martes, 24 de marzo de 2009

ENTRE EL CAUTIVERIO Y LA RESTAURACION

Esdras y Nehemías

Ya hemos visto como la nación de Israel perdió su soberanía al ser llevada cautiva en su totalidad. Hemos visto que esta condición del pueblo de Dios fue el resultado de su desobediencia al obrar en contra de los principios establecidos por Jehová, quien es el verdadero rey de Israel. También pudimos percatarnos que este cautiverio fue dirigido por Dios como una forma de castigo disciplinario para el pueblo al que él le tiene misericordia, o sea que ese cautiverio estaba planeado por Dios, y que tenía un límite.

Dios no ha abandonado a su pueblo del todo, sino que lo está preparando para algo mucho más grande y glorioso, la inminente e imprescindible aparición del Mesías, que nacería del seno de esta nación. Esto es algo que tenemos que tener pendiente siempre que estudiemos cualquier libro en el Antiguo Testamento.

Así que Dios ya tenía prevista la restauración de la vida nacional de Israel. No podemos decir que Dios les devolverá su total soberanía, pues nos parece que Dios tiene aun previsto para la nación experiencias disciplinarias que se tomarán más tiempo de lo que humanamente pensamos. Pero la verdad de que Dios no ha abandonado a su pueblo al someterlo al cautiverio, es tan evidente, que la Biblia nos habla con suma claridad acerca de este tema para no dejarnos duda alguna, pues Dios no deja nada al azar, sino que todo obedece a un plan. Cuando estudiemos los libros de los Profetas, tanto los mayores como los menores, nos daremos cuenta de muchos detalles en este sentido, porque tendremos que repasar estas historias de los reyes que ya hemos visto, así que esta será además una manera de afianzar los conocimientos respecto de lo que ya hemos estudiado.

Aunque en realidad hemos ido extrayendo, y lo seguiremos haciendo, pasajes bíblicos paralelos que respaldan el estudio de un libro de la Biblia, o que complementan su explicación. Por ejemplo, con respecto a los propósitos de Dios para con el pueblo de Israel y su restauración del cautiverio, ya el profeta Isaías había profetizado el nombre del rey que sería el responsable de dar la orden para el regreso de los judíos a su tierra.

Estamos hablando del rey persa Ciro, que es mencionado por el profeta Isaías unos doscientos años antes de que ocurrieran estos hechos que están narrados en los libros de Esdras y Nehemías, libros en los que nos ocuparemos en este momento. Podemos leer esta profecía en Isaías 44: 8; 45: 1, 13 y su cumplimiento lo encontramos por primera vez en 2 Crónicas 36:22, 23; luego, este último pasaje de 2 Crónicas, se repite en los primeros versículos de Esdras; lo cual puede significar que tanto los libros de Crónicas como el de Esdras, son de la autoría de una misma persona.

Hablamos de este período de Esdras y Nehemías como un período entre la cautividad y la restauración por el hecho de que los preparativos para la restauración se iniciaron durante el cautiverio.

Los libros de Esdras y Nehemías tratan de la reconstrucción del templo de Jerusalén y de los muros de la ciudad, de la restauración de la vida religiosa de la nación, y de la restauración de la vida social y política. O sea, una reconstrucción en tres dimensiones: Física, espiritual y sociopolítica. En estas tres dimensiones veremos la restauración de la nación.

I.- Restauración del Templo y de la Ciudad de Jerusalén.

Esta restauración física nace de una preocupación profunda en el corazón de los cautivos que son conscientes de los propósitos de Dios para con su nación. Los protagonistas de esta obra de restauración no ignoraban las profecías, sino que actuaron en consecuencia de las mismas. Ellos sabían que Dios tenía mejores planes para con la nación de Israel y para ellos como parte de su pueblo en el mundo.

Así que, producto de un decreto del rey persa Ciro, un remanente del pueblo cautivo regresa a Israel para reconstruir el templo que estaba arruinado y para restaurar la ciudad que estaba destruida. El primer grupo de colonos que fueron asentados en territorio israelita después del cautiverio, fueron dirigidos por Zorobabel, quien fungía como líder político, y Jesúa o Josué como sumo sacerdote era el líder religioso. Estos designaron los trabajos de reconstrucción del templo, y lo primero que hicieron fue construir el altar.

Naturalmente que muchos de los recursos para esta obra, que no eran suficientes, fueron proporcionados producto de un decreto del rey Ciro: ¨Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén¨ (Esdras 1:4). Este rey tuvo el privilegio de conocer las profecías de Isaías con respecto a su designación departe de Dios para llevar a cabo la obra de restauración del templo y de la ciudad de Jerusalén. No hay duda, que esto ha de haber causado un gran impacto en su vida, por el interés que se aprecia en él de realizar esta obra.

Sea porque estaba convencido de ello o por conveniencia política, este rey creía que era un elegido de Dios, o por lo menos así lo decía: ¨Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judᨠ(Esdras 1:2). Y en verdad que lo era. Dios se vale de las circunstancias y de las personas que él quiera para cumplir sus planes, y lo mejor que podemos hacer los seres humanos es hacer lo que Dios demanda de nosotros. Me parece que este rey ha de haber sido muy bendecido por Dios por someterse a su voluntad.

Pero los eternos enemigos de Israel, los habitantes no judíos de la tierra prometida, se opusieron a las obras de reconstrucción que se estaba realizando, y fueron tan insistentes en su empeño de detener la obra, que esperaron hasta el reinado de Artajerjes para conseguir lo que se propusieron. Satanás siempre se opondrá a que se levanten altares al Dios verdadero, él no tiene objeciones respecto de los lugares altos de idolatría, más bien él es propiciador de estos sitios, pero estará siempre en contra de los planes de rendir culto al Dios verdadero.

Los hijos de Dios no debemos ignorar las estratagemas del diablo, cosa que está presente en todos los tiempos, pues su actividad no cesa. El apóstol Pablo habla de cómo Satanás le estorbaba en su labor misionera (I Tesalonicenses 2:18). Cada vez que nos proponemos hacer algo para el Señor, debemos estar preparados para enfrentar los impedimentos que el enemigo pondrá. Pero no debemos intimidarnos por las amenazas, vengan de donde vengan, pues el poder de Dios es siempre superior a cualquier obstáculo, la Palabra de Dios nos manda a resistir, hasta que el diablo tenga que huir (Santiago 4:7).

Aunque la obra de reconstrucción fue detenida por un período de más o menos veinte años, y este fue sin duda un tiempo de gran desaliento y frustración, por la parálisis que provocó el miedo que se apoderó de los que había venido de la cautividad, el impulso dado por la palabra profética de Hageo y Zacarías, hizo que los trabajos de reconstrucción fueran reiniciados, hecho que ocurrió durante el reinado de Darío.

Aunque hubo de nuevo intentos por detener esta magnífica obra, Darío enérgicamente dio instrucciones para que se terminara esta obra, pues él tenía planes particulares de que se orara por él y por sus hijos al Dios del cielo desde ese templo: ¨Dejad que se haga la obra de esa casa de Dios; que el gobernador de los judíos y sus ancianos reedifiquen esa casa de Dios en su lugar. Y por mí es dada orden de lo que habéis de hacer con esos ancianos de los judíos, para reedificar esa casa de Dios; que de la hacienda del rey, que tiene del tributo del otro lado del río, sean dados puntualmente a esos varones los gastos, para que no cese la obra. Y lo que fuere necesario, becerros, carneros y corderos para holocaustos al Dios del cielo, trigo, sal, vino y aceite, conforme a lo que dijeren los sacerdotes que están en Jerusalén, les sea dado día por día sin obstáculo alguno, para que ofrezcan sacrificios agradables al Dios del cielo, y oren por la vida del rey y por sus hijos. También por mí es dada orden, que cualquiera que altere este decreto, se le arranque un madero de su casa, y alzado, sea colgado en él, y su casa sea hecha muladar por esto. Y el Dios que hizo habitar allí su nombre, destruya a todo rey y pueblo que pusiere su mano para cambiar o destruir esa casa de Dios, la cual está en Jerusalén. Yo Darío he dado el decreto; sea cumplido prontamente¨ (Esdras 6:7-12).

Como vemos, ahora sí que será posible terminar la obra de reconstrucción del templo y de la ciudad, pues el rey Darío ha proporcionado los recursos para que esto se pueda realizar. Este templo tenía que estar levantado para cuando Jesús apareciera en el escenario humano, pues muchas de las profecías respecto de él se cumplirían estando en vigencia los oficios sacerdotales que se llevaban a cabo en el mismo. De la misma forma, antes que Jesucristo venga por segunda y definitiva vez, el templo de Jerusalén debe estar reconstruido. Tengo entendido que ya se tienen todos los materiales reservados para la realización de esa obra, y que sólo se espera que el tiempo sea favorable para que esto se efectúe, pero sin duda que así ocurrirá, y será una señal más de la venida inminente del Señor.

El templo se pudo terminar y obviamente se reanudaron los oficios religiosos en el mismo tal como se hacía antiguamente. Me imagino la majestuosidad de este templo, solamente al pensar que tenía 27 metros de alto, uno puede hacerse una idea de lo imponente que era aquello. He tenido la oportunidad de visitar Holyland, muy cerca de Orlando, Florida y ver una réplica del templo de Salomón, solamente la réplica causa un gran impacto a quien lo observa, ¡qué sería para los más ancianos que habían regresado del cautiverio, al recordar los días de gloria de la casa de Dios!

II.- Restauración de la Vida religiosa de Israel.

Esto nos habla de su restauración espiritual y moral, de la restauración del culto y de la adoración en el nuevo templo. Y esto es lo primero que Dios hace, primero tiene que ser levantada la moral espiritual, tiene que ser dignificado el nombre de Jehová en el corazón de la nación, tiene que haber un despertar en la fe del pueblo judío y un nuevo celo por el Dios Verdadero. La reedificación del templo físico tiene que ser el resultado de una reconstrucción espiritual en el corazón de la nación, una mirada al interior de sus conciencias respecto de su relación con Dios.

En la adoración de los sacerdotes, el día que se empezó la reconstrucción del templo, hubo una manifestación de alabanzas a Dios que se puede definir como un acto singular: ¨muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría. Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos¨ (Esdras 3:12,13). Había una motivación especial para esta forma de culto, donde se mezclaron los sentimientos de añoranzas y melancolía de los más viejos que no paraban de llorar, con el júbilo y la risa de los más jóvenes que estaban llenos de esperanza. Esto no fue un acto manipulado, sino una manifestación producida por la espontaneidad de los presentes. Este no era un acto común, cotidiano, era un momento de gloria que no se repite, que es único en la vida de cualquier iglesia. Lamentablemente, muchos de los cultos a Dios que vemos hoy, no dejan ningún espacio a la manifestación verdadera del Espíritu Santo, porque los encargados de dirigirlos y de guiar al pueblo de Dios en la adoración, han establecido un patrón de conducta, si se quiere cultural, en uno y en otro extremo. Están los que no permiten ciertas manifestaciones espontáneas como las que vemos en el pueblo de Israel en la ocasión que nos ocupa, y existen también los que piensan que todos los cultos tienen que estar cargados de emociones fuertes, gritos, risas y llanto. Tanto los unos como los otros causan mucho daño al pueblo de Dios. Creo que debemos hacer un balance entre estas dos maneras de adorar a Dios, y que es prudente, justo y bíblico permitir que el alma se exprese con sinceridad y espontaneidad dentro de un espíritu de conocimiento y orden. Un principio que no debemos olvidar a la hora de adorar a Dios nos lo proporciona Habacuc 2:20:¨ Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra¨.

Una vez que el templo estuvo ya terminado, después de reanudarse los trabajos durante el reinado de Darío, se efectuó una dedicación especial del nuevo templo y el culto fue reestablecido; y de esta manera, la vida religiosa del pueblo de Israel toma de nuevo forma. Es tiempo para pedir perdón, para reconciliarse con el Señor y emprender una nueva relación con él. Dios siempre estará dispuesto a perdonar al que se arrepiente, por eso dice: ¨al que a mí viene, no le echo fuera¨ (Juan 6:36).

III.- Restauración de la Vida Social y Política de Israel.

Esto nos habla de la devolución de su territorio y de la devolución de su vida social (costumbres y cultura), no así de la devolución de su gobierno. Ahora regresan a vivir como una nación en su propio suelo, aunque bajo la regencia del imperio reinante en el mundo en su momento, estamos hablando de los persas, de los griegos, y de los romanos. Pero este es un tiempo de reformas principalmente espirituales, porque el propósito de Dios al traerles de nuevo aquí, aún bajo dominio extranjero, es hacerles volver a él, y enseñarles nuevamente que la seguridad y estabilidad de ellos como pueblo debía estar centrada en su fe en Dios por encima de todo. Porque la nación de Israel está destinada a ser una nación diferente. El estar colocada en ese punto geográfico del planeta tiene un gran significado para los designios divinos relacionados con el planeta Tierra. Aunque la Biblia es un libro religioso, la geopolítica, así como cualquiera otra ciencia auxiliar de la antropología, no está lejos de su consideración. Esta era una nación santa en medio de un mundo pagano, y esto era algo que los israelitas todavía no habían asimilado, y por eso han sufrido un cautiverio y aún sufrirán muchas más calamidades hasta aprender a vivir al amparo de Dios.

Lo más importante del libro de Nehemías es mostrarnos como, en definitiva, el triunfo de la soberanía divina está garantizado a pesar de todos los inconvenientes.

Nehemías tuvo el encargo de reconstruir los muros de la ciudad. Había recibido del rey Artajerjes permiso para ir como gobernador a realizar esta encomiable tarea. La manera como comienza este libro, con una oración donde él desahoga toda su tristeza por la condición de su nación, nos habla de la gran estatura espiritual de este hombre: ¨ Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey¨ (Nehemías 1:11).

Estas son palabras de un hombre del calibre de Moisés, un hombre verdaderamente comprometido con el bienestar de su nación y decidido a buscar el rostro de Dios, dispuesto a humillarse y confesar sus pecados y los de su pueblo. El mundo precisa de muchos hombres y mujeres como Nehemías hoy. Hoy que las sociedades están sumergidas en una grave crisis económica, cuando se pone en evidencia la verdadera crisis, que es espiritual, existencial, el mundo precisa de hombres y mujeres de una fe firme en el Dios verdadero, en el Dios de la Biblia, que proclamen su nombre y clamen fervorosamente a él en busca de socorro.

Es en momentos como estos, cuando todo parece desvanecerse y no se vislumbra ninguna esperanza, cuando se pone de manifiesto nuestra convicción. Nehemías era un hombre convencido de su fe, él esperaba en Dios y esperaba una respuesta divina a su oración. El no hizo ninguna declaración, como se acostumbra modernamente en muchos círculos cristianos, a declarar cosas, con la premisa de que lo que uno dice tiene mucho poder, haciendo depender la fe de nuestras propias palabras y afirmaciones. Nehemías no se atrevió a tanto, como se atreven muchos hoy, pretendiendo ser los más espirituales, decretando cosas que son sólo competencia de la soberanía divina, Nehemías sólo oró, pidió con humildad a Dios, y obró conforme a su fe, hasta ver la reacción divina a las súplicas de su corazón. Y el Señor premió su fe.

Nehemías caminaba en la senda por donde Dios pasa, por eso sabía cuáles eran los perfectos planes de Dios para con su pueblo, planes que Dios mismo había revelado a sus siervos los profetas. Así que Nehemías sabe como orar conforme a la voluntad de Dios. Siempre que oremos, procuremos hacerlo dentro de lo que a Dios le agrada y lo que él nos ha mostrado en su Palabra.

Nehemías cumplió la tarea de dirigir la obra de reconstrucción de la muralla de la ciudad, pese a las oposiciones. El convirtió cada cosa mala en una oportunidad para demostrar su confianza en Dios y para enseñar a los judíos a ir delante de sus enemigos por medio de la oración. Nehemías era un hombre pragmático con un corazón lleno de fe. Difícilmente podrá ser doblegado un espíritu así.

Nehemías fijó su mirada en su objetivo, no perdió de vista su visión y se empeño en ello hasta lograrlo. Nada ni nadie lo pudo desviar de su propósito. Los creyentes deben ser personas firmes en su posición, que más que ser influenciados por el mundo, influencien al mundo con el mensaje del evangelio y con su carácter diferente.

Estamos llamados a ser la luz del mundo (Mateo 5:14). De la misma forma que Nehemías procuró construir los muros de la ciudad, también se preocupó por la restauración de la vida espiritual de Israel. De esta manera su labor estaba completa.
Esdras y Nehemías cumplieron con la parte que les fue comisionada por el Señor, hagamos nosotros la nuestra. Estimado amigo, responda al llamado de Jesucristo, pues él tiene una tarea para asignarle a usted también, pero primero tiene que entregarle su vida a él.

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 22 de marzo de 2009.

domingo, 15 de marzo de 2009

CUANDO LOS REYES AGRADABAN A DIOS

I Crónicas 13:1-4

En esta ocasión nos vamos a referir a los dos libros de Crónicas de la Biblia, en el Antiguo Testamento. Como hemos dicho ya, estamos echando un vistazo a los libros de la Biblia, presentando las ideas principales y haciendo una breve aplicación de las lecciones espirituales contenidas en esos libros, aplicadiones que son pertinentes para nosotros en el día de hoy.

A diferencia de los libros de Reyes, que básicamente se dedican a mostrarnos los defectos, vicios y pecados de los reyes de Israel, en los libros de Crónicas tenemos una panorámica desde una perspectiva un poco más positiva, donde se resaltan sobre todo los momentos de gloria de estos reyes, principalmente de David y Salomón, y sus intenciones de agradar a Dios, mostradas en lo relativo al culto en el templo y los preparativos especiales de los responsables de la adoración. Pero en los casos donde hay evidencia de pecado en el actuar de estos reyes, hay una respuesta divina de amonestación y castigo; y se presenta también la actitud de arrepentimiento que estos personajes tuvieron en su momento, y la respuesta de perdón y restauración departe de Dios.

Algo que no podemos perder de vista, es que los nombres y biografías de estos reyes no están en el Libro Sagrado por ellos mismos, sino que están ahí por la relación de ellos con el Dios de Israel, y confrontados por la conducta buena o mala que tuvieron frente a los ideales de Dios, quien es el verdadero rey de esta nación. O sea, que estos reyes se han sentado en una silla muy caliente, el trono que corresponde a Dios. Eso se puede decir de cualquier gobernante del mundo en cualquier momento, pues claramente la Biblia muestra que el mundo es de Dios, y que él es el que quita y pone reyes (Daniel 2:21).

Cuando a Jesús le presentaron la moneda con la inscripción de la efigie del César, al plantearle el dilema de dar o no dar tributo al Estado romano, este respondió en Mateo 22:21: ¨Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios¨, estaba en realidad expresando que todo el mundo, lo del César, y el César mismo, son de Dios. Podemos decir que del César era el poder político temporal, como es el poder político temporal de los políticos de hoy, pero de Dios es el César, todo su poder político y el mundo en sentido general (Salmo 24:1). Este es un principio elemental de mayordomía.

A cada hombre o mujer que ostente en algún momento el poder político, Dios le demandará por la forma justa o injusta como asuman su rol, y le ajustará cuentas a su debido momento, tal como vemos que lo hizo con los reyes de Israel. Y si Dios ha hecho eso con su pueblo, estoy seguro que lo hará, con más razón, con los otros pueblos del mundo, por aquello que dice la Biblia: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?" (1 Pedro 4:17). Creo que Dios está muy pendiente de la política del mundo, tal y como lo vemos interesado en la política de Israel.

Debemos ver siempre a Israel como un modelo de lo que es, ha sido y será la actitud de las naciones de la tierra frente a Dios, y cuáles han sido las condiciones que Dios ha establecido para que las naciones tengan algún tipo de trato con él, y viceversa.

Los libros de Crónicas comienzan con una serie de genealogías que empiezan con Adán y los doce patriarcas de la antigüedad más lejana: Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc (que fue traspuesto y se lo llevó Dios, Génesis 5:24), Matusalén (que fue el hombre que vivió más años, Génesis 5:27), Lamec, Noé, Sem, Cam y Jafet. Estos constituyen el linaje de los llamados en Génesis ¨los hijos de Dios¨ en contraposición con ¨los hijos de los hombres¨ (Génesis 6:2). Estos son los participantes de una raza redimida, que seguirá la línea que se inició con Abel y que finalmente nos llevará hasta Jesucristo, el Mesías prometido.

Esta genealogía nos lleva por Abraham hasta los doce hijos de Jacob que formarían el pueblo de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Izacar, Zabulón, Dan, José, Benjamín, Neftalí, Gad y Aser. Luego tenemos de manera especial los descendientes de Judá, la tribu de donde vendría el rey David, y posteriormente nacería el Mesías, el Rey que instaurará el reino eterno prometido a David. Hasta el capítulo 9 tenemos esta interminable lista de nombres, que si bien a veces se torna insoportable, no menos cierto es que tiene un gran valor para el significado de la historia bíblica y los planes de Dios para la salvación del mundo, planes que se cumplirán muy a pesar de los impedimentos de los hombres y de Satanás.

En los capítulos 10 al 21 de I Crónicas tenemos una repetición de pasajes descritos en I y II Samuel que nos hablan de la vida de David, pero con algunos detalles enriquecedores. En verdad, Crónicas es una interpretación de los acontecimientos descritos en los libros de Samuel y los libros de Reyes, con la intención de llamar la atención al pueblo de Israel, en tiempos de la restauración, después del cautiverio, acerca de las consecuencias de obedecer o desobedecer a Dios. Cuando hablemos de los libros de Esdras y Nehemías veremos esto con mayor claridad.

En Crónicas, de Saúl sólo se menciona su trágico final. Tan negativa fue la influencia de Saúl, que el cronista bíblico no consideró oportuno redundar en sus hechos tan perjudiciales, aparte de que la intención del historiador, en este caso, es animar a los israelitas, que tienen por delante la restauración de su nación, resaltando los hechos donde los reyes buscaron agradar a Dios.

En Crónicas podemos destacar:

I.- El Papel de David Buscando Agradar a Dios.

Como hemos dicho ya, David consolidó la monarquía en Israel. Fue David el rey que mejor interpretó, como gobernante terrenal, los propósitos de Dios. Podemos decir sin temor a equivocarnos, que el papel de David en la historia universal, ha sido la de hacer el gobierno más justo y equitativo de los que han existido, y posiblemente de los que existirán hasta que Jesucristo venga por segunda y definitiva vez. David fue el modelo preferido por Dios para un rey humano en Israel. Hoy, sin embargo, el modelo por excelencia, tanto para David, si estuviera presente ahora, como para cualquiera otro gobernante, sea este cristiano o no, es sin duda, Jesucristo, el ¨REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES¨ (Apocalipsis 19:16).

En realidad, siempre ha sido Dios el modelo perfecto a ser imitado, y es él quien ha establecido tanto las leyes que rigen el universo, así como las leyes espirituales que rigen la vida moral del hombre. Cuando alguien no hace caso a las leyes naturales o físicas, sufrirá inmediatamente las consecuencias. Por ejemplo, si una persona se arrojara al vacío desde una altura considerable, es seguro que perecerá por ignorar o menospreciar las leyes que rigen la gravedad. De la misma forma, cualquiera que viole alguna ley espiritual, también sufrirá las consecuencias. Pero las consecuencias de violar las leyes espirituales son mucho peores, pues trascienden este mundo, pertenecen al ámbito de la eternidad. De modo que si una persona no se arrepiente de sus pecados aquí y ahora, será culpado en el juicio final, y será condenado al infierno por toda la eternidad.

Aquí es donde encontramos la gran preeminencia de David como rey humano, modelo para los demás reyes de la tierra: David pecó, pero él se arrepintió, confesó sus pecados a Dios y recibió de Dios el perdón anhelado, y su vida fue redireccionada en la búsqueda de agradar a Dios (Salmos 51). Mientras los gobernantes de la tierra no redireccionen sus vidas en orientación hacia Dios y sus propósitos, seguirán dando pasos imprecisos, y la solución a los problemas del mundo será cada vez más imposible de lograr.

David se preocupó por la casa de Dios en la misma dimensión que se preocupó por su propia casa, y por este motivo Dios le permitió hacer los preparativos para la construcción del templo de Jerusalén, que su hijo Salomón llevó a cabo. ¿En qué medida nos preocupamos nosotros hoy por el templo? ¿Nos ocupamos del templo en la misma medida que nos ocupamos de nuestra casa? David amaba grandemente la casa de Dios, así como el escritor del Salmo 84, donde el autor comienza diciendo: ¨!Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo¨. Todavía mucho más, el salmista dice algo extraordinario: ¨Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad¨ (Salmo 84:10). De esta manera debemos amar la casa de Dios y desear el compañerismo de los hermanos en los cultos. Que cada domingo sea un día especial en nuestras vidas.

II.- El Papel de Salomón Buscando Agradar a Dios.

Como ya hemos visto, durante el reinado de Salomón, la monarquía en Israel fue engrandecida y alcanzó su mayor gloria. Antes de que esa gloria llegara a envanecer a Salomón, éste realizó la más grande obra de su reino: el templo. Uno de los hechos bíblicos más importantes para la vida del pueblo de Dios, tanto para el Israel político, como para el Israel espiritual (la iglesia), lo constituye la dedicación del templo de Jerusalén. En este acto de dedicación se registra el pacto de Dios con Salomón en el que Dios promete: Oír nuestras súplicas, perdonar nuestros pecados y sanar nuestra tierra (2 Crónicas 7:14). Pero esto tiene varias condiciones que debemos cumplir: Andar rectamente delante de Dios, hacer las cosas que él manda y guardar sus leyes (2 Crónicas 7: 17).

En la dedicación de cualquier persona, Dios siempre cumplirá esta promesa, pero también exigirá las mismas condiciones, porque él no cambia, y no negocia las demandas de su ética. Dios actúa en el ámbito de lo inmutable, de lo absoluto y de lo eterno o imperecedero, y los que le siguen deben conocer su carácter, lo que él espera, y actuar en consecuencia.

Lamentablemente ni Salomón, ni la mayoría de los demás reyes del reino dividido, ni mucho menos el pueblo de Israel, en sentido general, fueron fieles a Dios, y por ese motivo el templo, símbolo de la presencia de Dios, fue saqueado y luego quemado durante la caída de Jerusalén por el rey Nabucodonosor (2 Reyes 25: 1-7).

III.- El Papel de los Reyes del Reino Dividido buscando Agradar a Dios.

El propósito de Dios es que los reyes vean la diferencia entre servirle a él y servirle a los reinos de las naciones (2 Crónicas 12:8). Por ese motivo Dios entregó a la nación de Israel en manos de sus enemigos. Sin embargo, durante el periodo de los reyes del reino dividido, algunos reyes trataron de hacer volver el corazón de la nación hacia Dios. Aunque Dios anhela siempre la unidad, hubo algunos reyes del reino dividido que actuaron según el modelo que Dios exigía, pero lamentablemente esto no hizo que la nación se arrepintiera de forma genuina.

Josías fue uno de estos reyes singulares que hicieron lo recto delante del Señor y que merece ser mencionado. Se puede decir de él que fue el reformador de la vida religiosa de Israel en un tiempo de gran oscuridad espiritual. Su labor fue encomiable tal como se narra en 2 Reyes 22 y 23. Fue radical en su guerra contra la idolatría, no tuvo misericordia con los propiciadores de los cultos paganos en la nación, de tal modo que siendo rey del reino del sur (Judá), las influencias de su reforma llegaron hasta el reino del norte.

A tal grado de importancia llega la vida de Josías que se le compara con Moisés, con Josué y naturalmente con David. Josías fue celoso de todo lo concerniente a las cosas sagradas, y por ese motivo Dios le bendijo grandemente en lo concerniente a su actitud cuando el libro de la ley fue hallado en el templo: ¨Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová, cuando oíste lo que yo he pronunciado contra este lugar y contra sus moradores, que vendrían á ser asolados y malditos, y rasgaste tus vestidos, y lloraste en mi presencia, también yo te he oído, dice Jehová. Por tanto, he aquí yo te recogeré con tus padres, y tú serás recogido á tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar¨ (2 Reyes 22: 18-20).

Qué maravilloso poder hallar en medio de tantos reyes llenos de grandes vicios y pecados a uno con tantas virtudes como Josías, del cual nos dice la Biblia lo siguiente: ”No hubo otro rey antes de él, que se convirtió al Señor de todo corazón, de toda su alma y de toda la ley de Moisés; ni después nació otro igual. Con todo eso, el Señor no desistió del ardor con que su gran ira se había encendido contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado” (2 Reyes 23:25, 26).

¡Qué triste! La forma como terminan estas historias del pueblo de Israel, nos hablan de la desgracia humana producto del pecado, y nos muestran que no es nada favorable lo que espera a este mundo. El panorama mundial, lejos de vislumbrarnos un futuro luminoso y positivista, nos augura un futuro sombrío. Es difícil no ver pesimismo en el porvenir del planeta tierra. Hasta los científicos nos hablan de la gran catástrofe que nos acecha. Todo esto será el desenlace de un mundo que se aleja más y más de Dios.

Creo que lo mejor que podemos hacer es prepararnos de manera individual para ese final que se acerca, entréguele su corazón al Señor antes que sea tarde.

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, en marzo 15 de 2009.

domingo, 8 de marzo de 2009

DE LA MONARQUIA AL CAUTIVERIO

I Reyes 11: 11-13

Los dos libros de los Reyes en el Antiguo Testamento nos presentan la condición de la monarquía en Israel después de la muerte de David. Si los libros de I y II Samuel nos hablan del establecimiento y consolidación de la monarquía, los libros de I y II Reyes nos cuentan de la decadencia progresiva del pueblo de Israel durante la monarquía, producto de la desobediencia y el mal proceder de sus gobernantes. La razón por qué los nombres de estos reyes se encuentran en estas historias bíblicas es por lo que ellos tuvieron que ver con Dios, sea por bien o sea por mal. Recordemos que la Biblia es un libro religioso, que nos habla de la relación de Dios con el hombre, y eso es lo que más interesa al escritor de este libro sagrado.

Si bien en el principio de estos libros vemos el esplendor y gloria del gobierno de Salomón, no menos cierto es que Salomón mismo se apartó de los caminos del Señor en los últimos años de su reinado. Lo que caracteriza a los libros de los Reyes es precisamente la serie de eventos negativos cometidos por los reyes de Israel, incluyendo los propios vicios de Salomón. Aunque se destacan los males cometidos por los reyes del Norte de Israel, también vemos la triste caída del reino de Judá, aunque posterior al reino del Norte.

Quisiera que viéramos por parte como estos acontecimientos tan funestos culminan en la cautividad de la nación completa, como una forma de castigo divino.

I.- Gloria y Decadencia de Salomón.

Los primeros dos capítulos de I Reyes están dedicados a mostrarnos como fueron los últimos días de David, y el traspaso del reino de Israel a su hijo Salomón, traspaso que estuvo salpicado de sangre, pues Salomón tuvo que tomar decisiones drásticas contra algunos contrincantes que le habían puesto en jaque. Es difícil la tarea de gobernar, y mucho más difícil gobernar al pueblo de Israel, un pueblo al que se ha definido como un pueblo rebelde y contradictor (Romanos 10:21). Podemos decir que esta es la misma condición de todos los pueblos de la tierra, y en cualquiera nación, si revisamos su historia, veremos el mismo comportamiento mostrado por el pueblo de Israel.

Así que, nunca ha sido ni será fácil gobernar una nación. Muchas veces los gobernantes, no importando el tipo de gobierno, tienen que hacer cosas que no son las más agradables para salvar a la nación de conflictos que la pueden desestabilizar. Pero creemos que las acciones de los gobernantes deben estar siempre dentro del marco de la ley, pues ellos deben ser un modelo para los gobernados.

Lo más destacado de Salomón es su fama de sabio, cualidad esta que le fue concedida por Dios como un don especial. Salomón pidió expresamente a Dios que le diera sabiduría para gobernar (I Reyes 3:9,10). Muchos gobernantes han tratado demagógicamente de parecerse a Salomón, pidiendo en su toma de gobierno, supuestamente a Dios, que les dé sabiduría para gobernar, pero esto ha sido sólo de labios, pues en sus acciones han demostrado todo lo contrario de la sabiduría.
Es bueno explicar que no es lo mismo ser inteligente que ser sabio. La sabiduría tiene que ver más con el carácter, con la prudencia en todos los sentidos y con mostrar equilibrio y justicia en la forma de actuar. Pero lo que vemos en la mayoría de los gobernantes de la tierra es un interés por manipular a las masas, ofreciendo siempre cosas que no está en su voluntad cumplir, y poniendo en riesgo la nación, al hacer compromisos de aposento con los poderosos para perpetuarse en el poder, todo esto en perjuicio de las mayorías.

De Salomón se puede decir que mientras fue consecuente con el tipo de carácter que Dios aprueba, realizó el gobierno más brillante de Israel, su fama se difundió por el mundo entero, y logró reinar durante un largo período de paz, que trajo prosperidad a la nación de Israel.

A Salomón le tocó el privilegio de construir el gran templo d Jerusalén, llamado Templo de Salomón, tal como Dios lo había prometido a su padre David ( 2 Samuel 7:12-14). Se hicieron todos los aprestos necesarios para este gran proyecto arquitectónico único en la historia. Los mejores constructores, artistas y artesanos fueron contratados para esta obra. Esta magnífica obra fue encargada a Hiram de la tribu de Neftalí, una persona especial del cual la Biblia dice lo siguiente: ¨E Hiran era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, he hizo toda su obra¨ (I Reyes 14). Lo cierto es, que no se escatimaron recursos para esta obra. Muchos de estos recursos ya estaban disponibles desde el reinado de David, el cual había hecho provisión y había establecido los diferentes niveles de oficios para los servicios de adoración en el templo, tal como se narra en I Crónicas 21: 28-26.

Dios había dicho a David que por causa de él haber derramado mucha sangre, él no sería la persona indicada para edificarle casa en Israel, pero que su hijo Salomón lo haría ( I Crónicas 22: 7-19). Así que David hizo saber estas instrucciones a Salomón antes de morir, para que se edificara el templo tal como él lo había planeado.

Salomón trasladó el arca de Dios al templo una vez que la obra estuvo concluida, y realizó un gran acto de dedicación. Este acto ha sido muy memorable, y hablaremos de él con detalles cuando estudiemos las Crónicas de los reyes.

Salomón fue muy versado en todas las ciencias, y muy admirado por el mundo entero por su sabiduría y por el esplendor de su reino, tanto que, el propio Señor Jesucristo hace comparaciones con su majestuosidad: ¨ Ni aún Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos¨ (Mateo 6: 29). Cuando los hombres y mujeres somos fieles a Dios, Dios nos exaltará delante de los demás: ¨Y tu padre que ve en lo secreto te recompensará en público (Mateo 6:6). Salomón es el autor de los Proverbios, de Eclesiastés y de Cantar de los Cantares, libros poéticos de la Biblia que estudiaremos en su momento. Así que Salomón fue grandemente bendecido por Dios con muchos dones y talentos.

Pero Salomón terminó muy mal. Siempre es más importante como uno termina que como uno comienza. Salomón tenía una gran debilidad, podríamos decir que es la debilidad de la mayoría de los hombres: las mujeres. Esta fue la causa de su desgracia, pues la misma Biblia al hablarnos de su decadencia, es lo primero que nos dice: ¨Pero el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extrañas; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón y a las heteas; gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor¨ (I Reyes 11: 1,2). Y la Biblia agrega: ¨Y sus mujeres desviaron su corazón¨ (I Reyes 11: 3). Cuando uno llega al capítulo 11 de I Reyes, uno ve algo insólito: Cómo este hombre que había sido dotado de la más exquisita sabiduría, había menospreciado el temor de Dios por el placer de las mujeres. El hedonismo lo llevó a la egolatría y a la idolatría de toda índole. En su libro de Eclesiastés podemos ver, sin embargo como se convenció al final de su existencia de lo inútil e insignificante de la vida a espalda de Dios.

Dios le hizo saber que por sus graves pecados, el reino de Israel sería resquebrajado, aunque no durante su vida, pero sí después de su muerte, y esto por la misericordia prometida a David (I Reyes 11: 11-13). Los últimos días de Salomón no fueron muy halagüeños como podemos ver, pues Dios lo puso a probar la amargura de la rebelión, de la sublevación y de los complots constantes (I Reyes 11: 31.40).

De esta manera Dios quería hacer a Salomón consciente de lo que aguardaba a la nación de Israel después de su muerte. Después de la muerte de Salomón, tenemos una serie de acontecimientos que están marcados por la mala actuación de la mayoría de estos gobernantes, en un reino dividido que terminará en ruina y cautiverio.

II.- Decadencia de la Monarquía y la Intervención de los Profetas.

Durante los últimos días del reinado de Salomón, ya se venía gestando la división del reino de Israel. Así que después de su muerte, al pasar el reino a manos de su hijo Roboam, el lado norte de Israel que estaba formado por las demás tribus, aparte de la tribu de Judá, se rebeló al frente de Jeroboam. Dios propiciaría esta división como una forma de castigo merecido (I Reyes 11:11-13). Así que Israel se divide entonces en reino del Norte y reino del Sur.

Cada uno de estos reinos tendrá una sucesión de reyes, unos más o menos peores que los otros, y de vez en cuando uno que hará lo recto delante del Señor, pero en fin de cuentas, la situación irá empeorando hasta la decadencia total. La profecía del profeta Ahías en los albores de este reino dividido, es una muestra de lo que espera a Israel durante este periodo oscuro: ¨Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehovᨠ(I Reyes 14:15).

Durante este período del reino dividido, hubo constantes guerras intestinas entre Judá (reino del sur, con capital en Jerusalén) e Israel (reino del norte, con capital en Samaria) y además, siempre la amenaza y el temor de los enemigos vecinos: Egipto, Asiria y Babilonia.

La mayoría de estos reyes, tanto de Israel como de Judá, estaban viviendo según el modelo equivocado de Saúl, y muy pocos se decidían por el modelo preferido de Dios, que fue el gobierno de David, cosa esta que Dios anhelaba y que no perdía tiempo para hacérselo saber al pueblo, pues David era el parámetro del tipo de rey que él deseaba para Israel, que si bien es cierto que no era perfecto, era mejor que cualquiera otro rey humano que ellos pudieran tener.

Esta añoranza divina de un rey conforme al corazón de Dios es algo que vemos expresado en la Biblia: ¨Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre¨ (I Reyes 15: 11). Dios tiene un modelo, y él no descansará hasta que sus hijos lleguemos a alcanzar la estatura de ese modelo. Dios nunca estará de acuerdo con lo malo o lo mediocre, ni se conformará sólo con lo bueno, sino que él exigirá lo mejor, la excelencia. Jesucristo es hoy nuestro modelo a ser imitado, y esta es una demanda superior a la exigida a los reyes de Israel: ¨Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo¨ (Efesios 4:13).

Y para que nadie en Israel alegara ignorancia, Dios levantó a hombres idóneos para anunciar su palabra, a los profetas. Al través de ellos Dios ha de enrostrar a la nación su pecado, y esta ha de ser una tarea muchas veces peligrosa. El hecho de que el profeta vaya al rey y lo enfrente en nombre de Dios por su mal proceder, es considerado por los que gobiernan a la manera humana, como actos subversivos; así que el profeta ponía su vida en grande riesgo cuando denunciaba los males y pecados, y esto es algo que ocurrió con mucha frecuencia en Israel.

Muchos profetas fueron asesinados por decir la verdad de Dios. Esto es algo que se repite al través de la historia en el mundo. Todos aquellos que desempeñan un rol similar al de un profeta en las naciones modernas, como los periodistas que denuncian las injusticias que se cometen, son conscientes del grave peligro que corre su vida al exponerse de tal manera, enfrentando el poder político. Pero aquellos que son conscientes de su llamado, no se amedrentan frente a ninguna amenaza, mucho menos lo pueden hacer los profetas de Dios.

Elías y Eliseo son dos profetas que se destacan en el tiempo del reino dividido. Elías y Eliseo fueron profetas tan especiales que al través de ellos Dios obró grandes milagros como detener la lluvia y pedir que lloviera, pedir que bajara fuego del cielo, multiplicación de elementos de la naturaleza, como el caso de la multiplicación de la harina y el aceite de las viudas, la resurrección de un niño, el milagro del hacha que flotó en el agua, y el milagro de sanación de una enfermedad incurable para ese tiempo, la lepra.

Cada uno de estos milagros son similares a los obrados por Jesús muchos siglos después en el Nuevo Testamento. Elías y Eliseo mostraron una anticipación de los poderes que acompañarían al Mesías, y además, el nombre de Elías está particularmente relacionado con el Señor Jesús, pues él juntamente con Moisés apareció con Jesús en el monte de la transfiguración ante la mirada atónita de sus discípulos Pedro, Juan y Jacobo (Mateo 17:1-13).

Elías fue el maestro de Eliseo y debemos mencionar de forma especial un hecho singular que sobresale en su vida, y es que él fue traspuesto para no ver la muerte. Elías está en el cielo sin haber pasado por el proceso de la muerte, al igual que Enoc. Ellos son las primicias de los que seremos transformados en un abrir y cerrar de ojos el día que el Señor venga en su segunda venida, como dice la Biblia (I Corintios 15: 52).

Elías libró una tremenda batalla contra los sacerdotes de Baal. Aunque tuvo éxito en su empresa y destruyó el culto a Baal, pero su vida corrió grande peligro ante las amenazas de la malvada Jezabel, la esposa fenicia adoradora de Baal que se había buscado el rey Acab. Esta era una pareja maligna que provocó grandes males a la nación de Israel, especialmente en el reino del norte.

Acab muere de una forma muy peculiar en una batalla contra los sirios; nos dice la biblia: ¨Un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta y sácame del campo, pues estoy herido. Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro¨ (I Reyes 22: 34,35).

En cuanto a Jezabel, esta recibió su castigo durante el reinado de Jehú; su cuerpo despedazado fue comida de los perros (2 Reyes 9:30-37). Toda la familia de Acab fue exterminada. Estos libros de I y II de Reyes terminan siempre mal, muy mal. No pueden terminar bien los que se apartan del Señor y se van tras las corrientes de este mundo.

III.- El Cautiverio.

Varias décadas después de la muerte de Eliseo, el reino del norte de Israel cayó en manos de Salmanasar rey de los asirios. Todo esto por apartarse de los caminos del Señor; por esto Dios los entregó en manos de sus enemigos (2 Reyes 17:14-18). Así que Asiria se adueña de Samaria y establece allí sus dominios, y se inicia la mezcla de razas, de culturas y de religiones, formándose un sincretismo peligroso que apartará a los israelitas muy lejos del Señor.

Los creyentes debemos ser conscientes que aunque vivimos en este mundo, pertenecemos a la patria celestial, y que hay cosas de nuestra cultura con las que no podemos estar de acuerdo, y a las que de ninguna manera nos podemos conformar (Juan 17:16, Romanos 12:2). La demanda del Señor a los israelitas de no hacer alianza con las naciones paganas, es lo equivalente a lo que nos dice la Biblia en el Nuevo Testamento, de no hacer compromisos con los incrédulos, no hacer compromisos que interfieran con nuestra ética y nuestras creencias, pues esas son cosas innegociables (2 Corintios 6:14).

El cristiano que ignora este principio, está desperdiciando la gracia de Dios que le ha sido dada, está siendo una afrenta para el pueblo de Dios y se convierte en un hazmerreír del diablo. Los israelitas se pusieron en terreno de Satanás, y sufrieron las consecuencias.

En tiempos del rey Josías en Judá, no valió para el pueblo de Israel que se hicieran reformas y llamados al arrepentimiento, ni que se arreciara la persecución contra los propiciadores de todo tipo de maldad, de todo vicio y pecado, pues de todos modos Dios ya estaba determinado a que Judá corriera la misma suerte que Israel: ¨Con todo eso, Jehová no desistió del ardor con que su gran ira se había encendido contra Judá, por todas las provocaciones con que Manasés le había irritado. Y dijo Jehová: También quitaré de mi presencia a Judá, como quité a Israel, y desecharé a esta ciudad que había escogido, a Jerusalén, y a la casa de la cual había yo dicho: Mi nombre estará allí¨ (2 Reyes 23:26,27). Así que, no pasó mucho tiempo para que también el reino del Sur, Judá, cayera cautivo, pero esta vez en manos de los babilonios, bajo el mandato del rey Nabucodonosor.

Juan Pablo Duarte, el padre de nuestra patria dominicana, en su máxima sentencia nos dice: ¨vivir sin patria, es lo mismo que vivir sin honor¨, y nosotros decimos que para vivir sin honor dentro de la patria, es mejor vivir sin patria. Esta nación dominicana, como muchas patrias de nuestra América Latina y muchas naciones del mundo, está viviendo en condiciones similares a las del pueblo de Israel durante el tiempo del reino dividido, pues nuestros gobernantes viven de espaldas a Dios, y de espaldas a las necesidades más perentorias del pueblo.

Nuestros gobernantes, supuestamente democráticos, se atreven a ir a una cumbre a pedir flexibilidad en la política internacional en favor de una nación como Cuba, que está regida por más de cincuenta años por una dictadura, en vez de pedir al gobierno cubano que permita al pueblo trillar su propio destino en un sistema democrático. Pero esa actitud no me sorprende de personas que viven cada día pregonando una cosa, y haciendo otra totalmente diferente, o sea, que eso es parte de su demagogia, la cual ni siquiera disimulan.

La razón de todo este errático accionar es el cautiverio al que Satanás tiene sometido a nuestros pueblos, los cuales son víctimas de sus trampas. Aquí también el enemigo tiene sus redes de sincretismo, alejando a los hombres cada día más de la verdad bíblica y viviendo en ignorancia, una ignorancia espiritual que sobrepasa todo intelecto y tiene sometida la voluntad del hombre.

Sólo Jesucristo, conocido y aceptado en el corazón de los individuos, puede transformar de manera genuina la suerte de nuestros pueblos y del mundo.

Mensaje predicado por el pastor Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, en Marzo 8 de 2009.

domingo, 1 de marzo de 2009

ESTABLECIMIENTO Y CONSOLIDACION DE LA MONARQUIA EN ISRAEL

2 Samuel 7: 8-17

Hablar de la monarquía en Israel es hablar de un gran trecho histórico en la vida del pueblo de Dios. Una figura que sobresale en estos acontecimientos es Samuel en su triple papel de sacerdote, profeta y juez de la nación hebrea. Aunque sin duda alguna la persona más importante en todo este relato es la del rey David. La figura de Saúl es célebre, pero de una forma triste y decepcionante. Saúl es el típico rey humano, más parecido al montón de gobernantes del tipo que es descrito por el Señor Jesús en Mateo 20:25, donde nos dice: ¨Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad¨.

En esta ocasión veremos brevemente un esbozo de la vida de cada uno de estos tres personajes que intervienen en el inicio de la monarquía en Israel.

I.- Transición del Gobierno de los Jueces a la Monarquía en Israel.

El responsable de esta transición fue un hombre excepcional llamado Samuel. De él podemos decir que su concepción fue milagrosa. Su madre Ana no podía tener hijos, porque era estéril. Sufría tremendamente por esta situación. Muchas mujeres en el mundo no pueden tener hijos, y es lo que más desean en la vida. Realmente debe ser bien frustrante para una mujer no poder concebir. Para las mujeres en el tiempo de Ana en Israel esto era mucho más que una afrenta por muchas razones. Pero ella hizo algo que toda mujer que atraviese por su misma situación debe hacer, ella oró con fe a Dios para que le diera un hijo. Y Dios se lo concedió.

Pero había algo en la petición de ella que la hace una mujer especial, ella pidió un hijo a Dios para dedicarlo a su servicio en el templo. ¿Cuántas mujeres cristianas hoy tienen el deseo de tener hijos para dedicarlos al servicio del Señor? Por lo general pensamos de nuestros hijos como profesionales, pero no es muy frecuente que visualicemos a nuestros hijos como siervos del Señor en el ministerio. Y Samuel llegó a ser un profeta muy especial para el pueblo de Israel, porque fue dedicado desde antes de ser concebido; y su madre fue bendecida por Dios con más hijos, porque dio las primicias del fruto de su vientre al Señor.

Samuel fue prácticamente el último juez de Israel, y fue al través de él que Dios preparó la transición del gobierno de los jueces a la monarquía. El pueblo de Israel había manifestado que quería tener un rey como las demás naciones. Esta era una forma de rechazar a Dios como gobernante. En ese tiempo, los israelitas tenían un enemigo que los asediaba constantemente, los filisteos, un pueblo al que ellos no habían echado de la tierra prometida, y que se había convertido en un problema constante por su desobediencia.

Dios usó a los filisteos para probar y castigar a los judíos por su falta de fe, a tal punto que los filisteos se llevaron consigo el arca de Dios, y los judíos trataron de recuperarla en una batalla donde los sacerdotes Ofni y Finees, hijos del sacerdote Elí, murieron; y el propio Elí falleció de forma trágica por la impresión que le produjo la noticia de la muerte de sus dos hijos, los cuales habían deshonrado múltiples veces su santa investidura. De esta manera se cumplió lo dicho por Dios a Samuel respecto de la casa del sacerdote Elí: ¨Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas¨ (I Samuel 3: 11-14).

Durante siete meses estuvo el arca de Dios en manos de los filisteos, pero esto trajo grandes calamidades para ellos, de modo que decidieron regresarla a Israel. La Biblia dice en I Samuel 7: 1: ¨Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová¨. Después de esto, Dios tuvo misericordia de Israel, porque ellos se arrepintieron y entonces pudieron vencer a los filisteos.

Samuel era la persona hasta ese momento que gobernaba a Israel, y Dios estaba con él. Pero él se sentía viejo, así que puso a sus dos hijos Joel y Abías como jueces de Israel en su lugar. Pero los hijos no tenían de ninguna manera el carácter del padre. Esto dio motivo a los israelitas para que un día decidieran pedir a Samuel lo siguiente: ¨ constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones¨ (I Samuel 8:5). El pueblo que es especial, diferente, quería ahora ser como las demás naciones. Así muchos cristianos piensan que se están perdiendo de algo al no ser parte de muchas cosas del mundo; y siempre que esto ocurre el próximo paso es apartarse de los caminos del Señor, para vivir conforme al mundo. Es el anhelo de Dios que su iglesia sea diferente y que procure el reino de Dios en el centro de su vida antes que cualquiera otra cosa.

Samuel se sintió decepcionado, pero ellos no lo estaban despreciando a él, sino a Dios: ¨Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos¨ (I Samuel 8:7). Dios concedió a los israelitas lo que pedían, no sin antes advertirles los riesgos a los que se enfrentaban como nación al tener un rey. La lista de estos riesgos está en I Samuel 8:11-18. Pero el pueblo estaba tan entusiasmado con la idea de tener un rey que no consideraron los riesgos, sino que dijeron: ¨No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras¨ (I Samuel 8: 19, 20).

De esta manera culmina la tarea de Samuel como gobernante de Israel, pero continuará su influencia como sacerdote y como profeta de Dios en el ungimiento y establecimiento de los dos primeros reyes de Israel, tarea que realizaría hasta el día de su muerte. Samuel murió durante el reinado de Saúl, pero antes Samuel ya había ungido a David quien sustituiría más tarde de manera formal a Saúl, a quien Dios habría desechado. La muerte de Samuel se narra en I Samuel 25:1. El acontecimiento de la muerte de Samuel tan temprano, demuestra que él no fue el autor de estos libros, pero sin embargo, por la importancia de su persona en estos acontecimientos, los Talmudistas han de haberle atribuido su autoría.


II.- Establecimiento del Primer Rey de Israel.

De lo primero que nos habla la Biblia de Saúl, es acerca de su imponente presencia física, de su corpulencia y de su hermosura y juventud. Descendiente de la tribu de Benjamín, Saúl era el más apuesto varón en toda aquella comarca. Como el pueblo de Israel buscaba un rey humano, y al parecer le importaba más la apariencia que los valores espirituales que pudiera tener su gobernante, Dios les concedió lo que su corazón deseaba. Aquí se cumple lo que se dice, que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen; de la forma que sean las gentes, de esa misma forma será su gobernante, porque el gobernante sale del seno del mismo pueblo.

Dios dio instrucciones a Samuel de ungir a Saúl como rey de Israel: ¨Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo¨ (I Samuel 9:16,17). Así lo hizo Samuel, tomó a Saúl y lo ungió con aceite como era la costumbre: ¨Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? (I Samuel 10:1). Samuel convocó al pueblo para presentarles a la persona que Dios había elegido como rey y para anunciarles cuáles serían las leyes del nuevo reino.

En las palabras que Samuel dirigió al pueblo estaba incluida la amonestación a la nación por haber desechado a Dios como su rey, para pedir un rey como tenían las demás naciones. Cuando buscamos nuestra propia determinación sin considerar a Dios, no nos podemos quejar de los resultados catastróficos. Eso es lo que define definitivamente el reinado y la vida de Saúl, un verdadero desastre.

Muy pronto el pueblo se dio cuenta de la falta que habían cometido delante de Jehová. Pero el amor de Dios por su pueblo es inmutable, así que él ha de utilizar aún las decisiones equivocadas para transformarlas en una oportunidad de crecimiento, porque Dios no puede negarse a ser misericordioso. Aún en medio de esa mala elección, Dios está dispuesto a ayudarles a salir adelante, siempre que muestren un corazón arrepentido; pero si no: ¨Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis¨ (I Samuel 12:25).

Saúl era muy impulsivo, y esa condición de su carácter lo hizo actuar locamente, atribuyéndose dignidades que no les estaban permitidas, como ofrecer holocausto, oficio reservado para los sacerdotes. Por este motivo, Samuel le profetizó como Dios lo había desechado como rey, y que en un tiempo no muy lejano sería sustituido: ¨Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó¨ (I Samuel 13:14).

La imprudencia de Saúl llegó a ser tal, que aún puso en peligro la vida de su hijo Jonatán, el cual sólo fue librado de una muerte segura por la protección del pueblo. ¿Será que en su afán de poder, consideró en algún momento que aún su propio hijo podría ser su rival, y buscaba aprovechar cualquier circunstancia que le diera la oportunidad de elimarlo? Ha habido emperadores y gobernantes sanguinarios que no han perdonado ni siquiera la vida de su propia familia, con tal de perpetuarse en el poder.

En el episodio de Saúl con los amalecitas, de nuevo la condición de Saúl es desastrosa delante de Dios por actuar conforme a su mente, sin la debida delicadeza en las cosas santas, al tomar del botín del enemigo y ofrecerlo como sacrificio a Dios; por eso le dice Samuel: ¨ ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey¨ (I Samuel 15: 22, 23). Y esta vez Dios da instrucciones a Samuel, y le advierte acerca de los peligros de considerar al nuevo rey que será elegido conforme a la apariencia, pues las apariencias engañan: ¨Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón¨ (I Samuel 16:7).

Ya se avecina la oportunidad de que aparezca el sucesor de Saúl, David, ¨un hombre conforme al corazón de Dios¨. Eso no significa que ese hombre ha de ser perfecto, pero la diferencia entre él y Saúl es abismal. Así que Samuel unge a David como el nuevo rey de Israel. Siendo Saúl consciente de su sustitución como rey, su corazón fue lleno de una malsana obstinación contra David, el nuevo ungido de Jehová, y procuraba su muerte por todos los medios posibles.

David realizó una hazaña que lo catapultó delante del pueblo como un hombre valeroso, como un héroe nacional; nos referimos a la eliminación del gigante Goliat. Naturalmente que esta acción fue posible solamente porque Dios estaba con él. Pero esto despertó aún más el celo de Saúl contra David, pues el pueblo, al cantar las victorias de Israel decia: ¨ Aconteció que cuando volvían ellos, cuando David volvió de matar al filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando y danzando, para recibir al rey Saúl, con panderos, con cánticos de alegría y con instrumentos de música. Y cantaban las mujeres que danzaban, y decían: Saúl hirió a sus miles, Y David a sus diez miles¨ (I Samuel 18:6,7).

Pese a toda esta rivalidad de Saúl contra David, el corazón de David era generoso para con él, de tal manera que Jonatán, el hijo del rey Saúl y David se convirtieron en los más grandes amigos, una amistad única en la historia; y además, David se casó con Mical, la hija del rey, o sea que Saúl era su suegro.

Muchas cosas pueden pasar a una persona obstinada, con una idea fija en su mente, como fue el caso de Saúl. En procura de eliminar a David, cometió muchos disparates y fue objeto de la burla hasta de Dios, pues Dios lo puso en ridículo delante de su propio pueblo por su alocada fijación asesina. Lea I Samuel 19 para que se dé cuenta de lo que estamos diciendo. David se convirtió en un fugitivo, y más tarde en un guerrillero por causa de la persecución insensata de Saúl. Pero David respetó en todo momento la vida de Saúl porque lo respetaba como el ungido de Dios. Y aunque en varias ocasiones lo tuvo en su poder, le perdonó la vida.

En medio de la lucha de guerrillas de David, hay un episodio que merece ser considerado, es el relacionado con Abigail, una mujer sensata que llegó a ser esposa de David. Esta mujer libró a David de cometer un acto de violencia contra su esposo Nabal, un terrateniente que se negaba a apoyar la lucha política de David. El rey David, durante su alzamiento, él y su ejército eran sostenidos económicamente por los poderosos de aquellas tierras a cambio de protección. Pero Nabal, que era una persona avara, no quería apoyar la causa de David, lo cual representaba un acto de rebelión contra el auténtico rey de Israel. Y según la mente acalorada del joven rey, este hombre merecía la pena de muerte, y también el exterminio de su descendencia, y esto incluía a los hijos de Abigail.

Ella fue a suplicar delante del rey por su esposo y por su familia, y además a evitar que David, a quien ella sí consideraba su rey, cometiera ese acto cruel producto de su indignación. De esta manera fue librada ella y su familia aunque su esposo no corrió la misma suerte, pues fue castigado por Dios por su actitud, y la historia bíblica nos dice que luego David la tomó como esposa. Hay muchas lecciones que podemos sacar del proceder de esta mujer, lecciones de prudencia y sensatez que pueden ser de gran valor en el día de hoy que está viciado de tanta violencia.

Saúl finalmente sucumbió ante su propio carácter y obstinación, actuando aún en contra de sus propios principios. Violando toda ley humana y espiritual, Saúl se destruyó a sí mismo y a su familia, lo cual trajo gran luto a la vida de David, quien a pesar de todo, le tenía gran estima. Ese es el final de los que se empecinan en hacer su voluntad y pervertir el derecho y vivir de espaldas a Dios.

III.- Consolidación de la Monarquía en Israel.

Finalmente, después de tanto correr, David pudo descansar de la persecución de Saúl y comenzar a reinar en Israel. Pero antes David lloró con amargura a Saúl y escribió un salmo memorable cuyo estribillo reza de la siguiente manera: ¨¡Cómo han caído los valientes!¨ ( 2 Samuel 1: 19). Esto es una muestra del gran respeto que David tenía al ungido de Jehová. Además David protegió a la familia de Saúl que aún vivía. Aprendamos de David este gesto de consideración por los siervos del Señor, y mucho más cuando estos hayan tenido una buena conducta.

David es compositor de una gran cantidad de Salmos que exaltan la gloria, la grandeza y la misericordia de Dios.

Con David se consolida el sistema de gobierno monárquico en Israel. Es proclamado rey primero en Judá y luego en todo Israel. Tenía 30 años cuando comenzó a reinar y reinó 40 años: 7 años y seis meses en Judá y 33 años en todo Israel. Su relación con el reinado mesiánico de Jesús, y las promesas de Dios de darle estabilidad lo hacen un rey excepcional (2 Samuel 7:11). Dios promete hacerle casa y de que él propiciará la construcción del templo, pero sería su hijo Salomón el que lo llevaría a cabo.

Sin embargo la Biblia no nos oculta los defectos de este hombre que tenía fama de tener un corazón conforme al corazón de Dios. Nos habla de su pecado de adulterio con Betsabé y la cadena de pecados que le siguieron a este, incluyendo hasta el homicidio. Pero es aquí donde podemos ver la diferencia de su carácter con el de Saúl, luego de la amonestación del profeta Natán, David reconoce su pecado y se arrepiente, aunque las consecuencias de sus pecados le seguirían toda su vida. El Samo 51 es un testimonio elocuente de su arrepentimiento, salmo este que ha servido de inspiración en el arrepentimiento de muchas personas en el mundo. Betsabé fue la madre de Salomón, una nota salvadora en medio de esta historia tan desagradable.

En la vida de David hubo muchas victorias y conquistas, pero en su vida familiar, producto del estilo de vida de aquellos tiempos en los que aún no se había completado la revelación bíblica, ocurrieron episodios muy lamentables, como el hecho de que su propio hijo Absalón, su hijo predilecto o consentido, intentó darle un golpe de estado. Por esta causa, David tuvo que enfrentarse a la amarga realidad de ver el trágico final de su vástago, pues el reino debía ser protegido aún de su propia familia.

La vida de Absalón fue la inspiración para la famosa novela ¡Absalón, Abasalón!, escrita por novelista americano William Faulkner, uno de los novelistas más reconocidos de la literatura estadounidense del siglo XX. Es una novela publicada en 1936, inspirada en el episodio bíblico de 2 Samuel 2: 13-19 –que cuenta cómo Absalón, hijo de David, mata a su hermano Amnón por haber forzado a su hermana Tamara. Esta obra enigmática, ambigua, paradójica y de gran complejidad técnica gira alrededor del racismo, el amor, la venganza y el honor en el contexto histórico y cultural de la época de la esclavitud y las plantaciones de los grandes terratenientes del sur y la Guerra de Secesión en los Estados Unidos (1861-1865), que terminó precisamente con la esclavitud en la nación americana.

A la muerte de David, su hijo Salomón le sucede en el trono. De eso vamos a hablar en nuestra próxima intervención. Mientras tanto podemos decir que la vida de David, y su influencia en el pueblo de Israel continúa hasta el día de hoy. Dios le prometió a David un reino que no tendría fín (2 Samuel 7:16). Este reino se refiere al reinado universal y eterno del Mesías, tal como lo aclara el ángel Gabriel a María: Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32,33).

Jesús se sentará en el trono de David en la nueva Jerusalén para gobernar el mundo para siempre. Toda persona que manifieste fe en Jesús gobernará juntamente con él en su reino que no tendrá fin.

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, República Dominicana, el 1 de marzo 2009.

domingo, 22 de febrero de 2009

ENTRE LA MONARQUIA Y EL CAUTIVERIO

Rut 1: 16, 17.

Los libros de Rut y Ester son los únicos libros en la Biblia que tienen nombres de mujeres. Las circunstancias en que ocurren los hechos narrados en cada uno de estos libros son muy distintas, y la distancia en el tiempo es también considerable, más o menos unos 600 años de diferencia. Rut vivió en el tiempo de los jueces, entre el 1400 al 1050 a. de J.C., y Ester vivió entre los años 486 a 465 a. de J.C.

Podemos, no obstante, encontrar algunos puntos de comparación entre estos dos libros, que resultan interesantes: Rut era una gentil moabita que estuvo casada con un judío que se fue a vivir a una nación pagana, y Ester era una judía, que por motivos de cautiverio político (una expatriada) se convierte en la esposa del rey Asuero, un hombre gentil que dominaba el mundo bajo el poder del Imperio Persa. Ester fue criada por un primo suyo porque sus padres habían muerto, y Rut se fue a vivir con su suegra Noemí después que su esposo Malhón había muerto (Rut 4:10). Ester es elegida como la nueva reina del rey Asuero por medio de un concurso de belleza (tan antiguos son estos certámenes), mientras que Rut tuvo que demostrar por medio del trabajo en el campo su interés por conseguir en Belén un esposo dentro de la familia de su finado esposo.
En ambos libros vemos cuáles son las consecuencias de no esperar en Dios y actuar de acuerdo a nuestros propios lineamientos humanos, en desobediencia a Dios. Noemí se había ido con su esposo Elimelec y sus dos hijos Malón y Quelión a vivir a Moab en tiempos de una crisis económica en su nación de Israel. Mientras que en Ester, el pueblo de Israel se encontraba lejos de su patria como resultado del cautiverio al que los habían sometido sus enemigos. En Ester vemos la condición del pueblo de Israel luego de la muerte del rey Salomón y de la división de la nación en reino del norte y reino del sur, y como por su desobediencia a Dios, tuvieron que probar el vivir lejos de su tierra.

Ambos libros están en la Biblia porque de alguna manera Dios mostró al través de estas dos mujeres su misericordia, tanto al pueblo de Israel como a las naciones gentiles. Rut era una gentil que llegó a ser judía y estar en la lista de la genealogía de Jesús, mientras que Ester salvó a la nación judía del exterminio en tiempos en que el cautiverio los llevó a hacerse parte de un reino gentil. Además, Ester libró a su esposo, un rey gentil, de mancharse sus manos con la sangre del pueblo de Dios.

Decimos que estas dos mujeres están entre la monarquía y el cautiverio por el hecho de que Rut representa el germen de donde saldría el rey David, quien afianzaría el estilo monárquico en Israel, y Ester representa el lado contrario, el tiempo en el que el pueblo de Israel perdió su monarquía y se convirtió en un pueblo sin patria, que había perdido su soberanía y había pasado por odiosos períodos de cautiverio. Rut y Ester son los dos extremos de un paréntesis bíblico donde se encuentra encerrada una gran historia.

Ambas mujeres brillan con la luz de la misericordia de Dios en tiempos de crisis. Ambas mujeres eran virtuosamente especiales, ambas mujeres fueron celosas del nacionalismo judío y orgullosas de pertenecer al pueblo de Dios, y ambas mujeres mostraron una fe inquebrantable en Dios. Estos tres aspectos serán los temas a tratar en nuestro sermón.

I.- Rut y Ester Eran Dos Mujeres con Cualidades Especiales.

Solamente el hecho de que sus nombres estén ligados a la historia bíblica, las hace especiales. De Rut dijo Booz lo siguiente: ¨Ahora pues, no temas, hija mía. Yo haré por ti todo lo que tú digas, pues todos en mi ciudad saben que tú eres una mujer virtuosa¨ ( Rut 3:11); y de Ester se dice: ¨La joven era de bella figura y de hermosa apariencia¨ (Ester 2:7). La belleza física que adornaba a Ester no obnubiló su visión espiritual para negarse al servicio del Señor, sino que ella arriesgó su corona para salvar a su pueblo. Y de Rut podemos decir que ciertamente demostró de forma elocuente su virtuosismo.

Así como se expande la mala noticia, de la misma forma se extiende la buena fama. Rut había hecho algo que la catapultó como una mujer de grandes principios éticos y de grandes convicciones, y que la hace una gran mujer ante los ojos de todo aquel que tenga conocimiento del Dios verdadero. Ella dejó a sus dioses falsos por el Dios verdadero, dejó a su familia y a su parentela por seguir a su suegra buscando descendencia para perpetuar la memoria de su fallecido esposo, y dejó a su nación pagana por el pueblo de Dios, la nación de Israel.

Esto fue considerado por los judíos de su tiempo como un acto de gran determinación. Observe lo que ella dijo a su suegra: ¨ -No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, yo iré; y dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, yo moriré; y allí seré sepultada. Así me haga Jehová y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre tú y yo¨ (Rut 1: 16, 17). Hermosas y significativas palabras de confesión de fe en el Dios verdadero que han quedado escritas con letra de oro como testimonio a todas las generaciones.

Estas eran mujeres muy juiciosas. Las mujeres cristianas de hoy deben procurar la belleza interior que había en estas dos mujeres. La Biblia enfáticamente habla de que lo más importante en la mujer no es el atavío del cuerpo, sino las alhajas espirituales que le deben adornar, como nos dice el apóstol Pedro en 1 Ped. 3:3-5: “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos”. Muchas mujeres hoy sólo se preocupan por su apariencia, y dedican muy poco o casi nada al cultivo de sus facultades intelectuales, morales y espirituales. Es por ello que cuando se ven colocadas en puestos de prominencia, la vanidad les hace actuar de forma grosera y mostrar actitudes impuras.

En su afán de mostrar sus encantos femeninos, muchas jóvenes pierden la cordura y la decencia, y no les importan conceptos como el pudor o la vergüenza. Ese es el estilo que vemos en muchas mega divas, en muchas artistas de la televisión y del cine y en muchas cantantes, que más que exhibir sus talentos, enseñan sin escrúpulo sus cuerpos, convirtiéndose en extravagantes símbolos sexuales. De esta manera son explotadas por manejadores a los que sólo les importa la fama y la fortuna. Quiera Dios que las jóvenes cristianas exhiban un estilo de vida diferente, y que sea similar al de estas dos mujeres ejemplares, Rut y Ester.

II.- Rut y Ester Fueron Celosas del Nacionalismo Judío y Orgullosas de Pertenecer al Pueblo de Dios.

Cuando los hijos de Noemí murieron ella recomendó a sus nueras Orfa y Rut que se volvieran a sus familias, pues ella no tenía hijos con los que ellas se pudieran casar, según era la costumbre del pueblo de Israel para perpetuar el nombre del muerto. Orfa volvió a su familia, se quedó en su tierra, lo cual también significaba que se volvía a su cultura, a sus costumbres, a sus dioses y a su mundo, o sea que no había sido consecuente con el testimonio de fe en el Dios verdadero de su suegra.

Pero no sucedió lo mismo con Rut, la cual no solamente había sido persuadida de seguir al Dios verdadero, sino que también estaba dispuesta a dejarlo todo para ir a vivir con su suegra. Ya hemos visto sus famosas palabras que demostraban su decidida convicción: ¨-No me ruegues que te deje y que me aparte de ti; porque a dondequiera que tú vayas, yo iré; y dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Donde tú mueras, yo moriré; y allí seré sepultada. Así me haga Jehová y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre tú y yo¨ (Rut 1: 16, 17).

Rut tiene mucho que enseñar a muchos creyentes hoy que no se sienten identificados con el pueblo de Dios como deberían. Están más dispuestos para las actividades del club, de la universidad y de sus amigos, que de su iglesia. Cuando las condiciones no son favorables para asistir al templo, no lo piensan dos veces para quedarse cómodos en su casa viendo televisión o chateando en el Internet. Tienen tan poco celo por las cosas de Dios, están tan identificados con el mundo, que no se advierte muchas veces ninguna diferencia entre lo que debe ser un cristiano lavado por la sangre de Jesucristo y una persona del mundo que no se ha arrepentido.

Rut estaba tan convencida de lo que representaba la cultura judía, que estuvo dispuesta a dejar atrás toda su herencia cultural, social, familiar y religiosa. Alabamos a Dios, porque sabemos que hoy hay muchos creyentes en países donde no se permite la fe cristiana, pero que a pesar de ello, están dispuestos a pagar un alto precio por la proclamación abierta de su fe: Desprecio de sus familiares, persecuciones hasta de gobiernos, cárcel, torturas y muerte. Mientras eso sucede, muchos de nosotros desperdiciamos el tiempo en cosas sin valor, en vez de estar ocupados anunciando el evangelio de Jesucristo, aprovechando el tiempo que se nos tolera vivir la vida cristiana.

En el caso de Ester, ella pudo quedarse cómoda y tranquila en el palacio del rey, mientras su pueblo era amenazado con ser exterminado; pero no, ella arriesgó su vida para salvar a su nación que se encontraba en grave peligro de exterminio. Cuando Ester supo del decreto del rey, el cual había sido incitado por el ¨malvado Amán¨ (así le llamó a este hombre intrigante la reina Ester: ¨-¡El enemigo y adversario es este malvado Amán!¨ en Ester 7:6) ella dio instrucciones a Mardoqueo para que todo el pueblo de los judíos ayunara al mismo tiempo que ella lo haría, pues estaba resuelta a presentarse ante el rey para develar el complot de Amán, y así salvar a su pueblo.

Como vemos, hay mucha intriga en el libro de Ester, intriga que era orquestada por Amán y su grupo. Amán era un gran funcionario del rey Asuero, el más importante de su reino. Ante él se tenían que inclinar todos los súbditos del reino, pero Mardoqueo, debido a sus convicciones de fe, sabía que no se debe uno inclinar más que ante Dios, por eso no se inclinaba ante Amán. Esto provocó la ira de este hombre cruel, el cual había planeado la muerte de Mardoqueo.

Pero Mardoqueo tenía una hoja de servicio al rey demasiado limpia, y en vez de ser muerto en la horca como quería Amán, Mardoqueo fue honrado por el rey por su lealtad indiscutible.

Pero Amán estaba decidido a destruir a Mardoqueo y al pueblo de Israel que conservaba su fe en Dios a pesar de vivir en tierra extraña, y logró que el rey Asuero decretara la muerte de los judíos; el rey fue víctima de un ardid.
Muchas cosas en el poder ocurren por la acción de los aduladores, más que por la competencia directa de los gobernantes. Son los aduladores que hacen a los dictadores y les facilitan sus hazañas de crueldad. En el día del juicio final se revelarán muchas cosas, se sabrá de verdaderos culpables y se conocerán de muchos crímenes de Estado que se cometen a diario en el mundo.

Pero la trampa de Amán fue descubierta ¡Y de qué manera! La horca que él había preparado para Mardoqueo, sirvió para colgarlo a él. Ese fue un día fatal para Amán, el día en que cayó en desgracia delante del rey. Porque la Biblia dice: ¨No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segarᨠ(Gálatas 6:7). Y no sólo él corrió esa suerte, sino también sus diez hijos (Ester 9: 13,14). Y la reina Ester logró que el rey proclamara otro decreto en el cual daba permiso a los judíos para defender sus vidas el día 13 de Adar, día que se había decretado como día de su exterminio.

Sin duda que la mano de Dios está presente en las acciones del libro de Ester aún cuando su nombre no aparezca en el mismo. Dios sabía lo que venía para el pueblo judío y lo que tramaba Amán, así que lo ocurrido con el orgullo y la arrogancia de la reina Vasti, la anterior esposa del rey Asuero, no era fortuito. Dios tenía el propósito de colocar a Ester en el palacio real para salvar a su pueblo, de eso no hay duda.

Hasta el día de hoy, los judíos celebran el día de Purim entre el 14 y el 15 del mes de Adar, que corresponde a los meses entre febrero y marzo de nuestro calendario, como el día en que Dios les dio la victoria contra sus enemigos, es un día de gran regocijo que fue originado por iniciativa de la reina Ester. Hay cuatro actividades específicas en las festividades de Purim entre los judíos en el día de hoy, estas son: Leer la Meguilá (Rollo de Ester), celebración y Regocijo (la comida festiva de Purim), enviar comida a amigos (Mishloaj Manot), dar regalos a los pobres (Matanot La Evionim).

Este es un hecho del pasado que se sigue celebrando en el día de hoy, y que recuerda la intervención de Dios contra las amenazas de un peligroso enemigo. Hoy debemos regocijarnos cada día mucho más por la victoria que el Señor nos ha dado contra nuestro enemigo Satanás, contra el pecado y contra la muerte. Cada domingo debemos ir al templo a mostrarle a él nuestra gratitud por habernos hecho parte de su pueblo. Cada domingo en celebración de la resurrección debemos recordar que somos ciudadanos de la Patria Celestial, y debemos mostrar con nuestras acciones que pertenecemos al pueblo de Dios.

III.- Rut y Ester Mostraron Una Fe Inquebrantable en Dios.

Como hemos visto, la convicción de fe de Rut está fuera de toda duda. Pocas personas pueden exhibir una determinación tan resuelta en su fe en Dios. Considerando los antecedentes de Rut, podemos decir que, pese a la calamidad que sobrevino a la vida de su suegra Noemí, por su desconfianza en la providencia divina, al ir a tierra extraña y pecaminosa en búsqueda de refugio, el testimonio personal de ella, marcó la vida de Rut. Noemí no justificó sus acciones equivocadas, ella no buscó una explicación lógica a lo que le había pasado con su familia, sino que reconoció su falta de esperanza y fe en Dios, y confesó que su situación era debido a sus malas decisiones. Y las primeras en enterarse de la integridad de esta mujer fueron sus nueras.

Orfa tuvo la misma oportunidad de Rut de volverse una creyente, pero ella prefirió seguir en la oscuridad. Rut, en cambio fue tocada, fue persuadida por el Espíritu Santo, y esto la colocó en un lugar especial en el corazón de Dios. Dios ama a todos, pero nos volvemos especiales cuando confesamos fe en él. Rut llegó a ser la bisabuela de David, un rey extraordinario que es tipo de Jesucristo. Esto ocurrió así porque Rut se casó con Booz, un pariente de Elimelec, el difunto esposo de Noemí. A pesar de que Rut era una moabita, Booz, por la integridad que exhibía y por su inquebrantable fe, la eligió como su esposa.

Rut entró en la vida de Booz al espigar en su campo, cosa que Dios propició para su provecho y el de Noemí, y también para provecho de toda la humanidad, por la trascendencia que tiene la vida de esta mujer. El acto de ir a espigar en los campos donde se recogía la cosecha, tenía el propósito de recoger lo que sobraba, o se desechaba. Recordemos el caso de la mujer sirofenicia que dijo a Jesús que ¨aún los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos¨ (Maros 7:28). Espigar era algo como esto. Era algo que se permitía a las personas más pobres, a las viudas y a los huérfanos.

La condición de Rut es la misma de muchas personas en el día de hoy, que buscan en los basureros algo de comer. Con esta crisis económica que vive el mundo en el día de hoy, muchos tienen que hurgar en la basura para encontrar un pedazo de pan o de carne. Estas son escenas que veremos con mucha frecuencia en estos últimos días. En nuestro país ya son muchos los que sacan su sustento diario convirtiéndose en ¨buzos¨ en los vertederos municipales, buscando algo de valor.

Tenemos que practicar la bondad de Booz que dio orden a sus trabajadores para que dejaran caer de sus manojos para que Rut los recogiera. Los ricos deben compartir sus riquezas con los pobres. Las iglesias tienen el deber de extender su mano de ayuda al necesitado, y practicar así una verdadera religión: ¨La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo¨ (Santiago 1:27). La fe en Dios y su amor a él se demuestra en nuestro servicio de amor al prójimo (I Juan 4: 20). Jesús sabía que ningún gobierno logrará erradicar la pobreza en el mundo, por eso nos dice en su Palabra: ¨A los pobres siempre los tendréis con vosotros¨ (Juan 12:8).

Con respecto a la fe de Ester, ella proclamó ayuno, y todos los israelitas ayunaron también. Esto habla de lo que es un pueblo diferente. El ayuno implica fe en Dios, clamor a Dios. Aunque el escritor de esta crónica del reino de Media y de Persia no tomó en cuenta el poder de Dios que estaba detrás de estos hechos, los judíos piadosos que recogieron esta historia, reconocieron la mano de Dios obrando en estos hechos, que no eran casuales. La fe de esta mujer ha marcado la vida política, social y religiosa del pueblo de Israel, y su nombre se sigue celebrando hasta el día de hoy como un testimonio vivo y fiel de la existencia de Dios y de su intervención en la historia, algo que al hombre ateo se le hace cada día más difícil de contradecir.

Vivamos la fe en Dios con entusiasmo, porque el Dios nuestro es Dios real, bueno, poderoso e inmutable. Lo mismo que él hizo en la vida de Rut y de Ester lo puede hacer en la vida suya y mía si estamos dispuestos a confiar en él.

Sermón predicado por Leandro González en la Primera Iglesia Bautista de Mao, Febrero 22 de 2009.

domingo, 15 de febrero de 2009

ENTRE LA ANARQUIA Y EL ARREPENTIMIENTO

Jueces 21: 25

El libro de Jueces comienza destacando la preponderancia de la tribu de Judá, condición esta que está encaminada a determinar el nombre de la nación en razón de esta tribu, ya que judíos se deriva de Judá. Es de esta tribu que saldría el rey David y el propio Señor Jesucristo. Ya tan temprano como en la conquista de la tierra prometida se puede ver el tratamiento especial de esta tribu, tanto por las implicaciones históricas que ya había tenido, como por las implicaciones mesiánicas que tendría al través del tiempo.

Se habla aquí del establecimiento de los hijos de Israel en la tierra de Canaán y de cómo estaban las cosas en los últimos días de Josué y como se tornaron luego de su muerte. Después de la muerte de Josué, aunque fueron fieles durante el tiempo que vivieron los ancianos que sobrevivieron a Josué, pero cuando estos desaparecieron, dice la Biblia: ¨Después de ellos se levantó otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová y sirvieron a los Baales¨ (Jueces 2: 11).

Así que los israelitas olvidaron el pacto que habían hecho un día ante Josué: ¨A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos¨ (Josué 24:24).

El ángel de Jehová, Dios mismo de forma personificada, se presentó para reclamar a la nación su extravío. Un extravío que se mostraba por la condición de desorden en todos los sentidos, una situación de anarquía brutal.

Veamos tres aspectos de esa condición de anarquía:

I.- Causas de la Anarquía en Israel en el Tiempo de los Jueces.

El libro de Jueces es el séptimo libro de la Biblia, y presenta un tiempo crítico en la historia de Israel donde se pueden ver las consecuencias que sufrió la nación por haberse desviado de su fe en Dios, yéndose en pos de los dioses falsos de las naciones a las que habían conquistado: Baal, Baal-berit y Astarot (Jueces 2:11-13, 6:25; Jueces 8:33, 9:4, 46). Baal y Astarot o Asera están relacionados con la fertilidad y la sexualidad, dioses principales de los cananeos; y aún en el día de hoy se les rinde culto de muchas maneras y hasta se juega con ellos en los juegos de video que no son nada inofensivos.

Baal es representado como el jefe de los demonios, o sea, el mismo Satanás, y se le llama amo o señor; es también representado como el dios de la lluvia, de la muerte, y de la guerra. Este Baal toma muchas formas y en realidad representa a muchas manifestaciones del mundo de lo oculto y del mal; son dioses que los que los adoraban en tiempos de los jueces los invocaban para cerrar tratos y negocios, ¡Vaya forma de despreciar al Dios verdadero!

Así tan pronto la nación de Israel hizo lo malo ante los ojos de Jehová: ¨Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehovah¨ (Jueces 2: 11), y este es un estribillo que se repite en el libro de Jueces en la Biblia una y otra vez.

Mientras vivieron bajo la tutela de Josué, bajo su liderazgo riguroso, los israelitas estuvieron bajo la sombrilla protectora del Señor, pues estaban sometidos a sus preceptos, ya fuera por complacer a Josué o por conveniencia. Por las razones que fueran, es evidente que su lealtad a Dios en términos generales no era sincera. Esto no elimina la posibilidad de que muchos judíos siguieran siendo fieles a Dios en toda circunstancia; recordemos que Dios siempre tiene su remanente.

Es evidente en Jueces que la nación de Israel estaba en un período de grave decadencia. Los síntomas de esta triste realidad se hacían más evidentes cuando los enemigos los asediaban y combatían. Estos eran los pueblos que ellos habían dejado, y que Dios se había encargado de convertirlos en un azote para ellos, por causa de no cumplir a cabalidad con las instrucciones de exterminar y de echar definitivamente a todos los pueblos paganos que habitaban el territorio que les había sido dado en posesión.


II.- La Intervención Divina Para Contrarrestar la Anarquía en la Nación de Israel.

En esta época de gran confusión en la nación judía, Dios levantaba de vez en cuando a un hombre o mujer para que los guiara e impusiera la ley y el orden. Porque si una cosa caracteriza el período de los jueces es precisamente la anarquía. Hay una declaración muy fuerte en este sentido en el epílogo de este libro, esta declaración retrata de cuerpo entero la condición política, social, moral y espiritual de Israel: ¨En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que le parecía recto ante sus propios ojos (Jueces 21: 25).

En nuestras naciones de América Latina, incluyendo la nuestra, lo que vemos es que aún teniendo leyes que son maravillosas, las mismas no se cumplen y no se les da la debida atención, y cuando se las desempolva es para aplicarlas contra los más débiles, los que menos pueden, los ricos y poderosos actúan siempre por encima de la ley, y esto es un tipo de anarquía peor que la que estaba viviendo el pueblo de Israel.

El libro de Jueces se escribió en el tiempo de los reyes, cuando ya Israel tenía un gobierno estable, y por este motivo se le atribuye a Samuel la autoría de este libro de la Biblia. Así que estas memorias de los jueces servirían para que la nación hiciera comparaciones y entendiera lo difícil que es vivir sin ley y sin régimen, y sobre todo, los males que acarrea vivir lejos de Dios.

El tiempo de los jueces era un tiempo caótico. Sólo cuando la nación se arrepentía y clamaba a Dios, Dios los libraba de sus enemigos y les enviaba un libertador o caudillo que los gobernaba por un tiempo, pero ellos volvían de nuevo a hacer lo malo ante los ojos de Jehová.

Como había ocurrido en la vida de Moisés y de Josué, también sucedió en la vida de los jueces, la persona especial del ángel de Jehová se sigue manifestando en la vida del pueblo de Israel, esta vez para reclamar a la nación su desviación y extravío. El ángel de Jehová revela las consecuencias de olvidarse de Dios: ¨-Yo os saqué de Egipto y os introduje en la tierra acerca de la cual había jurado a vuestros padres diciendo: "No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis una alianza con los habitantes de esta tierra, cuyos altares habréis de derribar." Pero vosotros no habéis obedecido mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por eso yo digo también: No los echaré de delante de vosotros, sino que os serán adversarios, y sus dioses os servirán de tropiezo¨ (Jueces 2: 1-3).

En el libro de Jueces vemos a la nación de Israel viviendo en un tiempo de apostasía y rebelión contra Dios. Cuando vivimos a espaldas de Dios las consecuencias no se harán esperar, siempre será este un mal negocio que no recomendamos a nadie. Una muestra de lo que estamos diciendo es el siguiente pasaje, cuya idea se repite por todo el libro: ¨Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová. Olvidaron a Jehová su Dios y sirvieron a los Baales y a las Aseras. Así que el furor de Jehová se encendió contra Israel, y los abandonó en manos de Cusán-risataim, rey de Siria mesopotámica. Los hijos de Israel sirvieron a Cusán-risataim durante ocho años¨ (Jueces 3: 7-8).

Durante este tiempo de desorden nacional, Dios levantó jueces que libraban a Israel de los enemigos cuando estos clamaban a Dios y se arrepentían de sus malos caminos, aunque fuera momentáneamente: ¨Entonces Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les saqueaban. Pero tampoco escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían tras otros dioses a los cuales adoraban. Se apartaron pronto del camino por el que habían andado sus padres, quienes habían obedecido los mandamientos de Jehová. Ellos no lo hicieron así. Cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todo el tiempo de aquel juez. Porque Jehová se conmovía ante sus gemidos, a causa de los que los oprimían y afligían. Pero acontecía que cuando moría el juez, ellos volvían atrás y se corrompían más que sus padres, siguiendo a otros dioses para servirles y para postrarse ante ellos. No se apartaban de sus obras ni de su obstinado camino¨ (Jueces 2: 16-19).

Como vemos, la protección divina está condicionada a la obediencia, y esto no ha cambiado.

Es bueno que expliquemos que la palabra juez aquí, no se usa en el sentido que se usa modernamente, el juez aquí no es un magistrado que imparte justicia, sino que más bien es un conductor en tiempos críticos, como una especie de cacique que salva a la nación en un tiempo de dificultad. Pero es bueno hacer notar que estos dirigentes son determinados por Dios, y se encuentran en el relato bíblico por la relación que tienen con Dios, no por sus hazañas. O sea, que lo que ellos hicieron en procura de restablecer el culto al Dios verdadero y restaurar en la nación la ley y el orden se debió al llamado especial de Dios.

Otoniel fue el primer juez de Israel, el primero de doce jueces que se mencionan en el libro que gobernaron a Israel. Su nombre significa ¨el león de Dios¨. Los jueces gobernaron a la nación de Israel por periodos tan largos como ochenta años.
En el libro de Jueces se destacan de manera sobresaliente tres figuras: Gedeón, Jefté y Sansón. De Gedeón diremos que su persona ha servido como inspiración para la organización de Los Gedeones, que se encarga de colocar Biblias y Nuevos Testamentos en hoteles, hospitales y centros educativos. Están constituidos por grupos de empresarios cristianos, que con sus propios recursos imprimen estos materiales bíblicos que distribuyen en todo el mundo.

Gedeón se destaca por la gran hazaña que Dios realizó al través suyo, destruyendo a un ejército innumerable con tan sólo trescientos hombres. Un hombre que está en la categoría de Moisés y de Josué, habiendo hablado con el ángel de Jehová, quien se le apareció para encargarle la misión de destruir al ejército madianita. Este juez derribó el altar de Baal, y por eso su nombre fue cambiado por Jerobaal que significa, ¨Baal contienda con él¨ (Jueces 6:32).

Jefté, es un juez que sobresale por el voto imprudente de sacrificar a la primera persona que saliera de su casa para felicitarle por la victoria que consiguió contra los amonitas. Lo que no sabía era que su hija era la persona que protagonizaría este gesto, y a la que habría de sacrificar. Este es uno de los pasajes más difíciles de la Biblia. Esto no significa que Dios le hubiera pedido a Jefté tal sacrificio. Si bien Dios le había pedido a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac, muy claramente la Biblia enseña que esto fue una prueba de fe, habiendo Dios provisto el cordero para el holocausto. De ninguna manera Dios aprueba el sacrificio humano, sino que más bien lo condena.

El pasaje de Levíticos 27: 29 que habla de la muerte de una persona separada como anatema, no se refiere a un sacrificio como holocausto, sino que se trata de una sentencia de castigo por la condición pecaminosa de la persona. Hay que tener cuidado de decir cosas que la Biblia no dice.

Sansón es un personaje tristemente célebre. Si bien es verdad que tuvo sus aciertos, la realidad es que su vida está llena de graves imprudencias. Habiendo sido dotado por Dios de maravillosos talentos, y uno de ellos era la fuerza colosal de la que gozaba, no supo manejar su carácter, y sus debilidades lo llevaron a la ruina y a la muerte. De todos modos, los enemigos del pueblo de Dios sufrieron grandes bajas durante su dirección como juez. Sansón puede ser visto como un hombre que representa el orgullo pecaminoso del pueblo de Israel de creerse invencible, pero confiando en su propia fuerza, y olvidándose que el secreto de su poder reside en Dios que le ha escogido y le protege.

En su vanidad, este hombre fue miserablemente engañado por una mujer filistea que usó sus encantos para seducirlo y desviarlo de los propósitos santos que Dios tenía con él. Es como el típico creyente que busca pareja en el mundo, haciendo yugo desigual, cosa que Dios prohíbe (2 Corintios 6:14). En la amonestación del apóstol Pablo a los corintios se hace evidente la trascendencia de esta condición espiritual, a tal grado que se habla de la imposibilidad de unir la luz con las tinieblas. Pese a esto, algunos se dejan atraer y seducir por muchas cosas de este mundo, ignorando la vida abundante que Jesucristo ofrece. Por un momento de placer desperdician los valores eternos.

Sansón terminó bajo las ruinas y los escombros de una civilización pecadora, aunque tuvo la oportunidad de ajustar cuentas a los que habían procurado su mal y el de su nación, pero sucumbió junto con sus enemigos. Esa no es la forma como Dios desea que se escriba el epílogo de nuestra vida.

Hay una mujer que no se puede dejar de mencionar, Débora, una profetisa que gobernó a Israel. Aquí tan temprano encontramos el papel de la mujer en un puesto de gran relevancia; no era algo común, sino más bien una excepción fuera de serie. El espíritu aguerrido y valiente de aquella mujer la hace merecedora de estar en la lista de las grandes mujeres de la historia.

La influencia de Débora fue tan poderosa en la vida de las otras mujeres de Israel, que muchas de ellas salieron del anonimato para brillar en las páginas de la Biblia. Aquí mismo se cuenta el acto temerario de Jael, una mujer que fue capaz de matar al cruel capitán del ejército de Jabín, rey de Canaán que había oprimido a los israelitas por veinte años. Esta mujer, con halagos engañó a este hombre que llegó cansado, le ofreció su tienda, pues eran conocidos, ya que los israelitas se habían acostumbrado en cierto modo al sometimiento de los enemigos; así que, aprovechando que estaba dormido, le metió una estaca en sus sienes y lo clavó en la tierra.

Débora exalta en su cántico este gesto valeroso de esta mujer en favor de la soberanía de su nación. Esta exaltación comienza con palabras muy parecidas a las que el ángel Gabriel dirigiera a María en el Nuevo Testamento para exaltar su gracia de concebir al Salvador del mundo: "¡Bendita entre las mujeres sea Jael, mujer de Heber el ceneo. Sobre las mujeres bendita sea en la tienda. El pidió agua, y ella le dio leche; en taza de nobles le sirvió nata. Con su mano tomó la estaca, y con su derecha el mazo de obrero. Golpeó a Sísara, machacó su cabeza, perforó y atravesó su sien. A los pies de ella se encorvó y cayó; quedó tendido. A los pies de ella se encorvó y cayó. Donde se encorvó, allí cayó extenuado. "La madre de Sísara se asoma a la ventana, y mirando por la celosía, dice a gritos: ’¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué se detienen las ruedas de sus carros?’ Las más sabias de sus damas le responden, y ella se repite a sí misma las palabras: ¿No habrán capturado botín? ¿No lo estarán repartiendo? Para cada hombre una joven, o dos; un botín de ropas de colores para Sísara; un botín de bordados de colores, bordados por ambos lados, para mi cuello . . . ¡Qué botín!’ "¡Perezcan así todos tus enemigos, oh Jehová! Pero los que te aman sean como el sol cuando se levanta en su poderío." (Jueces 5:24-31).

Lo que maravilla aquí es ver como Dios utiliza a mujeres para levantar el ánimo de la nación y devolverles su soberanía. La Biblia dice que durante el reinado de cuarenta años de Débora, ¨la tierra reposó¨ (Jueces 5:31). O sea, que estos actos de violencia tan crueles y sanguinarios, fueron necesarios para devolver la tranquilidad a la nación y dejar claro en la mente de los enemigos acerca de la determinación de la nación de Israel de recuperar su autonomía.

Todos estos acontecimientos narrados en el libro de Jueces debemos analizarlos dentro de su contexto y ver las circunstancias por las que atravesaban los israelitas. Estaban siendo oprimidos por los enemigos por causa de su desobediencia a Dios y viviendo una vida lejos de Dios, y era sólo cuando la nación clamaba a Dios que se suscitaban estos actos heroicos. Estos actos, aun con su nota sanguinaria y bárbara, eran un despertar de su celo por la fe en Dios y de su nacionalismo.

III.- Ejemplos Desastrosos de la Anarquía en la Vida del Pueblo de Israel.

Como consecuencia de vivir lejos de Dios, los hijos de Israel descendieron hasta lo más bajo en materia de estilo de vida. Esta es la descripción que se hace acerca de la condición espiritual de los israelitas en ese tiempo: ¨ En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía¨ (Jueces 17:6).

Se cuenta como las personas hacían cosas abominables ante los ojos de Dios, y se justificaban, y atribuían a Dios la bonanza de sus resultados. Erigían altares con esculturas en nombre de Dios y las adoraban y hasta les constituían sacerdotes según sus propias disposiciones y esto les parecía bien. Se cuenta el caso de Micaía en el capítulo 17 y 18, de cómo este había fabricado su propio sistema de adoración idolátrica, y hasta pensaba que Dios estaba de acuerdo con esto. Pero lo peor de todo es que la tribu de Dan fue compromisaria con esta clase de acción pecaminosa, convirtiéndose así en la primera tribu idólatra de Israel, razón por la cual no se encuentra en la lista de los 144,000 sellados de Apocalipsis 7.

De la misma forma muchos hoy, pensando equivocadamente que lo importante en definitiva es ser religioso, tienen sus propias maneras de querer ser cristianos, haciendo cosas totalmente divorciadas de la voluntad de Dios expresada en la Biblia. Adoran imágenes, rinden culto a cualquier cosa, y dicen que adoran a Dios, y participan de toda clase de rituales y prácticas propias de la cultura, que no glorifican a Dios de ninguna manera, y que más bien deshonran su nombre.

Otro episodio muy vergonzoso y triste en la vida de la nación judía, fue la vejación infringida a la mujer de un levita, a la cual los de la tribu de Benjamín habían violado, sodomizado y dado muerte de forma horrenda. Esto trajo como consecuencia actos de grande violencia en represalia por este acto tan salvaje. Usted puede leer el episodio en los últimos capítulos de Jueces. La forma como termina este libro demuestra el grado de decadencia moral al que puede llegar una nación que se aparta de Dios y pretende vivir de acuerdo a sus criterios humanistas.

Las ideas de los hombres no son las que deben regir el mundo. Son las leyes de Dios, las mismas que rigen el Universo y su intrincada complejidad, las que deben regir las acciones de los hombres sobre la tierra creada por Dios. Cuando nos sometemos a los lineamientos de los hombres y vivimos conforme a lo que nos dicta el corazón, los resultados son caóticos.
Permitamos a Dios que dirija nuestras vidas, nuestras familias, nuestra nación y nuestro mundo, sólo eso garantiza un sistema de valores correctos que garantiza una vida feliz.