre dos potencias: Babilonia y Egipto. Ya para su tiempo, Israel, el reino del norte había caído en manos de Asiria. Isaías habría de enfrentar duramente al rey Acaz quien en su afán por mantenerse en el trono no dudaba en hacer alianzas con el rey asirio. También tuvo que enfrentarse a la pretendida alianza de Ezequías con el reino de Egipto para buscar protección de los asirios.

Su oposición férrea a las alianzas de los reyes de Israel con las naciones paganas, le ganaron el repudio de los gobernantes de turno dados a esa práctica, pero consideraba su deber enfrentar esta práctica condenada por Dios, del cual él era su vocero y no podía hacer otra cosa. Así que tuvo que enfrentar la injusticia de los gobiernos terrenales, pero con la esperanza siempre puesta en el futuro glorioso que le esperaba, creyendo por fe en la venida del Mesías.

En Isaías son notorias las profecías contra los imperios de su tiempo y también podemos ver que Dios es el dueño de la historia, y quien la dirige hacia el fin que él ha determinado. Por ejemplo, Isaías profetisa unos doscientos años antes de que ocurriera, que el rey persa Ciro, sería el gobernante que daría la orden para la reconstrucción del templo de Jerusalén, después del cautiverio babilónico: ¨que dice de Ciro: Es mi pastor, y cumplirá todo lo que yo quiero, al decir a Jerusalén: Serás edificada; y al templo: Serás fundado. Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy Jehová, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste. ¨ (Isaías 44:28- 45: 4).

Esta es una muestra de la trascendencia de las profecías de Isaías, aún para este tiempo, y su relación con la literatura apocalíptica. En el libro de Isaías están implicados los acontecimientos que tienen que ver con los remanentes de los reinos antiguos de Egipto, Asiria, Babilonia, Media y Persia, Grecia y Roma en los acontecimientos actuales. Además Isaías nos habla de alguna manera de la influencia de Satanás en la vida de los gobernantes de la tierra, evidenciada en la arrogancia, el orgullo y la soberbia que estos muestran al través de la historia. El perfil que se presenta en Isaías 14:12-20 es un vivo retrato de la caída de Satanás en el cielo: ¨¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Se inclinarán hacia ti los que te vean, te contemplarán, diciendo: ¿Es éste aquel varón que hacía temblar la tierra, que trastornaba los reinos; que puso el mundo como un desierto, que asoló sus ciudades, que a sus presos nunca abrió la cárcel? Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada; pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. No serás contado con ellos en la sepultura; porque tú destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos¨.

Este es el atrevimiento de Satanás de querer ser igual a Dios. Es evidente que sigue vigente la misma propuesta hecha por el enemigo al hombre en el jardín del Edén (Génesis 3: 5). El Señor Jesús, refiriéndose a los gobernantes de las naciones, y a las pretensiones de poder hegemónico que subyace en el inconsciente de su alma pecadora, dijo: ¨Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad¨ (Mateo 20: 25, 26).

Pero finalmente El Mesías será el fundador de un imperio eterno de paz, por eso se le llama Principe de Paz (Isaías 11:1-9).

Por causa de hacer Israel alianza con naciones paganas, Dios utilizará a las naciones de Asiria, Egipto y Babilonia para castigar a Israel, pero luego anuncia el castigo que le espera a esas naciones. Israel será castigada por su infidelidad (como la infidelidad de una mujer contra su marido), pero será luego restaurada y vendrá a ser finalmente la gloria de las naciones. Las naciones del mundo vendrán a ella a rendir tributo al Rey de reyes y Señor de señores, tal como se presenta en el libro de Apocalipsis. Todo este juicio sería anunciado por Isaías, razón por la cual, según la tradición, sufrió el martirio durante el reinado de Manasés, se dice que fue aserrado, hecho al que tal vez se hace alusión en Hebreos 11:37.

Hay un hecho notorio en el libro de Isaías, específicamente en Isaías 40: 22, y es que se declara allí que la tierra es redonda, un hecho poco conocido en su época, pero que más tarde en el siglo VI antes de Cristo difundiría el filósofo griego Anaximandro. ¡Qué interesante resulta estudiar la Biblia cuando uno se da cuenta de su gran valor cultural y científico!

III.- Isaías y el Mesías Siervo Sufriente.

Se puede decir que una de las razones por las que el pueblo de Israel rechazó a Jesús como Mesías es por el hecho de que ellos no consideraron la profecía en su conjunto, sino que se centraron sólo en las profecías concernientes al trono de David, pensaron en un gobierno mesiánico del tipo terrenal, común y corriente.
Evidentemente que ellos no tenían en mente a un Mesías sufriente tal y como se plantea en Isaías 53. Allí se puede ver claramente toda la apoteosis de la vida de nuestro Señor: Su pasión, muerte y resurrección. Pero los judíos no vieron triunfo alguno en el martirio del Mesías, estaban muy ajenos a la obra salvífica de Jesús. Su corazón estaba muy lejos de los propósitos eternos de Dios. Si hubieran prestado atención a la vida y al mensaje de Jesús y las profecías de Isaías, se hubieran dado cuenta de cómo ellos mismos, sin saberlo, cumplieron las profecías respecto de su muerte vicaria.
Cuando Jesús fue presentado en el templo, el anciano Simeón, un judío devoto que sí era consciente de los sufrimientos futuros ,del Mesías, profetizó a su madre María los tormentos por los que ella pasaría, al ver a su hijo sometido al rigor del peso del pecado del mundo (Lucas 2: 34, 35). Simeón interpretaba correctamente lo que se expresa en Isaías 53: 1-12: ¨¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores¨.
Si el anciano Simeón podía darse cuenta de estos detalles de la vida del Mesías, aún sin ver el desarrollo de su vida, mucho más podrían darse cuenta los sacerdotes, los escribas y fariseos que fueron testigos de las palabras, de los hechos de Jesús, y de sus milagros, que eran señales de su divinidad. Es por esto que Jesús reclamaba: ¨Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras¨ (Juan 14: 11).
¿Te has dado cuenta tú de lo que Jesús tuvo que sufrir por ti?

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, en abril 19 de 2009.